15. nov., 2018

Texto

    CRÓNICA ALMUERZO SOCIAL

       La leyenda que aquí cuento nos habla de una bruja que habitaba un lugar próximo a Castellbisbal, llamado Turó de la Guineuta, Unas cuantas mujeres que vivían por los alrededores de la calle de La Luna de Castellbisbal y que trabajaban en una fábrica de Rubí, llamada el Vapor, iban y volvían andando, terminaban a las seis de la tarde y buena parte del año llegaban a casa cuando el día ya era oscuro. Cierto día al pasar por el linde de un bosque de encinas y carrascas, por los terraplenes que había en la parte baja de la carretera que, a la sazón, era de tierra, les salió al paso saltando y haciendo cabriolas, una cabra negra como el carbón. Ni que decir tiene que las mujeres se asustaron muchísimo. A partir de entonces la endemoniada cabra, aparecía cada día en el mismo lugar y a la misma hora.

     Puesto el hecho en conocimiento de sus maridos, estos se decidieron a esperarla bien escondidos y provistos de una buena vara. Cuando las mujeres llegaron al lugar, de nuevo apareció la cabra saltando y haciendo piruetas, pero los hombres la persiguieron dándole garrotazos hasta que le rompieron una pata, finalmente, se perdió renqueante, en la oscuridad de la noche. Al día siguiente más de uno se quedó sorprendido al ver a la bruja del Turó de la Guineuta con una pierna rota.

       El 11 de noviembre es el tricentésimo decimoquinto (315º) día del año del calendario gregoriano. Quedan 50 días para finalizar el año y pongo en conocimiento de todos aquellos que soportan mis soporíferas y aburridas crónicas, que esta es la última que publico en el 2018 y que, puesto de acuerdo con el presidente, el cual accedió a pagarme el doble de lo que he venido percibiendo hasta hoy, para que continúe el próximo año, pienso volver en febrero del 2019. No es una amenaza, es un aviso. Que lo sepáis.

     Son interminables las efemérides acaecidas en tal día como un 11 de noviembre, enumerarlas todas sería una tarea ardua y aburrida, pero una de las que considero, si no importante sí digna de mencionar, a parte del almuerzo social del Velo celebrado en Castellbisbal, el 11 de noviembre del presente año, es sin duda el prematuro fallecimiento a la edad de 42 años, del filósofo Soren Kierkegaard, un 11 de noviembre de 1855. De Soren Kierkegaard se dice que fue el padre del existencialismo, pensamiento este que estuvo muy de moda en la década de los sesenta del siglo pasado, y cuya corriente filosófica persigue el conocimiento a través de la experiencia de la propia existencia. Sin embargo, nadie hasta la fecha ha desarrollado una teoría precisa o exacta que defina claramente este concepto. Según este filósofo en una de sus célebres frases,” La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, si no una realidad que debe se experimentada”. Pues muy bien, ahora ya lo sabemos. Pero al margen de esta frase tan bonita y tan llena de contenido, el Cinto dice; “La vida no merece tomársela demasiado en serio, en definitiva, no vamos a salir vivos de ella”.

    Era el día del Almuerzo Social (así con mayúsculas) del Velo que íbamos a celebrar en el bar el Casal de Castellbisbal. El tiempo, después de varios días de incertidumbre, tuvo a bien amistarse con nosotros para que pudiéramos gozar de una mañana espléndida. Bajé, en coche, como tengo por hábito, hasta la estación de Quatre Camins. Después de casi tres semanas sin tocar la bici, tres excursiones perdidas, una cistitis y una semana de antibióticos, el sentido común, ese que en ocasiones pierdo cuando me meto en batallas no aptas para ancianos, me aconsejaba que me lo tomara con calma. Así lo hice durante toda la jornada. Aparcado el coche opté por adelantarme al “tran-tran”, hacia el Congost y el pelotón no tardó en alcanzarme. Un pelotón mucho más numeroso que de costumbre con algunos compis a los que hacía semanas e incluso meses que no veíamos y de los que me alegré de saludar (Isidro, Pere, Aníbal, Perona,… y algún otro de cuyo nombre no consigo acordarme. Tampoco faltaron nuestros nuevos amigos y compañeros de fatigas el Sergi ALCARAZ (ya ves que no me he equivocado amigo Sergi), el Josemaría Martín y el Blas Roldán, los tres rebosantes de satisfacción con sus nuevos maillots y culotes del Velo y, finalmente, contamos con la presencia Cindy y Blanca que aportaron ese toque femenino que siempre da prestancia a cualquier pelotón ciclista. Ambiente magnífico y una prometedora mañana que no defraudó a nadie.

