17. jul., 2019

Texto

     Cursaba el tercer año de psicología clínica y en una clase sobre crecimiento y desarrollo, el profesor nos pidió que le informáramos de los progresos que lográbamos con las nuevas técnicas de programación. Una compañera de clase explicó que había estado aplicando los métodos de control con su hija de seis años, durante el sueño. Cada noche entraba en la habitación  y cuando la niña ya estaba dormida, como era enurética  le susurraba al oído varias veces “No mojaré la cama, no mojaré la cama”.

     Ya llevaba algunas semanas con dicho método cuando una noche, en medio de la letanía, la chiquilla lanzó un hondo suspiro y, en tono compasivo. Dijo: “También yo creo que no mojarás la cama, mamá”

     Así es la vida.

 

     LA LEYENDA DE JOAN GARÍ

     Tuvimos ocasión, los  valientes que  el pasado domingo hicimos la ruta de Can Maçana, de pasar por delante del monasterio de Santa Cecilia, ubicado al final de uno de los “pestosos” repechos, unos dos kilómetros y medio después de dejar la carretera de Montserrat y girar a la derecha tomando la que conduce a Can Maçana. Cuenta la leyenda (no apta para los que hicieron violín y tomaron el atajo de S. Cristofol), que allá por el año 859, cuando “Guifré el Pilós”, era conde de Barcelona, que vivía en Montserrat un anacoreta de nombre Joan Garí el cual tenía fama de ser muy austero alimentándose solamente de frutos del bosque y bebiendo agua clara de una fuente que manaba cerca de su cueva.

     Fray Garí se ganó la fama de santo por su vida contemplativa, pero el demonio se propuso arruinarle la santidad utilizando toda clase de tentaciones. Lucifer salió de las cuevas de Salnitre de Collbató disfrazado de ermitaño y se hizo el encontradizo con Joan Garí. Cuando se encontraron Garí le pregunto quién era y dónde vivía, el demonio respondió que tenía treinta años que estaba haciendo penitencia  en una cueva muy pequeña y solo salía de ella una vez al año.

     Poco a poco, el demonio se fue ganando la confianza del anacoreta hasta el punto de que este le consideró su maestro. Una vez ganada su confianza ideó una estratagema para tentarle y para conseguirlo endemonió el cuerpo de la doncella Riquilda, hija de “Guifré el Pilós”. La doncella endemoniada no paraba de gritar que solo se curaría si la exorcizaba Joan Garí, por lo que el conde Guifré decidió llevarla inmediatamente a Montserrat. Allí, rezando en silencio, Joan Garí la curó, pero para evitar que quedara  poseída, el conde le rogó que la admitiera en su cueva durante varios días. Garí dudaba , pero finalmente aceptó la petición. Inseguro de sí mismo viendo que la tentación invadía sus pensamientos fue a buscar al falso ermitaño. El diablo, en vez de apaciguar sus pensamientos se los enardecía más instándole a dejarse llevar por sus deseos. Vencido por la tentación, fray Garí violó a la doncella. Horrorizado por su falta fue nuevamente a pedir consejo al falso ermitaño, este, dándole un gran cuchillo le aconsejó que lo mejor era deshacerse de la muchacha.

     Muerta la doncella, Garí la enterró a escondidas o, según otras versiones, la arrojó por un barranco. Una vez hecho esto el falso ermitaño se mostró en sus auténtico aspecto. Viendo que el diablo le había engañado, aquella misma noche Garí, se marchó llorando a Roma a pedir perdón al Papa. Este después de escucharlo le dijo: “Tu pecado es tan grande que no sé si tiene perdón. Como una bestia has pecado, como una bestia has de hacer penitencia. Vuelve a Montserrat, caminarás siempre a cuatro patas, no tocarás nunca el agua sino solo para beber. No hablarás nunca más porque las bestias tampoco hablan. No volverás a ponerte ropa encima y tu cuerpo recibirá los rayos del sol y la humedad de la noche.  Comerás solo hiervas y raíces, esquivaras el trato con personas y no volverás a mirar al cielo nunca más porque no eres digno de ello.”

     Fray Garí salió de Roma, tal como le había indicado el Santo Padre, tardó tres años en llegar nuevamente a Montserrat donde vivió solo siete años más sin hablar. El cuerpo se le ennegreció cubriéndosele de pelos largos como si fuese un oso.

