1. jun., 2018

Texto

En el altiplano del Moianès hay 10 pueblos rodeados de bosques, arroyos y riachuelos, donde todavía se puede disfrutar del silencio y la naturaleza. Muchos de ellos tienen más de 1.000 años de historia, y han sabido conservar costumbres y tradiciones. Paseando por los caminos que los unen se pueden encontrar cuevas, fuentes, castillos, ermitas, masías y un montón de lugares y parajes de gran belleza.

     Uno de estos diez pueblos Monistrol de Calders que, como es bien sabido, tuvimos ocasión de visitar (es un decir) el pasado domingo, 27 de mayo, fue una parroquia de Calders hasta 1934, año en que se independizó. Como muchos de los pueblos del Moianès, se formó alrededor de la iglesia en el siglo XI. y era un lugar estratégico, porque se cruzaban los caminos para ir de Manresa a Girona y de Sabadell a Moià. Está situado en una zona montañosa, con muchas cordilleras y arroyos. La erosión del agua sobre las piedras ha formado pozas, cuevas y cantos rodados de gran belleza, algunos de ellos espectaculares como “els Còdolç” (fragmento de roca dura, de dimensiones variables, alisado y redondeado por la acción de la climatología) y “els Gorgs Blaus” (es un hoyo profundo en el lecho de río o torrente, donde el agua se encharca o ralentiza su curso, ya sea formando torbellino o encalmándose).

    

     También se encuentran un gran número de fuentes, escondidas en los bosques que rodean el pueblo y es de destacar el gran número de barracas de viña, construidas con piedras y de diseños curiosos, muchas de ellas en buen estado. Y para dar cumplido testimonio de lo que aquí explico, me voy a permitir incluir en el álbum de fotos, algunas representativas de indiscutible belleza.

    

     La excursión, como tantas del Velo, respondió a las expectativas de los que participamos en ella que, como los apóstoles, fuimos doce más el maestro, a saber; el Pastillas, el Raúl, el Seve, el Manel, el Manu, el Rafa, el José Vicente, el Camacho, el Joaquín, el Valencianet, el Oscar y los maltrechos Adri y Cinto quienes llevaban en sus piernas 150 km. del día anterior (¡Ay qué dolor!).

    

     Puestos en ruta los trece, se intuía el respeto que causaba, no solo la dureza del recorrido con la dificultades del Coll d'Estenalles y el Coll de Lligabosses, sino además los largos 140 km. de que constaba la excursión. Prueba de ello fue que la batalla en la ruta de ida quedó reducida a la ascensión al Coll d'Estenalles en donde el Presi y el Raúl, marcaron diferencias coronando ambos en primer lugar sin que nadie les inquietara. Por detrás el resto del grupo circulaba disgregado, pero solo puedo relatar que quien esto escribe, con más pena que gloria, ascendía formando grupeta con el Seve, el Manel y el Joaquín y algo más retrasados, cerrando el grupo, lo hacían el Adri y el Camacho.

    

     Una vez reagrupados en el Coll d'Estenalles, iniciamos el descenso entre una maraña de scooters de las antiguas “Vespa” que celebraban una concentración, a las que, dada la poca estabilidad de dichos vehículos, teníamos que ir adelantando en plena bajada. Justo en el vértice inferior del Coll de Lligabosses (la Uve), donde termina el descenso comienza la ascensión, los susodichos scooters, se reagruparon taponado la carretera con el consiguiente peligro que suponía los bruscos frenazos de nuestras bicis.

    

     Superados los duros, casi dos km. de la Uve, que contiene algunas rampas de hasta el 16% de desnivel, iniciamos los suaves cuatro km de descenso que nos llevarían justo a nuestro objetivo que, hambrientos y con la mirada puesta en el condumio, no era otro que el Bar Sport, de Monistrol de Calders. Sin embargo hecho el recuento de los presentes faltaban dos de los doce apóstoles y el maestro; el Presi y el Raúl, los cuales llegados en primer lugar a la cima del Coll de Lligabosses, cruce con la carretera B-124, optaron por tomar dirección equivocada. Pero pronto se percataron del error y no tardaron en aparecer sanos y salvos después de avistar, eso sí, “osos polares y ciervos”.

