21. feb., 2019

Texto

     Cierto día estábamos mi mujer y yo en la cola de la caja de super y el señor que estaba delante de nosotros sostenía con la mano en alto una silla de jardín. Le preguntó a la cajera:

     —¿Crees que esta silla quedará bien en mi jardín?

     La cajera asintió diciendo:

     —Estoy segura de que quedará muy bien.

     —¿No se verá tan bien que alguien se la lleve?

     —No, no creo que eso suceda —le respondió convencida.

     —Está bien, me la llevo.

    Después de pagar y marcharse, comenté a la cajera:

     —Extraño cliente ¿Verdad?

     La joven sonrió y dijo:

     No; es mi padre, mi marido y yo le pedimos prestada una silla del jardín el verano pasado y aun no se la hemos devuelto.

     Así es la vida.

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       Hay un adagio popular que dice: “De poeta y de loco, todos tenemos un poco”.

     Sed sinceros; ¿Quién de vosotros no ha sentido alguna vez la llamada del romanticismo?

 

     Decía en mi crónica de la semana pasada que precisamente, el pasado 17 de febrero se conmemoraba el centésimo octogésimo segundo año (182º), del nacimiento del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo retrato tuvimos ocasión de contemplar, los mayores del lugar, por figurar en el anverso de los billetes de cien pesetas que circulaban en este país, antes de implantarse el euro.

 

     Bécquer fue un poeta y narrador perteneciente al movimiento del romanticismo y, aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación de sus escritos obtuvo el prestigio que hoy se le conoce.

 

     Su obra más célebre, Rimas y leyendas, es un conjunto de poemas dispersos y relatos, reunidos en uno de los libros más populares de la literatura hispana, que un servidor ha tenido el placer de leer y que me permito recomendar a cualquiera que esté interesado en conocer su obra en profundidad.  

 

      Uno de los poemas más conocido del libro comentado lo escribió para una de sus amadas, no se sabe si real o ficticia y que dice así:

    

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas

En mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿YT tú me lo preguntas?

Poesía eres tú.

 

     Y afirmo que este es uno de sus poemas más conocidos porque allá por la década de los sesenta del siglo XX, cuando la juventud de la época aun conservábamos parte del romanticismo heredado de nuestros padres y la mayoría de las muchachas se casaban vírgenes, era este el primer poema que los muchachos solían aprenderse para impresionar a la novia. Pero si rompían la relación entonces todo ese amor se trocaba en odio o rabia y le dedicaban este otro:

 

Serpiente de amor risa traidora,

verdugo del ensueño y de la luz,

perfumado puñal, beso enconado.

Eso eres tú

 

     En fin, como preámbulo a la crónica, creo que será suficiente, pero no puedo sustraerme a comentar que por muy buenos y famosos que sean algunos poetas, a veces también escriben paridas como esta que escribió este que nos ocupa:

 

La primavera ha venido

Y nadie sabe cómo ha sido.

 

     Bécquer murió en Madrid, el 22 de diciembre de 1870, a la edad de 34 años, coincidiendo con un eclipse total de sol y su muerte ha sido achacada, según uno u otro autor, a la tuberculosis, a la sífilis o a problemas de hígado. En los días de su agonía pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán, que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible publicad mis versos. Tengo el presentimiento que muerto seré más y mejor conocido que vivo»). Y ya está.

 

       El romanticismo se originó en Alemania y en Reino Unido a finales del siglo XVIII, sin embargo, aunque esté pasado de moda, todavía somos centenares los románticos que, un domingo tras otro, desafiando las inclemencias del tiempo y el frío rigor del invierno o el sofocante y extremo calor del estío, cabalgamos en nuestras monturas de aluminio y carbono para lanzamos por las distintas rutas que enmarcan los pueblos y comarcas de nuestro entorno barcelonés.

 

        A estos románticos se les suele llamar “globeros” y de entre todos ellos, no cabe duda de que, sin ánimo de presunción, destacamos los que pertenecemos al Veloclubexcursionista. Un club próximo a cumplir 50 años y que sigue conservando, la esencia del espíritu “romántico” de su fundación. Véase si no, y sin ir más lejos lo que fue la última excursión del pasado domingo, 17 de febrero:

 

     En esta ocasión, me tocó salir de mi casa de Corbera. La mañana estaba fresquita y el cielo limpio de nubes. El termómetro exterior marcaba 3º, pero el viento procedente del norte, aunque no muy fuerte, enfriaba el rostro causaando una sensación térmica inferior a 0º.

