14. sep., 2018

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Hola a todo/as querido/as Velo/as, el 9 de setiembre es el ducentésimo quincuagésimo segundo (252º), día del año en el calendario gregoriano quedan 113 días para acabar el año. En tal día como el reseñado, del año 1901, falleció el pintor francés Henri Marie Raymond de Toulouse—Lautrec, conocido simplemente como Toulouse Lautrec.  Este genial pintor y cartelista destacó por la representación de la vida parisina de finales del siglo XIX. Sentía fascinación por los locales de diversión nocturnos lo que le llevó a frecuentarlos con asiduidad y hacerse cliente de alguno de ellos. Uno de los temas principales de su obra fue todo lo relacionado con este mundo incluida la prostitución, pintaba bailarines, burgueses y prostitutas. A estas las pintaba mientras se cambiaban, cuando acababan cada servicio o cuando esperaban una inspección médica. Tuvo problemas con el alcohol, lo que muchas veces derivaba en locura. Además, contrajo la sífilis. El alcoholismo deterioró su salud, y a partir de 1897 padeció manías, depresiones y neurosis, además de ataques de parálisis en las piernas y en un costado. En 1897 tuvo que ser recogido de las calles a causa de una borrachera, y poco después en un delírium trémens llegó a disparar a las paredes de su casa creyendo que estaban llenas de arañas. Sin embargo, seguía pintando de forma firme y rápida; pero lo volvieron a recoger alcoholizado en 1899 y lo internaron en un sanatorio mental. Le dejaron ir a casa de su madre en las posesiones que esta tenía cerca de Burdeos y el 9 de setiembre de 1901, murió postrado en su cama.

La vida de este genial pintor ha sido llevada cuatro veces a la gran pantalla, sin embargo, ninguna tan representativa de su vida y obra como la primera (Moulin Rouge), estrenada en 1952, dirigida por John Huston y magistralmente interpretada por el actor José Ferrer, con 7 nominaciones al Oscar.

Y salvando las distancias, en tal día como el 9 de setiembre, pero del 2018, o sea el pasado domingo, hubo también un acontecimiento importante; catorce frikis del Velo, nos fuimos de excursión a Clariana, en bici Casi nada.

Tal como expliqué en mi anterior crónica, Clariana es una barriada perteneciente al municipio de Castellet i la Gornal,  pero para llegar hasta allí, nuestra ruta pasaba por las Costas de Garraf, cuya ascensión al Pas de la Maladona, siempre se presta desatar grandes “batallas”. No podía ser menos en esta ocasión. Iniciamos la ascensión un pelotón bastante numeroso, compuesto por; el Pastillas, el Rafa, el Raúl. El Carlos, los recientemente incorporados, el Sergi y el José María (de Cornellá), el Adrià, el Camacho, el Javi Perona y su amiguete del que no recuerdo su nombre, el José Vicente, el Oscar, el Blas (otro socio incorporado recientemente) y el Cinto. Trece Velos en total.  Por detrás venían el paco Perona, el Joaquín, el Seve y el José Monsó.

Nada más iniciar la ascensión alcanzamos a un espontáneo que se unió al grupo con evidentes ganas de guerra, pero que a la postre resultó ser un reservón. Pronto el Pastillas dio un tirón provocando que el pelotón se estirase y empezara a reducirse. Tres kilómetros después, al  comienzo del repecho de Garraf, saltaron el Javi Perona y su amigo. Intentó seguirles el Intruso quien hasta el momento iba dando tirones, pero al no poder seguirles se refugió en el grupo siendo el Raúl el que se puso a tirar en cabeza. Alcanzamos a los escapados pasado Vallcarca, a falta de unos tres kilómetros para la gasolinera donde solemos reagruparnos, pero volvió el Pastillas a abrir gas marchándose irremisiblemente. El grupo que se había reducido a cinco velos (Javi, Carlos, Raúl, Rafa y Cinto), además del intruso, llegó estirado.

No terminó la batalla con el reagrupamiento de Sitges (el Seve, los hermanos Perona, Paco y Javi, además del amigo de este, se dieron la vuelta); el Oscar, que salió con la cabra, tomó la cabeza del grupo y por las rectas de la C-31, causó estragos en el pelotón. Llegados al cruce de la BV-2115, donde giramos a la derecha en dirección al pantano de Foix, quien esto escribe (o sea el Cinto), consideró que, de momento, ya tenía bastante, y decidió soltarse y cubrir al “tran, tran” los 16 kilómetros que faltaban hasta llegar a Clariana, y disfrutar de la belleza y del magnífico paisaje que nos ofrecía el extraordinario entorno del pantano, por lo que no me enteré de cómo se desarrolló la batalla, aunque, por las características del terreno, imagino que debió de ser dura y cruenta.

El bar restaurante La Casona, de Clariana, resultó ser un lugar encantador que habrá de tenerse en cuenta para futuras excursiones, el camarero que nos sirvió estuvo muy amable y atento, el servicio fue rápido y esmerado, los bocadillos muy cumplidos y sabrosos y el precio, 7,50 euros, muy ajustado. Insisto, un lugar para tener en cuenta.

