10. may., 2018

LOS CUATRO DE GALLIFA

      No puedo sustraerme, en la crónica de esta semana, en hacer referencia a la efeméride ocurrida el 6 de junio del año 1856 y que se refiere al nacimiento de ese gran genio y padre del psicoanálisis que fue, Sigmund Freud.

     Este señor, del que tuve que leer parte sus obras completas (leerlas todas no hay mente que lo resista),  para poder desarrollar mi tesis de grado y de ahí que lo conozca como  si fuese de la familia, decía que algunos de los aspectos saludables que tiene la práctica del sentido del humor y la capacidad de reírse de uno mismo dentro del ámbito de la psicología son: el aumento de la autoestima,  el aumento de la capacidad para liberarse de sentimientos molestos, aumento de la capacidad para disfrutar de la vida, aumento de la tolerancia a la adversidad y que además, es la mejor medicina contra el estrés. O sea que siguiendo esta teoría, la cual me consta es totalmente cierta, habremos de concluir que las buenas gentes del Velo gozamos de una salud mental envidiable.

      Era de prever que también el pasado domingo 6 de mayo, el tiempo nos iba a “obsequiar” con algún que otro chubasco, y van… ya he perdido la cuenta. Sin embargo, y pese a tales previsiones, fuimos de nuevo once Velos los que nos juntamos, unos en la plaza, otros en S. Just y algún otro por el Plà, y formamos el grupo que, en teoría, íbamos a realizar la excursión a Gallifa, programada para la jornada que nos ocupa. Los tales once éramos; El Pastillas, el Pibe, el José Vicente, el Ángel Gandúl, el Miquel, El Rafa, el Seve, el Perona, el Manu, el Johan y el Cinto.

     Decididos pese a todo, a desafiar las posibles inclemencia del tiempo, enfilamos la ruta en menos que se reza un Credo cuando resonó por Terrassa el bronco fragor de un trueno. Parados en la rotonda donde empieza la carretera de Castellar, esperando al Cinto, quien preso de una urgencia intestinal tuvo que acudir presto a una gasolinera, empezó el concierto lluvioso que nos habría de acompañar tanto a la  a la ida como a la vuelta.

      No fue fácil tomar una decisión sobre qué hacer y hubo dudas de si continuar o regresar. Finalmente fueron cuatro los que optaron seguir por la ruta prevista, a saber; el Presi, el Rafa, el Seve y el Cinto, este último, que acostumbra a presumir de hombre prevenido, dejó chubasquero colgado en la percha de su casa. Muy bien Cinto, así el chubasquero no se moja ni se ensucia.

      Nada que objetar y el máximo respeto a los siete restantes, el Johan, el Pibe, el Miquel, el Manu, el Perona, el José Vicente y el Ángel Gandúl, que optaron por regresar. Lo cierto es que era un día para pensárselo. Faltaban por cubrir 30 quilómetros hasta Gallifa más otros 60 de vuelta y el tiempo y la lluvia no parecían querer cambiar.

     Y así fue cómo quedó dividido el grupo de los once. De una parte, siete magníficos regresando sobre sus pasos; de otra, los cuatro de Gallifa a quienes, una vez mojados y empapados, ya no les importaba que lloviera o cayeran chuzos de punta.

     Transcurrió entre risas, chanzas y lluvia, la ruta hasta Gallifa, donde una vez confortados con un suculento almuerzo a base de “butifarra amb sigrons i mongetes” acompañado de vino y café más un chupito de orujo que tuvo a bien obsequiarnos el dueño del restaurante, como premio a nuestro “sacrificio” da haber llegado hasta allí a pesar del mal tiempo, nos aprestamos a regresar. no sin antes proveernos, el Pastillas para taparse el pecho, y quien esto escribe para taparse de los pies a la cabeza, de un improvisado impermeable. Testimonio de mis palabras escritas son las fotos que tomó el Rafa y que podréis ver en otro apartado de esta misma web.

     Naturalmente cualquier persona no aficionada al ciclismo que vea las susodichas fotos, podrá pensar ¡qué locos están! Es posible, pero como dice una antigua canción de Juan Pardo:

           ¿Quién es el loco que me dice que estoy loco?

            ¿Quién no ha tenido un cartel a sus espaldas?

             Dejarme en paz porque lo mío es contagioso

             Dejarme en paz, que estoy en calma.

     Transcurrió el regreso sin novedad, pero lloviendo unos ratos si y otros también. Y como dice mi “amigo” Sigmund Froid, en síntesis ¡Qué sano es poder reírse de uno mismo! Así que me despido hasta la próxima haciendo votos para que, por fin en la próxima excursión programada a Banyeres del Penedés, podamos disfrutar de buen tiempo.

      Ah, qué no se me olvide; creo que debemos dedicarle al Rafa, nuestro más sincero agradecimiento por los reportajes gráficos que cada domingo nos ofrece con sus “foticos”. Sin estas, las crónicas quedarían incompletas y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid recordar que en su tienda y taller de la calle Renclusa, 50, de l’Hospitalet, podéis disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Adjunto perfiles y ruta de la próxima excursión

     Saludos, un abrazo y hasta la próxima.

     Cinto (el viejo globero).

     A Gallifa voy ligerito pedaleando

     Con mi bicicleta mientras la lluvia me va mojando

     A Gallifa voy ligerito suspirando

     Por mi bocadillo de butifarra que está esperando

    A Gallifa voy….

    A Gallifa voy…