30. sep., 2019

Texto

     VA DE CUENTO

    Se dice, se comenta, se cuenta; que había una vez un zapatero remendón que tenía un joven ayudante analfabeto. La suerte, que según dicen no es para quien la busca, sino para quien la encuentra ––aunque yo creo que debe de buscarse–, favoreció  al buen zapatero y le tocó la lotería. Como el “pellizco” era considerable, para asegurar su porvenir y el de su familia, decidió invertir el dinerito en compara un local y abrir una zapatería. Así que, habló con su joven ayudante y le dijo que, como no sabía leer ni escribir y,  para su nueva zapatería necesitaba alguien que supiera, no le quedaba más remedio que despedirlo, o sea que le daría una pequeña cantidad –no mucho, claro está– y que se buscara la vida.

     El muchacho no tuvo más remedio que coger el dinero y quedarse en el paro (aún no existía el  INEM). Lo que hizo fue, pedir permiso al ayuntamiento y abrir un kiosko de chucherías frente a una escuela. Pasó un tiempo, aquel pequeño negocio prosperó y le fue tan bien, que decidió agrandarlo. Para ello adquirió un pequeño local y abrió una tienda de comestibles. También su pequeña tienda prosperó y decidió ampliarla haciéndola más grande.

     El caso es que, con le paso del tiempo, su negocio floreció de tal manera, que abrió otra tienda y luego otra y otra y varias más, hasta convertirse en el dueño de una formidable cadena de tiendas de alimentación.

     Cierto día, alguien de un periódico quiso hacerle un entrevista, a lo que el accedió. El periodista, sabedor de la gran fortuna que había amasado, le preguntó qué estudios tenía para haber prosperado tanto desde la nada. Naturalmente el ex ayudante de zapatero, le confesó que el no sabía leer ni escribir.

     El periodista maravillado, le preguntó;

    —¿Pues si hubiese sabido usted, leer y escribir, hasta dónde hubiera llegado?

     A lo que respondió:

—Amigo mío; de haber sabido leer y escribir no hubiera pasado de ser dependiente de una zapatería.

     Así es la vida.

     LA LEYENDA; VA DE BRUIJAS

     Nos tocó visitar de nuevo, en nuestra última excursión a Ca la Kati, de San Martí de Sarroca, la “embruixjada” comarca del Alt Penedés.

     Si los nombres de los lugares dan testimonio de la popularidad de un hecho, de una creencia o de una realidad; las “bruixes” han dejado huella, sin lugar a dudas, en el Alt Penedés. Veamos si no; Carreró de les bruixes, a Vilafranca; la Font de la Bruixa, a Font Rubí; el Pèlag de la Bruixa a S. Quintí de Mediona; el Plà de les Bruixes a Sitges; el Pont de la Bruixa a la Múnia; el Torrent de les Bruixes a Avinyonet, Subirats y San Cugat de Sasgarrigues; el Turó de la Bruixa a San Martí de Sarroca…

     Pero ¿Qué es ser “bruixa”? ¿Cuál sería la procedencia social de este nombre? Según algunos estudiosos del tema, el origen del nombre lo atribuyen a “Les bones dones” o “bones dames” del catalanismo, que se reunían en los descampados, en las lindes, en los cruces de los caminos o en “les brugueres”  (brezales) o “bruixeres”. De aquí es de donde puede haber salido el nombre de “bruiixa” y “bruixería”;  o sea de “brugueres” o “bruixeres” las cuales eran comarcas pobres e inhóspitas, además de la bruja volando sobre una escoba de brezo.

     Conocido el origen de “bruixa”, ¿Cómo hacerse bruja? ¿La bruja nace o se hace? Hay brujas sanadoras que lo son por un don natural recibido al nacer. Pero también hay que se hacen cumpliendo determinadas obligaciones que les son propuestas o impuestas. Según la creencia popular, estas son las brujas maléficas, la personificación de todas las miserias y de todos los crímenes. Son las brujas de los ungüentos, de los potingues y los maleficios; la bruja que conjura temporales; la que tira las suertes; la que escampa el mal de ojo; la que fomenta toda clase de mal, tanto en los hombres como en los animales.

