14. jun., 2018

Texto

      El pasado día 10 de junio, fecha en la que un nutrido grupo de Velos, realizamos una excursión al Coll del Bruc, fue el 161º  (centésimo sexagésimo primer) día del año en el calendario gregoriano y quedaban 204 días para finalizar el año.

      En tal día como el mencionado nació hace 97 años, el controvertido ciclista francés, ganador del Tour de 1947, Jean Robic. Pequeño y feo (1,61 m.), se ganó a la afición francesa por su carácter indomable. No se rendía ante Coppi, Bartali o Bobet ni ante nadie. Y también por sus bravatas. Por ejemplo; “si engancho un remolque en mi bicicleta y pongo en el a mi suegra seguro que llego primero a la cumbre”. Jean Robic era un atleta extraordinario que siempre parecía estar en guerra con el mundo. Su baja estatura y su apariencia hogareña causaron que los periodistas lo llamaran “el Duende de Bretaña”. Sin embargo, su arrojo le provocó muchas caídas. En una París Rubaix se fracturó el cráneo y a partir de ahí corría con un casco de tiras de cuero. Era el único que competía con casco y los demás le hacían bromas llamándole “cabeza de cuero”. En una carrera, Robic cogió un martillo y se golpeó la cabeza. ”Lo veis, no se rompe”. Inmediatamente empezó a correr un chorro de sangre y cayó desplomado.

      Robic se casó dos días antes de empezar el Tour y al marcharse le dijo a su esposa “Ahora no tengo mucho que ofrecerte, pero dentro de tres semanas seré el ganador del Tour”.

      Al llegar a la ´´ultima etapa, Robic llevaba pedidos casi tres minutos. En uno de los momentos más famosos del Tour, atacó en la ascensión a Bonsecours, a las afueras de Rouen y se le unió Edouard Fachleitner. Después de ir escapados durante varios kilómetros, Fachleitner quería dejar a Robic y llagar en solitario ganado así el tiempo suficiente para superar a Robic y posiblemente, ganar el Tour. Según los diarios de la época, Robic le dijo; “No puedes ganbar el Tour Fach, porque no voy a dejarte ir. Colabora conmigo y te pagaré 100.000 francos. El trato fue hecho y Robic se convirtió en el primer ciclista en obtener la victoria final de la Clasificación General del Tour de Francia, en la última etapa. La única vez que estuvo en posesión del maillot amarillo en el Tour de 1947 fue cuando se lo puso en el  podio final. No volvió a suceder hasta 1968, cuando Jan Janssen ganó la contra reloj final.

     En 1980, tras una cena con ex ciclistas en la que bebió excesivamente, falleció al chocar contra un camión aparcado.

     Y una vez contada esta historia paso a comentar lo que fue la excursión que, dicho sea de paso, una vez más, no tuvo desperdicio.

       Según la RAE (Real Academia  de la Lengua Española), “flirtear” significa “dar señales sin comprometerse”; pues como primera anécdota de la jornada diré que la lluvia, después de la querencia demostrada durante varias semanas, sobre todo en la de la Tarragona Clasic, estuvo insinuándose y flirteando con el grupo durante toda la ruta de ida. Sin embargo, todo quedó en un simple devaneo sin importancia, porque una vez consumido el preceptivo yantar con el cual solemos reponernos de nuestros duros esfuerzos y nos dispusimos a tornar hacia el punto de partida, cesó la lluvia de coquetear y un luminoso y brillante sol nos acompañó el resto de la jornada.

       Como segunda anécdota diremos que la concurrencia a esta hermosa excursión al Coll del Bruc fue muy nutrida, consecuencia de la participación de unos cuantos amigos, según el Ivan, cuatro imberbes, pero creo que fueron algunos más (imposible acordarme de todos ellos excepto del Pol y del Esteban), que se añadieron a nuestro grupo.

      La siguiente anécdota, la protagonizaron el Cinto y el Adri, y fue como consecuencia del despiste del Cinto con la hora de salida. Sin embargo, avisado por el Seve y gracias a la solidaridad del grupo, que es una de sus mayores virtudes, ambos pudieron unirse, primero al Seve y al Camacho cerca ya de Piera y al resto del grupo en la rotonda que da acceso al mencionado pueblo.

