28. sep., 2018

Texto

     El Veloclubexcursionista se fundó en el año 1970 y fue consecuencia de dos desplantes que explicaré en otra ocasión. Quien esto escribe levantó el acta de su fundación y la registró en la Federación Catalana de Ciclismo. El primer presidente fue Luis Bahillo, a quien propuse como presidente honorífico por ser el representante de mayor edad, hasta que algún compañero, con ganas y tiempo libre, se decidiera a hacerse cargo de la presidencia de forma definitiva.

     La responsabilidad recayó en nuestro compañero, en activo hasta hace pocos años, Juan Salvador, más conocido como “el Juan de los Pollos o simplemente “El Pollo””, a quien le debemos en gran parte, que nuestro club haya subsistido durante casi medio siglo. Pero, insisto, eso forma parte de una historia que contaré en otra ocasión, quizás en el año 2020, cuando el club celebre los 50 años de su existencia.

Un servidor, que a la sazón contaba con 26 años, llevaba pedaleando desde los 13 y en mis 61 años de pedaleo, mi anecdotario se ha visto enriquecido con infinidad de situaciones, serias algunas, cómicas las más.

     Una de las que recuerdo ocurrió en una excursión a Hostalets de Pierola, precisamente, donde estuvimos el pasado domingo. Nuestro club contaba solamente, con tres o cuatro años de existencia, pero nuestras excursiones se veían incrementadas domingo tras domingo, cada vez con un mayor número de participantes.

     Sucedió en un mes de julio, no recuerdo el año exacto. Dos hermanos, de cuyos nombres lamento no acordarme, que llevaban algún tiempo saliendo con el Velo, alguien los “bautizó” como “los hermanos Péttersson” (los verdaderos hermanos Péttersson, eran dos ciclistas profesionales, el mayor de ellos Gösta, fue vencedor del Giro de Italia de 1971 y tres veces campeón mundial). En el caso que nos ocupa, el mayor de ellos, nervioso, muy batallador y algo ingenuo, acostumbraba a atacar nada más salir. Se le dejaba marchar, se equivocaba de carretera y se perdía una y otra vez. Parecía como si su cabeza no estuviera bien amueblada y le faltara “algo”.

      Y ocurrió, este día que relato atacó de salida por no perder la costumbre y desapareció de la vista del pelotón. El calor de aquel día, como suele ser en el mes de julio, era sofocante y la necesidad de beber era constante. Llegamos a Hostalets sin noticias del “escapado”, sin embargo, conociéndolo, ni tan siquiera su hermano estaba preocupado por su desaparición (aún no se habían inventado los teléfonos móviles).

      Apareció cuando estábamos con el café. Llegó, como no podía ser de otra manera, desencajado (recuerdo la expresión de su cara como si la hubiera visto ayer mismo), sudoroso, hambriento y, como no, deshidratado.

      Sus primeras palabras nada más llegar, fueron; “Un litro de lo que sea fresco”. Alguien le ofreció una botella de litro de leche fría, que, a morro, se bebió entera. Le trajeron un bocadillo y una fanta de naranja de litro, que también se bebió entera, y devoró el bocadillo en un abrir y cerrar de ojos.

      Puestos en marcha de regreso, llevábamos rodando apenas unos pocos kilómetros cuando el susodicho “Péttersson grande” (así era cómo le llamábamos), se puso malísimo y empezó a vomitar de forma aparatosa la leche, la fanta y el bocadillo. Paramos todos para atenderle, pero el “globo” que arrastraba era tan espectacular que, el entonces presidente “Juan de los Pollos”, decidió quedarse con el, asumiendo la responsabilidad de acompañarle durante toda la ruta de regreso.

      En fin, querido/as Velo/as, como se suele decir “una más para contar”. Afortunadamente en la actualidad, aparte de disponer de los teléfonos móviles para ponernos en contacto con cualquiera que sufra algún percance, los que formamos el grupo somos personas “assenyades” a los que nunca se nos ocurriría hacer ese tipo de barbaridades. No me gusta criticar a nadie, pero quizás el menos “assenyat” sea el Cinto que a su edad se mete en tales “fregaos” que el día menos pensado le va a dar un “jamacuco”. Ya le vale.

     Y es que la excursión del pasado domingo fue grandiosa y espectacular. Hubo batalla de principio a fin y todos los participantes, del primero al último, a cuál más guerrero. Peo echamos en falta a algunos que por diversas circunstancias estuvieron ausentes; El Rafa, guerrero entre los guerreros, el Joaquín, recientemente operado de la vista a quien le deseamos una pronta recuperación y también al voluntarioso y carismático Camacho.

   El ritmo fue moderado hasta el Congost donde no hubo de esperar a nadie porque se llegó prácticamente en pelotón, aunque estirado. La batalla hasta Olesa, como suele ser habitual, a “saco”. Se adelantaron el Oscar y el Cinto a los que el pelotón, capitaneado esta vez por el Sergi, dio buena cuenta antes de llegar al cruce del Suro. Pero no se aflojó, sino que, al contrario, con el Marc, el Pastillas y el Nico en cabeza, se rodó a tope hasta la rotonda del reagrupamiento. Desde allí, unos pocos kilómetros de paz y amor hasta enlazar con la carretera de Pierola (B-231). Una vez pasada la urbanización de Can Rial, donde comienza la parte más dura, atacó el José Vicente, llevándose al Oscar a su rueda. Reaccionaron el Pastillas, el Nico y el Marc, a los que me uní en persecución de los fugados. Pero no conformes con haberlos alcanzado, con el Pastillas tirando en cabeza, los rebasamos sin darles opción a reaccionar. Dos kilómetros después, el Cinto, incapaz de seguir el ritmo impuesto por el Pastillas en un terreno tan duro, tuvo que ceder y esperar al Oscar, gran rodador dicho sea de paso, pegándose literalmente, a su rueda, hasta el cruce de Hostalets, donde paramos para reagruparnos mientras el Pastillas, el Nico y el Marc, optaron por parar en el siguiente cruce, que también accede a Hostalets.

