28. jun., 2018

CRÓNICA GUARDIOLA DE FONTRUBÍ

      El 24 de junio, noche S. Juan, es el centésimo septuagésimo quinto (175º) día del año en el calendario gregoriano. Quedan 190 días para finalizar el año. Pocas noches cuentan con el aire mágico que irradia la noche de San Juan, una velada marcada por el ritual del fuego. La llegada de las hogueras, de la mano del solsticio de verano, marcan un punto de inflexión en el calendario y anuncian definitivamente la llegada del calor y la temporada de playa.

      En Galicia, en Cataluña y en muchos otros lugares de España se encienden hogueras en estas fechas. Según la tradición el mundo de Alén (más allá) abre sus puertas y se debe espantar a todo el que intente escapar de él. De ahí viene la expresión “San Xoán meigas e bruxas fuxirán”.

         Son interminables las leyendas que se cuentan sobre esta noche mágica. Una de estas leyendas relata que en los entornos de Font-rubí, en la sierra del Bolet, entre el Alt Penedès y  el Anoia, se levantaba la masía de Can Fàbregues. Los abuelos de los caseros que vivían cuando tuvo lugar esta historia, habían llegado a Cataluña huyendo de la peste negra de Occitania. Aquellos colonos tuvieron una sola hija de gran belleza. Era tan bonita que la masía era concurrida por muchos jóvenes que la querían festejar. Pero la chica no les hacía más caso que dedicarles una sonrisa de compromiso.

       Los jóvenes, viendo que la chica no se decidía por nadie, confabularon para vengarse de ella. Así que ajustaron precio con una bruja "hechicera de la región" para que con sortilegios doblegara su orgullo. La bruja se dio cuenta de inmediato que aquella chica tan guapa no podía ser del todo humana. La pubilla era el fruto de algún pacto secreto que sus abuelos, allá en las tierras de Occitania, habrían hecho para poderse escapar de la peste, y ahora, muchos años después daba su fruto en la esquiva doncella. La bruja no lo pensó dos veces, reunió todas las nubes del Penedès, desde la sierra de Ancosa hasta el Garraf, en una enorme tormenta que hizo encerrarse en las casas todos los vivientes y esconderse a toda clase de animales y bestias, conjuró un ancestral hechizo y restituyó la doncella en el mundo de donde le parecía que había salido: el vientre de la Madre Tierra, al mundo de las pozas y de las cuevas. La hizo habitar entre la fuente de Llinars y las simas de els Forats Bufadors (Agujeros Sopladores), aquellos agujeros o grietas por donde sale la corriente de aire.

 

      Cuenta La leyenda que la bella encantada, estimando, a pesar de todo su vida hunana, pidió a la hechicera que al menos una vez al año pudiera contemplar aquellos parajes terrenales que la habían visto nacer. Desee entonces la hija de Can Fábregues retorna al mundo de los humanos cada noche de S. Juan. Quienes esa noche se han perdido por la Sierra del Bolet, cuentan con escalofrío el espantoso jadeo, similar a la respiración de una gran bestia que surge de els forats bufadors (agujeros sopladores). Los más viejos del lugar aseguran que es el aliento de la serpiente destinada a proteger a la bella hija de Can Fáfregues. Suceso que ocurre cada año durante el espacio inmesurableque existe entre la última fracción de tiempo de las doce y la primera de la una de la noche, cuando durante este tiempo imposible de medir por una vida humana, la ecantada sale de la fuente y esparce su mágica colada sobre las rocas lisas y la hierba del borde de la fuente.

