2. ago., 2018

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El 29 de julio es el ducentésimo décimo día del año (210º), en el calendario gregoriano y el ducentésimo onceavo en los años bisiestos (211º), quedan 155 día para acabar el año, el sol salió a las 5,09 y se puso, además de muy pesado, a las 19,32 hora UTC (Tiempo Universal Coordinado).

En el santoral Católico Apostólico Romano, se celebraron; Santa Marta de Betania, Santa Beatriz, San Lupo de Troyes y San Olaf II (casi nada).

Ah, se me olvidaba; la luna salió a las 20, 40 horas y se puso a las 6,49 horas de la mañana del lunes.

Son muchas las efemérides que se celebran en tal día como el que nos acontece, por ejemplo; en 1824, nació Alejandro Dumas hijo, escritor francés autor de la “novela rosa” La Dama de las Camelias, adaptada a la ópera La Traviata de Guiusepe Verdi (Alejandro Dumas Padre fue el autor de la archiconocida obra Los tres mosqueteros).

También en tal día como el reseñado del año 1981, nació el famoso piloto español de fórmula uno, Fernando Alonso y en el 2007 Alberto Contador se convirtió en el quinto español en ganar el Tour de Francia, pero lo último y más importante es que ese día del 2018, se celebró la excursión programada por el Velo Club Excursionista, a Olesa de Bonesvalls, lo demás; naderías sin importancia.

De Olesa de Bonesvalls ya he hablado en anteriores crónicas; en una de ellas  hice referencia a los orígenes de la población y del hospital de pobres. En otra expliqué que dentro de su término municipal se encuentra la sima más profunda del macizo del Garraf, al que pertenece el municipio, llamada “Avenc de l’esquerrrá” de 336 m. y añadía como anécdota, que la primera exploración de la citada sima se realizó el día 12 de julio de 1908 por una espeleóloga llamada María Faura i Sans, añadiendo que era difícil imaginar a una mujer espeleóloga a principios del S.XX. Pues bien, queridos Velo/as, el gazapo fue de tamaño considerable porque en realidad no fue una mujer, sino un sacerdote llamado MARIÀ (o sea Mariano) Faura i Sans. Y como de humanos es errar y de sabios rectificar, entono el “mea culpa” dejando constancia de mi error.

 Y continuando con Olesa de Bonesvalls, diremos que también este bello pueblecito tiene sus propias leyendas; dicen las crónicas que a finales del siglo XII los varones de Castellví y Cervelló estaban enemistados e inquietaban el país con sus peleas. En una ocasión, en 1194, Guillem Ramon de Montcada del bando de los Cervelló, dio una bofetada al arzobispo de Tarragona, Berenguer de Vilademuls. Tiempo más tarde, un día que el arzobispo viajaba por el “Camí Ral”, Guillem Ramon de Montcada le salió al paso junto con el vizconde de Cabrera y con la espada le hirió mortalmente. Casi un siglo más tarde, el barón de Cervelló, como remordimiento de los pecados de este hecho levantó un hospital para los pobres (del que ya os hablé en una de mis crónicas), y en el lugar donde el arzobispo expiró el último aliento plantó una cruz de piedra. Precisamente, la cruz de Olesa de Bonesvalls tiene esculpida una mano en el anverso y una cruceta en el reverso, que representa la mano de la bofetada que el Moncada dio al arzobispo. En el mismo sentido, la cruz del Hospital tenía esculpida una mano cogiendo una espada.

Otra curiosa leyenda refiere que un día un pobre mendicante viajaba por el “Camí Ral” y a su paso por el barrio de la Barceloneta de Begas, la gente lo ahuyentó a base de lanzarle cebollas y ajos. El pobre mendigo salió corriendo hasta llegar al Hospital de Olesa de Bonesvalls donde fue acogido. Desde entonces dicen los Olesanos, que en Begas no crecen ni cebollas ni ajos.

 En fin, queridos Velo/as, como cualquier cuento o leyenda quién sabe dónde empieza y termina la realidad y dónde empieza y termina la fantasía. Y hora vayamos a lo que dio de sí la excursión, que en mi modesta opinión fue mucho.

Salimos el Adri y yo desde Quatre Camins e iniciamos la ascensión al Ordal a ritmo de “tran, tran” a la espera que nos atrapara el grupo, cosa que sucedió pasado Les Casetes d’en Julià, justo cuando acabábamos de rebasar al Nico que venía acompañado de su esposa Cristina, lo cual fue una grata sorpresa. La segunda sorpresa fue la presencia de dos colegas; el José María de Cornellà y el Sergi de l’Hospitalet a quienes desde estas líneas les doy la bienvenida en nombre de todos los socio/as del Velo y en el mío propio.

