13. mar., 2019

Texto

    Lógica infantil.

     Mi hija Arantxa, ciclista como su padre, a la que algunos ya conocéis, ocupa una plaza de maestra infantil en una escuela pública, me contó que, cierto día, una de sus alumnas entró en la clase mostrándose muy contenta y acercándose a ella le dijo: 

—Arantxa mis papás me han comprado una bici.

     —Qué bien. —le contestó Arantxa— Y ¿cuántas ruedas tiene? —Le preguntó pensando que sería una de esas bicis con ruedines a los lados. La niña la miró con cara de sorpresa y respondió

     —Todas.

     Así es la vida.

         

      Pues resulta que me pongo a investigar sobre acontecimientos importantes ocurridos tal día como un 10 de marzo y me encuentro con que, precisamente, en tal día como el reseñado de 1814, Fernando VII (el que usaba paletó), regresó a España y abolió la constitución española de 1812. Y me acuerdo de la canción infantil, esa que dice; Cuando Fernando séptimo usaba paletó, que seguro, quien más quien menos la ha cantado alguna vez en su infancia. Entonces, como uno es curioso por naturaleza y me gusta investigar la procedencia de las cosas, rebusco por el Wikipedia y encuentro el origen de la coplilla que, con mucho gusto. os explico.

      Según el diccionario de la Real academia, define “paletó” como: gabán de paño grueso, largo y entallado, pero sin faldas como el levitón. Parece derivar del vocablo inglés, “paltok” y se puede asimilar a un abrigo largo hasta los tobillos.

     Para comprender la canción debemos remontarnos al convulso inicio del siglo XIX y a la estancia de Fernando VII en Francia. Tras encabezar el motín de Aranjuez, por el que su padre, Carlos IV fue derrocado, el díscolo príncipe ansiaba ser coronado como nuevo rey de España.

     Fernando, a pesar de sus esfuerzos y conspiraciones de toda clase, fue apresado por Napoleón y conducido a Bayona donde se le obligó a devolver la corona a su padre con el objeto de que este último, se la entregara a José Bonaparte que reinó en España hasta 1813. Tras un almuerzo con Napoleón fue informado de que el emperador había decidido prescindir de los Borbones en favor de la familia Bonaparte.

    Pero Fernando VII no se dio por vencido y escribió una carta al emperador en la que le decía: Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos (menudo peloteo).

     Las coplas se escribieron con el evidente deseo de burla ya que aludían al tiempo que Fernando pasó en Francia intentando conseguir el favor de Napoleón y satisfacer así, sus pretensiones al trono de España, que finalmente, el emperador otorgó a su hermano José Bonaparte. De ahí el término “paletot”, prenda habitual que en aquel tiempo usaban los franceses. Finalmente, Fernando fue reconocido como rey de España el 11 de diciembre de 1813.

     Otro acontecimiento importante (para mí lo fue), acaecido el 10 de marzo del presente año, fue la excursión del Velo a Olesa de Bonesvalls, en la que participaron doce valientes a los que no les arredró la ruta programada, en la que había que ascender Begas en la ida, y el Ordal en el regreso, que posteriormente, se modificó por acompañar al Fede hasta Gelida, dando opción a quien se atravesé, a ascender por la Creu d’Aregall.

     Los doce de la partida fueron; el Pastillas, el Marc, el Sergi, el Rafa, el Seve, el Manel, el Joaquín, el Fede, José María, el Miquel, el Bartolo, al que encontramos en el lugar, y el Cinto. 

      Aparcado el coche en la estación de Quatre Camins sobre las 8 de la mañana. Mi plan era ir al tran – tran para que el grupo me alcanzara cerca de Gavá, antes empezar la ascensión a Begas y subir junto al Rafa como buenos hermanos. Calculé mal. Salí demasiado temprano y ya sabéis lo que dice el refrán “No por mucho tempranar amanece más madrugo”. Empecé a ascender Begas mirando hacia tras de vez en cuando, esperando la llegada del grupo. Pero el grupo, o más bien los de la avanzadilla, no llegaban. Por fin, faltando un kilómetro para cima, me alcanzó el Pastillas (como sube el Kavrón) y, justo en la última curva (la que antiguamente se conocía como “la del borrico”, en otra ocasión os contaré el por qué”), a falta de 600 m. para la cumbre, me alcanzó el Marc que subía pegándoselas con un biker. Por lo poco que faltaba para coronar, no pude resistir la tentación que pegarme a rueda de ambos y disputar el sprint (el Marc y yo ganamos al biker).

