10. oct., 2018

Texto

       El 7 de octubre es el ducentésimo octogésimo (280º) día del año del calendario gregoriano, quedan 85 días para finalizar el año y tres excursiones puntuables para que finalice el campeonato de excursionismo de nuestro club, si bien, este detalle no significa que la actividad vaya a cesar, el Velo no descansa haga frío, haga calor, sea invierno, sea verano.

       Uno de mis pequeños problemas (de momento no los tengo de mayores), se manifiesta cuando en mis crónicas tengo que escribir en primera persona. Hacerlo me parece inmodestia, pero siendo parte activa, no hacerlo, me parece un exceso de modestia. Sin embargo, quiero dejar bien claro que para mí lo individual no cuenta y que siempre intento reemplazar el yo por el Cinto, y que lo hago como alguien ajeno a mí y que forma parte del grupo.

      Como ya avisé en una de mis crónicas, de que volvería a hablar de efemérides según me diera a mí la gana, pues en esta os cuento que en tal día como el que nos ocupa, del año 562 a. C. falleció Nabucodonosor II, conocido, entre otras cosas, por su monumental actividad constructora en Babilonia, como los Jardines Colgantes de Babilonia, que mandó construir como muestra de amor a su esposa Amytis y considerada como una de las siete maravillas del mundo mundial. Este señor fue conocido también como Nabucodonosor el grande, aunque imagino que de pequeño su mamá le llamaría por el diminutivo, o sea, Nabucodonosorcito.

      Otra de las efemérides, esta más importante que la anterior por lo que significó para la historia de España y que sucedió tal día como un 7 de octubre del año 1571, fue la Batalla de Lepanto, de la que tuvimos que empaparnos bien empapados, los que nos tocó asistir a la escuela franquista. En esta batalla, que ganaron los españoles, claro está, pues de haber perdido no se hubiera hecho tanto énfasis en los libros de texto, se enfrentaron la armada del imperio otomano, contra  una coalición católica llamada Liga Santa y en ella participó Miguel de Cervantes que resultó herido y perdió la mano izquierda. Y como colofón a esta historia os diré que en la catedral de Barcelona se venera al Cristo de Lepanto. La singularidad de este Santo Cristo está en su cuerpo ligeramente inclinado hacia su propia derecha. Según la leyenda, estuvo presente en la Batalla de Lepanto, precisamente en la nave capitana de Juan de Austria y la inclinación de su cuerpo se debe a que esquivó una bala de cañón. Otros han dicho que se encontraba en la bodega y que aproximó su cuerpo para tapar un agujero que hubiera hecho naufragar la nave capitana. Los más incrédulos afirman que la inclinación de su cuerpo fue consecuencia de que la talla estaba hecha de madera joven y tomó esa forma al secarse con el tiempo.  Pero sea cierto o no, ¿qué es un pueblo sin tradiciones ni leyendas?

       También el Velo va forjando su propia leyenda un domingo tras otro, con sus tradicionales excursiones por las variadas rutas que enmarcan nuestras comarcas vecinas, porque si no ¿Qué sería nuestro club sin ellas? En la ruta del pasado domingo, vistamos el pequeño municipio del Alt Penedés, S. Llorenç d’Hortons, que, si bien, ha sido visitado ya en anteriores ocasiones por nosotros, su paisaje, ondulado y presidido por pequeñas colinas boscosas, siempre nos ofrece nuevas perspectivas dependiendo de la época o de la estación del año.     

       Me dirigía hacia el Plà para reunirme con el grupo, cuando me crucé con el Camacho y el Antonio, a quien no reconocí en un primer momento (no ha salido con el club en toda la temporada), que se dirigían hacia S. Llorenç por la ruta opcional de S. Andreu y Martorell.  Mi intención era calentar un poco antes de emprender la ascensión a Corbera y la Creu d’Aragall. Porque, para quien no lo sepa, me cuesta horrores coger el ritmo en frío.

     Me sorprendió ver tan poca “gente” en el grupo. Solo el Pastillas, el Marc, el Sergi y el Seve lo componían. Las previsiones sobre el tiempo no eran demasiado optimistas y quizás algunos pensaron que iba a llover y decidieron quedarse en casita. Se nos unió el Josemari en Molins de Rei, con lo que fuimos seis los valientes que, sin miedo a mojarnos, nos dispusimos a atacar la larga y “pestosa” ascensión a la Creu d’Aragall (12 km. con algún tramo al 8% de desnivel).

      Como era de esperar, nada más empezar la ascensión, tomó la cabeza el Pastillas con el Marc a su rueda seguidos por el Sergi y el Cinto, mientras el Seve y el Josemari cedían poco después de La Palma. Pero viendo que el ritmo impuesto por el Pastillas era demasiado fuerte, el Cinto, pensando que faltaba mucho para la cima, decidió soltarse y regular. Poco después, a la altura del cruce de Corbera Baja, lo hacía el Sergi.  Lo alcancé pensando que se uniría a mí y que realizaríamos juntos el resto de la ascensión, pero el “tío del mazo” agazapado a la altura de la rotonda de Can Xorra, cruel y despiadado, le estaba esperando para atizarle con saña. Pero como esas cosas pasan en las mejores familias (supongo que alguien se debe de acordar del globo del Cinto subiendo Coll Formic ), tu tranki, amigo Sergi que de los cobardes no hay nada escrito.

