25. abr., 2019

Texto

    Los recursos de las personas de la tercera edad.

    En cierta ocasión una anciana entró en una oficina de una caja de ahorros y dirigiéndose al mostrador solicitó a un empelado que le retirara 50 euros de su cuenta. Con escasa amabilidad el empleado le explicó que a través del mostrador no se podía retirar cantidades inferiores a 250 euros.

     —Entonces ¿Qué tengo que hacer para retirar los 50 euros que necesito? —preguntó la anciana.

     —Tiene usted que hacerlo a través del cajero automático, señora —dijo el empleado en tono seco.

     —Pero señor, yo no lo he hecho nunca y no sé cómo funcionan esos cajeros ¿Sería usted tan amable de enseñarme a hacerlo? —pidió la venerable anciana.

     —Lo siento señora, en estos momentos estoy muy ocupado y no puedo ayudarla —fue la respuesta del empleado.

     —Bien —repuso la anciana—, entonces hágame el favor de retirar 250 euros de mi cuenta.

     De mala gana, el empleado retiró los 250 euros y se los entregó. La anciana le dio las gracias, contó el dinero, apartó 50 euros que guardó en su bolso y a continuación dijo:

    —Ahora joven ingrese en mi cuenta estos 200 euros.

     Así es la vida.

     La leyenda de san Jordi y el dragón y la rosa. 

   No sería de recibo que, siendo tan aficionado a contar leyendas, pasara por alto la más popular de Catalunya: la de san Jordi y la rosa que, como todos sabemos se celebra el 23 de abril.

     Fue durante la Edad Media, en el siglo IX, cuando se popularizó la célebre gesta de san Jorge como vencedor de un dragón que tenía atemorizados a los habitantes del lugar. Estos mantenían a la bestia entregándole a diario dos corderos para saciar su hambre. Pero los animales pronto escasearon y, en su lugar, se decidió mandar por sorteo a una persona. Un día la mala fortuna le tocó a la princesa, pero Jorge acudió a rescatarla blandiendo la espada a lomos de su caballo y mató al dragón. De la sangre del monstruo abatido brotó una rosa que el héroe regaló a la hija del rey.

     Pero como todos los mitos y todas las leyendas acostumbran a tener un origen antropológico, hoy, con el permiso de todos, me voy a enrollar contando cómo nació la leyenda de san Jordi.

     ¿Quién era Georgios?

     Según la tradición cristiana, Georgios era un oficial de las legiones romanas nacido en el año 270, en la provincia de Capadocia (al norte de la actual Turquía), de tradición cultural griega. También según la tradición cristiana, contando treinta años, Georgios sería destinado a la provincia romana de Bitinia en calidad de Tribunus cohortis (comandante de unidad militar auxiliar), donde acumuló un patrimonio considerable generado por el alto estipendio que le reportaba su condición profesional por un lado y una relación extramatrimonial con una viuda de la oligarquía local, por otro (el muy pillín).

     Georgios se proclamó disidente de la ideología de estado romana y perdió el cargo, el patrimonio y la vida cuando en el año 303 el emperador Diocleciano ordenó la persecución de las comunidades cristianas, acusadas por la propaganda oficial de ser las causantes de las crisis social y económica que ponía en cuestión la propia existencia del imperio.

     Según la tradición cristiana, Georgios fue martirizado siguiendo el esquema clásico de la brutalidad romana: golpeado, asado y descuartizado. Como tantos millares de disidentes. Pero el mito de Georgios se fabricó siglos más tardes y sería asociado al caballero que lucha contra el dragón para salvar a la princesa.

     Cómo llegó el mito de san Jorge a Catalunya

     La aristocracia aragonesa, enredada en una guerra con la taifa islámica por el control del valle del Ebro (1096 — 1101), sería la primera en la península ibérica en adoptar el patronazgo de san Jorge, y acto seguido la aristocracia catalana, enredada en la misma taifa por el control de los territorios de Lleida y Tortosa, seguiría el camino de la aragonesa. Poco después de la unión dinástica (1137), el patronazgo de san Jorge se hizo extensivo al estamento militar y acabaría siendo patrón de la corona de Catalunya y Aragón.

     La peste negra y el dragón

     Hacia la mitad del siglo 1400. El Principado de Catalunya había conocido los efectos de la Peste Negra (1348 — 1351), la epidemia más mortífera de la historia europea. Catalunya perdió 100.000 de sus 300.000 habitantes y Barcelona, una de las ciudades más pobladas de Europa, pasó de 50.000 a 28.000 habitantes. En este punto es importante recordar que la tradición afirma que el dragón, el enemigo que combatía san Jorge, expulsaba un aliento pestilente que mataba a todas las personas que lo inhalaban. En el imaginario popular de aquella sociedad de pensamiento espiritual, claramente contrapuesta al actual de pensamiento científico, el dragón se había adueñado del mundo y simbolizaba el mal y la muerte, la princesa es el país amenazado y san Jorge, patrón de Catalunya, el caballero que salva al país de sucumbir al fuego destructivo y al aliento pestilente de la bestia.

     Y este es, a grandes rasgos, el mito antropológico de san Jordi mis queridos amigos y amigas, un mito que no sé cómo enlazar con la última excursión del pasado domingo que tuvo lugar dos días antes celebrarse la festividad de san Jordi, como no sea explicando que fuimos tres los caballeros que, blandiendo nuestras monturas de carbono, salvamos de sucumbir una excursión que, a no ser por nuestra determinación, hubiera quedado desierta. Y, aunque no hubiera supuesto ningún drama, hubiese sido una pena que una bonita excursión como la programada a Hostalets de Pierola, no se hubiera celebrado por falta de participantes.

