CRÓNICA OLESA BONESVALLS

MIGUEL DE CERVANTES, ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Hoy, 7 de octubre de 2020, ducentésimo octogésimo día (280, para entendernos), del calendario gregoriano, faltando 85 para acabar el año, comienzo a escribir la crónica (veremos cuando la termino), correspondiente a la última excursión programada por el Veloclub Excursionista, a Olesa de Bonesvalls, el día 4 del corriente.  

En tal día como hoy, del año 1571, el universalmente famoso escritor Miguel de Cervantes, autor de la universalmente conocida obra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, fue herido en la batalla de Lepanto, librada por la flota naval española contra la turca: Veamos qué se cuenta de él entre el mito y la realidad.

Según los estudiosos del personaje, no existe ningún retrato real de Cervantes. La autodescripción narrada por él mismo en el año 1613, en su obra Novelas Ejemplares, se convirtió en un retrato de imagen en líneas, en óleo, en pinceladas, creado por la literatura y convertido en realidad y esa realidad se ha convertido en el retrato del mito. Según se dice del retrato de Cervantes, pintado por Juan de Jáuregui, es un falso retrato del verdadero Cervantes, pero es un verdadero retrato de Cervantes mito.

De hecho, se sabe que llevaba gafas, un detalle que no aparece en ningún retrato, si lo hiciera, nos parecería que estaría imitando a Quevedo y que no sería “nuestro Cervantes”, ese imaginario que ya tenemos metido en la cabeza. Es el único rasgo físico que se conoce de él. Nada más.

Su retrato descrito por él mismo tiene más riqueza que una imagen, pero no deja de ser un juego literario. Cervantes está describiendo al personaje tal y como él se quiere ofrecer, no como un espejo real que refleja a la persona que está detrás de la pluma.

Su cautiverio en Argel es uno de los episodios más míticos de su vida. Allí fue secuestrado por corsarios. En aquel momento Argel era la ciudad más cosmopolita de todo el Mediterráneo. Era la más populosa, la más importante: la tierra de las mil oportunidades. No tiene nada que ver con la imagen tétrica u oscura que cierta literatura nos ha vendido desde el siglo XIX, sobre todo para realzar la posición de Cervantes. Lo describían como una cueva oscura a la que llegaban los cautivos, lamentando la pérdida de la libertad.

Según la importancia que tenía el cautivo tenía un precio u otro. Los corsarios siempre intentaban demostrar que aquella persona pertenecía a una categoría mayor para pedir más dinero por ellos, mientras que los retenidos buscaban demostrar que eran de menos categoría para pedir menos rescate. Cervantes decidió, o le pareció oportuno ser de los caballeros graves, por los que pedían el mayor rescate. Eso le permitió obtener una mayor autonomía dentro de Argel. Y es que su alto precio por la libertad le convertía en intocable. Allí pasó cinco años. Su familia llegó a pagar 300 ducados de los 500 que pedían por él y los 200 restantes los pusieron los trinitarios a modo de préstamo. Cuando fue rescatado en 1580 hizo un documento donde explicó que intentó huir hasta en cuatro ocasiones del cautiverio. Pero no se cree que lo hiciera por un ansia personal de libertad. Se dedicaba a ser facilitador, una profesión en la que se ayudaba a otros cautivos a fugarse.

¿Qué hay de cierto en su apodo de “el manco de Lepanto”? Es un problema lingüístico y no de interpretación. “Manco” en el siglo XVII no solo se refería a aquel que al le faltara un brazo o una mano, sino también aquel que tuviese inutilizado parcial o totalmente un brazo. Llamarle “manco de Lepanto” a Cervantes no significaba que le faltara la mano izquierda, sino que no la tenía en su total uso debido a los tres disparos que recibió en la batalla de Lepanto. Es detalle es sabido porque no solamente lo dice él, sino que también lo dicen otros escritores como Lope de Vega.

Otro de los temas que ha llevado de cabeza a los estudiosos de su obra, es la falta de explicación lógica de su apellido Saavedra. Nadie de su familia tenía ese apellido. En los primeros documentos firmados que se conservan de él aparece su nombre como “Miguel de Cervantes” y, a partir de 1585, empieza a firmar como Miguel Cervantes de Saavedra. Hay una investigadora puertorriqueña, Luce López-Baralt, que ha planteado la teoría de que en el dialecto argelino, Shaibedraa’ significa precisamente “brazo defectuoso”. Fue el apodo que recibió el cautivo Miguel en Argel, ‘el manco’, ‘el tullido’.

***********

LA CRÓNICA

Día 4 de octubre, 6.30 h. a m. tengo que calcular el tiempo que tardaré en bajar  con el coche a Qutre Camins, cumplir con el ritual de descargar la bici, repasar la presión de los neumáticos, embadurnarme la cara con la crema solar (haga sol o esté nublado), calzarme las zapatillas, ponerme el casco y los guantes y, desde allí en bici, hasta la gasolinera del cruce del “Gato Negro” (algún día, cuando me apetezca o me dé la gana, contaré en alguna de estas crónicas, por qué este enclave de la carretera de San Boi, es conocido por los ciclistas más viejos, como “El Gato Negro”).

Desayuno un yogurt con cereales y un café, sin olvidarme de tomar las pastillas de la presión, del ácido úrico y alguna otra, que no recuerdo para qué coj… me las recetaron.

Compruebo la temperatura exterior; 11 grados (ahora entiendo por qué la gata no ha querido salir al jardín). El dilema: ¿Qué ropa me pongo? Si me visto de largo, cuando sean las 12 y la temperatura haya subido a 20 o 22 grados, me sobrará ropa por todas partes, con la particularidad que hay que subir Begas; si me visto de corto, me voy a pelar de frío. Después de muchas dudas, decido ponerme culotes cortos, una camiseta de manga larga debajo del maillot, y un impermeable ligero que me pueda guardar en un bolsillo del maillot cuando el calor me agobie.