     La excursión no era excesivamente larga ni dura; 35km. de ida hasta Castellbisbal con los 7 km, de ascensión por “Los Once”, cuya pendiente media no supera el 4%, hasta el cruce de Castellbisbal, paraje conocido como el “Turó de can Canyadell” y descenso de cinco km. hasta el Casal.

      Después del clásico reagrupamiento en el Congost, iniciamos la ascensión hacia el Turó de can Canyadell (cruce con la carretera de Castellbisbal), ascensión que unos acometieron con el “cuchillo entre los dientes”, mientras otros lo hacíamos con paz y amor. Pero todos con la euforia de que iba a ser un mañana inolvidable.

     También en el Casal encontramos algunos compis que se habían adelantado. Esperándonos estaban; el Joaquín, recientemente operado de la vista y, al parecer, totalmente recuperado, los inefables Bartolo, Manolo Cánovas junto a su esposa Isabel, los hermanos José y Jordi Monsó, (el dúo Calavera), este último desaparecido desde hacía bastantes semanas, el Dani Cánovas con sus retoños.

      Transcurrió el almuerzo entre el buen rollo, la candonga, el pitorreo y las cuchufletas que a cada uno de nosotros se le iba ocurriendo y me pareció muy curioso la divergencia habida entre kilómetros recorridos y apetito. A ver si me explico; si los kilómetros recorridos habían sido más bien exiguos (solo 35 km), cabía suponer que el apetito estaría en consonancia con la distancia, o sea que, en teoría, debía de haber sido más bien escaso. Pero no, el apetito fue voraz y los bocatas de butifarra y tortilla fueron devorados con tal rapidez que, a pesar de que el servicio fue rápido.  y eficaz, cuando los últimos comensales fueron servidos, algunos de los primeros ya habían terminado.  

      Satisfecho el apetito llegó la hora de la partida, que no la de las despedidas. Eufóricos posamos para la foto de familia que dejará constancia de otra de las inolvidables excursiones del Velo, y nos aprestamos a regresar, unos directamente por Molins de Rei, S. Feliu y Esplugues, otros por Rubí, S. Cugat y Les Planes. 25 km. hasta la Plaza de Vallvidriera. Un recorrido cuyos últimos 12 km. que, sin ser excesivamente duros, siempre se prestan a grandes batallas por sus continuos repechos, con los últimos 2 km de ascensión al 4,5% de media de desnivel, hasta la Plaza de Vallvidrera.

       Después de la batalla que algunos libraron en el tramo mencionado, nos reagrupamos en la Plaza de Vallvidriera donde, en esta ocasión sí hubo despedida, y el grupo volvió a dividirse de nuevo. Uno compuesto por el Rafa, el Pastillas, el Pibe, el Pere, el Isidro y dos compis cuyo nombre no recuerdo, que decidieron ascender hasta el Tibidabo y otro formado por el Sergi, el Josemaría, Cindy, el Cinto y el Raúl, al que desde estas líneas le deseamos una pronta y total recuperación, que nos dirigirnos hacia Molins de Rei por Sta. Creu d’Olorda,. El resto, o sea le Blas, el Perona y el Seve, se dirigieron directamente cada uno a sus respectivos lares.

       También estuvieron; José Vicente, Manuel Lozano, Nico, Camacho, el Miquel y pido disculpas a algunos que también estuvieron pero que ignoro sus nombres.

      Y así terminó el evento queridos Velo/as. En definitiva, una bonita excursión pensada para ser gozada tanto para aquellos que tuvieron ganas de batalla, como para los que preferimos tomarlo con calma limitándonos a rodar a nuestro aire.  Pero lo más destacado queridos  socios, fue el fenomenal ambiente del que disfrutamos a lo largo de una maña inolvidable tanto por la participación como por el buen ambiente habido en todo momento.

      Hasta febrero, un fuerte abrazo a todos.

      Cinto (el, cada vez más, viejo globero).