     El resto del grupo fue llegando con pequeñas diferencias, siendo el José Vicente el siguiente en llegar seguido de un sorprendente y voluntarioso José Monsó, quien al parecer, va superando el grave accidente que tuvo hace varios años. A continuación llegaron el Maño (hacía mogollón de tiempo que no le veíamos), el Blas, el Josemari, el Sergi y el Seve acompañando del Dani el cual tuvo una pequeña avería que le obligó a retrasarse.

     Y una vez reagrupados, fue llegado el momento de tomar el alimento, así que dirgímonos al Casal Català de Hostalets, donde, arribados por la ruta más corta, nos esperaban nada más y nada menos que “El Trío los Panchos”, o sea, el Manolo Cánovas, el Bartolo y el Párraga, que sumados a los de la ruta más larga, formamos un grupo de 16 Velos, ávidos de saciar nuestro voraz apetito, cosa que cumplimos sobradamente con los suculentos bocatas de costumbre. Y colmado el apetito llegó la ocasión de tomarnos la infusión, o sea, los cafés, trámite este “de obligado cumplimiento” que acatamos y cumplimos muy devotamente.

      Aunque la ruta de regreso hasta Molins de Rei partía de 400 m. de altitud y terminaba prácticamente, en los 30 m de altitud de Molins y se prestaba a rodar a fuerte ritmo, había que contar con alguna dificultad que podía provocar algún que otro atragantamiento. Una de ellas era el repecho que hay después del descenso de S. Llorenç d’Hortons, hasta el cruce con la carretera de Gelida, un repecho de tan solo 1 km. de largo, pero con una pendiente media del 7% y un par de tramos entre el 11 y el 12%. La otra dificultad la íbamos a encontrar en el ascenso a Los Once, hasta el cruce de la carretera de Castellisbal. Siete kilómetros con una pendiente media del 3.5%, pero con algún tramo entre el 6 y el 7%

       Puestos de nuevo en marcha las batallas se fueron sucediendo unas a otras sin solución de continuidad y el pelotón, como no podía ser menos, se rompió en el citado repecho de Gelida ante el fortísimo ataque de un sorprendente José Vicente (valga la rima). Pero reagrupados en la rotonda después del cementerio de Gelida, de nuevo los ataques de unos y otros se fueron prodigando hasta Martorell. Continuaron subiendo Los Once, bajando Castellbisbal y no cesaron hasta el mismísimo Molins de Rei. Sin embargo, en contra de mis previsiones, no hubo “atragantamientos”, se llegó en pelotón y fue el Seve, con una de sus típicas arrancadas quien entró primero en el pueblo. Solo le faltó haber levantado los brazos como si de una carrera se tratara. —Bravo Seve.

    Ah, antes de que se me olvide, sin menospreciar a nadie porque todos estuvieron a gran altura batallando como el que más, quiero hacer mención especial para nuestros nuevos compañeros Sergi y Josemari, integrados ambos a la dinámica de nuestro grupo, batalladores y voluntariosos como el que más. ¡Braco chicos!  

   

   La próxima excursión mis queridos Velo/as, está programada a “Ca la Teresa”. Ca la Teresa, es un bar restaurante ubicado en el kilómetro 3 de la autovía C—58 (la que va en dirección a Terrassa desde Casellbell i el Vilar). Para la ruta de ida, desde Molins de Rei tomaremos por la C—1413ª en dirección Rubí y Terrassa. En Terrassa, subiremos por la Rambla del Padre Alegre (mi tocayo del que algún día, cuando me apetezca, contaré su historia), para tomar la B—122, ascender al Coll d’Obac (ver perfil) y bajar hacia Vacarisses por Els Caus (también algún día, cuando me apetezca, contaré la historia de la vaca).  Desde Vacarisses tendremos dos opciones; la más corta, de tan solo 6 km de descenso, y también la más práctica, será bajar por la Avd. Trías Fargas hasta enlazar con la C—58. La otra opción, más larga, pero mucho más divertida, será bajar por la carretera BV—1212, hasta La Bauma, con 7km de descenso, y girar hacia la izquierda por la C—58 hasta Ca la Tersa, con 3 km de ascensión.

      La ruta de regreso pasa por tomar la C—58, hasta Terrassa, con la ascensión a Coll Cardús (ver perfil), para continuar por la C—243c,hasta el cruce de  Castellbbisbal, con la ascensión a Els Quatre (ver perfil)y bajar hasta Molins de Rei Y S. Just.

   

     Por cierto como anécdota y por si alguien no lo sabía, os contaré que el nombre de “Els Quatre”  no viene dado por la longitud de la ascensión como piensan algunos, que es de 2,5km, si no por una preciosa masía familiar llamada “Els Quatre Vents” convertida en restaurante  en el año 1962, ubicada al final de la subida, a mano izquierda en dirección Martorell. Que lo sepáis.

      Y nada más queridos Velo/as; repasad vuestras bicis y no dudéis en acudir a la tienda taller de nuestro Compañero y amigo Rafa Marco de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet para cualquier problema que tengáis. Sabido es que tendréis un 10% de descuento en material y mano de obra.

      Espero veros a todos en la próxima excursión, hasta entonces os mando un fuerte abrazo con una cita de mi gran maestro, genio entre los genios, Sigmund Freud; Antes de diagnosticarte con depresión o baja autoestima, primero asegúrate de no estar rodeado de idiotas

 

      Cinto (el viejo globero)