      Y si alguien quiere convertirse en bruja o brujo (que también los hay, y alguien pensará que soy uno de ellos, pero no), os explicaré qué ha de hacer:

     Ha de entrar en una iglesia mientras el sacerdote está oficiando misa y debe demostrar incredulidad y reírse. Ha de confesarse y no decir la verdad. No ha de pronunciar nunca el nombre de Dios. Ha de blasfemar a menudo. Ha  renegar del bautismo recibido. Ha de realizar acciones contrarias  a la práctica y la moral cristiana. No cumplir nunca la santa ley de Dios y hacer tanto mal como pueda. Una vez cumplidas estas condiciones, la neófita o el neófito a de pactar con el Diablo y pedirle protección y, finalmente (y esto es muy fuerte), si es mujer, ha de tener trato carnal con el demonio.  Si es hombre, el demonio se vuelve mujer  para satisfacerlo sexualmente.

     ¡Ufff, qué fuerte! ¿No?

     Después de esto si alguien está interesado en historias de brujas o en saber cómo hacen para invocar al diablo y conseguir su protección,  que compre el libro “Un trayecto una historia” de editorial Maluma, y lea mi relato “Lilith” (el Manel lo tiene).

     También puede entrar en www.jacintogarcia,es y en “Relatos del Cinto” que lea “Canidia”, una sencilla historia, finalista en el concurso El mito de les bruixes, de San Joan de Lerm, en el que, sutilmente, pongo en duda si el resultado de un acto de brujería es consecuencia del mismo o simplemente pura casualidad.

 

     LA CRÓNICA

     Después de haber sido mi ordenador reparado por “los servicios técnicos”, que te cobran un pastón por meterle un “parche” (haber presi, no te hagas el loco,  si el club hace el gesto y me compra uno aunque sea de segunda mano), vuelvo con renovados ánimos a “daros la vara”, por no perder la costumbre y que no se diga que el Cinto no cumple lo que dice o dice lo que cumple.

      Dejé, es esta ocasión, aparcado el coche en el polígono de Can Mascaró (está nada más tomar la carretera de Corbera a mano derecha), pensando que iba precario de tiempo. Después me percaté de que la vista me había jugado una mala pasada haciéndome “papallugues”, y no. La hora era la habitual de cada domingo. Pero, como no hay mal que por bien no venga, me dediqué a ascender el Ordal, “piano, piano”. Ya me cogerían. Pero tampoco. Llegué al final del puerto sin que nadie me hubiese alcanzado, ni siquiera el “capo” Pastillas, terror de los escaladores y de los no escaladores.

      En el reagrupamiento del Ordal, me encontré con el Marcial, abrigadito el, esperando a la tropa. Poco después llegaron el “capo” y el nuevo, en esta plaza, el jovenzuelo David, a quien muy pronto nuestro ritmo le quedará pequeño y se aburrirá con nosotros. Después, a bastante distancia, llegó el Miguel (argentino dos) y el Rafa.  Y a más distancia fueron llegando el Monsó, Manel, Perona, Balbis, Joaquín y Seve; no por este orden necesariamente. Doce en total, como los apóstoles y; sorpresa, sorpresa, el Bartolo con su mujer, en coche.

     Después de tomar algunas fotos, por no perder la costumbre, rápido descenso hasta Vilafranca, nuevo reagrupamiento y paz y amor hasta Guardiola de Fontrubí. A partir de allí, dos opciones. Una, ir directamente al restaurante girando a la izquierda por la Rovira Roja; 5 fáciles kilómetros. La otra opción, la que marcaba la hoja de ruta; continuar recto y ascender por Fontrubí, para salir a la carretera de la Llacuna y hacia San Martí Sarroca. 18 kilómetros con el puertecito de Fontrubí, bastante distendido.

    Se dividió el grupo; uno formado por el Balbis, Manel, Joaquín y Perona, que tomó la primera opción. El otro formado por el Pastillas, Rafa, Miguel, David, Monsó, Seve, Marcial y Cinto, que siguió la hoja de ruta.

