23. may., 2019

Texto

      No puedo empezar a escribir esta crónica sin lamentar el grave accidente que sufrió el pasado miércoles día 15, nuestro entrañable compañero y amigo Manolo Cánovas, toda una institución de nuestro club. Por las noticias que nos llegan a través de su hijo Dani, a día de hoy ha sido operado satisfactoriamente y está en vías de recuperación. 

      Desde estas líneas le deseamos en nombre de nuestro club y de toda la gran familia ciclista, una pronta y total recuperación, además de mandarle nuestro apoyo junto a un fuerte abrazo y muchos ánimos a el y a toda su familia.

   ¡Ánimo Manolo! Tus amigos del Velo están contigo.

    

     DE CÓMO LOS MAYORES RECIBIMOS LECCIONES DE LOS NIÑOS.

     Corría la década de los 70, no recuerdo exactamente si 1975 o 1976. Mi hija mayor Cristina, contaba con 5 o 6 años. Era final de curso y en el colegio (a la sazón separaban las niñas de los niños), celebraban un festival que terminaba con una danza en la que las niñas se aparejaban unas con otras. A mi hija le tocó aparejarse con una niña de color llamada Evelin. Terminado el festival y mientras nos dirigíamos hacia casa le pregunté:

     —Es amigueta teva aquesta nena negreta? —y para mi sorpresa me respondió

     —Quina nena negreta?

     Así es la vida.

 

      La capital del Alt Penés, Vilafranca, es una población en la que, en todas aquellas excursiones que por su trazado son de paso obligado por ella, acostumbramos a reagruparnos. La del próximo domingo día 26, a La Bleda, es una de ellas.  Aunque en esta ocasión, al distar tan solo 4 kilómetros de Vilafranca, es de suponer que el grupo llegará compacto y no será necesario reagruparse.

     Y hablando de Vilafranca, también este municipio tiene sus leyendas.  Una de ellas cuenta la de una chica que tenía dos pretendientes. Ambos le gustaban por igual, pero no sabía por quién decidirse. Entonces conociendo lo que se decía sobre que en algún rincón de la vieja Olèrdola había una gran cueva que llegaba hasta el mar y que encerraba un gran tesoro, decidió que daría su mano a aquel de los dos penetrara en la cueva y le llevara, como prueba, una joya de las muchas que se decía que había allí guardadas.

     Una noche los dos chicos subieron hasta Olèrdola, buscaron la cueva y entraron llevando cada uno una antorcha. A medio camino se encontraron en una sala inmensa donde por todo lo largo de las paredes se veían estatuas de guerreros. Los dos chicos quedaron admirados porque, además de los guerreros de piedra, en aquella sala se encontraba el gran tesoro del que se hablaba y aquellas estatuas parecía que estuvieran allí para guardarlo. Una de ellas llevaba un papel en la mano. El más fanfarrón de los jóvenes apagó la antorcha, se puso a reír y a chillar para espantar el compañero, el cual, muerto de miedo, se quedó agachado sin tener fuerzas para moverse. Entonces el fanfarrón haciendo mofa de la estatua y de lo que pudiera decir el papel, lo cogió y leyó: El que lea esta carta que llevo en mi mano, habrá profanado la Cueva Prohibida donde ningún hombre debe entrar. El castigo de esta profanación será el mismo que yo sufrí. Se convertirá en piedra y permanecerá así hasta que otro imprudente, desafiando la prohibición, vuelva a entrar en la Cueva. Y tal como decía la carta el temerario joven se convirtió en piedra y misteriosamente el papel se quedó entre sus dedos.

     El otro joven, no pudiendo soportar más el terror, se puso a correr como un loco, salió de la Cueva y durante muchos años sólo hacía que correr arriba y abajo por las montañas explicando lo que le había pasado sin que nadie le creyera.

     La chica se quedó sin ninguno de los dos pretendientes, cogió mala fama y nunca nadie quiso casarse con ella. Pero ¿Qué de verdad hay sobre la cueva?. En el municipio de Olérdola existe una cueva llamada “COVA dels SEGARULLS”, protegida como patrimonio de la humanidad, cuyas paredes de entrada contienen 22 figuras rupestres representando arqueros. ¿Será la que se cuenta en la leyenda? ¿Quién sabe?

      Y hasta aquí la leyenda de la chica de Vilafranca, mis queridos amigos y amigas. Y Ahora paso a contar la continuación de la leyenda de los chicos del Velo (algunos no tan chicos ¿O sí?)

