7. sep., 2018

Texto

Hola a todo/as mis querido/as amigo/as del Velo; de nuevo con vosotros/as, fiel a la amenaza que hice en mi última crónica antes de las vacaciones, de que volvería para contaros las peripecias de nuestras excursiones, además de adornarlas con mis habituales y, supongo que en ocasiones, insoportables y soporíferas leyendas.

Y hablando de las vacaciones, dicen que una vez pasadas y con la vuelta al trabajo, algunas personas padecen del llamado síndrome postvacacional que suele manifestarse con sensación de tristeza, apatía, falta de energía, etc. y que se caracteriza por un cuadro cuyos síntomas son comunes al estrés y/o a la ansiedad. Pero sinceramente, nada que ver con los Velos que nos dimos cita para disfrutar de la excursión a Collbató, programada para el pasado día 2 de setiembre, la primera puntuable después de las vacaciones. Todos sin excepción, alegres y llenos de vitalidad y energía porque ¿cómo si no. hubiéramos superados la emboscada de Can Fosalba con algunas rampas del 14% de desnivel?

Me tocó, esta vez, salir desde la plaza donde nos encontramos el Pastillorum, el Javi Perona con un amiguete que nos presentó, pero del que no recuerdo su nombre, y nuestro nuevo amigo y compañero incorporado recientemente, el Sergi. A nuestro paso por S. Just, se nos unieron el Rafa, el Seve y, el más veterano del clan Monsó, el José. Más adelante, en Molins de Rei se nos unió el Blas, antiguo socio del Velo, gran amigo y excelente persona, que después de varios años de inactividad retoma la bici y se une a nuestro grupo como nuevo socio del Velo, lo que aprovecho para darle la bienvenida en nombre de todo/as los Velo/as. ¡Bienvenido, Blas!

Llegamos a Olesa a buen ritmo y con la típica arrancada en el repecho antes de la rotonda donde solemos reagruparnos, y algún que otro pique de algunos globeros que se unieron a nuestro grupo al ser adelantados. Durante el trayecto, alcanzamos al inefable Manolo Cánovas que se fue directo al restaurante.

Se dieron la vuelta el Javi Perona y su amiguete, mientras los demás nos dirigimos en dirección Esparraguera para cubrir los siete kilómetros, con repecho incluido, que nos separaban del cruce donde comenzaba la emboscada de día, o sea Can Fosalba. Poco antes de Esparraguera se nos unieron el Camacho y el Joaquín que se habían adelantado para ir más tranquilos y a su ritmo. Ni que decir tiene que la dura ascensión a Can Fosalba, fue cubierta con el grupo totalmente fracturado. Los primeros en alcanzar la cima fueron el Pastillas, el Rafa y el Seve, luego lo hicieron el Cinto, el Sergi, el Blas, el Joaquín, el Camacho y un sorprendente Monsó quien confesó que de haber conocido el terreno, hubiera optado por la ruta directa, pero en mi opinión, superó con nota la emboscada. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, aclaro que, según el GPSIES, la distancia desde el cruce hasta la cima es de 6,900 kilómetros, o sea le faltan 100 m. para los 7 kilómetros.

Después de reagruparnos en la cima nos dejamos caer suavemente hasta el restaurante La Cassola, donde ya nos esperaban el Manolo y el Párraga y donde repusimos nuestras energías con los consabidos bocatas buenos de tortilla con jamón los más y de cualquier otra cosa los menos, además de disfrutar de la tertulia y de algún que otro chiste malo.

Una vez cumplido el “obligado” trámite del desayuno y con las endorfinas a tope después del esfuerzo realizado (en otra ocasión hablaremos de las endorfinas), nos aprestamos a emprender la ruta de regreso, no sin antes posar para la foto de familia, tal como viene siendo habitual.

Descendimos en paz y armonía hasta la rotonda de Olesa, pero inquieto y peleón, el Pastillas tomó la cabeza a partir de allí, poniendo al grupo en fila, de tal manera que acabó fraccionándose. A su rueda solo aguantamos el Rafa, el Sergi y el Cinto, quien con las piernas pidiendo clemencia, decidió adelantarse al grupo para subir Los Once al “tran, tran” y “ja arribarem”. Ya en la bajada en dirección Castellbisbal y Molins de Rei, hubo algunos piques con otra colla, pero nada de importancia, se limitaron a ir a nuestra rueda y a responder a los últimos ataques del Seve y el Rafa.

Y esto todo lo que más o menos, dio de sí, queridos Velo/as, esta primera excursión postvacacional a ese precioso municipio de Collbató, el más septentrional  de la comarca del Baix Llobregat, ubicado en la falda de la majestuosa montaña mágica de Montserrat. Una excursión que, aun sin entrañar una excesiva dureza, será recordada por lo que supuso superar los duros repechos de Can Fosalba.