18. jul., 2018

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El 15 de julio del 2018, es el centésimo nonagésimo sexto día (196º y el 197ª de los años    bisiesto) del calendario gregoriano y quedan169 día para acabar el año.

Ha pasado más de dos siglos y medio desde que, el 15 de junio de 1752, Benjamín Franklin hizo volar una cometa durante una tormenta. Con ello quería demostrar la naturaleza eléctrica de los rayos y lo consiguió.

A lo largo de más de una década había estado trabajando en experimentos relacionados con la electricidad, un tema por aquel entonces desconocido  y que se atribuía (erróneamente) a poderes divinos.

Ese día amaneció tormentoso en Filadelfia, por lo que el científico pensó que era el día ideal para llevar a cabo su experimento y así poder demostrar que sus conjeturas, que aseguraban que  los rayos iban repletos de carga eléctrica, eran las correctas.

Para tal fin, Franklin construyó una cometa, cuya estructura estaba realizada con varillas metálicas, y sujeta por un largo hilo de seda. En el otro extremo ató una llave de metal.

Echó a volar la cometa y pudo comprobar cómo en poco rato ésta atraía un rayo que impactaba contra la estructura metálica y cuya descarga eléctrica bajaba hasta la llave.

El éxito del experimento le fue de gran ayuda para explicar su teoría y demostrar que los rayos podían ser atraídos por un metal y que dirigiéndolos hacia una toma de tierra se podría impedir numerosos accidentes mortales y proteger las edificaciones, que al estar construidas de madera solían acabar ardiendo tras el impacto de un rayo.

De ahí surgió su gran idea de colocar una varilla metálica en los tejados de las viviendas… acababa de nacer el pararrayos.

Y a todo esto 266 años después unos cuantos frikis del ciclismo socios del Velo, a saber; Camacho, Oscar, Dani, Pibe, Pastillas, Blas, Nico, Adrià, Manel, Marc, José Vicente, Miquel, Seve y Cinto se pusieron de acuerdo para experimentar con sus bicis (cabe decir que faltaron a la cita un par de ellos; Rafa y Raúl)

El experimento consistía en ir como rayos, a comerse un bocadillo, bajo un implacable sol de justicia y con una temperatura no inferior a 30ª, a un pueblecito del municipio de Aiguamúrcia en la comarca de l’Alt Camp, llamado El Plà de Manlleu.

El citado pueblo es de reciente formación, todo y que está rodeado de diversas masías, la mayoría de las cuales conservan restos medievales. En parte, el Plà de Manlleu se formó con familias del núcleo, ahora abandonado, de Selma, cerca del pueblo. Selma fue una encomienda de la Orden de los Caballeros Templarios del S XIII, y más tarde, a raíz de su disolución, de la Orden de los Caballeros Hospitalarios Sanjuanistas.  En este lugar todavía se pueden encontrar la Masó de Selma, sede de la encomienda, las ruinas del antiguo castillo y las de la iglesia gótica de S. Cristóbal, las de la capilla de S. Miquel, las de Sta. Agnes y las de la torre Del Galls Carnuts.

Volviendo a los susodichos frikis del ciclismo, la historia empezó a las 7 de la mañana. Algunos se reunieron en el Mercado de Collblanc, mientras otros tomaron la delantera y se fueron hasta el Ordal para reunirse con el resto. Una vez reunidos se lanzaron como rayos, hacia Vilafranca. Llegados allí giraron a la derecha por la  BV-2121,  en dirección a Pontons, pero  un despiste del Pastillas, le llevó a dar un rodeo que culminó con 8 km. extras.

Rebasado el municipio de Torrelles de Foix y cuando faltaban 6 km para llegar a Pontons, el grupo de cabeza, reducido a seis unidades (Nico, Marc, Pibe, Blas, Adri y Cinto), se llevó la sorpresa de encontrar la carretera cortada por obras, justo frente a un desvío llamado Camí de la Plana de les Torres, el cual conducía también a Pontons tras un rodeo de unos 3km extras. Instintivamente, el Cinto gritó “a la derecha” y allí que fueron el Nico y el Marc, mientras el resto le siguieron a él por entre las obras, que tras un km. sortearon sin problemas.

Pero el problema no fue el rodeo de los 3 km extras; el problema fue que en el Camí de la Plana de les Torres, les esperaba una emboscada con repechos de hasta el 15% de desnivel que dejaron exhausto al Marc, sin embargo no fueron los únicos que tomaron el desvío, creo recordar que también el Manel y algún otro cayeron en la misma emboscada.

