30. may., 2019

Texto

     Era la década del 90, no recuerdo si el 93 o el 94, en una de las rutas del Opio, de las que organizaban nuestros compañeros de fatigas los “Tusinus”,  una de las primeras en las que se paraba a comer en el Delta del Ebro.

     Concluida la gran batalla que se organizaba en los últimos 22 kilómetros llanos como la palma de la mano, legamos demasiado pronto al restaurante donde teníamos la reserva, por lo que algunos decidimos darnos un paseo hasta la desembocadura del Ebro para disfrutar del maravilloso y bello espectáculo que la madre naturaleza allí nos ofrece.

      Después de deambular durante un buen rato por el lugar, a nuestro regreso pasamos por delante de un restaurante en cuya entrada había un joven que dirigiéndose a nosotros dijo:

     —Ciclistas, si estáis buscando sitio para comer aquí por XXX, pesetas (no recuerdo la cantidad) comeréis como señores—. A lo que el inolvidable y carismático Mingo, respondió:

     —Oye chaval, los ciclista siempre comemos como señores aunque sea pan con chocolate, porque SOMOS señores.

     Así es la vida.

    Atravesábamos Capellades el pasado domingo después de llenar nuestros bidones en la fuente de la “Creu de Terme”, cuando me llamó la atención una pancarta que anunciaba la “Festes de la capvuitada de Corpus”. Intrigado por lo de la “capvuitada”, decidí que investigaría de qué se trataba las mencionadas fiestas y he aquí lo que he encontrado:

     Para la octava (prolongación durante ocho días de la fiesta de la Pascua de Pentecostés),  de Corpus, Capellades celebra sus fiestas más antiguas populares y especiales, de las que se tiene constancia desde el siglo XVIII. Con algunas modificaciones a lo largo de los años, las Fiestas de la Calle mantienen su esencia, y una gran acelga, las cestas de roscones, el Ball Pla y la presencia constante de la imaginería local son algunos de los elementos característicos de esta celebración .

    Los actos, que son el Pasacalle, la Bendición, el Reparto de Roscones y el “Treure Ball”, se llevan a cabo de forma repetida en cada uno de los cinco barrios históricos de la ciudad, los cuales tienen un día asignado. Así pues, todo empieza con el Pregón del viernes después de Corpus, el sábado la fiesta tiene lugar en el Barrio de las Acelgas, lunes del Burro, martes es el turno del Gigante y todos los actos son presididos por la pareja de Gigantes centenarios de la ciudad, Sebastián y la Dorotea. El miércoles el barrio del Ninot es el protagonista y salen los Cabezudos de Capellades; 5 parejas que simbolizan los orígenes, el trabajo, las fiestas y el futuro de la gente de Capellades. Para terminar, el barrio de Las Plazas cierra la fiesta el jueves.

     Por la mañana, los niños se organizan en parejas y van a llevar el cesto con el dulce típico de las fiestas, el Roscón de Barrio. El acto comienza en el barrio protagonista y los niños, acompañados de la Banda que interpreta la música típica de las Fiestas de la Calle, van en pasacalle hasta la Iglesia de Santa María, donde el cura bendecirá los Roscones. Al terminar, la Comisión de Fiestas de la Calle (acompañada de personas voluntarias) repartirá un roscón consagrado para cada casa del Barrio. La música de las Fiestas proviene de un compositor vasco que la tocó por primera vez en 1932

     Por la tarde tiene lugar el típico “Treure Ball”. Las parejas del barrio protagonista: adultos, jóvenes y también muchachos se encuentran en la plaza mayor de cada barrio. Es tradición que todos vayan bien mudados y que los bailadores obsequien a las bailadoras con una flor. Los niños dan un ramillete a las niñas y los hombres una rosa a las mujeres. Una vez en la plaza, interpretan el típico “Ball Pla” de Capellades, la danza más característica de la Villa. El origen musical de este tema se desconoce y la coreografía se renovó a principios del siglo XX. Es un baile de galanteo con las alternancias del cortejo amoroso, y los pasos se basan en una quieta continencia del cuerpo y, sin saltar, un movimiento deslizado, suave y acompasado de los pies. Al terminar, las parejas van en pasacalle acompañados de la Banda, que toca la música típica de las Fiestas. El recorrido termina siempre en la Piscina Azul, donde vuelven a bailar el “Ball Pla”. Entonces, la fiesta sigue con las actuaciones de la Banda contratada.

