LAS CRÓNICAS DEL CINTO (el viejo globero)

18. abr., 2019

UN OLVIDO INCOMPRENSIBLE    

     Un profesor de matemáticas entró en el aula para dar la clase y en el escritorio encontró un sobre dirigido a el. Lo abrió y en su interior halló una nota que ponía; “Imbécil”

     —Vaya —exclamó— es la primera vez que alguien firma una nota y se olvida de escribir el mensaje.

     Así es la vida.

    Els Hostalets de Pierola, lugar de destino de nuestra próxima excursión, pertenece a la comarca del Anoia y son muchas las leyendas que se cuentan sobre esta comarca y sus treinta y tres municipios. Una de ellas es la que se refiere al “Mercat de Calaf”   

     El “Mercat de Calaf” había sido otrora uno de los mercados
 más importantes de Cataluña; sin embargo, no es a la concurrencia que 
llamaba, ni al dinero que hacía correr a lo que debe su celebridad.

     No, no es su importancia mercantil sino un incidente extraordinario lo que le dio la fama que fue perpetuándose de siglo en siglo.

     Calaf es un lugar frío, tan frío que sus inviernos se consideran los más riguroso del Anoia y, con todo y serlo tanto, de súbito hubo uno, tan superior a todos los habidos y por haber, que un día de mercado, cuando toda la plaza estaba llena de ganado y de compradores, sobrevino una helada tan horrorosa que las palabras se helaban en salir de los labios.

     Todo el mundo trataba y contrataba, todo el mundo pedía y ofrecía, pero no se sentía nada; y ¿cómo debía sentirse si, como os digo, al momento de brotar las palabras se helaban?

      Pero el día fue avanzando, cobró fuerza el sol y al fin empezó el deshielo cerca del mediodía; y así como se fue deshelando el agua, se fueron deshelando todas las palabras que durante aquella mañana se habían ido helando por la plaza.

     ¡Ah, queridos amigos y amigas! ¿Os imagináis el revuelo que se produjo de repente?

     Quant d'aquest matxo? -Compreu-me aquest porc! -Tres unces! -Vint-i-quatre dobles! -Aquest parell de bous queda per mi! -Ja us el podeu mirar per tots cantons. -Set unces. -No tira pas guitzes? -Ni mitja dobla menys! Etc, etc.

     Es decir, que entre las palabras que se deshelaban y los gritos de los que querían hablar y no podían hacerse sentir, resultó tal alboroto y tanta confusión que no hubo manera de hacerse entender.

     Y según unos, el mercado de Calaf se acabó a palos; según otros, huyendo todos con las manos tapándose las orejas.

     El resultado de esto fue que el término Sembla un Mercat de Calaf, se fue extendiendo hasta nuestros días para referirse a los típicos mercadillos que se celebran por las distintas poblaciones de Catalunya, como sinónimo de griterío y algarabía.

     Y si hablamos de leyendas, nuestro Club continúa forjando las suyas con las, siempre interesantes y amenas excursiones que domingo tras domingo, se organizan por las distintas comarcas de nuestro entorno barcelonés. Basta recordar la última por la comarca del Alt Penedés a S. Pere de Riudebitlles

     Este municipio recibe su nombre del riu Bitlles, el cualtiene su origen en varias rieras que se forman en Rofes y Mediona hasta formar la Riera de Mediona. Pasado S. Quintín toma el nombre definitivo de “Riu de Bitlles” y después de pasar por S. Pere y Torrelavid, desemboca en el Anoia, en S, Sadurní. Por cierto, la palabra “bitlles” proviene del latín “berulas”, que es como se llamaban los berros, esos que nos comemos en las ensaladas, cuyo nombre científico es nada menos que Nasturtium officinale, y que son muy beneficiosos para la salud porque contiene gran cantidad de calcio, hierro, yodo y ácido fólico (se dice que mi contemporáneo Carlomagno, emitió una orden para que se cultivaran en sus campos. Que lo sepáis).

     Y después de esta parrafada, a lo que iba. Fuimos trece los participantes a la, ya mencionada, excursión del pasado domingo a S. Pere de Riudebitlles (debido a sus compromisos familiares, nuestro compañero Blas se dio la vuelta en el reagrupamiento de Gelida).  Los trece de la partida fuimos en primera instancia, el Pastillas, el Seve, el Rafa, el Miquel, el Fede pajarero, el Oscar, el Sergi, el Maño y el Cinto Los cuatro restantes, el Paco Perona (por fin le vimos el poco pelo que le queda), el Manel, el Pescaíto y el Joaquín,  salieron un poco antes y nos esperaron en el restaurante La Brasería.

          Me uní al Fede después de Molins cuando iba en dirección a la carretera de la Ferralla. Comentábamos sobre el tiempo y lo fresquita que estaba la mañana, cuando nos alcanzó el grupo por la mencionada carretera. Hubo un pequeño parón de reagrupamiento en el Congost y reemprendimos la marcha hacia Martorell para tomar por la C-243b, en dirección a Gelida.

     Parece ser que, a falta de alguien capaz de plantarle cara al Pastillas (se me hace raro que no se aburra), las batallas quedan circunscritas al grupo del Rafa, el Miquel, el Oscar, el Sergi, el Cinto y, ocasionalmente, el maño cuando aparece. Al Fede le toca “navegar” entre dos aguas y al Seve le veo falto de ritmo últimamente.