      Quizás escarmentado por la semana pasada, en la que, como todos sabéis el Sergi y yo tuvimos que perseguir, cuando salí de mi casa de Corbera el reloj marcaba las 7,10. Calculé que el grupo suele pasar por Molins unos 35 minutos después de la hora señalada para la salida (las 7,15). Así que disponía de unos 40 minutos para bajar hasta Molins, aparcar y cumplir con el ritual de calzarme las zapatillas, embadurnarme la cara con la protección solar, ponerme el pañuelo pirata, el casco y los guantes. Después de este ceremonial arranqué cuando el reloj señalaba las 7.45 y, en contra de lo que suelo hacer otras veces, que me dirijo hacia el Plà para encontrar al grupo de cara, decidí dirigirme en dirección Terrassa pensando que, pedaleando al  “tran-tran”, el grupo, que vendría “ a saco” me alcanzaría antes de llegar a Rubí. No fue así y pensé que lo haría antes del  cruce de S.Cugat. Pero tampoco fue así y empecé a pensar en la posibilidad de que alguien hubiera sufrido algún pinchazo. Pero no podía tardar mucho en ser alcanzado. Quizás antes de llegar a Les Fonts. Extrañado y girando la vista con frecuencia llegué a Les Fonts. El grupo no daba señales de vida y se me encendieron las alarmas. Si  llegaba a la Avenida del Vallés sin que me hubieran alcanzado, pararía y llamaría al Seve. Pero justo saliendo de  Les Fonts apareció el grupo. Venía compacto. Sentí alivio. No había sucedido ningún percance. Pregunté al “Pastillorum” por el motivo de la tardanza y me informó de la presencia en el grupo de Nuria, amiga del Fede el “pesacaíto”. Magnífico, siempre es un placer contar con la presencia de alguna fémina entre nosotros. Bienvenida Nuria a nuestro grupo y esperamos nos acompañes en futuras excursiones.

     Y como los componentes del grupo venían con escasa diferencia entre ellos: (Pastillas, Rafa, Miquel, Sergi, Seve, Fede Pescaíto, José Vicente, Nuria, Monsó y Cinto), a penas tuvimos que esperar en el reagrupamiento de Terrassa en el que, en esta ocasión, ni tan siquiera hubo el típico sprint. La batalla vendría en la ascensión al Obac.

     Efectivamente, cruzamos Terrassa y enfilamos el Obac. Aunque cuando en estas crónicas tengo que referirme  a mi persona suelo hacerlo como “el Cinto”, en esta ocasión lo voy a hacer en primera persona. Dadas mis características físicas, además de las limitaciones que me impone la edad, siempre acostumbro a iniciar las ascensiones al ritmo que mis piernas me demandan. Esto implica que, unas veces lo hago en cabeza, otras persiguiendo a los que van delante. Luego a medida que voy ascendiendo, suelo ir de menos a más, siempre y cuando no me sorprenda el “tío del mazo”, lo cual suele pasar con bastante frecuencia.

    Así fue como empecé a subir el Obac en cabeza del grupo. Pero pronto el Pastillas y el Rafa me rebasaron y me acoplé a rueda de este último. Se formó un cuarteto compuesto por los dos citados, además del José Vicente y quien esto escribe. El ritmo, aun sin ir a tope, era bastante vivo. Hacia la mitad de la ascensión cedió el José Vicente y poco después el Pastillas abrió gas y el Rafa y yo ni tan siquiera intentamos seguirlo. Pero faltando algo menos de un kilómetro para la cima, aprovechando un falso llano decidí dar un relevo al Rafa. Salí demasiado fuerte y resultó fatal porque a falta de unos 300 metros miré hacia tras y vi que no me seguía. Lo sentí. El había hecho el gasto de arrastrarme durante una buena parte de la ascensión y mi intención era la de ponerme en cabeza, no la de atacarle.

     En fin, alcanzada la cima nos esperaban el Camacho y el Balbis, salidos un poco antes. Después del Rafa llegó el José Vicente, el Sergi, el Monsó y una grupeta con el Miquel, el Seve, el Pescaíto y la Nuri.