     Antes, la fiesta era responsabilidad de los administradores y había una gran rivalidad entre los barrios para organizar la celebración más lucida. A día de hoy, una Comisión se encarga de las Fiestas en su totalidad, pero cada uno de los barrios aún conserva elementos característicos. El de las Acelgas es presidido por manojos de acelgas grandes y espigadas que cuelgan de la Calle Mayor. El barrio del Burro, por su parte, es presidido por un gran burro de cartón. Además, el barrio del Gigante cuenta con la Pareja de Gigantes y el barrio del Ninot es presidido por los Cabezudos.

     No se puede determinar con exactitud la fecha de instauración de estas fiestas, solo por suposiciones se cree que empezaron entre el 1780 y 1785. Desde entonces se han celebrado ininterrumpidamente excepto los años 1937 y 1938, como consecuencia de la guerra civil. El fundamento de estas fiestas era rendir culto al Santísimo Sacramento con oficios solemnes. Qué lo sepáis.

 

       En lo que respecta a la excursión os diré que en ningún momento, tuvo desperdicio alguno. Esta semana, por el tema de las votaciones, me tocó salir desde la plaza, donde nos juntamos el Marc Sánchez, Dani Cánovas (su padre progresa adecuadamente cosa que nos alegra a todos), Pastillas, Sergi, Balbis, el Maño, que desapareció después del reagrupamiento de la rotonda de Piera, y el Cinto, a los que se nos unieron el Rafa, el Marc Ortega y el Seve a nuestro paso por S. Justo, el Oscar en Molins de Rei y el Fede no recuerdo dónde.

     Venía avisando el Dani de que nos iba a “sacar los ojos” en su terreno. Dicho y hecho; ya por “El Plà” nos dejó una muestra de cómo nos iba a poner de guapos cuando llegáramos a la carretera de “la Ferralla”. Sin embargo no fue el único que, en cabeza del grupo, tiraba como si le fuera la vida en ello. También el Marc Sánchez, tan buen rodador como el Dani, contribuyó a poner el grupo en fila y bien estiradito. Así que, con el grupo bastante estirado llegamos al Congost donde el Marc Ortega le dio “plaka, plaka” al Pastillas en el típico sprint (después lo pagaría caro).

       Continuamos hacia Piera con el ánimo dispuesto en la batalla que nos iba a deparar los 16 kilómetros hasta el siguiente reagrupamiento en la Rotonda de acceso a Hostalets, a escasos 500m. de Piera. Un terreno que por ser de continua ascensión es más propicio para escaladores como el Marc Ortega y el Pastillas.

      Se rodó en grupo más o menos compacto hasta el repecho de la Beguda donde el Pastillas abrió gas y se marchó con el Marc Ortega a su rueda. Perfecto se marchaban los dos gallitos y el resto del grupo compuesto por el Rafa, el Oscar, el Cinto, el Fede y el Marc Sánchez, continuaríamos a buen ritmo sin sobresaltos ni ataques inoportunos. Algo más atrás venían el Maño, el Dani, el Sergi, el Balbis (con una evidente falta de entreno) y el Seve, a quien este año veo algo flojito.

     Sin embargo la cosa no resultó así. Poco después del ataque del Pastillas y el Marc Ortega, apareció, viniendo de cara, Dios sabe de dónde, el Nico que, dando media vuelta, se unió al grupo para ponerse en cabeza a “tirar” en persecución de los dos fugados. Como era de esperar lo que momentos antes prometía ser un ritmo más o menos cómodo, se convirtió en una batalla que parecía ser “la madre de todas las batallas”.

     La distancia entre los fugados y el grupo encabezado por el Nico, se fue reduciendo poco a poco y, finalmente, con un fuerte relevo del Rafa, siempre generoso en el esfuerzo, fueron cazados.

     Sin embargo, cómo nunca se sabe lo que es mejor y lo que es peor, en esta ocasión alcanzar a los escapados contribuyó a avivar la batalla. Volvió a demarrar el Pastillas, volvió a coger la rueda el Marc Ortega, para ceder poco  después. Volvió a ponerse el Nico a tirar en cabeza del grupo que se partió en dos. El Marc fue alcanzado y se formó un primer grupo persiguiendo al Pastillas, formado por el Nico, el Marc Ortega, el Cinto y el Oscar. Un fuerte relevo del Oscar, hizo desistir al Cinto que se soltó optando por relajarse y cubrir al “tran, tran” los escaso dos kilómetros que faltaban para el reagrupamiento. Y así terminó “la madre de todas las batallas”. Primero el Pastillas, después el trío compuesto por el Nico, el Oscar y el Marc Ortega y después el grupo encabezado por el Rafa que dio alcance al Cinto justo a la entrada de la rotonda, en el que estaban el Marc Sánchez, el Fede y…no recuerdo si alguien más.