    Cierto día unos caballeros fueron a cazar y al verle, creyendo que era un animal lo capturaron y lo encerraron en una jaula con la idea de regalárselo al conde. En aquellos meses la condesa había dado a luz un niño. El bautizo se hizo con gran solemnidad y se celebró un gran banquete al cual los caballeros llevaron al monstruo que habían capturado en Montserrat. He aquí que la nodriza se paseaba llevando al niño en brazos y cuando el niño vio al animal, ante la sorpresa de todos, dijo “Levántate Fray Garí que Dios ya te ha perdonado”.

     Joan Garí se incorporó dejando asombrados a todos los presentes. Enseguida el conde ordenó lavar y cortar el pelo a la bestia y a continuación le `preguntó que había sido de su hija a la cual no había vuelto a ver desde el día que se la dejó. Fray Garí le contó todo y pidió un castigo por su crimen, pero el conde, magnánimo, perdonó a quien Dios había perdonado. Aun así Guigré le pidió que al menos dijera donde estaba el cuerpo de su hija para enterrarlo dignamente. Su cortejo, conducido por el anacoreta llegó hasta el punto indicado, pero para alegría de todos la encontraron viva, milagro que la doncella atribuía a la intercesión de la virgen de Montserrat. La princesa quiso quedarse en Montserrat para siempre y el conde, agradecido, ordenó que se construyera un monasterio de monjas, el futuro monasterio de Santa Cecilia de Montserrat, del cual Riquilda fue la primera abadesa (insisto, los que tomaron el atajo de S. Cristofol, que no la lean y si ya la han leído…como también yo soy magnánimo y comprensivo, quedan perdonados tal como quedó perdonado Fray Garí).

     LACRÓNICA

     Pensaba yo (a veces soy mal pensado), que después de la poca asistencia a la excursión de la semana pasada a Coll Formic, que ante la perspectiva de la ruta programada para la de esta semana, también la participación sería más bien escasa. Pero no. De hecho a quien más echamos en falta fue al Rafa quien la semana pasada avisó que no asistiría a la de esta. Pero la participación, sin ser tan espectacular como otras veces, fue bastante nutrida y tuvimos el placer de contar con la presencia de algunos “velomataos” que hacía varias semanas que no aparecían; Blas, Nico, Joaquín, Fede pajarero, que sumados al Pastillas, Seve, Pibe, Sergi, Miquel, José Vicente, nuestro nuevo amigo Miguel (el argentino), Monsó, el “paliza” del Cinto quien esto escribe, formamos una buena grupeta de doce apóstoles reunidos en torno al mesías, o sea yo (baja Modesto que sube el Cinto).

      Últimamente, no sé si soy yo el que sale cada vez más temprano de Corbera, o es la grupeta que cada domingo va más despacio. El caso es que, si hace varias semanas me alcanzaba poco antes de la carretera de La Ferralla, el pasado domingo llegué al Congost sin haber sido alcanzado por el grupo.  Sin embargo no tuve que esperar demasiado y después del reagrupamiento y de sacar alguna fotos, como sustituto del Rafa nuestro fotógrafo oficioso, con el Blas, el Pastillas y el Miquel tirando en cabeza del grupo a relevos, llegamos al siguiente reagrupamiento de Olesa en un santiamén (ya dije en una de mis crónicas que algún día, según me dé a mi la gana, explicaré de dónde proviene la expresión “en un santiamén”).

     Los siguientes 11 kilómetros hasta Monistrol, aun sin ser un paseo, fueron bastantes tranquilos y el ritmo, permitió llegar a las estribaciones de Montserrat, prácticamente en grupo. Comenzamos la ascensión con el pensamiento puesto en la dureza de lo que nos esperaba. Siete kilómetros y medio hasta girara a la derecha hacia Can Maçana, con algunas tramos de hasta un 11% de desnivel. Después, otros tantos kilómetros rompepiernas, también con algunos tramos de un 12% de desnivel.

      Muy pronto el Nico y el Pastillas desaparecieron de nuestra vista, después les seguían el Miquel y su tocayo argentino con su bici de triatleta tan poco apta para ascensiones de tal dureza, a quienes se les unió un espontáneo. Algo más a tras el Seve y a pocos metros, el Cinto. Más a tras subían el Blas, el Fede pajarero, el Pibe, el Sergi, y el José Vicente, aunque ignoro en qué orden.

