22. jun., 2018

Texto

      Corría el año 1094; el 17 de junio un tal Rodrigo Díaz, alias El Cid, caballero castellano nacido en Burgos en el 1048, conquistó  Valencia con su propia mesnada (conjunto de hombres armados que en la edad media estaban a las órdenes de un rey, un noble o un señor),  hasta entonces en poder de los musulmanes, y estableció en esta ciudad un señorío independiente hasta su muerte acaecida el 10 de julio de 1099. Su esposa doña Jimena lo mantuvo hasta el 1102, cuando pasó de nuevo a dominio musulmán.

        Dícese que una mañana cuando subido a las almenas desde ellas estudiaba el campo del enemigo que le sitiaba, una flecha perdida le atravesó y El Cid fue herido de muerte, sabiendo de su tragedia, tuvo valor para indicar una estrategia, “El Cid” ordenó que embalsamaran su cuerpo y que muerto cabalgara sobre su caballo Babieca en la siguiente batalla.

      Toda la noche sonaron los tambores moros, para animar a los combatientes, seguros de ganar sabiendo que el Cid había sido abatido. En el interior de las murallas solo sus allegados conocían lo sucedido y se preguntaban qué podían hacer sin su señor.
    

      Cuando amaneció se abrieron las puertas de Valencia y por ellas salieron al galope todos los caballeros que había en la ciudad, con el Cid a la cabeza, pues sus hombres le habían vestido, ceñido sus armas, y montado sobre su caballo, sus hombres recobraron el vigor y la esperanza de vencer.

       Las tropas árabes, quedaron sorprendidas viendo al Cid montado en Babieca, cabalgando dispuesto a luchar cuando le creían muerto. El pánico cundió entre ellos, que huyeron. Así fue como el Cid Campeador había ganado su última batalla. Este hecho que se narra ocurrió en Valencia en julio de 1099 cuando el Cid, aún no había cumplido los 51 años.

        Esta es la leyenda que nos vendió la escuela franquista de los años 50, sin embargo, la verdad es muy otra. Rodrigo Díaz El Cid, era un “pieza” que se vendía al mejor postor. El motivo de su destierro por parte del rey Alfonso VI, fue que tras repeler una incursión de tropas andalusíes en Soria en 1080 que le llevó, en su persecución, a adentrarse en el reino de taifa toledano, saqueó la zona oriental que estaba bajo el amparo del rey. La verdad de su fallecimiento es que murió exhausto en su lecho en julio de 1099 y después de su muerte no ganó ninguna batalla.

        Pero si el 17 de junio de 1094, el tal Rodrigo Díaz, alias El Cid, conquistó Valencia, con su mesnada, 914 años después también las mesnadas del Veloclub excursionista de l’Hospitalet, armadas con bicicletas de carbono conquistaron varios importantes enclaves. Una de ellas compuesta por once fornidos y aguerridos globeros, a saber, el Rafa, el Carlos, el Miquel, el Pibe, el Marc Ortega, el Valencianet, el Manu, el Aníbal, el Ivan y el Pastillas, conducidos por el “gran Capitán de Excursionismo; el Seve conquistó nada menos que “Tres Nacions” (Tres Naciones; Catalunya, Andorra y Francia). Mientras, por otro lado, otra “mesnada” del mismo club, compuesta por siete, no menos aguerridos globeros, a saber; el Camacho, el Raúl, el jovencito Pol, el Adri, el Joaquín el Manel y el Gran Cronista oficial del club (baja Modesto que sube el cinto); el Cinto, con un objetivo mucho más modesto, pero no menos interesante, conquistaron el bello municipio de Catalunya situado en la, no menos bella comarca del Garraf que forma parte de la provincia de Barcelona; Canyelles, conocido también como el pueblo del meteorito.

      Ocurrió el 21 de mayo de 1861; a la 1 de la tarde cayó un meteorito en los alrededores del municipio y sus fragmentos penetraron tan profundamente en la tierra que sólo se pudieron recoger los caídos en rocas o en terrenos duros. Costó mucho trabajo convencer a los campesinos que se desprendieran de estas piedras que, por venirles del cielo, creían eran de buen augurio. De esta caída se conservan 14 ejemplares en Madrid, Barcelona, París, Chicago, Budapest, Londres, Berlín y Viena, que pesan en total 933 gr. El de Madrid pesa 553 gr. su costra es áspera y de color negro parduzco; en una cara hay oquedades que simulan impresiones digitales y está clasificado con el nombre de Cañellita. El químico barcelonés D. Francisco Novellas Roig hizo un análisis que dio por resultado contener 32,7 % de metales (hierro, en gran parte, níquel y cobalto) y el 63,9 % de silicatos.    