       Después de que el Camacho nos hiciera algunas fotos a medida que íbamos llegando a la cima, y una vez reagrupados, nos lanzamos cual ligeras sgolondrinas, o sea cada uno a su aire, por los 12 kilómetros  de la sinuosa carretera  que atraviesa parte del majestuoso paraje del “Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac”, hasta desembocar frente a la extinta colonia industrial “El Burés” (de la que en otra ocasión, según me dé a mí la gana, os contaré la historia), de Castellbell i el Vilar. Desde allí tan solo 6 kilómetros, con los 2 últimos de suave ascenso, nos separaban del restaurante La Teresa, que afrontamos también cada uno a su aire, o sea algunos muy relajados, otros menos y algunos otros guerreando para no perder la costumbre.

        En el restaurante nos encontramos con la, siempre grata presencia del Bartolo quien nos recordó que el día de la Montserratina del pasado año, estuvo esperándonos hasta, no sé qué hora, y cansado de esperar se marchó y acabó desayunando en Las Carpas (Casa Pedro), a las 12 del mediodía.

     Bueno, en cualquier caso le faltó paciencia porque recuerdo perfectamente que ese mismo día yo no pude salir en bici por una ligera indisposición, fui en coche y almorcé con el grupo ¿Alguien más lo recuerda?

      En fin, anécdotas a parte nuestro deseado, ansiado y anhelado ágape mañanero, fue servido con presteza y no tuvimos que esperar demasiado, lo cual fue recibido con gran placer y la natural satisfacción, y saboreado con gran deleite por los 12 comensales que conformábamos el grupo.

      Finalizado el ágape, tomadas las infusiones y pagada religiosamente la cuenta, posamos para la preceptiva foto de familia y nos dispusimos a afrontar los 60 kilómetros que nos separaban del punto de partida (algunos menos para el cronista).

      Aunque el desnivel acumulado en la ruta de regreso era de tan solo unos 800 metros, las características del terreno con un continuo sube y baja hasta alcanzar el alto del “Quatre Vents”, era de las que acostumbran a llamarse “rompepiernas”.

     Ya de salida había que ascender 5 kilómetros por la C-58, hasta el cruce de la BV-1211, cruce este en el que hubo reagrupamiento.

    Después de un descenso de unos 4 kilómetros y pasado el cruce de Olesa en donde el año pasado se despistó “el pelotón de los torpes”, la carretera vuelve a mirar hacia el cielo. Primero con un repecho de 1,5 kilómetros con un desnivel de un 8% que se afrontó a muy buen ritmo, pero una salida de cadena del Cinto, provocó que un parón para esperarlo.

      Superado este repecho, un descenso de cerca de dos kilómetros nos dejó al pie del siguiente de similares características al anterior, y que desemboca en el mismo centro de Viladecavalls.

     Nuevo descenso de 1,5 kilómetros por la B-120 y de nuevo la carretera mira hacia arriba en suave ascenso esta vez, hasta la entrada de Tarrassa, donde después de un breve descenso nos reagrupamos para ascender los 2,5 kilómetros de la última dificultad del día; “els Quatre Vents”  

     En esta última ascensión coronó en cabeza el terceto Pastillas, Rafa, Cinto, este se quedó cortado en el cruce de Castellbisbal por culpa de una moto que subía de cara y tuvo que “pencar” en la bajada para volver a empalmar con el Rafa y el Pastillas.

     Después del último reagrupamiento en la rotonda de acceso a Castellbisbal, solo restaba unos 10 kilómetros hasta Molins de Rei en los que no faltó la última y típica batalla del día. Una batalla que, aunque corta, siempre es intensa y en la que algunas piernas, castigadas por el constante sube y baja del día, pagaron su tributo.

      Y llegados a Molins de Rei, algunos con prisa por la hora, otros con la calma, me despedí del grupo deseándoles la mayor de las venturas en lo que restaba del día y en lo que les deparara el futuro. Lugo me dirigí al coche, cargué la bici y me fuí para casa contento y feliz,  más chulo que un ocho.

       Y esto es todo, mis queridos amigos y migas,  lo que puedo explicar de la última excursión a “Ca la Teresa”, vista desde el color de mi cristal  que como dice el proverbio, En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira .

      Hasta la próxima me despido con el consejo de siempre (dar consejos no cuesta dinero, por eso la gente suele darlos sin que nadie se los pida), repasad bien las bicis y para cualquier problema que tengáis, acudir a la tienda taller de nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco, de la calle Renclusa 50, en donde los socios del Velo podemos disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Hasta la próxima un fuerte abrazo

     Cinto.

     P D. Últimamente me noto falto de inspiración a la hora de escribir estas crónicas, tendré que tomarme unas vacaciones.