    Después de reagruparnos en la cima y de hacer algunas fotos, nos reunimos con el Camacho y el Antonio en la rotonda de Gelida, solo restaba superar el repecho de algo más de tres km de largo, hasta S. Llorenç, donde nos esperaba el bocata de tortilla con jamón con el que íbamos a reponer fuerzas. A destacar que, en el repecho a S. Llorenç, un Cinto transformado, tomó la cabeza llevando al Pastillas y al Marc a su rueda. Aproximadamente a la mitad del repecho, alcanzamos y rebasamos a los del grupo del Poble Sec, que al verse rebasados, algunos, los que pudieron, se pusieron a nuestra rueda. Llegados al final del repecho pensé por un momento que el Pastillas y el Marc me “remacharían”, pero tuvieron la gentileza de quedarse a mi rueda. Nobleza obliga.

       Acomodados ya en el bar restaurante “El Café de S. Llorenç” y prestos a tomar nuestro merecido bocata, aparecieron dos de los integrantes del “Trío los Panchos”; los inefables Manolo Cánovas  y el Bartolo, con lo cual el grupo, “raquítico” a primera hora de la mañana, acabó viéndose incrementado hasta diez valientes Velos.

      La terraza del bar “El Café de S. Llorenç”, es un lugar muy agradable. Al contrario de la apreciación a nuestra llegada, de que estaríamos incómodos al haber disminuido la temperatura ambiente, disfrutamos de un estupendo clima que muy pronto nos hizo olvidar nuestro temor al respecto. La señora que nos sirvió (la dueña según creo, junto con el marido), estuvo, como se dice ahora, “super amable” y cariñosa. Uno de los detalles a destacar respecto a los bocadillos, es el pan. Al contrario de otros restaurantes en los que hemos almorzado en donde les viene congelado de alguna panificadora industrial y luego lo descongelan en el microondas según la demanda, existe en S. Llorenç, una panadería llamada “El Reconet Dolç”, famosa por la calidad de su pan y de sus productos, que suministra a “El Café de S. Llorenç”. No es extraño pues, que, a diferencia de otras veces, el pan de nuestros bocadillos, recién hecho, estuviera crujiente y sabroso como pocas veces lo hemos saboreado.

      Infusiones, fotos y ruta de regreso. Veinte suaves kilómetros hasta el inicio de Los Once, que se prestaron a rodar a buen ritmo y en pelotón. La ascensión hasta el cruce de Castellbisbal marcaría otra historia. Un desconcertante y sorprendente Cinto (la pócima todavía surtía efecto), tomó la cabeza del grupo nada iniciarse la ascensión. A su rueda el Pastillas y el Marc con los que llegó al cruce de Castellbisbal, si bien, en esta ocasión fue distinto de lo de S. Llorenç porque ambos arrancaron a falta de ciento cincuenta metros dejándolo hundido en la miseria y sin capacidad de respuesta. Por cierto, el Marc, algo más rápido que el Pastillas llegó primero al cruce.

       Hubo paz y amor en el descenso por Castellbisbal y en el último tramo hasta Molins de Rei, donde el Marc y el Pastillas arrancaron para disputarse la llegada. También lo hizo el Seve, pero cometió el error de arrancar demasiado tarde y no pudo disputar el esprint que volvió a ganar el Marc. Finalmente, reagrupados en la fuente de Molins, nos despedimos dirigiéndonos cada uno a nuestros respectivos lares y cada oveja con su pareja.

      Y es todo mis querido/as Velo/as, lo que, más o menos, dio de sí la excursión del pasado domingo día 7, que si bien, no fue, en participantes tan nutrida como otras veces, no dejó indiferente a ninguno de los que asistimos.

       La excursión del próximo domingo, 14 de octubre, está programada a Casablanca, la urbanización ubicada entre Gelida y S. Sadurní, perteneciente al municipio de Subirats. La ruta de ida discurre por el Ordal, S. Pau d’Ordal, S. Sadurní y Casablanca donde almorzaremos en el restaurante Mesón Suso, 50 km en total. Por si alguien prefiere hacer una ruta más corta y menos exigente, tiene la opción de tomar por S. Andreu de la Barca, Martorell y Gleida.

      La ruta de regreso, para lo más marchadores o atrevidos, discurre por Gelida y la ascensión a la Creu d’Aragall. Y para los que quieran evitar las siempre durillas rampas de ascensión a la Creu, pueden regresar por Martorell, S. Andreu de la Barca y Molins de Rei.

      El punto de concentración es el Mercado de Collblanc y la hora de salida a las 8 de la mañana. Os dejo los perfiles de la ruta para que os hagáis una idea de lo que nos vamos a encontrar.

      Recordad; repasad las bicis para evitar averías en ruta y cualquier problema que no podáis solucionar vosotros mismo, podéis hacerlo en la tienda taller de nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, de la calle Renclusa, 50, de l’Hospitalet.

      Y permitidme que termine con una cita de mi viejo amigo y maestro Leonardo Da Vinci. Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto.

      Hasta la próxima, un abrazo.

     Cinto (el viejo globero)