4. oct., 2018

Texto

     Decía en uno de mis “guasas” del pasado domingo refiriéndome al “despiste”, por llamarlo de alguna manera, que hubo en la ruta de regreso de la excursión a Ca la Teresa, que en la crónica de esta semana iba a poner a los responsables de tal despiste, de “chupa de dómine”. Pero antes tendré que explicar el significado de la expresión.

     Chupa, es una palabra muy antigua que viene del árabe andalusí y era, en principio, una túnica amplia de una pieza con mangas que se echaba encima de la ropa habitual para guarecerse del frío o como guardapolvo, fácil de quitar. Andando el tiempo fue evolucionando en su significado. En ciertas épocas significaba una prenda que se llevaba por encima de la ropa buena para protegerla, como un guardapolvo. Ese es el sentido de la expresión chupa de dómine, pues el dómine era el maestro de escuela que enseñaba a escribir y los primeros latines, por eso los niños se dirigían a el por el vocativo dómine y la chupa del dómine, estaba llena de lamparones y manchas de tinta cuando no, de haber sonado los mocos a alguno de sus alumnos. Supongo que con esta explicación queda claro el significado de poner a uno de “chupa de dómine”

      Hace quince días os explicaba que cada vez me resulta más difícil enfrentarme al teclado para escribir mi crónica semanal. La mayor parte de las veces me sucede por no saber por dónde empezar, más que nada por el temor de aburriros con historias que quizás no interesen a nadie o repitiéndome una y otra vez.

      En esta ocasión os puedo asegurar que mil y una ideas han acudido a mi imaginación. Una de ellas, entre otras, la del “pelotón de los torpes”.

      Seguro que la mayoría de los que me lean, quien más quien menos, habrá oído hablar del “pelotón de los torpes”, sobre todo los que hemos hecho la “mili”. El “pelotón de los torpes” estaba compuesto por todos aquellos soldados que destacaban por su “torpeza” y había que enseñarles la instrucción aparte.

      La semana pasada os hablaba de mi rico y variado anecdotario recogido a lo largo de mis más de sesenta años, de “globero integral” (modestamente confieso que guardo en mi haber espectaculares globos de esos que hacen época). De ese anecdotario rescaté el vivido en Hostalets de Pierola por el mayor de los “hermanos Pétersson”, ese muchacho que se perdía en su casa cuando se iba la luz. Se le podía disculpar. Llevaba poco tiempo saliendo en bici, no conocía las carreteras y se perdía porque iba solo.

      Lo que no tiene disculpa, y lo digo sin acritud y de buen rollo, es que los veteranos que en la ruta de regreso del pasado domingo, formaban parte del pelotón, tales como el Nico, el Pastillas, el Raúl, o el Rafa, por citar algunos, no sepan por dónde se va a Viladecavalls. Inconcebible. No hay excusa posible. Esa será otra anécdota que pasará a engrosar mi rico y extenso anecdotario como “el día que se perdió el pelotón de los torpes”. Porque, guste o no, por activa y por pasiva, se dijo una y otra vez que la ruta de regreso sería por Viladecavalls. Y si el primero en equivocarse fue el que iba en cabeza, hay que ser muy torpe, por parte de los más veteranos que formaban el pelotón, para no percatarse del error y dar la voz de alarma. Después, como colofón, reagrupado en Olesa el “pelotón de los torpes” y sabiendo que faltaban el Camacho, El Dani, el Seve y el Cinto, igual que en la época de los “hermanos “Pétersson” en la que todavía no existían los móviles, arrancaron sin preocuparse de avisar a los susodichos, de que se habían equivocado de itinerario. Lo bordaron.

      Creo que el único que se salva es el amigo del Camacho, al que “bauticé” como “Vandevelde”, que fue el que realizó la ruta correcta.

      Sin embargo, pese al despiste del “pelotón de los torpes”, la excursión prometía. Cuando me reuní con el pelotón a primera hora de la mañana en Molins de Rei que, sorprendentemente, aún no se había perdido, y comprobé la cantidad y calidad de la “gente” que lo componía, con el Johan (del grupo Tusinu), el Nico y el Pastillas entre otros, supe que la batalla sería dura y no me equivoqué.