 

       Y hablando de Fontrubí, diremos que después de una noche de juerga y desenfreno, como suelen ser sin duda, las noches de verbena, fuimos seis los Velos que desafiando la resaca nos dimos cita para concurrir a la excursión programada para el domingo 24, festividad de S. Juan el bautista. A saber; el Fede (voluntarioso), el Pibe (agonístico como de costumbre y recuperado de sus lesiones), el Seve (exhibiendo unas bonitas piernas recién rasuradas), el Pastillas (barbudo e intratable cuando pone la directa), el Balbis a quien atrapamos a tres km de Guardiola de Fontrubí después que el grupo pusiera en dud la aseveración del cinto de que lo había visto pasar en dirección al Ordal, y el Cinto (arrastrando las secuelas de una loca noche de bailes de su época tales como la polka, la mazurka el vals, el rigodón, etc). y como éramos pocos, pero bien avenidos, ascendimos el Ordal al “tran, tran” procurando que el grupito no se descompusiera. Una breva parad en el pueblo que algunos aprovechamos para “cambiar el agua de las olivas” y descenso rápido, pero tranquilos hasta Vilafranca.

       Los kilómetros que faltaban para llegar a Guardiola de Fontrubí, aun sin llegar a descomponer el grupo, con el Pibe “desatado” porque según él había cogido el ritmo, fueron menos sosegados. A falta de unos tres km para llegar alcanzamos al Balbis, con lo que el prestigio de la salud psíquica del Cinto, que había quedado en entredicho, se vio recuperado.

      También nuestras fuerzas se vieron recuperadas con los bocatas buenos de Cal Pau Xic y, sobre todo, con las atenciones recibidas por parte de una camarera bonita, luz de verbena a quien le sonreía la mirada y le brillaba la sonrisa, tal y como lo atestigua la foto que incluyo en el álbum  de la excursión. Y aunque éramos pocos no por ello faltaron la alegría y el alborozo durante nuestro ágape. En esas estábamos cuando recibimos noticias del Joaquín a quien, por lo visto, la resaca le duró hasta mediada la mañana y decidió salir a nuestro encuentro tomando la ruta de regreso.

      Terminada la colación, pagamos las pertinentes consumiciones y nos dispusimos a emprender el regreso, no sin antes proceder a efectuar la preceptiva foto de familia en la que, a juzgar por las expresiones de nuestras caras, queda manifiesta la satisfacción del momento. Emprendido el regreso, enrre S. Sadurní y Gelida nos cruzamos con el Joaquín quien se unió a la peña y cuyo encuentro fue muy celebrado por todos. Poco después nos reagrupamos en la fuente de Gelida. A partir de allí hubo un fuerte ataque del Pastillas en la rotonda de Castellví de Rosanes que terminó en Martorell y que el Pibe y el Cinto trataron de neutralizar sin conseguirlo.

      Y la jornada acabó en “La Bodeguilla” de Molins de Rei consumiendo unas birras que pusieron rúbrica a la excursión y a nuestra particular celebración de la festividad de S. Joan. Y esto fue lo que dio de sí la excursión a Guardiola de Fontrubí de los seis más uno, compadres resacones.

      Otra más para contar y otra que, al fin y a la postre, será recordada por los 6 + 1, como la excursión de la resaca. Para el próximo domingo, día 1 de julio, la excursión está programada a S. Quintí de Mediona, lo que nos permitirá visitar de nuevo las bonitas comarcas del Alt Penedés y el Anoia, con nuevas y misteriosas leyendas como la que habla de “Els homes vermells” y que tendré el gusto de relatar en mi próxima crónica.

      Antes de terninar esta crónica deseo hacer patente en nombre de todos los socio/as del Velo y en el mío propio, nuestros mejores deseos para los valientes que que van a participar el próximo sábado 30 de junio en la Everesting Montserrat. El gran proyecto solidario organizado por nuestro querido compañero Nico, en el que los articipantes deberán  realizar nada menos que 16 ascenciones a Montserrat para alcanzar el objetivo marcado. Desde estas líneas les deseamos el mayor de los éxitos.

     P.D. No olvidéis de poner vuestras bicis a punto para no tener sorpresas desagradables y para tal menester recordar que nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco en su tienda taller de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet, os ofrec un 10% de descuento en material y mano de obra.

      Hasta pronto un abrazo a todo/as

      Cinto (el viejo globero)