Transcurrió nuestro “petit dejéuner” en medio del ambiente ameno y festivo de costumbre, y con las endorfinas a tope después del ejercicio y la tertulia, nos dispusimos a emprender la ruta de regreso, no sin antes posar para típica foto de familia. Nos esperaban 60 kilómetros con la dificultad añadida del Ordal, y la batalla se presentía brutal y despiadada.

Así pues, arrancamos con paz y amor, y atravesamos Torrelletes, les Masuques, y la Rápita rodando sin prisa, pero sin pausa, sin embargo una vez hubimos pasado Vilafranca, con el Patillas, el Oscar con su cabra y el Carlos, en cabeza, se fue acelerando el ritmo de tal manera que a nuestro paso por Avinyó Nou, el grupo de 14, se había reducido a la mitad, a saber, El Oscar, el Carlos, el Raúl, el Pastillas, el Sergi, el Rafa y el Cinto y fue precisamente, a partir de allí cuando empecé a rezar a la virgen de la Locura pidiéndole que, o bien el grupo aflojara el ritmo, o bien que el dolor que sentía en mis piernas desapareciera, pero la citada virgen no me hizo ni caso. Ni los de cabeza aflojaron el ritmo, ni desapareció el dolor de mis piernas, sino que además fue en aumento. Y así llegamos a El Pago, donde en vista de que la virgen de la Locura, pasaba de mí, le recé a la virgen del Perpetuo Socorro, pidiéndole que, como otras veces, al grupo le diera por parar en la fuente que hay al pie de carretera, justo donde empieza el primer repecho del puerto del Ordal. Pero también esta venerada virgen pasó de mí; el grupo pasó de largo por delante de la fuente como si huyera de algo fatal que le estuviera persiguiendo y el Cinto se descolgó sin remisión. A partir de allí el zafarrancho organizado por los de cabeza, continuó sin mí y sin el Sergi que se descolgó poco después, con lo que la batalla, cuyo resultado no puedo aportar por razones obvias, quedó circunscrita a los cinco restantes, el Pastillas, el Carlos, el Rafa, el Oscar y el Raúl.

Algo cariacontecidos (quien más quien menos, llevaba encima su particular globo), fueron llegando el Blas, el Camacho, José Vicente, el Joaquín, el José María, el Adri y el Monsó. Reagrupados aprovechamos para hacer unas últimas fotos y, como aquel que no quiere, pero que lo está deseando, nos dejamos caer acompañando a los pedales y disfrutando del descenso después del esfuerzo realizado en la ascensión. Y compadeciendo a los que aún les faltaba por superar el Sanson, nos despedimos el Adri y yo en Quatre Camins.

Y esta es la historia querida/os Vela/os, de la excursión a Clariana, explicada por el Cinto, el viejo globero (el globo del pasado domingo no fue de los más grandes, otras veces los he tenido más espectaculares).

La próxima excursión del domingo 16, está programada a S. Martí Sarroca, restaurante Ca la Katy. La ruta de ida pasa por el archiconocido y mil veces ascendido, puerto del Ordal, y Vilafranca, donde nos reagruparemos. Giraremos a la derecha por la BV-2121, dirección Les Cabanyes y Guardiola de Fontrubí y tras superar una suave ascensión de unos 9 kilómetros  con una pendiente media del 3%, alcanzaremos la cima de Fontrubí. donde volveremos a reagruparnos. Para aquellos que gusten de contemplar paisajes extraordinarios, podrán gozar de una oportunidad única, para ello deben tomar una pista asfaltada que parte desde la misma cima de Fontrubí y ascender 1 kilómetro hasta un punto llamado El balcón del Penedés a 700 m. de altitud, donde confluyen tres términos municipales; Fontrubí, La Llacuna y Torrelles de Foix. En este lugar, además de una vista panorámica increíble, encontrareis una curiosa “creu de terme” compuesta por una serie de barras de hierro forjado, haciendo tirabuzones.

Tras un descenso de otros 9 kilómetros habremos llegado a Ca la Katy  donde nos esperará un suculento desayuno a elegir entre: desayuno de ciclista o de motorista.

Para la ruta de regreso tendremos dos opciones, la “oficial” y programada discurre por la BV-2121, la Rovira Roja, Guardiola de Fontrubí, Plà del Penedés, S. Sadurní, Gelida, Martorell, Molins de Rei y S. Just. La opcional va directa hasta Vilafranca y el Ordal. Quizás sea esta la opción menos complicada, aunque habrá que salvar el Pot d’Ordal por la cara sur -ver per perfil-Pero una vez superado el puerto el descenso hasta Molins de Rei, compensa el esfuerzo realizado. Los últimos repechos que superar serán los de la Sanson.

Y con esto finalizo por hoy, mis querido/as Velo/as, la crónica de esta semana, espero no haberos aburrido excesivamente y os recuerdo una vez más que en la tienda taller de nuestro mecánico de confianza, amigo y compañero de fatigas, Rafa Marco, podéis gozar de un 10% de descuento en material y mano de obra. No dudéis en acudir a él para cualquier problema que surja en vuestras bicis.

Hasta la próxima un fuerte brazo.

Cinto (el viejo globero).