LAS CRÓNICAS DEL CINTO (el viejo globero)

14. feb., 2019

     De recién casados, a mi mujer y a mí nos encantaba dejarnos notas por toda la casa, tales como; “Te echaré de menos”, “No puedo vivir sin ti” y cosas por el estilo.

     Cierto día, mencioné con añoranza que no nos habíamos dejado notas como aquellas en mucho tiempo. A la mañana siguiente después de que mi mujer se marchara a trabajar (ella regentaba una peluquería en el Pueblo Nuevo, yo conducía un taxi y gozaba de mi día de descanso semanal), encontré un pedazo de papel cerca de la cafetera. Halagado leí: “Hola cariño, aprovechando que hoy tienes fiesta, pon la ropa sucia en la lavadora, sobre todo separa la ropa negra de la de color, luego la tiendes. Te dejo la lista del super. No vendré a comer. No te olvides de dar la medicación a mi madre y vigila que no se ponga sal en la comida. Y no te olvides que la canguro no podrá ir a recoger a las niñas cuando salgan del colegio. Te quiero”

     Así es la vida.

     No conozco a ninguna mujer, ya sea niña o adulta, que se llame Austreberta ni creo que la vaya a conocer jamás y si alguno de los que lean esto conoce alguna, que intente consolarla como mejor pueda o sepa. El caso es que coincidiendo con la segunda excursión puntuable del Velo, se celebraba el pasado domingo, día 10 de febrero, la festividad de Santa Austreberta y, según la tradición, cuenta que Austreberta salió a buscar a un burro desaparecido que trabajaba para los monjes del monasterio llevando la colada. Siguió un rastro de sangre hasta llegar a un lobo. Éste admitió haber matado al burro. La santa le perdonó, pero le mandó a ser él mismo el quien llevara la colada. El lobo hizo esta tarea el resto de su vida.

      Pero volviendo a lo que fue la excursión, diremos que, además de gozar de una mañana casi primaveral y con un tiempo excelente, la participación fue de lujo.

      Le tocó, a quien esto escribe (el Cinto para más señas por si alguien todavía no se ha enterado), salir esta vez desde su casa de la calle Entença, Llegué justito al Mercado de Collblanc, después de saltarme, por la Travesera de Les Corts, no sé cuántos semáforos, hasta ser adelantado por un coche patrulla de los Mossos. No tuve más remedio que pararme en el de la Riera Blanca. El coche patrulla paró a mi altura, pero afortunadamente pasaron de mí sin ni siquiera dignarse a dirigirme la palabra (mal educados). Llegué a la plaza, saludé a los allí presentes (el Pastillas, al que habrá que dejar de llamar el Presi, el Jordi Monsó, el Álvaro, el Balbis, el Sergi y el Iván y, sin más dilaciones emprendimos la marcha. A nuestro paso por  Esplugues, S. Just y Molins de Rei, se fueron añadiendo al grupo el Marc, el Seve, el Rafa, el Perona, el Raúl, y el Oscar, que junto a los anteriormente citados más un servidor, formamos una respetable grupeta de trece Velos (no soy supersticioso). Llegados a la rotonda de acceso a Castellbisbal, se borraron del grupo el Balbis, el Jordi Monsó y el Perona quienes optaron por la ruta directa de Can Viver.

     La ascensión hacia Los Once, por Castellbisbal, siempre se presta a grandes batallas. Superados los dos primeros kilómetros el desnivel se suaviza ligeramente con algunos tramos de falso llano que ofrecen un pequeño descanso que ayuda a recuperar el aliento. Si bien, el tramo más duro se encuentra en los últimos dos kilómetros, sobre todo cuando se  gira a la derecha en el cruce con la carretera C-243c, hasta alcanzar la cima de Los Once. Lamentablemente no me es posible explicar el desenlace de la batalla que se libró porque nada más empezar la ascensión, decidí borrarme del grupo y cubrir la ascensión al “tran–tran”, en compañía del Seve. Sin embargo cabe suponer que, como viene siendo habitual, el primero en coronar debió de ser el Pastillas.