     Lenta, pero inexorablemente llegué a rueda del Seve primero, a quien rebasé y “entró en crisis”. Poco después alcancé al Miquel, a su tocayo argentino y al espontáneo que se había unido a ellos. El  espontáneo tomó la cabeza del reducido grupo y hacia el kilómetro cuatro de ascensión, el Miquel y nuestro nuevo amigo argentino cedieron. Llegados a la altura de la Font del Monjos, viendo que el susodicho me sacaba de punto, pensando en el duro tramo que aun faltaba por cubrir, decidí soltarme antes de que ocurriera una catástrofe de consecuencias imprevisibles, no fuese que el “tío del mazo” estuviese emboscado por alguna curva y me pillara a traición. Llegué al desvío de Can Maçana (poco antes me crucé con el Nico y el Pastillas que descendían, supongo que para “relajarse”), y encontré al Monsó, que se iba recto hacia el Monasterio (a rezarle a la Moreneta, pensé), pero le llamé, le señalé la ruta correcta, desistió de sus devotos propósitos, se dio la vuelta y me siguió. Haciéndole de gregario, “piano, piano”, cubrimos los “pestosillos” 7,5 kilometrillos hasta el cruce de la carretera de Manresa, donde paramos para reagruparnos y sacar alguna fotos que inmortalizaran el evento, en las que faltaron el Fede pajarero, el Blas y el Sergi, los cuales se volvieron por el atajo de S. Cristofol.

     Justo al empezar a descender en dirección Manresa por la carreta BP-1101, una salida de cadena me dejó cortado del grupo. Pensé que me tocaría perseguir, como mínimo, hasta Castebell y Vilar,  lo cual me hizo muy poca gracia. Pero el amigo argentino bajaba por detrás y llegados al cruce de Marganell, el grupo se detuvo para reagruparnos de nuevo, cosa que agradecí. Continuamos el descenso en grupo hasta que poco antes de Castebell i Vilar, en un repecho que hay en el Burés, una arrancada del Pastillas dejó en cabeza al Nico, al susodicho Pastillas y a quien esto escribe que llegamos juntos, pero no revueltos, a ca la Teresa, donde nos estaba esperando el Joaquín, el cual, imagino tomó la ruta más corta.

     Según mi cuenta kilómetros, llevábamos 85 kilómetros recorridos y, a pesar de que, quien más quien menos, suele avituallarse en los reagrupamientos o durante la ruta, el apetito era atroz y, por lo tanto, perentoria la necesidad de calmarlo. Afortunadamente el servicio fue rápido, la espera corta y nuestro voraz apetito fue saciado con prontitud.

     Con la sensación de euforia y placer proporcionados por las endorfinas liberadas tras el ejercicio realizado, tomamos nuestras infusiones, sacamos más fotos y emprendimos la ruta de regreso cuya única dificultad (nadie pensaba en la opción de Los Once) , el ascenso a Vaquerisses, se encontraba ubicada prácticamente, al principio. Ascendimos, como era lógico y natural, cada uno a nuestro aire, el Cinto, que convertido en fotógrafo oficioso, procuré llegar el primero (detrás del pastillas y el Nico, por supuesto), para poder sacar más fotos.

      Una vez superada la dificultad de Vaquerisses , el resto de la ruta ya no ofrecía dificultades significativas. Descenso placentero hasta Olesa y pelotón hasta las estribaciones del Congost (excepto el Nico que para “completar la jornada” se marchó por el Suro), Reagrupamiento en el Congost tras la típica y última arrancada en sus estribaciones, y paz y amor hasta Molins de Rei donde, para mayor Gloria,  me despedí del grupo.

     Y esto es todo por hoy mis queridos amigos y amigas, otra más, para contar, de las excursiones del Velo en la que no faltó ninguno de los ingredientes que las hacen inolvidables. Ruta montserratina de belleza sin par, kilómetros con tramos duros y menos duros, almuerzo y tertulia con amigos fantásticos, paz, amor y camaradería, ¿Alguien da más?.

      No estaré la próxima semana con vosotros (Qué descanso, pensarán algunos). Un compromiso con la tusinada me reclama. Me pierdo una excursión que me encanta por su recorrido y que en su día sugerí al Seve, pero podéis estar seguros que os tendré presentes mientras esté pedaleando por otros lares.   Repasad bien las bicis y acudir al Rafa si algo no funciona bien.

     Hasta la próxima un abrazo.

     Cinto (el viejo globero)