24. may., 2018

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El 20 de mayo es el 140.º (centésimo cuadragésimo) día del año en el calendario gregoriano. Quedan 225 días para finalizar el año y en el calendario de excursiones del Veloclub Excursionista el capitán de excursionismo programó una excursión a La Bleda en la que participaron dieciocho ciclistas.

      La Bleda es un pequeño núcleo de población perteneciente al municipio de S. Martí de Sarroca, de unos 300 habitantes, cuya raíz se remonta a una masía de origen medieval,, pero seguro que cuando escuchamos la palabra “bleda”, que según Real Academia de la lengua Española (RAE), proviene del latín beta, 'acelga', cruzado con blitum 'bledo', la asociamos con esa hortaliza harto popular que solemos comer hervida con patatas y aderezada con sal, aceite y un chorrito de vinagre. Sin embargo, aunque no lo parezca, la citada palabra tiene muchas más acepciones.

 

La primera y la más común, es la que se refiere a la hortaliza y explica su origen y las virtudes que posee: De origen mediterráneo se sabe que los griegos la utilizaban desde el siglo V a. C. y que en la edad media y durante muchos siglos fue un alimento básico de las sociedades europeas. Contiene vitaminas, A, C y K, es rica en minerales, especialmente en calcio, potasio y magnesio, lo que la hace muy útil para prevenir la osteoporosis. Aporta ácido fólico y flavonoides útiles para la prevención del cáncer y tiene propiedades laxantes y digestivas debido a su elevado contenido en fibra.

      Otra de sus acepciones se refiere al nombre de un pájaro (Bleda), que habita en la maleza del África Central. También encontramos expresiones tales como “ser una bleda”, que se usa normalmente para hablar de las chicas que son tímidas, apocadas, pusilánimes o lloronas, aunque se puede usar también para los chicos que tengan esas mismas características. Y esa otra expresión coloquial “me importa un bledo” con la que se indica que uno no le otorga ninguna importancia a un asunto o a una persona. Generalmente, se usa a modo de eufemismo, para evitar una frase más grosera. Todo indica que la frase se impuso a partir de la película Lo que el Viento se Llevó (1939), en la que Clark Gable, le dice Vivien Leigh : “Francamente, querida, me importa un bledo”. En la misma línea se inscribe otra frase popular que en lugar del bledo ubica al comino.

      Pero la más interesante de todas es, sin duda, la que se refiere a Bleda, rey de los hunos y hermano de Atila. Según las crónicas húngaras, en un primer momento Bleda y Atila optaron por proseguir la paz con el Imperio Romano a cambio de que el emperador Teodosio II duplicara los tributos (ascendiendo estos a 700 libras anuales) y entregara a varios desertores que habían huido al sur del Danubio refugiándose con los romanos, pero en 439 acusaron a los romanos de romper el acuerdo. Bleda y Atila cruzaron el Danubio y saquearon varias ciudades romanas. Luego de una relativa calma durante el año 442, el emperador Teodosio se apresuró en traer tropas del norte de África y consideró dejarles de pagar tributo a los reyes hunos. Atila y Bleda respondieron reanudando la guerra. Derrotaron a un ejército romano a las afueras de Constantinopla, pero no pudieron tomar la ciudad por su doble muralla y su formidable puerto, lo cual hacía insostenible un asedio a largo plazo. Aun así, derrotaron a un segundo ejército romano en Galipolis. Teodosio reconoció la derrota y acordó una nueva paz, mucho más onerosa que la anterior, en la cual accedió a pagar 6.000 libras de oro, como castigo por no haber cumplido el tratado de paz anterior, y un tributo anual triplicado que ascendió a 2.100 libras anuales. Luego de estas victorias Bleda y Atila se retiraron a sus dominios al norte del Danubio. Bleda falleció en el 445 durante una cacería, según algunas fuentes asesinado por su hermano Atila.

       Pero como antes he dicho o he escrito, en nuestra excursión a La Bleda, participaron 17 entusiasmados ciclistas dispuestos a derrotar a un ejército de 120 largos y fieros kilómetros que no darían tregua ni cuartel ni a la ida ni a la vuelta.

      Enmarcaba la ruta una primavera de la que, por fin empezamos a disfrutar. Dese un principio, y con evidente desprecio al riesgo que se corría de acabar exhausto y quebrantado, se desató la batalla, fiera y despiadada, entre los hombres que tomaron la cabeza del grupo, por la carretera que conduce de Martorell a S. Sadurní, como mudo testigo de lo que allí acontecía.