      En este punto se llevaban recorridos 40 km y restaban por cubrir otros 30 km hasta el restaurante Montserrat Park, lugar este donde un sabroso y nutritivo menú de 7,90 euros, nos esperaba.  Pero la ruta hasta el citado lugar no estaba exenta de una cierta dureza. Había que superar la corta, pero “brava” tachuela de Capellades, donde el grupo volvería a reagruparse para afrontar los últimos 20 km, con la dificultad del Coll del Bruc con sus 4,5 km de ascensión y una pendiente media del 5%, con un algún tramo entre el 8 y el 10%, en donde presuntamente, se desataría la batalla final. Pero una parada obligada por la rotura de un radio en la bici del Iván a 10 km de la cima se descompuso el grupo. Solucionado el problema del Ivan se re emprendió la marcha y finalmente, fueron el Pastillas y el Raúl quienes coronaron en primer lugar seguidos de una grupeta compuesta por el Marc, el Valencianet, el Rafa y el Cinto, con el resto del pelotón disgregado, a poca distancia

       Finalizado el primer tramo de nuestra excursión era hora de enfrentarse a un nuevo reto; había que “atacar sin piedad” a un opíparo desayuno compuesto por judías secas, butifarra, patatas fritas, dos lonchas de beicon, un huevo frito, unas rebanadas de pan tostado con tomate o alioli, según las preferencias de cada uno, además del vino o la cerveza y un chupito de orujo, todo ello, como queda explicado anteriormente, por el módico precio de 7,90 euros. La “batalla” fue dura, pero dispuestos a asumir cualquier “sacrificio” que se nos exigiera, supimos hacerle frente como un solo hombre y todos sin excepción, salimos victoriosos derrotando a tan “terrible enemigo”.

       ¿Qué pasó en la ruta de regreso? El Iván, junto con algunos de sus colegas tuvieron que marcharse un poco antes, el resto posamos para la tradicional foto de familia que había de dar fe de nuestro paso por tan bellos parajes y, con el ánimo bien dispuesto, nos aprestamos cubrir los 50km de regreso siempre tendentes a bajar. Tan solo interrumpió nuestra marcha, a poco de salir, un pinchazo del Fede, parón que aprovechó el Cinto a quien acompañó el jovencísimo Pol, para regresar al restaurante donde se había dejado olvidado el bidón (tanto despiste habrá que decirle al Cinto que se lo haga mirar).

       Bajamos en paz y armonía hasta Olesa en donde solemos reagruparnos en la rotonda de entrada al pueblo (en este caso de salida), una vez reagrupados y viendo que no faltaba nadie, se reemprendió la marcha, pero más pronto que tarde se desató la típica batalla que suele librarse en el tramo de Olesa hasta el Congost y a decir verdad, talvez por el cansancio acumulado o quizás porque en el último tramo se tiró “a muerte”, el pelotón llegó al Congost totalmente roto.

        Y esto fue todo queridos Velo/as, llegados a Quatre Camins, nos despedimos, el Adri y quien esto escribe, y aquí paz y después Gloria. Pero antes de despedirme un par de observaciones; el próximo domino se celebra en Puigcerdà la marcha “Tres Nacions” en la que el Velo estará representado por una nutrida participación. Para el resto, dado que seremos pocos los que salgamos y, puesto que para la cubrir la excursión programada a Cardedeu, había que cruzar Barcelona, nuestro Capitán de excursionismo nos ha dado licencia para variarla según nos convenga. Puestos en contacto a través del wasapp, hemos decidido programarla a Canyelles; ida por Sitges y S Pere de Ribes y regreso por Vilafranca y Ordal. La hora convenida es a la 7,30 en la rotonda de las Filipinas.

      Hasta la próxima os recuerdo que las bicis deben de estar siempre a punto, sobre todo, para que no se os rompa la cadena como le pasó no hace mucho a uno, que no quiero decir quien es porque se dice le pecado, pero no el pecador. Para tal menester no dudéis en acudir a nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet, en dodne tiene su tienda y taller y donde podréis disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Un abrazo.

     Cinto (el viejo globero).