10. sep., 2019

CRÓNICA CA LA TERESA

     Un amigo mío, vecino de Corbera, me explicaba en cierta ocasión, que durante muchos años se sintió halagado porque su jefe solía decirle que para el era como su mano derecha, hasta que descubrió que era zurdo.

     Así es la vida.

     LA LEYENDA

    Nos tocó el pasado domingo, como es sabido, transitar de nuevo por el incomparable marco de la montaña más mágica y  conocida de toda Catalunya, como lo es sin duda la de Montserrat.

     Según la leyenda, un sábado del año 880, unos pastores procedentes de Riusec de Monistrol, pastaban su rebaño por los aledaños de Montserrat cuando vieron una luz resplandeciente que provenía de una cueva situada bajo un acantilado, sobre el río Llobregat. El sábado siguiente la visión se repitió. Los cuatro sábados siguientes se hicieron acompañar por el Rector de Olesa, el cual dejó constancia de la citada visión.

     El obispo de Manresa, en tener conocimiento de la noticia, organizó una visita al lugar, durante la cual descubrieron la Santa Cueva, en donde hallaron la imagen de una virgen morena, con el niño Jesús en su regazo.

     El obispo propuso trasladar la imagen a Manresa, pero cuando intentaron moverla era tan pesada que les fue imposible hacerlo. El obispo interpretó este fenómeno como el deseo de la Virgen,  de quedarse en el mismo lugar y ordenó construir una capilla que posteriormente, se convirtió en un centro de peregrinaje. A partir de entonces, la montaña ha ido acumulando historias y leyendas que han hecho crecer su condición de mito hasta convertirla en un icono de los catalanes.

     PD. En otra ocasión relataré la circunstancias que propiciaron la vista de Heinrich Himmler, uno de los más importantes militares nazis, a la abadía de Montserrat. Fue muy curioso.

 

     LACRÓNICA

     Lentamente, el verano va cediendo su paso a la próxima estación y el tiempo, a la par de los días que se van acortando, ceja en mantener las altas temperaturas para dar paso a otras menos rigurosas y más soportables. Fueron estas las circunstancias que propiciaron una mañana fresquita la que nos deparó nuestra excursión del pasado domingo a el restaurante Ca la Teresa.

     Fui alcanzado por la peña en los aledaños del Congost. El grupo, que venía compacto, lo componían, el Marc Ortega, Rafa, Pastillas, Sergi, Monsó senior, Miquel Vidal, Oscar, Blas y Fede pajarero, este último se unió a ellos por La Chatarra. Diez Velos “pata negra”, contando con el cronista (aunque sea yo el que escribe tengo derecho a considerarme también “Velo pata negra”), dispuestos a pedalear duro por las rampas de Montserrat y Can Maçana, y a disfrutar de la tertulia y el buen rollo que amenizan nuestros “frühstück” (tengo suerte de no tener que aprender el alemán).

      Como novedad lo más notorio fue la ausencia de nuestro Gran Capitán, Severiano Izquierdo, alias “el Seve”,  que debe de estar disfrutando de unos días de descanso en la emblemática Salou.

     Dado que, como queda dicho, se llegó en grupo al Congost, fue breve la parada en el reagrupamiento. Y  fue moderado el ritmo con el que se rodó hasta  Olesa. Como anécdota, la que protagonizó un espontáneo que después de rebasarnos varias veces, le sacamos las pegatinas en el último repecho antes de la rotonda.

      Tampoco fue excesivo el ritmo llevado hasta Monistrol, pero una vez tomamos la carretera de Montserrat, el grupo se fraccionó en unos cuantos pedazos. Por delante un quinteto (el de la muerte); el Pastillas el Marc y el Oscar, por detrás de estos el Rafa y el Cinto juntitos y casi cogiditos de la mano. Pero no. Más atrás, otro quinteto (el de la vida). Miquel, Fede pajarero, Blas, Monsó y Sergi, aunque ignoro en qué orden de ascensión, conjurados para hacer violín.

