19. sep., 2018

Texto

Hola a toda/os, querida/os vela/os; como dice la canción de la desaparecida cantautora Mari Trini, “confieso a mi manera al oído del que escucha la verdad de mis miserias”, que cada vez me resulta más difícil enfrentarme al teclado y empezar escribir mi crónica semanal, sin temor a no aburrir al personal con mis reiteradas efemérides o historias que ignoro si interesan o no a quien vaya a leerlas. Pero, en fin, aquí estoy de nuevo dispuesto a cumplir, con gusto, eso sí, con el compromiso adquirido.

Decía, el célebre filósofo, escritor y político español, Miguel de Unamuno, refiriéndose a uno de los personajes que aparecía en una de sus novelas; “Este personaje puede volver, a aparecer o no, según me dé a mí la gana”. Pues bien, siguiendo su filosofía, estas efemérides e historia que suelo escribir al principio de mis crónicas, “pueden volver a aparecer o no, según me dé a mí la gana”. Lo digo muy en serio, que lo sepáis. Por cierto, en tal día como un 16 de setiembre del año 1920, D. Miguel de Unamuno, fue condenado por la Audiencia de Valencia a 16 años de cárcel por injurias al rey (Alfonso XIII), condena que no llegó a cumplir.

Y salvando las distancias, fuimos 10 los “condenados” (Cómo tiraban los “condenados”), del Velo quienes el próximo pasado domingo, 16 de setiembre, nos dimos cita para participar en la excursión programada a Ca la Katy, en S. Martí de Sarroca.

Como es bien sabido por todos, la ruta de la excursión discurría por el Ordal, Vilafranca, Guardiola de Fontrubí y S. Martí Sarroca. Quien esto escribe, o sea el Cinto, saliendo de Quatre Camins, opté por ascender el Ordal al “tran, tran”, hasta que fuese alcanzado por el grupo al que me uniría. Pero no fue hasta el repecho del Lladoner, cuya rampa oscila entre el 9 y 11% de desnivel, donde me alcanzaron el Pastillas y el Marc Ortega, este, al que hace tiempo que no veíamos, con bici nueva como consecuencia del robo que sufrió en su excursión a los Alpes.

Dado que el ritmo de los mencionados era asequible para mis posibilidades, no dudé en unirme a ellos. Por delante circulaba el Camacho y por detrás el Rafa, el Sergi, el Blas, y el José María. Nos reagrupamos, como viene siendo habitual, en la parada del autobús del pueblo del Ordal, desde donde realicé una llamada a Ca la Katy, para que nos reservaran mesa. Cumplido este precepto arrancamos hacia Vilafranca, disfrutando del descenso con una buena cadencia. Llegados a Vilafranca se nos unieron el Joaquín y el Oscar (venido desde Cunit) y sin necesidad de parar,dado que el grupo llegó compacto, tomamos dirección a Guardiola de Fontrubï.

El ritmo hasta Guardiola de Fontrubí fue bastante regular, no se tiraba a tope, pero tampoco se iba  despacio. Durante este trayecto, la caída de la bolsita de los recambios se me desprendió de la bici, lo que propició que el Blas y el Joaquín me esperaran para reintegrarme al grupo y ejercieran de gregarios de lujo (gracias compis, sois formidables).

Una vez iniciamos el ascenso a Fontrubí, como era de esperar, el ritmo se fue incrementando hasta romperse el pelotón. Se marchó el Pastillas por delante perseguido a poca distancia por el Marc, a su vez perseguido por el Rafa y el Cinto. Coronado el puerto, encontramos a ambos pardos por una salida de cadena del Marc. Paramos , al final del descenso, en el cruce de la carrera BP-2121, a dos escasos kilómetros de Ca la Katy y fueron llegando el Sergi, el Blas., el Josemaría, el Oscar, el Joaquín y el Camacho a pequeños intervalos

El restaurante S. Jordi, conocido popularmente como “Ca la Katy”, es un lugar encantador. Las espesas moreras que pueblan su magnífico patio invitan a relajarse bajo su frondosa sombra en un frescor que es de agradecer, mientras se saborea uno de los desayunos que ofrecen, el de motorista o el de ciclista, por el interesante precio de 7,50 euros.