    

      Aposentados y servidos por la gentil Nuria, demandó cada uno de nosotros lo que a su gusto y paladar más le apeteció y hubimos gran placer y regocijo en saborear las sabrosas y apetitosas viandas que habrían de reponer nuestras fuerzas. Y mientras esto acaecía, discutimos sobre las “supuestas visiones” de osos polares y ciervos, relatadas por el Presi y el Raúl y que finalmente, resultaron ser algunas esculturas y pinturas que engalanan la entrada al pueblo por su lado norte.

    

      Pero la inexorabilidad del tiempo nos indicó que la hora del regreso era llegada y, abonada la cuenta, formamos grupo para la foto de familia que habría de dar fe de nuestra breve, pero intensa estancia en tan bello lugar. Ofreciose nuestra garbosa camarera a disparar la cámara para que nadie del grupo quedara excluido de salir en la foto, mas después, también ella fue invitada por el Cinto a compartir el recuerdo de nuestro sucinto, pero inolvidable, paso por aquel poético rincón. Aceptada la invitación después de alguna insistencia, se despidió de nosotros con un par de besos que depositó en las mejillas de quien esto escribe (que no lo sepa Gloria que le cogen celos).

    

     Puestos ya en ruta, fue el Oscar quien tomó la cabeza del pelotón en los cuatro primeros km. de ligera, pero constante ascensión hasta el cruce del Coll de Lligabosses. Después en el largo descenso hasta S. Llorenç de Savall adelantamos algunos grupos que, espoleados por nuestra intrepidez, decidieron “declararnos la guerra” y volvieron a adelantarnos con la clara intención de darnos “plaka, plaka”. Quien esto escribe, maltrecho por los 150 km del día anterior, sucumbió en un repecho 5km antes de Castellar, que decidió cubrir al “tran, tran” con la clara intención de recuperar sus malparadas piernas.

     

      Después de reagruparnos en Castellar donde, por cierto, nos encontramos con el Perona que nos estaba esperando, llegamos a S. Quirze con paz y amor, pero llegados a las estribaciones de la ascensión a can Viver, se estiró el pelotón. Tomó ligera ventaja un trío compuesto por el Rafa, el Raúl y el Pastillas, perseguido por el Seve, el Manu, el Perona, el Oscar y el Cinto, a quien le había hecho efecto la “pócima” y muy recuperado acabó, junto al Oscar, tirando del grupo en persecución de los tres escapados a quienes dimos caza en la entrada a Rubí. Pero la batalla, a base de secos demarrajes por parte de unos y otros, continuó sin tregua hasta que, a menos de un km. de Molins de Rei, le puso fin un pinchazo del Manu. Y con esto, nos despedimos del grupo el Adri y yo, para dirigirnos hacia Corbera. Por cierto bravo por el Adri que cumplió como el que más a pesar de los 150 km del día anterior y de su falta de experiencia.

    

      Y esto es todo por hoy querido/as Velo/as, recordaros una vez más que nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, tiene su tienda en la calle Renclusa número 50 de l'Hospiatalet, donde los socio/as del Velo gozamos de un 10% de descuento en material y mano de obra.

    

     También recordaros que nuestra próxima excursión, la del día 3 de junio es, nada más y nada menos, la ya famosa “Tarragona Clasic”. Una excursión que nos trae infinidad de recuerdos de grandes batallas y anécdotas, pero que los pronósticos del tiempo hacen prever que el próximo domingo vamos a tener fuertes lluvias. Veremos (recordar que la hora de concentración es a la 6.30).

    

     Hasta la próxima un abrazo a todo/as, hasta la próxima.

    

     Cinto (el viejo globero).