     Después de reagruparnos emprendimos el descenso hacia Terrassa, con el Rafa en cabeza. Hay que señalar, para hacer justicia, que, si escalando el Pastillas está intratable, bajando quien marca la pauta es el Rafa. En mi opinión, si algo entiendo de globeros después de algo más de sesenta años de experiencia en este deporte, afirmo que es nuestro compañero Rafa, quien mejor baja de todos nosotros. Faltaban 15 kilómetros por cubrir hasta S. Quirze y después de un veloz descenso, en el que mi cuenta kilómetros marcó una velocidad máxima de 68 km, enfilamos los últimos 10, repletos de toboganes con el Rafa siempre en cabeza  de un grupo, que en algún momento llegó a romperse, siguiendo su estela.

      Llegamos sin más novedades a S. Quirze donde nuestro ágape reponedor de fuerzas, tuvo lugar, como es habitual, en el bar de la Plaza de la Vila, “Bar hermanos Bravos”, donde nos estaban esperando, además del Perona  el Jordí Monsó, y el Balbis; el Fede, el Bartolo, el Joaquín y la familia Cánovas (Manolo, Isabel y Dani). Total un estupendo grupo y un mejor ambiente; 16 en bici Más los tres de la familia Cánovas, en coche.

     Saciado nuestro voraz apetito con los suculentas viandas que nos depara la, siempre exquisita cocina catalana (truita amb pernil, truita amb tunyina, llom amb formatge, etc), nos hicimos la foto de familia y tomamos nuestras respectivas monturas de carbono y aluminio, para emprender la ruta de regreso que comprendía 10 kilómetros hasta Cerdanyola y 7 de ascensión al Forat del Vent.

     Se cubrieron a buen ritmo los primeros 10 kilómetros y se disgregó el pelotón en la ascensión al Forat del Vent. Se marcharon el Pastillas y el Álvaro por delante, mientras que por detrás con el grupo totalmente fraccionado, rodaba el Marc, el Raul, el Oscar, el Cinto, el Rafa y el Sergi, con escasa diferencia entre ellos. Algo más a tras lo hacía el Seve y el resto del grupo.

      Finalizada la batalla decidimos reagruparnos al final del descenso, en la Ronda de Dalt, a partir de allí rodamos todos juntitos hasta Pedralbes, donde el cronista, o sea yo mismo por decir algo, se despidió del grupo contento y feliz por la agradable excursión vivida y más chulo que un ocho.

     Así es la vida.

     La excursión del próximo domingo día 17, está programada a Las Carpas. La ruta de ida pasa por Molins de Rei, Terrassa, Viladecavalls, Olesa y finaliza en el Restaurante Casa Pedro, entre los kilómetros 4 y 5 de la carretera de Olesa .

     La ruta de regreso, por Martorell, Molins de Rei, Sta. Creu d’Olorde y Tibidabo, para los más atrevidos y Molins de Rei, S. Feliu, S. Just, para los que su cuerpo les diga “por hoy es suficiente”.

     Por cierto, el día reseñado (17 de febrero) se conmemora el nacimiento del poeta del romanticismo, Gustavo Adolfo Bequer. Uno de mis poetas favoritos del que os hablaré en mi próxima crónica.

      Un último recordatorio para despedirme. Limpiad y engrasad bien vuestras bicis y si tenéis algún problema no dudéis en llevarla a la tienda taller de nuestro amigo, compañero de fatigas y mecánico de confianza, Rafa Marco, de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet.  Ya sabéis que todos los socio/as del Velo, gozamos de un 10% de descuento en material y mano de obra.

      Un consejo de viejo: Luchemos por cosas lo bastante grandes para que nos importen y lo suficiente pequeñas para que podamos alcanzarlas.

     Así es la vida.

     Hasta la próxima;

     Cinto (el, cada más, viejo globero).

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