5. jul., 2019

Texto

     En una sala de fiesta para personas mayores un caballero estuvo toda la noche bailando con una señora. A la hora de partir se le ofreció para acompañarla a casa en su coche. Cuando llegaron el caballero le dijo:

     —Ha sido una velada inolvidable, lo he pasado muy bien bailando contigo. Ahora te pido un beso de despedida, solo un beso.

     —Ni hablar —repuso la dama—, no me gustan los hombres con tan poca ambición.

     Así es la vida.

     LA CRÓNICA

    Era obligado, en la excursión del pasado domingo día 30,  según la ruta programada por nuestro Gran Capitán de excursionismo, Severiano Izquierdo, nuestro paso por Capellades, municipio industrial desde el S XVIII, con numerosas industrias textiles y papeleras. Especialmente relevante es el “Museu Molí Paparer”, considerado un auténtico referente a escala mundial.

      Capellades posee un importante yacimiento arqueológico del paleolítico (más o menos de mi época, pensarán algunos, pero no), llamado “El Abric Romaní”, que desde el año 1983 está en proceso de excavación. Los trabajos de excavación del yacimiento que se están llevando a cabo, han permitido situar el “Abric Romaní” como el registro más importante y clave para conocer como vivían nuestros antepasados prehistóricos neandertales entre 75.000 y 40.000 años antes del presente.

     Otra de las singularidades de este bello municipio, son sin lugar a dudas algunas de sus fuentes. Una de ellas, la más popular para los ciclistas por su ubicación, es la Font de la Història”. Esta fuente se encuentra en la carretera B-224, al principio del casco urbano  de la Vila en dirección a Igualada, justo al final de un duro repecho de algo menos de un kilómetro de largo, cuyos primeros 200 m. tienen desnivel del 14% y culmina en la citada fuente con el 15% los últimos 100 m.

     No he podido determinar, a pesar de mis investigaciones, de cuándo data esta fuente, pero sí recuerdo la primera vez que paré a beber en ella. Fue en el año 1961. Tenía, a la sazón, 17 años y competía en la categoría juvenil, en el Grupo Deportivo Brafa. Era un domingo del mes de julio en el que no había competición y, con el bocadillo en uno de los bolsillos del maillot (así era como se iba almorzar en aquella época), me uní a los, ya veteranos por aquel entonces, Maravillas, el hermano del Maravillas casado con mi hermana y por tanto mi cuñado, el Isidro, y esa otra vieja gloria y primer presidente que fue cuando se fundó el Velo,  Luís Bahillo.

       La excursión era a Igualada, el calor, como podéis imaginar, sofocante. No existían autovías ni autopistas y se podía circular por la NII. Pero nuestra ruta de ida fue; por la C-224 hasta Capellades, La Pobla de Claramunt, Vilanova del Camí y Igualada. Y el regreso por la N-II, ascendiendo el Coll del Bruc, Esparraguera, Abrera, Martorell y Molins de Rei.

     Naturalmente, tal y como ahora sucede, la parada en la citada fuente era de “obligado cumplimiento”. El agua brotaba fresca, libre y deliciosa, por los siete caños que hoy podemos observar como recuerdo lo que fue la “vieja fuente” y era toda una delicia beberla y meter la cabeza bajo cualquiera de ellos y sentirla correr por nuestra cara y cuello.

     Sin embargo la decoración era muy distinta de como lo es en la actualidad. Los siete caños estaban adosados a un muro de piedra de no más de un metro de altura, pero el agua caía en la misma pila que actualmente existe. Fue en el año 1975, cuando el arquitecto Joan Bassegoda i Nonell, en reconocimiento a los promotores del libro “La primera Història de Capellades”, diseñó la fuente tal como es en la actualidad. En la decoración presenta una clara inspiración modernista y se estructura con un cuerpo triangular que incorpora en sus extremos una cruz y una rueda de cilindro, en referencia alegórica al término municipal la cruz, y al importante pasado papelero la rueda. El cuerpo está cubierto por un bello mosaico que contrasta entre colores claros como el amarillo crema y oscuros como el azul oscuro. Ciertamente el conjunto es de una gran belleza (mi querido Camacho espero que esto haya sido de tu agrado).

      Y siguiendo con las fuentes de Capellades, existe al este del municipio, en el antiguo Camí Ral que bordeaba el río, una vecindad llamada La Font de la Reina. Está vecindad está constituida por un núcleo de edificios que forman una única calle en la que hay una capilla del S XVII, dedicada a santa Bárbara.  El lugar constituía un sitio estratégico de paso, hecho que explicaría la existencia de numerosos hostales. Junto al portal de uno de estos hostales hay una fuente neoclásica en forma de busto de mujer, de cuyos pezones brotaban dos chorros de agua. Se cree que fue esculpida en memoria de la reina Peronella de Aragón, esposa de Ramón Berenguer IV que pasó por el lugar en el año 1551 y que ha conservado su topónimo de interés del hecho histórico.

       En cuanto a la excursión también nuestro paso por Capellades tuvo su historia, menos trascendente que la de la reina Peronella, dirán algunos, pero no, porque si las historia del Velo no van a cambiar el mundo, tampoco la de la reina Peronella a su paso por Capellades lo cambió. Así que, en definitiva, la misma trascendencia tiene la una como la otra, pero con una salvedad; la nuestra es más divertida y yo diría que hasta más emocionante.