     Se fue incrementando el ritmo en la ascensión a Fontrubí, formándose en cabeza el quinteto de la muerte formado por ”Torcuato (el capo pastillas) y los cuatro”,  el Rafa, David, Miguel y Cinto, que coronaron Fontrubí, juntitos. Nuevo reagrupamiento en el cruce de la carretera de la Llacuna y, como todo lo que sube después baja, 9 plácidos y reparadores kilómetros de descenso hasta ca la Kati, donde los del grupo de la primera opción, además del Bartolo y su mujer, nos esperaban haciendo honor a sus respectivos almuerzos.

    También los de la opción de Fontrubí, rendimos los correspondientes honores a nuestros respectivos almuerzos reparadores, disfrutando, como no, de la, siempre amena, tertulia del grupo, además del agradable ambiente que los jardines de ca la Kati nos ofrecía (con gallinas sueltas incluidas). Después de las pertinentes infusiones y pago de lo consumido, foto de familia con la ausencia del trío los Panchos; Manel, Joaquín y Balbis, quienes optaron por salir un poco antes del resto para poder regresar a su aire y sin agobios (algún día tendré que unirme a ellos. La edad no perdona y, aunque algunos no se lo crean, no tardaré mucho en “entregar la cuchara”).

     Hubo una cierta incertidumbre en el resto del grupo; Pastillas, Rafa, Marcial, David el jovenzuelo, Miguel el argentino dos, Perona, Monsó, Seve y Cinto, por cuanto el regreso, en la hoja de ruta estaba previsto por Guardiola de Fontrubí y Vilafranca.  Pero finalmente, se optó, con el Cinto a la cabeza, por regresar directamente hacia Vilafranca, ruta mucho más cómoda y  evitar el innecesario rodeo de pasar de nuevo por Guardiola de Fontrubí.

     Llegó compacto el grupo a Vilafranca, por lo que no hubo necesidad de parar para reagruparse. Pero una vez se tomó la N-340, con el incansable “Capo, Pastillas”, tirando en cabeza, no tardaría mucho en disgregarse. Efectivamente, llegados al repecho de Avinyó Nou, de nuevo, con el grupo ya fraccionado, el “quinteto de la muerte” formado por “Torcuato y los Cuatro” se quedó en cabeza.

     En la cima del Ordal, llegaron el Pastilas y el jovenzuelo David los primeros (ignoro si el jovenzuelo le disputó la llegada al “Torcuato Pastillas”), seguidos a distancia por el Miguel (argentino dos), quien poco a poco, nos va demostrando su buen nivel, y algo más atrás el Rafa y el Cinto (del que se rumorea tiene un pacto con el diablo. Pero no. Quizás es el diablo que tiene un pacto con el).

      Después de una cierta espera en la cima del Ordal, esta vez algo más larga de lo habitual (la tarde avanzaba y el crepúsculo empezaba a manifestarse), apareció el cuarteto de cuerda compuesto por el Marcial, Perona, Seve y Monsó, quienes, a tenor de lo que tardaron, suponemos habían decidido tomárselo con la calma.

      Por fin, descenso hacia Molins y, por mi parte, despedida en la rotonda de Corbera  esta vez. Cansado, pero eufórico por haber vivido otra de las jornadas increíbles del Velo, llegué a mi casa cantando “viva el rey” (soy anti monárquico).

      Y esto es todo mis queridos amigos y amigas del Velo. Otra de las inolvidables excursiones del Velo para explicar y me despido con el recordatorio de siempre: repasad bien las bicis y si tenéis algún problema, las providenciales manos de nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco, hallarán la solución en un santiamén. Seguro.

     Y una rectificación;

     La presentación de mi novela “Asesinato en diferido”, será el 22 de noviembre y no el 15, como dije en mi última crónica. El lugar de la presentación será en la Biblioteca Municipal de Les Corts, Miquel Llongueras, Trav. de Les Corts, 58. En el apartado “Dedicatorias” hay una para toda la familia del Velo. ¡Qué lo sepáis!

    Hasta la próxima, un fuerte abrazo.

     Cinto (el viejo globero).