     Rompió el fuego un ataque del José Vicente, secundado por el Blas y el Miquel que el Dani y el Nico se encargaron de neutralizar poco antes de nuestro paso por Rubí. Si bien a la salida de dicha población el pelotón se había reducido bastante. Pasadas Les Fonts, se marcharon el Nico el Pastillas y el Raúl y cuando quien esto escribe se las prometía felices y pensaba que ya estaba todo resuelto sin acordarme que en el grupo venía el Johan, este apareció desde atrás a fuerte ritmo en persecución de los escapados. Les dimos caza poco después, pero a falta de algo más de un kilómetro para llegar a Terrassa, tuve que ceder. Me aparté por la izquierda pensando que El Rafa, que venía a mi rueda, podría seguir la estela de los tres, pero protestó porque le dejé cortado y ya no pudo enlazar.

    Después del reagrupamiento y de reparar un pinchazo del Cinto, nos dispusimos a emprender la ascensión al Coll d’Obac, donde se repitió el guión del primer tramo. Atacó el José Vicente al empezar la subida, fue neutralizado y a continuación atacaron el Pastillas el Raúl y el Nico, salió el Johan en busca de ellos llevándonos a rueda al Rafa, al Blas y al Cinto, pero consciente de que el ritmo impuesto era para mí demasiado fuerte, opté por ceder y me solté llevando al Blas a mi rueda.  A falta de algo menos de tres kilómetros para coronar nos adelantó, primero el amigo del Josemari (el de la barba) y después el Álvaro, mientras el Blas cedía y el Cinto alcanzaba al Rafa a falta de unos dos kilómetros para la cima. El resto del grupo fue llegando con pequeñas diferencias, después del Blas, llegó el José Vicente, el Valencianet, el Josemari, el Miquel, el Seve, el Camacho y su amigo, y el Dani

     Terminada la batalla, reagrupados y con nuestro raciocinio puesto en el condumio que nos esperaba en Ca la Tersa, gozamos de los largos 14 kilómetros de descenso por Els Caus y la zigzagueante carretera de Vacasisses. Y como todo buen afán tiene siempre recompensa, una vez alcanzado nuestro objetivo, que no era otro que llegar al restaurante y reponer nuestras maltrechas fuerzas después de tanto esfuerzo,  nos solazamos con un desayuno de plato con rebanadas de pan tostado con tomate, panceta algunos, butifarra otros y ambas cosas para los más hambrientos.

    Acabado el yantar, donde no faltaron las típicas fotos incluyendo la de familia, nos dispusimos a emprender la ruta de regreso. Informó el Seve que esta discurría por el “Palomar”, Viladecavalls, Els Quatre y Castellbisbal, señalando además que nos reagruparíamos en el cruce de la carretera de Viladecavalls. Arrancó el grupo, quien esto escribe se entretuvo haciendo unos ajustes en el pulsómetro y… ya no volví a ver al pelotón, sólo alcancé al Seve que me iba esperando con el Camacho, y al Dani que nos esperó en el desvío de la carretera de Viladecavalls con Olesa y nos informó que el “pelotón de los torpes” se había ido en dirección a Olesa. Lo demás está todo explicado.

     La próxima excursión del domingo 7 de octubre, está programada a S. Llorenç d’Hortons, a las 8h. en el Mercado de Collblanc.

   Y termino con mi recomendación de siempre; repasad las bicis y si tenéis algún problema que no podáis solucionar vosotros mismos, no dudéis en acudir a la tienda taller de nuestro mecánico de confianza Rafa Marco donde podéis disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Y un ruego; echar una mirada a los perfiles de ruta de la próxima excursión y quedaros con los puntos donde pone REAGRUPAMIENTO. Gracias

Merece la pena

Quien te la quita.

Cinto (el viejo globero).

¡Qué dolor por un descuido

Se equivocó el pelotón

Cambiando de dirección

Se fue por otro camino!

Después de lo acaecido

Trataremos en conferencia

Si obraremos con prudencia

En cesar la presidencia

¿la cesaremos?

No señor, es un caso de conciencia.