       Reagrupados y con el primer objetivo cumplido, o sea, coronar la dura ascensión a Begas, nos lanzamos a buen ritmo en busca del segundo y más importante; nuestro “petit dejéuner” (es que con tanto hablar de Francia me estoy afrancesando). Pero el pelotón se rompió como consecuencia de un despiste de quien lo conducía (no recuerdo quien era). No me importó. En vista de que los de delante no tuvieron la gentileza (lo digo sin acritud), de esperar a que nos volviéramos a reagrupar y como me quedé el último, opté por cubrir “piano, piano”, los kilómetros que faltaban para llegar a Olesa.

       Transcurrió nuestro “petit dejéuner”, en el Centre Civic, entre las bromas y los chistes malos que solemos contar el Pastillas y quien esto escribe (por cierto Marc, si lees esto que no se te olviden el del buzón y el del clavo de la pared de enfrente). El servicio no se hizo esperar demasiado y correcto los siete euros del bocata, pero encontrar un lavabo donde lavarse las manos, requirió hacer una bonita y larga excursión por todo el recinto, recorriendo largos pasillos y escalando largas escaleras hasta dar con uno de ellos.

       Y fue mientras “nous avons réapprovissione” (léase: “reponíamos fuerzas”), cuando se tomó la decisión de variar la ruta de regreso por acompañar al Fede hasta Gelida. Esta decisión daba la opción de ascender por la Creu d’Aregall o continuar por Martorell.

      Terminado nuestro "petit dèjeuner" y tomada la foto de familia en la que faltó el Bartolo que se fue un poco antes, partimos en dirección a Avinyó Nou. En el transcurso de este trayecto sostuvimos una ligera escaramuza con un grupo que nos adelantó. Nada importante, pero el Pastillas, el Marc el Rafa y un servidor, dejamos bien alto los colores del Velo,

     Nuevo reagrupamiento en Avinyó Nou que se repitió a la salida de S. Sadurní y, finalmente, ya en Gelida el grupo, reducido a diez (el Bartolo se había ido a su aire y el Fede se quedaba en Gelida), se dividió en dos quintetos; el de Los Cinco Latinos compuesto por el Sergi, el Seve, el Joaquín, el Manel y el Josemaría, que tomó la opción de Martorell y Molins de Rei, y El quinteto de la muerte formado por el Miquel, el Rafa, el Marc, el Pastillas y el Cinto, que tomó la opción de la Creu d'Aregall

        Después de una ascensión agónica en la que, por una vez y sin que sirviera de precedente, el Pastillas y el Marc permitieron coronar primero al Cinto, el Quinteto de la muerte se reagrupó en la cima  y juntos, pero no revueltos, se deslizaron sin prisa, pero sin pausa, por el largo y plácido descenso hacia Corbera, La Palma y Quatre Camins, donde el Cinto se despidió de sus cuatro acompañantes.

     No tuve noticias del quinteto de Los Cinco Latinos, aunque supongo que todos llegaron a sus respectivos lares, sin novedad.

     La próxima excursión para el 17 de este mes, está programada a Sitges. La ruta de ida discurre por la autovía de Castelldefels, Costas de Garraf, con la típica ascensión al coll de la Maladona y Sitges. En la de regreso se ascienden de nuevo las Costas de Garraf, esta vez en sentido contrario y se toma la carretera C-245 hasta Viladecans donde se gira hacia la izquierda por la BV-2003, dirección S. Climent para ascender el repecho de poco más de 1,5km. y bajar hacia S. Boi. Para quien le pueda interesar, adjunto los perfiles de la excursión.

      Repasad vuestras bicis para circular con mayor seguridad y si detectáis algún problema no dudéis en acudir a la tienda taller de nuestro compañero de fatigas y mecánico de confianza Rafa Marco, en la calle Renclusa 50, donde los socios gozamos de un 10% de descuento en material y mano de obra y, lo que es más importante, contamos con la garantía del trabajo bien realizado.

     Hasta la próxima, un abrazo.

     Cinto (el viejo globero).