 Poco después de ser alcanzados por el grupo, se formó un trío en cabeza en el que estaban el Pastillas, el Rafa y el Cinto (o sea yo, para que nadie se despiste).  A en la recta del Lladoner (expliqué en una de mis crónicas de donde procede ese nombre), el Pastillas nos perdonó la vida al Rafa y a mí y, aunque el ritmo impuesto nos hizo sufrir más de la cuenta, pudimos aguantar a su rueda. Pero por poco tiempo porque faltando  menos de un kilómetro para coronar, abrió gas y nos abandonó sin ningún tipo de remordimiento (ya le vale) .

 Reagrupados en el pueblo del Ordal, donde nos esperaba el Joaquín, el descenso hasta Avinyó Nou, fue plácido y en grupo, pero llegados al cruce con la carretera de Begas (BV-411), El Cinto que tenía ganas de liarla, acompañado del Rafa, que también, tiraron a tope y a relevos. Pasados  3 km. fueron alcanzados por el Pastillas quien había arrastrado al grupo, sin embargo sólo él pudo alcanzar a los citados, pero iba tan fuerte que les pasó arrancándole las pegatinas. Faltaban algo más de 5km para llegar al cruce de Olesa, el Rafa y el Cinto siguieron dándose relevos en un inútil intento de alcanzarle, cosa que ocurrió unos metros antes del cruce porque viendo que ya no le cogíamos,  aflojó el ritmo y  se dejó ir. El resto fue llegando a cortos intervalos.

 

Y llegó la esperada hora del Yantar,  en torno a las mesas de servicio nos fuimos acomodando los, hasta ese momento, trece de la partida, a saber; nuestros nuevos amigos el Sergi y el José María, el Joaquín, el José Vicente, el Seve, el Pastillas, el Adri, el Pibe, el Dani, el Nico, Cristina, el Rafa y el Cinto. Pero una vez puestos en saborear los bocatas que habían de reponer nuestro menguado y disminuido vigor, apareció el Monsó, digno de admirar por la gran voluntad demostrada después del grave accidente que tuvo y a quien, dicho sea de paso, profeso un cariño especial. No en vano le conocí siendo un crío y por circunstancias de la vida somos casi de familia (algún día os contaré en alguna de nuestras tertulias el parentesco que nos une), además de ser yo el responsable de haberle aficionado al ciclismo y  de haberle llevado al Velo, en los años 70 del siglo pasado.

 Pero las sorpresas no terminaron aquí porque poco después tuvimos la alegría de contar con la presencia  del Manolo Cánovas acompañado de su esposa Isabel, que se acercaron a compartir con nosotros el desayuno. Casi al momento procedente del lugar donde pasa sus vacaciones, apareció el Miguel. Total diecisiete Velo/as disfrutando y compartiendo el “petit-dejéuner”.

 

Terminado el yantar y dispuestos a emprender la ruta de regreso y para que quede constancia de nuestro paso por donde hace más de ocho siglos Guillem Ramón de Montcada propinó un bofetón al arzobispo de Tarragona Berenguer de Vilademuls, se procedió a tomar la instantánea de familia (pondremos una leyenda en la foto que lo explique para que nuestros descendientes alucinen cuando lo lean y se maravillen).  Y cumplido el imprescindible requisito nos aprestamos a cubrir los once kilómetros del primer tramo hasta la rotonda donde se inicia el descenso hacia Gavá, tramo que aprovechó el Nico para realizar algunas fotos en las que quedamos todos muy guapos y hasta parecemos ciclistas de verdad. Fue de nuevo el Pastillas quien tomó la cabeza del grupo, impuso el ritmo que le convino, o sea, a tope, y se marchó solito hasta el reagrupamiento.

Volvimos a reagruparnos después del plácido descenso hasta Gavá, faltaban por cubrir casi treinta kilómetros (veinte para el Adri y el Cinto), para los que tomaran la opción de S. Climent que finalmente fuimos el Adri, el Rafa, el Joaquín, el Pibe, el José Vicente, el Pastillas, los nuevos compis el Sergi y el José María y el Cinto, nueve en total que, por no perder la costumbre, paramos al final del repecho de S. Climent para tomar las últimas fotos y, de paso, comprobar que nadie hubiera sufrido ningún percance. A partir de allí a ritmo más o menos regular llegamos a Quatre Camins donde el Adri y el Cinto (o sea, otra vez yo, para que nadie se despiste), nos despedimos del resto.

Y esto es todo querido/as Velo/as, otra excursión del Velo para recordar por varias razones; una de ellas por haberla compartido con la gentil Cristina y con los nuevos compis, el Sergi y el José María a quienes deseamos hayan disfrutado de la compañía de la buena gente del Velo. Otra, la presencia del Manolo Cánovas y su esposa Isabel a los que hacía tiempo no veíamos. Y como dije en mi última crónica, con la de hoy me despido hasta setiembre que volveré a daros la paliza con mis historias, mis leyendas y con las cónicas del Cinto, el viejo globero.

Recordatorio; la próxima excursión para el día 6 de agosto, es a Corbera de Llobregat (mi pueblo, pero no os podré invitar a nada porque no estaré). La hora de salida es a la 8.

Hasta pronto, un abrazo y felices vacaciones.

Cinto (el viejo globero)