       Fueron modestas las batallas libradas por la mesnada de Canyelles, comparadas con las habidas por la mesnada de la “Tres Nacions” que tuvo que enfrentarse nada menos, que a un coloso como lo es sin duda, El Envalira con sus 25 km de ascensión desde Les Escaldes y con algunas rampas que superan el 11% de desnivel. Sin embargo, todos y cada uno de los caballeros de la mesnada consiguieron derrotar a tan poderoso enemigo saliendo victoriosos de la ardua batalla para honra de nuestro blasón (escudo del velo). Afortunadamente, alguno de estos caballeros tuvo cuidado de inmortalizar tan solemne momento a través de varias instan táneas.

       Pero mientras esto sucedía ¿qué estaba pasando con la mesnada de Canyelles? Concentrada en la rotonda de las Filipinas, se dirigió hacia su objetivo circulando a velocidad moderada hasta el inicio de la ascensión a las Costas de Garraf, con el obligado paso por la Maladona, del que en otra ocasión (por hoy ya he soltado suficientes royos), os contaré la verdad (no la leyenda), que encierra este nombre.

        Se destacó, como era de esperar, el Raúl nada más empezar la última y más larga de las cuestas que conduce a la cima. De este ataque tuvo que borrarse el Cinto por salírsele la cadena al inicio de la ascensión. Nada importante, pero a partir de allí subió al “tran, tran” en compañía del Joaquín hasta el reagrupamiento en la gasolinera de la entrada a Sitges. Reanudada la marcha ya no hubo nada digno de mención hasta Canyelles, como no sea la inquietud del jovencito Pol que no consintió dejar marchar al Raúl en solitario acoplándose a su rueda hasta la llegada a Canyelles. El resto de la mesnada; paz y amor.

      Llegados a Canyelles, tuvo la mesnada obligada colación en el Casal del municipio donde un amable posadero atendió solícito nuestras demandas de manduca. El servicio fue rápido y eficaz y muy considerable el tamaño de la pitanza. Fotos, risas y mojiganga pusieron colofón a nuestro ágape. Y una vez cumplido el objetivo, se inmortalizó el momento con la típica instantánea que dará fe de las correrías de la mesnada por la bella comarca del Garraf.

      Inició el regreso la mesnada con paz y amor hasta Vilafranca, más adelante había que derrotar un, no muy duro, pero fatigoso enemigo, que indefectiblemente, espera nuestro paso en la N-340, y que no es otro que el puerto del Ordal por su vertiente sur.  Este adversario embosca su primera unidad a la altura de el Pago, donde un repecho de algo más de 1 km pone a prueba la mesnada. Llegados a este punto se formó una avanzadilla compuesta por el Raúl en cabeza, seguido del Adrià y el Cinto, con el Pol cediendo en los últimos metros. Vencida y superada esta primera encerrona, ofrece entonces el adversario una engañosa tregua de 1km, antes de que una segunda unidad emboscada, algo más corta que la primera, pero más intensa, ponga a prueba la resistencia de los contendientes. Fue iniciarse este segundo repecho y pinchó el Cinto que últimamente parece algo gafado (no mucho) y tuvo que borrarse del combate el cual concluyó con el Raúl, como líder de la mesnada derrotando el último escollo y con un sorprendente Adrià a escasos segundos seguido del Jovencito Pol a mayor distancia.

      Superada la última emboscada y ganado el combate, se dio la batalla por finalizada. Reagrupada la mesnada en el alto del Ordal se descendió con paz y amor para dirigirse, cada uno de sus componentes a sus respectivos feudos.

       Y esta es la crónica amado/as Velo/as, de la participación de nuestro querido club, en la “Tres Nacions” y de la excursión del pasado 17 de junio a Canyelles,  inspirada en esta ocasión, en las correrías del tal Rodrigo Díaz de Vivar, alias El Cid. Espero no haber sido demasiado empalagoso y que su lectura no haya deprimido vuestro sentido del humor.

     Antes de despedirme os recuerdo que la próxima excursión, cuyo perfil de ruta incluyo a continuación de la crónica, es a Gaurdiola de Fontrubí; ida por Ordal Vilafranca, Guardiola y regreso por Plà del Penedés, S. Sadurní, Gelida, Martorell, Molins de Rei. Preparad las bicis aquellos que, aun celebrando la verbena tengan decidido no “desertar”  de la próxima excursión y si os veis agobiados por algún problema mecánico o de material, dirigiros sin dudar a la tienda taller de nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet.

       Hasta la próxima, un abrazo

       Cinto (el viejo globero).