 

      Bajé en el coche hasta Molins de Rei, como es costumbre en mí.  Aparqué y me fui hacia El Plà, al encuentro del grupo, con el que me uní poco después. Una rápida mirada y comprobé que, además de  un “romántico” al que no conocía, había otros a los que no veía desde hacía algunas semanas. En definitiva, el grupo lo componían, el Rafa, el Pastillas, el Raúl, el Marcial, el José Monsó, el Iván, el Álvaro, el Blás, el Josemari, el Seve, el Dani  y el nuevo “romántico” Xavier Muriel, al que desde estas líneas quiero dar nuestra más cálida bienvenida en nombre de todos los socios y socias del Velo y en el mío propio, con nuestro más ferviente deseo de que se sienta a gusto entre nosotros.

 

     Se nos unió el Oscar en Molins, con lo que el pelotón quedó compuesto por 14 románticos incluido quien esto escribe.    

 

     Se fue avivando el ritmo con el Pastillas, el Álvaro y, ocasionalmente, el Dani, en cabeza del grupo que, paulatinamente, fue perdiendo unidades hasta verse reducido a 9 románticos a la salida de Rubí, donde opté también yo por abandonarlo y continuar a mi ritmo hasta llegar al reagrupamiento de Terrassa.

 

      Una vez llegaron los rezagados, reemprendimos la marcha en dirección a Viladecavalls y Olesa. Una ruta de 15 kilómetros, poco transitada, muy sinuosa y con constantes repechos no excesivamente duros, que hacen las delicias, tanto de aquellos románticos que les gusta tomárselo con calma y disfrutar del bucólico paisaje, como de aquellos otros a los que les gusta la batalla sin tregua ni cuartel. Un despiste de algunos románticos a la salida de Terrassa, (Pastillas, Rafa, Iván, Àlvaro y no recuerdo si algún otro), les obligó a perseguir al resto del grupo durante bastantes quilómetros.   

 

     Nuevo reagrupamiento en Olesa y seis kilómetros finales hasta el restaurante Casa Pedro, que, a pesar de su brevedad, depararon una bonita batalla que provocó algún corte en el pelotón.

 

      En Casa Pedro nos encontramos con el Manel, el Bartolo, el Joaquín y el Sergi, con lo que el grupo se vio incrementado a 18 románticos, además de nuestro inefable compañero y amigo Manolo Cánovas que acudió en coche acompañado de su gentil esposa Isabel.

 

      De Casa Pedro, además del acogedor salón interior, con la gran “llar de focs” en el centro de este, cabe también destacar la rapidez con que fuimos servidos. Efectivamente, a diferencia de otros bares restaurantes donde la espera suele hacerse eterna, no sucedió así en esta ocasión y nuestros bocatas aparecieron casi ipso facto, después de haber sido pedidos.

 

     Después de reponer fuerzas y de las fotos de rigor, nos dispusimos a emprender la ruta de regreso que, opcionalmente, pasaba por la ascensión a Sta. Creu d’Olorde, Vallvidrera y el Tibidabo. Tomamos por la carretera de “La ferralla” por donde se rodó a fuerte ritmo y con alguna que otra escaramuza. Llegados a Molins de Rei, se dividió el grupo entre los 7 magníficos románticos, que optaron por la ruta de Sta. Creu d’Orde, y el resto de románticos que optó por la más fácil. En esta ocasión los 7 magníficos románticos fueron; el Rafa, el Raúl, el Álvaro, el Iván, el Pastillas, el Oscar y el Cinto.

 

     Nueva foto en la cima de Tibidabo para dejar constancia de lo “romántico” que es subir al Tibidabo en bici y después, como se dice en catalán “cadascu a casa seva”. Pero mi ruta de regreso pasaba de nuevo por Sta. Creu d’Olorde, si bien en sentido inverso y, aunque el descenso hasta Molins es largo, hay un par de pestosos repechos que amargan la vida cuando a uno le persigue el tío del mazo. Y si alguien lo duda o no se lo cree, la próxima semana que le pregunte al Raúl que tuvo a bien cambiar de idea y acompañarme hasta Molins formando ambos un “romántico" dúo anémico.

 

     Antes de terminar os recuerdo que la próxima excursión del 24 de febrero, está programada a S. Llorenç d’Hortons; ida por Martorell, La beguda, La Paradeta y S. Llorenç, regreso por Gelida, Martorell, Molins de Rei, S. Feliu. Opcional, Creu d’Aregall, La Palma, Molins de Rei. Os adjunto los perfiles.

 

       Y nada más queridos compis; me despido hasta la próxima con el recordatorio de siempre: Si tenéis algún problema en vuestra bici, No dudéis en acudir a la tienda taller de nuestro compañero de fatigas Rafa Marco, en calle Renclusa de l’Hospitalet, 50. Un 10% de descuento en materiales, ropa y mano de obra.

 

     Por cierto, no tengo ni idea de qué os hablaré la próxima semana.

     Un abrazo a todos y a todas.

     Cinto.