Su dueño, el Domingo, y yo, nos conocemos desde hace casi treinta años. Solía en aquella época, desvinculado del Velo por circunstancias de la vida, salir los sábados acompañado por el que fue vicepresidente del Velo, durante muchos años y gran amigo mío, José Moreno, conocido familiarmente como “el Moreno” tristemente fallecido hace dos o tres años. El vivía en la urbanización de la Creu d’Aragall, yo, como todos sabéis, en Corbera de Dalt, y nuestro recorrido partía de Gelida, donde acostumbrábamos a dejar el coche aparcado. Subíamos algunas veces por S. Pere Sacarrera hasta la Llacuna y descendíamos hasta S. Martí Sarroca para desayunar en “Ca la Katy”. Otras veces ascendíamos Las Ventosas para bajar por Pontóns, Torrelles de Foix y S. Martí Sarroca, pero casi siempre, nuestro objetivo era el desayuno de nuestro restaurante preferido. Fueron varios años de compartir afición y momentos agradables con mi buen amigo “el Moreno”. Uno de los momentos que recuerdo con especial cariño ocurrió precisamente subiendo desde el pueblo de La Llacuna, en dirección a S. Martí Sarroca. A poco de iniciar la ascensión empezó a llover, una lluvia fina al principio que, poco a poco, se fue intensificando. Quien esto escribe no llevaba chubasquero, pero sí lo llevaba mi amigo. Viendo que no se detenía para ponérselo le dije que paráramos y que se lo pusiera porque se estaba empapando y era absurdo que pudiendo evitar mojarse de aquella manera, no lo hiciera. Su respuesta fue; “Sí, sí, ahora paro y me lo pongo”. Pero los kilómetros pasaban y el seguía mojándose. Le volví a insistir; “Hombre Pepe, ¿para qué llevas el chubasquero? párate ya de una vez y póntelo que te estás empapando”. Misma respuesta “Sí, sí, ahora paro y me lo pongo”. Y así hasta alcanzar la cima donde la lluvia se había convertido en un fuerte chaparrón, por fin, empapado, paró y se lo puso. Pero no bien iniciamos el descenso, la lluvia cesó de golpe y apareció un sol “espatarrante”. Naturalmente me reí a carcajadas, ahora solo me sonrío cada vez que este recuerdo acude a mi memoria.

En fin, queridos Velo/as, una de tantas anécdotas que seguro, tenemos para contar todos los que compartimos afición y nos vamos encontrando en las excursiones del Velo.

Pero, volviendo a la excursión, después de lo reseñado, informo que el desayuno elegido por todos creo recordar, fue el de ciclista; lomo con panceta, judías secas, rebanadas de pan tostado con tomate, alioli, bebida (vino, cerveza, cocacola, etc) y café. Única diferencia con el de motorista era que en este último la butifarra sustituía al lomo.  Y como dice el proverbio “El mundo es un pañuelo” quien les iba a decir al Oscar y al Camacho que allí se iban a encontrar con su amigo Richard (véase las fotos), quien alborozado se sentó junto a ellos compartiendo tertulia y desayuno.

Terminamos nuestro condumio y tras las fotos de rigor que habrán de inmortalizar nuestro paso por “Ca la Katy”, incluida al de familia, no sin antes despedirme del Domingo, tomamos la ruta de regreso que nos habría de deparar alguna que otra batalla.

El primer lío se formó cuando alcanzamos a una pareja (chico y chica) en dirección al Plà del Penedés y el muchacho, olvidándose de su acompañante, se enfrascó en atacarnos. Sin embargo, sus ataques fueron efímeros pues pasados tres kilómetros se desvió en dirección a Ca, l’Avi, una pequeña vecindad de Subirats, cuya carretera no tiene salida. Imagino que pretendió impresionarnos con sus ataques de risa, pero percatado de dónde se había metido, quiso disimular haciéndonos creer que se quedaba en aquel lugar. Fantasmas los hay en todas partes, pero si le quitas la sábana, no son nada.

Aflojado el ritmo con ánimo de rodar con paz y amor, volvió a juntarse el grupo, pero pasado S. Sadurní, mientras el Pastillas y el Cinto se iban contando chistes. El Rafa. Cansado de escuchar chistes malos, aceleró el ritmo hasta volver a romper el grupo quedando en cabeza el Pastillas, el Marc, el Rafa y el Cinto, los cuales continuaron con su batalla particular hasta la fuente de Gelida, donde últimamente solemos reagruparnos de nuevo. La anécdota de este reagrupamiento fue el furibundo ataque de una avispa a nuestro compañero Josemaría, que le puso el labio que parecía un pimiento rojo, tal como se puede ver en la foto. “Tranqui Josemari, eso pasa hasta en las mejores familias”.

Y finalmente, la última batalla del día transcurrió en el tramo desde Gelida a Martorell, con el Pastillas atacando, el Marc respondiendo al ataque y el Rafa y el Cinto dándose relevos y neutralizando, primero al Marc y luego al Pastillas a quien el Rafa, lanzado por el Cinto, superó en la misma llegada a Martorell.

Nos reagrupamos en el Congost, para no perder la costumbre y con paz y amor, esta vez sí, fuimos rodando para dirigirnos cada uno a sus respectivos lares y cada oveja con su pareja.

La excursión para el próximo domingo, día 23, está programada a Hostalets de Pierola. La ida por Olesa y Esparraguera y la vuelta por S. Llorenç d’Hortons y Martorell, desde donde será opcional regresar por Los Once y Castellbisbal o dirigirse directamente hacia Molins de Rei (ver perfiles adjuntos).

 Repasad bien vuestras bicis y cualquier anomalía que encontréis, podéis solucionarla ipso facto, en la tienda taller de nuestro mecánico de confianza, amigo y compañero Rafa Marco, de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet.

Y para despedirme, una cita de Epicuro (gran amigo mío):

“Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”