      Mientras el quinteto de la muerte se reagrupaba en el cruce donde se gira a la derecha para tomar en dirección Can Maçana,  el de la vida lo hacía en la curva del desvío a San Cristófol.  Y  mientras los primeros afrontaban los pestosos ocho kilómetros de la carretera de Can Maçana con sus continuos repechos, algunos con un desnivel de hasta el 16%, los segundos tomaban en dirección a San Cristófol con lo que además de evitar unos buenos tramos de continuo ascenso, acortaban la ruta en casi 18 km.

  Volviose a reagrupar el quinteto de la muerte, en el cruce de Marganell y tras un plácido y recuperador descenso, alcanzó el cruce de La Bauma. Equivocose el Rafa creyendo que se almorzaba en el restaurante El Caliu, y enfadose con el Pastillas y el Marc  porque, enzarzados en su particular batalla de los dos últimos kilómetros, marcháronse hacia adelante sin esperar ni mirar atrás. “¡Ya os vale!”, díjoles el Rafa cuando llegó al restaurante. “¡Esta me la apunto!”, añadió. Pero muy pronto olvidose de la afrenta (no llevaba ni lápiz ni papel y por tanto nada pudo apuntar),  y dedicose a degustar su bien ganado almuerzo.

     Nos esperaban en Ca la Teresa, además del reseñado quinteto de la vida, otros tres Velos pata negra, como lo son sin duda, el Joaquín, el Balbis, a quien no veíamos desde primeros de junio, y el Manel, lesionado desde mayo. Ni qué decir tiene que nuestra llegada (la del quinteto de la muerte), acaecida cuando ya estaban todos saboreando sus apetitosos desayunos, fue acogida con innumerables muestras de alegría y regocijo.

     Transcurrido el ágape, con tertulia y buen rollo incluidos, pagada la cuenta y sacadas varias fotos, con la de familia incluida, dispusímonos a emprender la ruta de regreso con el alto de Vacarisses como máxima dificultad. Cabe decir que no hubo violín en esta ocasión. Los desentrenados Balbis, Manel y Joaquín, regresaron por Monistrol y Olesa, mientras los dos quintetos; el dela muerte y el de la vida, cubrimos, como un solo hombre, la ruta programada.

     Ignoro si la dureza de la ruta de ida, había hecho mella en las fuerzas de los dos primeros espadas del grupo; el “capo Pastillas” y el Marc Ortega, pero lo cierto es que no se rodó tan fuerte como en anteriores ocasiones. Alcanzamos la cima el quinteto de la muerte, prácticamente en grupo, mientras el de la vida lo hacía disgregado pero con ligeros intervalos, muy poco después. El resto de la ruta, 42 kilómetros hasta Collblanc (diez menos para mí), discurrieron plácidos y sin sobresaltos. A destacar que a nuestro regreso por la carretera de la chatarra, el viento se había desatado con bastante fuerza, pero el “capo Pastillas” y el Marc Ortega” condujeron el grupo de forma magistral, dándose relevos hasta Molins de Rei donde llegamos en grupo y donde me despedí como de costumbre, después de haber disfrutado de una mañana increíble.

     Y nada más mis queridos amigos y amigas, espero y deseo no haberos aburrido demasiado con la lectura de esta crónica, como también que les haya gustado a más de uno. Me daría por satisfecho.

      Para la próxima excursión nos esperan dos cimas, de las que os adjunto los perfiles, la primera de ellas, Can Fosalba, encierra algunos repechos de más del 12% de desnivel, pero tiene algunos “descansillos” que nos permitirán darnos un respiro y recuperar. La siguiente el Ullastrell, también conocida como el “Suro”, archiconocida por todos, tiene la dureza al principio y se hace “pestosa” el último kilómetro.

      No olvidéis de repasar las bicis y de acudir a nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco, para cualquier problema que se os presente y no podáis solucionar.

     Hasta la próxima un fuerte abrazo.

     Cinto (el viejo globero)