      Era domingo de Gloria y la mayoría de compis del Velo, se encontraban disfrutando de las vacaciones de Semana Santa con sus respectivas familias. Normal. Solo el Pastillas y yo habíamos manifestado, en nuestra anterior excursión a S. Pere de Ribes, nuestra intención a participar en esta que nos ocupa y que hoy relato. Puestos de acuerdo, nos encontramos en Molins de Rey frente al parquin del Mercadona, La mañana estaba fresquita y, aunque el tiempo no amenazaba lluvia, las previsiones lo daban como inseguro.  Resignados a ser los únicos participantes del día, pero con el ánimo dispuesto pasar una agradable mañana en mutua compañía, arrancamos a ritmo más o menos tranquilo, esperando y desando, no se vieran cumplidos los pronósticos más pesimistas.

    Como es fácil suponer, nuestro deambular por la ruta que nos había de llevar a Hostalets, fue tranquilo y sosegado. Especulamos sobre si, al ser tan solo dos los participantes a la excursión, sería esta puntuable o no. Mi teoría, si el reglamento no dice otra cosa, es que la excursión deja de ser puntuable tan solo en caso de lluvia. Tuvimos tiempo de contarnos algunos chistes malos, además de “repes” y, cómo no, también algunas batallas de cuando yo competía allá por los años sesenta del siglo pasado, cuando la mayoría de los que ahora salen con el Velo, ni tan siquiera habían nacido. A todo esto, teníamos la esperanza de ser alcanzados por algún grupo con el que poder acoplarnos, pero el tránsito de ciclistas era escaso. Se notaba las vacaciones de la Semana Santa. Creo recordar que en el repecho que parte de Olesa hacia Esparraguera, poco antes del entrar en la población, nos rebasó un ciclista que subía fuerte, pero desechamos ponernos a su rueda porque nos hicimos la reflexión que una grupeta de tan solo un ciclista, no tenía ningún aliciente.

     En fin, acometimos los fuertes y “pestosos” repechos de la B-231 en busca de nuestro destino cuando allá por el kilometro 10, más o menos, de la citada carretera, divisamos a lo lejos, en una larga recta, un pequeño grupo en el que parecía iba alguien con un maillot antiguo del Velo. ¿Quién podría ser? Nos preguntamos. Pero no. A medida que nos íbamos acercando pudimos comprobar que, ni el susodicho maillot, ni su portador, nada tenían que ver con nuestro club.

     Pero nuestra sorpresa fue grande cuando al llegar al casal de Hostalets, encontramos nada menos que, a toda una institución del Velo, como lo es sin lugar a duda, el José Monsó. Bueno ya éramos tres los caballeros  que, como queda explicado, blandiendo nuestras monturas de carbono y aluminio, salvamos a la excursión (nuestra simbólica princesa) de quedar sola y desamparada,  con lo cual la cuestión de si la salida sería o no puntuable quedaba zanjada.

        Si hasta entonces el clima reinante había sido más o menos agradable, apenas empezaron a servir nuestros deseados bocatas, comenzó a soplar un Mistral que nos hizo desistir de desayunar en el patio y refugiarnos en el interior del local y que se fue haciendo cada vez más intenso y ya no nos abandonó acompañándonos durante toda la ruta de regreso.

     No podía faltar, aun siendo solo tres los caballeros reunidos en el casal de Hostalets, la siempre mítica foto de familia que deja constancia para la posteridad, de nuestras hazañas caballerescas que suelen acontecer por los bellos parajes que enmarcan las vecinas comarcas que envuelven la gran Barcelona, por tanto, una vez satisfecho nuestro, siempre, voraz apetito, y cumplido el obligado requisito de la foto de familia, nos lanzamos, sin tregua y sin pausa, a cubrir los 50 kilómetros (10 menos para mí), que nos aguardaban en la ruta de regreso. Sin embargo, la fuerza del viento se había incrementado y era frecuente que, algunas ráfagas que soplaban de costado nos obligaran a sujetar con mucha fuerza el manillar para no perder el equilibrio. Pero fue inestimable la magistral conducción que realizó el Pastillas, tomando la cabeza del pequeño grupo hasta Molins de Rey, lugar este en el que, como ya es sabido por todos, suelo despedirme para subir con el coche, a mi casa de Corbera.

     Y esto fue todo lo que dio de sí, mis queridos amigos y amigas; la excursión a Hostalets de Pierola, celebrada en la mañana del domingo de Gloria que, aun  siendo tan solo tres los participantes en ella, resultó GLORIOSA.

     Para el próximo domingo día 28, la 13ª excursión está programada por nuestro Gran Capitán de excursionismo y entrañable compañero Seve,  al restaurante “El Caliu” de La Bauma, en Castellbell i Vilar. En la ruta de ida se asciende hacia Montserrat, pero sólo 5 kilómetros, hasta el cruce de la pista asfaltada que conduce hasta S. Cristófol, y por donde se desciende hacia Castellbell i Vilar y La Bauma. En la ruta de regreso se asciende hacia Vaquerisses para luego bajar hacia Olesa, Martorell (opcional por “Los Once) y Molins de Rei,.

      Y me despido con mi consejo de cada semana para que no se os olvide. Repasad las bicis y si tenéis que solucionar algún problema no dudéis en acudir a la tienda taller de nuestro compañero y mecánico de confianza, Rafa Marco, calle Renclusa, 50, de l’hospitalet, donde, además de una gran calidad y garantía en las reparaciones, nos ofrece un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Hasta la próxima, un fuerte abrazo.

     Cinto (el viejo globero).