     El grupo estuvo compuesto en un principio, por el Rafa, el Seve, el Sergi, el Álvaro, el Pastillas, el Miquel, el José Vicente, el Pibe (me pareció muy recuperado, pero con una evidente falta de forma), el Maño y el Cinto. En la Font de la Història nos esperaba el Camacho y el Perona que salió antes para ir a su aire, nos esperó al final del último tramo.

     La batalla en la ruta de ida, se circunscribió a los “pestosos” 16 kilómetros de continuos repechos, entre Martorell y el reagrupamiento de Piera.  Borrado el Pastillas, tocado del día anterior que participó en la marcha de Andorra con los compañeros del Poble Sec, fue el Álvaro quien desató las hostilidades y dejó el grupo reducido a cuatro unidades a saber; el Rafa, el Miquel, el Cinto y el propio Álvaro. A falta de tres kilómetros para el reagrupamiento cedió el Miquel, siempre batallador y guerrero, después de dar un par de fuertes relevos.

     No estuve en el grupo de cabeza en el tramo de 10 kilómetros que comprende desde el reagrupamiento en la rotonda de Piera hasta el siguiente reagrupamiento en la ya comentada, Font de la Història. Pero siendo fiel a los comentarios del Álvaro, habrá que decir que el Seve tuvo su minuto de gloria al ser el primero en llegar a la fuente. Allí nos esperaba el Camacho, venido de Dios sabe dónde, que nos sacó algunas fotos, además de fotografiar el mosaico donde se explica quién fue el autor del diseño, el año de su remodelación y la dedicatoria.

     Refrescados y con los bidones llenos de nuevo, arrancamos para cubrir el último tramo de siete kilómetros hasta la urbanización Font del Bosc, La mitad de ellos de ascensión. Enfadado conmigo mismo por no haber estado presente en el grupo de cabeza en el anterior tramo, arranqué con la “sana intención” de llegar el primero al final de tramo para tener yo también mi minuto de gloria. Por delante circulaba el maño (no se quedó al almuerzo), que subía con mucha fuerza, a mi rueda venía el José Vicente. Alcancé al primero y cedió el segundo, miré hacia tras un par de veces para cerciorarme de que nadie me iba a alcanzar, pero a falta de un par de kilómetros más o menos, me alcanzó, implacable, el Álvaro. Mi gozo en un pozo. Otro día será Cinto.

       Acomodados en el patio del bonito restaurante Cal Maristany, nos percatamos que faltaba el Sergi. Puesto el Seve en contacto con el, nos aclaró que se había pasado de largo y había bajado hacia S. Quintín de Mediona, pero que ya regresaba sobre sus pedaladas.  Ignoro cuántos kilómetros le costó el despiste, pero con el calor reinante y la dureza de la ruta, cualquier esfuerzo suplementario le podía pasar factura.

     El grato acontecimiento, muy celebrado por todos los presentes fue ver llegar al Dani con su madre Isabel y los peques. Era la primera excursión que se celebraba después del fallecimiento nuestro compañero de fatigas Manolo y fue todo un detalle honrar su memoria compartiendo el almuerzo con su familia más directa. Antes de emprender la ruta de regreso guardamos un minuto de silencio como último homenaje a quien tan buenos recuerdos nos dejó.

      Si la ruta de ida se caracterizaba por sus continuos repechos, por lógica la de vuelta debía de ser todo lo contrario. Todo lo que se sube en la ida se baja en el regreso, así que los primeros diecisiete kilómetros hasta el reagrupamiento de S. Sadurní, se cubrieron en un ”tres i no res”. Todo hacía presagiar que la batalla hasta la fuente de Gelida sería dura, sin embargo, con el Álvaro algo menos belicoso que en la ida y el Pastillas al que no se le veía la fuerza de otras veces, el ritmo no fue tan fuerte como en otras ocasiones. Pero  en el reagrupamiento de Gelida pudimos apreciar que  los kilómetros y, sobre todo el calor empezaban a pasar factura al grupo. No paró el Álvaro y algunos paraban lo justo para llenar el bidón y continuaban sin apenas entretenerse. Pero el trío Rafa, Pastillas, Cinto, permaneció solidario hasta que apareció el Perona quien con algunos kilos de más y falto de forma, pedaleaba con más voluntad que fuerza y nos expresó su deseo de quedarse a descansar un rato antes de continuar. Esperamos que se anime y salga más a menudo.

      El resto de la jornada tuvo poca historia, faltaban por cubrir 30 kilómetros (10 menos para mí), y  el fuerte calor lastraba las piernas y las ganas de nuevas batallas, aun así llegamos a buen ritmo al reagrupamiento del Congost  y desde allí, al tran, tran y con paz y amor, fuimos rodando hasta Molins de Rei donde me despedí del grupo. Por cierto, en Pallejá alcanzamos al Sergi quien al parecer, el “tío del mazo” le sacudió con fuerza. “No te desanimes amigo Sergi, eso pasa en las mejores familias. Yo mismo lo he sufrido en más de una ocasión. Sin ir más lejos pregúntale al Seve qué me pasó hace un año en la excursión a Coll Formic” .

      Y poca cosa más puedo contar de la excursión mis queridos amigos y amigas. Cómo decía anteriormente, nuestras excursiones no van a tener trascendencia ni van a cambiar el curso de la historia, pero nosotros seguiremos disfrutando de ellas mientras nuestras fuerzas nos lo permitan.

      Me despido con mi consejo de siempre; repasad las bicis y para cualquier problema ya sabéis donde acudir; Bicicletas Marco de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet, os ofrece un servicio técnico con las mejores garantías, además de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Hasta la próxima, un abrazo a todos y a todas.

     Cinto (el viejo globero)