     Se habían cubierto casi 45 kilómetros, las piernas empezaban a estar “blanditas” o  cada vez más duras, según se mire, y faltaban por cubrir otros 30 kilómetros con la ascensión final al Coll del Bruc, Quizás fue esa la razón por la que, a partir de Piera el ritmo fue bastante moderado o talvez fue el pensamiento puesto en la citada ascensión lo que contribuyó a que los “primeros espadas” pastillas, Nico y Marc Ortega, se contuvieran de atacar.  Así se llegó al siguiente reagrupamiento de Capellades donde nos refrescamos y repusimos el agua de nuestros bidones en la  típica fuente de la “Creu de Terme”. Pero si los últimos 20 kilómetros que faltaban por cubrir habían generado expectativas de nueva batalla, esta se vio desvirtuada por un despiste que, en una de las rotondas, sufrió el Dani que se fue en dirección a Igualada. Se quedaron a esperarlo el Nico, el Pastillas y el Seve, mientras que el resto decidimos continuar para ganar tiempo. Finalmente, ya en la ascensión al Bruc, se marcharon el Oscar y el Marc Ortega por delante, seguidos por el Rafa, el Cinto y el Marc Sánchez. Algo más atrás subían el Fede y el Sergi. En un punto de la ascensión nos encontramos al Párraga que vino en coche, y nos sacó algunas fotos.

    Y llegó el momento de tomar el alimento. Nos encontramos al Bartolo en el restaurante y no tardaron en llegar el cuarteto que faltaba como consecuencia del despiste del Dani. Nuestro ágape dominguero, que transcurrió entre candongas y pitorreo como suele ser habitual, sació nuestro acostumbrado atroz apetito después de haber pedaleado 70 kilómetros. El condumio fue correcto y  no se hizo esperar, cosa que siempre es de agradecer. Después, con el estómago en calma llegó la ocasión de tomarnos la infusión y la camarera muy atenta nos presentó la cuenta, que pagamos muy ufanos para irnos “chino chano”, no sin dejar de posar para la foto tomar, que el Rafa muy contento nos hizo con gran talento.

     Rimas aparte (de vez en cuando le da a uno la vena poética, aunque rimar octosilábos resulta bastante fácil), la ruta de regreso no presentaba demasiadas dificultades a excepción del kilometraje; 60 kilómetros hasta Hospitalet que después de la dureza de los setenta kilómetros de la ida, se corría el peligro de que a más de uno se le apareciera “el tío del mazo”.

     Pero el descenso de los 20 kilómetros hasta el reagrupamiento de Olesa, salvo algún despiste, fue plácido. La penúltima batalla estaba por llegar. Y llegó.

A penas los más rezagaos llegaron a la rotonda de Olesa, los primeros en arrancar fueron el Pastillas y el Marc Sánchez que tomaron una cierta ventaja. Mientras, en el grupo perseguidor el Nico y el Marc Ortega tomaron el mando de la operaciones y, a relevos, se pusieron a tirar a la caza de los escapados. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la desventaja del grupo, que perdió algunas unidades, no decreció. Finalmente el Marc Sánchez no pudo aguantar el fuerte ritmo de Pastillas y fue cazado en el puente antes del Congost, pero no el Pastillas que llegó primero y sobrado al último reagrupamiento del Congost.

      Y tal como he dicho antes, esta fue la penúltima batalla porque la última se libró desde la  carretera de La Ferralla hasta Molins de Rei como si los kilómetros y  los esfuerzos no hubieran hecho mella en ninguno de nosotros. La batalla finalizó con un último demarraje del Pastillas a la entrada de Molins de Rei, al que respondieron el Nico, el Rafa y el Cinto. Consultado mi cuentakilómetros en Molins de Rei 1marcaba una distancia de 117 kilómetros a una media de 27,22 kilómetros hora, lo que dará una idea de a qué ritmo se rodó.

      Y esto es todo lo que dio de sí mis queridos amigos y amigas, la bonita excursión al Bruc. Una excursión en la que pudimos disfrutar, además de esas duras batallas que os he narrado, de unos bellísimos parajes, como lo son sin duda, los que enmarcan la emblemática comarca del Anoia, además de la presencia, siempre grata, de los compañeros participantes

     Para terminar. Repasad bien las bicis y si tenéis algún problema ya sabéis que nuestro compañero y amigo Rafa, tiene manos de plata para solucionarlos. Os lo digo por propia experiencia y no olvidéis que la hora de salida de la  próxima excursión, la Tarragona Clasic, es a las 6,30h

     Hasta la próxima un abrazo.

     Cinto; (el viejo globero)