Bien; decidida la indumentaria, salgo de casa, cumplo con los rituales de cada domingo y, sin novedad, llego al cruce del “Gato Negro” donde me encuentro con el Seve y el Raúl esperando al grupo que no tarda en llegar y viene formado por el Miquel, Pastillas, Orlando, Sergi, Oscar, Sergio (pibe uno), Miguel (pibe 2), Blas, Marc y Camacho.

Se circula en grupo hasta las estribaciones de Begas, donde, como es lógico y natural, la ascensión al puerto pone a cada uno en su lugar disgregándose el pelotón. Una vez alcanzada la cima (ascendí al tran, tran, junto al Sergi y el Seve y tuve que pararme para quitarme el impermeable), se me acercó el Marc para decirme que hiciera constar en la crónica que le había metido plaka, plaka, al Pastillas. Según el Pastillas, fue él mismo quien se reventó intentando soltar al Marc, según el Marc, fue   todo lo contrario, o sea, él reventó al Pastillas. En fin, sea como sea, dejo constancia de lo que parece ser un extraordinario acontecimiento ¿Será el preludio del “fin de ciclo” del Pastillas?

Después del reagrupamiento, se rodó a buen ritmo los 10 kilómetros de ligero descenso, hasta el cruce Olesa de Bonesvalls, en el transcurso de los cuales, pudimos ver, entre otros, al Sergi marcando el ritmo en cabeza del grupo. Me consta que es un gran rodador.

La historia del almuerzo fue como de costumbre; bocadillos de tortilla con jamón o con atún, según el gusto, cervezas, coca colas, vino y gaseosa, cafés solos, cafés americanos, cortados, carajillo de Baileys, etc. Pero lo más destacado fue la aparición del Perona cuando nadie lo esperaba. Pero en esta ocasión, pude sorprenderlo tomando una foto del momento en el que apareció por la puerta. La tertulia, el buen ambiente y algún que otro chiste malo, fue la tónica que acompañó el ágape reponedor de fuerzas, a pesar de que, tal como dispone la normativa sobre el Covi d19, estuvimos separados en varios grupos. ¡Ah, se me olvidaba! Vale la pena fijarse en las originales perneras que se puso el Miguel, en el transcurso del almuerzo (ver foto).

Arrancamos después de la típica y acostumbrada foto de familia, para cubrir los casi 10 kilómetros que nos separaban de Avinyó Nou, donde se llegó con el grupo fraccionado, pero con muy poca diferencia entre unos y otros dado que, el punto de ruptura se dio en el último repecho a menos de dos kilómetros del reagrupamiento. En el siguiente tramo, hubo tranquilidad hasta San Sebastià dels Gorgs, pero justo pasado el pueblo fuimos adelantados por un pequeño grupo y el pique fue inevitable. Pero no para todos, porque algunos decidimos continuar a nuestro ritmo hasta el reagrupamiento de San Sadurní, en el que no me detuve por la sencilla razón de que no iba bien; pero mejor vamos a llamar las cosas su nombre; iba mal y las “paradiñas” me sientan fatal; (Si por mí fuera suprimiría algunos puntos de reagrupamiento). Está claro que la edad no perdona y mis fuerzas ya son exiguas lo cual me va a obligar a cambiar el enfoque de estas crónicas; no es lo mismo vivir las excursiones rodando por delante que por la cola.  Sí me detuve en siguiente reagrupamiento de Gelida, lo justo para llenar el bidón y continuar. A fata de pocos kilómetros para llegar a Martorell, fui alcanzado por un grupo encabezado por el Blas, en el que, para mi sorpresa, no figuraban ni el Pastillas ni el Marc, ni el Raúl, ni el Miguel. Llegados al Congost supe que decidieron regresar por La Creu d’Aregall. Pero habrá que decir que algo raro sucedió a este cuarteto. ¿Un pinchazo? ¿Una avería? ¿O quizás, hubo alguno que pilló un globo de esos que hacen época y lo tuvieron que esperar? Me explico.

El mencionado cuarteto tenía que salvar tan solo los 5,5 kilómetros de la ascensión y luego disfrutar de 14 kilómetros de descenso hasta Quatre Camins, Ignoro cuánto tiempo tardaron en la ascensión (subiendo a buen ritmo se suele tardar unos 25 minutos; media hora los “mataos”). El caso es que, después de despedirme del resto del grupo en Quatre Camins; Entré en la estación, abrí el coche, quité la rueda delantera de la bici, la cargué en el coche, me quité el casco, los guantes y me cambié el calzado. Guardé todo en la bolsa que suelo llevar y arranqué. Pues bien, estaba ya cerca de La Palma cuando me crucé con el Marc, el Miguel y el Raúl; a una cierta distancia de ellos, bajaba el Pastillas. Cabe decir que no me vieron. ¿Fuimos el resto del grupo muy rápidos? No lo creo. Algo sucedió al cuarteto que les entretuvo o los retuvo. Si no fue así, todo me hace pensar que alguno de ellos pilló un globo espectacular (espero que lo aclaren)

Y esto es todo mis queridos amigos y mis queridas amigas. Reafirmo que la excursión fue espectacular y otra más para contar y, también reafirmo que el Cinto, ese viejo globero quien esto escribe, lenta, pero inexorablemente, va entregando la cuchara.

 Hasta la próxima, que no sé si será el próximo domingo porque anuncian lluvia; un abrazo.

Cinto, el viejo globero.