      Derrotados los primeros 40 km, hubo reagrupamiento de fuerzas en S. Sadurní. Faltaban por derrotar otros 30 km. no exentos de dificultades, para finalizar la primera parte de la batalla,. El objetivo era alcanzar el bonito núcleo de La Bleda, donde se repondrían las fuerzas y se restañarían las heridas habidas durante la refriega. Pero el citado objetivo no era fácil. Los escollos a salvar en forma de “pestosos” repechos y con alguna que otra emboscada, podrían dar paso al peor enemigo con el que nos podríamos encontrar y que no era otro que “el tío del mazo”. Afortunadamente, este no apareció. Se adelantó un grupo compuesto por los valerosos, Pastillas, Raúl, Carlos y Rafa, (no recuerdo si entre ellos estaba también el Manu y el Aníbal o algún otro), quienes fueron los primeros en alcanzar el objetivo deseado, mientras el resto de los dieciocho quedamos en la retaguardia guardando fuerzas por lo que pudiera devenir. Poco después, con algún que otro despiste por el desconocimiento de la ruta, se produjo el reencuentro de los 17, en el lugar previsto cesando así la primera parte de la dura batalla.

      Repusimos nuestras ya maltrechas fuerzas, en el Centre La Bleda, donde fuimos atendidos por una gentil posadera la cual puso gran esmero y diligencia en que quedáramos todos contentos y satisfechos, como así fue. Y aunque nuestro yantar se demoró algo más de lo deseado, es de entender que no es fácil servir a 17 hambrientos guerreros todos a la vez.

      Algo más descansados y relajados después del yantar, con la mirada puesta en la segunda parte de la batalla, con el puerto del Ordal como principal enemigo, los 17 valerosos guerreros nos hicimos las fotos que habrían de dejar constancia y testimonio, una vez más, de nuestras andanzas por tan bellos parajes, como lo son sin duda, los que rodean el pequeño núcleo de población de La Bleda.

      Re emprendida la marcha y una vez superada la capital del Alt Penedés, Vilafranca, el ritmo de la batalla se fue incrementando a la par que se incrementaba el desnivel del terreno. Lenta, pero inexorablemente el grupo de los 17 fue perdiendo unidades hasta quedar reducido a tan sólo 5 guerreros, a saber; el Pastillas, el Raúl, el Carlos, el Rafa y el Cinto. Pararon los tres citados en primer lugar, en la fuente situada en el pequeño núcleo perteneciente al municipio de Subirats, llamado El Pago, pero no tardaron mucho en volver a tomar el mando de las operaciones y ya en las estribaciones del fuerte repecho que antecede al pueblo del Ordal, se distanciaron del resto coronando el Pastillas y el Raúl, en primer lugar, seguidos por el Carlos a poca distancia y por el Cinto y el Rafa a continuación, seguidos muy de cerca por el Seve, el Manu, el Aníbal, el Adrià, el compañero tusinu David, el Joaquín, el Perona, el José Vicente, el Joaquín, el Camacho, el Manel y el “Pescaíto” que cerraba el grupo (faltaba el Fede que optó por regresar por ruta distinta para dirigirse hacia Gelida, su lugar de residencia.

      Y superado el escollo del puerto del Ordal, a falta del descenso hasta Molins de Rei y de los últimos kilómetros hasta S. Just y l'Hospitalet, la batalla se mitigó, pero faltaban por cubrir los últimos 25 kilómetros para algunos, treinta para otros. Finalmente, mientras cada uno de los 17 integrantes de la tropa se iban ubicando en sus respectivos lugares de residencia, finalizó la batalla con la indiscutible victoria de los citados 17 grandes y sufridos guerreros que con su esfuerzo y voluntad consiguieron derrotar el desafío de los duros 120 km.

      Y aquí se acaba la historia de otra de las grandes excursiones del Velo (tanto por la belleza de su recorrido como por la participación). Al final de la página incluyo información y perfiles de la próxima que será a Monistrol de Calders. Otra gran excursión cuyos parajes sorprenden por su lujuriosa belleza. Y para despedirme os recuerdo lo de siempre; nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, tiene su tienda en la calle Renclusa, 50 de l'Hosìtalet donde los socios del Velo disfrutamos de un 10% de descuento en materiales y mano de obra.

     Hasta pronto, un abrazo a todo/as. Cinto, el viejo globero.

     PD, no puedo sustraerme a recordar la efemérides del nacimiento en un día como el 20 de mayo de 1975, del malogrado ciclista catalán Isaac Gálvez que fue campeón mundial de pista en la especialidad de Mádison junto a su compañero Joan Llaneras, entre los años 1999 y 2006, que falleció de forma trágica el 26 de noviembre del 2006 en el velódrom de Gnate. Descanse en paz.