Rebasado el Alt de Pontons, el grupo, muy fraccionado debido a las diversas circunstancias acaecidas, se fue reuniendo a 6 km. de el Plà de Manlleu, en el cruce de la carretera de Pontons, la T-2441, con la T-244. Finalmente, se cubrieron los últimos 6 km de suave descenso, y con ello finalizó la primera parte del “experimento”, que no era otro mas que reponer las maltrechas fuerzas con el suculento desayuno que  esperaba en el Restaurant Can Mata, donde también esperaban, con los brazos abiertos, el Camacho y el Oscar, venidos desde la playa.

Como suele suceder en todas las excursiones, transcurrió el desayuno, convertido en festín , donde todos comieron y bebieron con gran placer  y deleite, entre las cuchufletas y candongas, interrumpidas durante un par de minutos por el atragantamiento que sufrió el Cinto, a quien le faltó poco para que le diera un “jamacuco”, pero superado el trance, todo volvió a la normalidad más normal y el festival acabó como es costumbre, con las infusiones, pócimas, bebedizos y brebajes con los que suele poner fin al desayuno cada uno de los comensales.

Llegó la hora de continuar con el “experimento”. Al contrario del que realizó Benjamín Franklin, el día no había amanecido tormentoso, sino totalmente opuesto. Como queda expresado con anterioridad, el sol castigaba sin piedad y la temperatura no bajaba de los 30º. ¿Serían capaces en esas condiciones los Frikis del Velo de regresar como “rayos” al punto de partida? Veremos cómo se desarrolló el tema.

Superado el suave repecho de 2 km hasta alcanzar el Alto de Les Ventoses, el descenso hasta el cruce de S. Jaume del Domenys, con el Nico convertido en improvisado fotógrafo, fue una gozada, la batalla estaba por llegar. Y llegó. Reagrupados en el mencionado cruce, se despidieron el Oscar el Camacho quienes habían venido desde la playa y se reemprendió el “experimento” con el Pastillas, el Nico y el Marc, atacando. El Cinto, reservón, se inhibió de tales ataques sabiendo que en Vilafranca habría un nuevo reagrupamiento, pero el Pibe, peleón y obstinado, tiró del grupo para reducir distancias sin conseguirlo.

Nuevas fotos en el reagrupamiento de Vilafranca, esta vez por gentileza del Cinto, y nueva arrancada en dirección al Ordal con el Nico, el Marc y el Pastillas marcando la pauta y otra vez todo el pelotón en fila desgranándose lenta, pero inexorablemente. Fue en el repecho de Avinyó Nou, donde se rompió definitivamente, pero en esta ocasión el Cinto dejó de ir en plan reservón y se marchó por delante con los susodichos, los cuales pararon para refrescarse en la fuente de El Pago, justo al pie del primero de los repecho que anteceden al Ordal. Finalmente Faltando  unos 200 m. para la cima, el Pastillas alcanzó al Cinto y coronaron juntos. Por detrás coronaron  el Nico, el Pibe y el Marc a quien el Tío del Mazo, que andaba por allí emboscado, le atizó con fuerza y a poca distancia fueron llegando el Adri, el Blas, el Dani, el Seve con el José Vicente y el Joaquín.

Se bajó a tope hasta la entrada a Vallirana donde lógicamente, se tuvo que reducir la marcha, consecuencia del tráfico y de los semáforos. Una vez en Quatre Camins, se despidieron el Cinto y el Adri. Si los Frikis del Velo fueron o no capaces de regresar tan rápidos como el “rayo de Frankiln”, diré que mi cuentaquilómetros, que no está trucado, marcaba una media de 29,650 km h. Si tenemos en cuenta el paso por Vallirana y Cervelló con semáforos y coches, se supone que la media podía haber sido de 30 km h. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Y esta es la historia de otra de las excursiones del Velo, una excursión como hacía por lo menos una semana, que no disfrutábamos. No os quepa duda querido/as Velo/as que la próxima a Castellbell i el Vilar, por Montserrat y Can Masana, no va tener nada que envidiar a esta última.

Como queda dicho anteriormente, echamos en falta, además de al Raúl, a nuestro mecánico de confianza el Rafa, a quien podeis saludar en su tienda taller de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet donde podéis disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

Hasta la próxima, un abrazo.

Cinto (el viejo globero)