      Me impliqué en la batalla después del reagrupamiento de Gelida (hasta entonces estuve haciendo compañía al Fede) y puedo dar fe que el ritmo al que se rodó no tuvo nada de tranquilo. Con el Pastillas jugando con nosotros y los demás intentado seguir su rueda, el grupo se fue disgregando hasta el extremo de que se llegó de uno en uno al siguiente reagrupamiento de S. Sadurní, con el intatrable Pastillas primero, seguido del Rafa, el Maño, el Cinto, el Miquel (siempre guerrero y batallador), y el Sergi y el Oscar y el Seve, Los 10 kilómetros restantes hasta S. Pere, fueron más tranquilos y llegamos todos juntitos con paz y amor, a nuestra cita con el restaurante La Brasería donde, como queda dicho, nos esperaban, además del Joaquín, el Perona, el Manel y el Pescaíto, un suculento y reparador bocata con el que saciamos nuestro perruno y voraz apetito.

      Transcurrió nuestro yantar con toda la solemnidad y seriedad que nos caracterizan, saltando a la vista, para cualquier observador que estuviera pendiente de nosotros, que somos un grupo muy serio y formal en el que se debaten temas tan trascendentales como  quien es capaz de contar el peor chiste. En esta ocasión no hubo nadie que destacara, ni siquiera el Presi ni el Cinto.

     Saciado el apetito, pagada la cuenta y debatido el trascendental tema de los chistes malos, tomamos la dura decisión (no cabía otra), de regresar hacia el punto de partida. Para ello debíamos de cubrir 25 kilómetros hasta el punto más elevado de la excursión, o sea la cima del Ordal que después un placentero descenso de 15 kilómetros nos dejaría en Molins de Rei donde algunos –el Rafa y el Pastillas, para ser exactos–, tomarían la carretera de Sta, Creu d’Olorde y ascenderían al Tibidabo, para “hacer tiempo” por no llegar a casa demasiado pronto y no tener que pisar el suelo recién fregado por sus respectivas cónyuges, Clara y Rocío, con la consiguiente “forcata” que ello supondría.

     Pero, superados los primeros 10 kilómetros, la ruta de regreso nos deparó una bonita batalla. Descartado el Pastillas que, como queda dicho, está intatrable y hoy por hoy no hay en el grupo nadie capaz de seguir su rueda, nos enfrascamos el Rafa y un servidor en una escapada que duró hasta la N-340, pasado el Portazgo, donde da comienzo el primer repecho antes del Ordal, cuando el Oscar nos pasó como el expreso de medianoche arrancándonos las pegatinas. Se marchó el Rafa a su rueda dejándome solo y abandonado. Para ser sincero confieso que tuve un momento de duda de si me unía o no a ellos, pero fue solo un momento porque pronto me percaté de que semejante temeridad sería un tremendo error teniendo en cuenta el estado de mis maltrechas piernas. En fin, continué a mi ritmo viendo como los dos componentes del trío cantamañanas, (el tercero era yo), se alejaban cada vez más hasta convertirse un lejano punto en el horizonte.

     Alcanzada la cima no tardaron en llegar el resto del grupo; el guerrero Miquel, junto al Sergi rodador, después llegó el Maño (aún no sé cómo se llama), el Voluntarioso Fede y, finalmente una grupeta formada por el Joaquín, el Manel, el Seve, y el Pescaíto.

      Se marcharon antes el Pastillas y el Rafa para cumplir con su obligación de “hacer tiempo” para no llegar a casa demasiado pronto y hacer un “Tibi”, mientras el resto nos reagrupamos para descender tranquis y disfrutar del “premio” de los 15 kilómetros de bajada hasta Molins de Rei donde, una vez más, me despedí del grupo, esta vez con más gloria que pena después del placentero descenso, para dirigirme a mi morada donde mora la Gloria que en mi pecho mora (es un juego de palabras, pero supongo que se entiende).

     Me despido con el consejo de siempre; repasad las bicis y si si se han de reparar, ya sabéis; Bicicletas Marco, calle Renclusa, 50, de l’Hospitaet. 10% dcto. en material y mano de obra.

     Hasta la próxima un fuerte a brazo a todos ya todas.

     Cinto (el, cada vez más, viejo globero).

 

 

    

    

    

     

 

18. abr., 2019

Perfil ruta 12ª excursión; Hostalets de Pierola; ida, Molins, Olesa, Esparraguera, Hostalets. Regreso; La paradeta, S. Sadurní, Gelida, Martorell, Molis de Rei

10. abr., 2019

     Nueva salida del Velo en un 7 de abril

     En un 7 de abril, pero de  1795, una tal Josefina le dijo a Napoleón; “El domingo tenemos que ir al desfile de nuestras tropas”. A lo que Napoleón contestó: “¡No jodas que este domingo la salida del Velo es al Rat penat!”.

     Después de esta anécdota que no por falsa deja de ser cierta, queridos Velos habréis notado que no soy el viejo globero, sino un aprendiz de globero.

     ¡La salida de hoy tenía su dureza y la verdad es que muchos se hicieron un poquito de caquita!

     Salimos de la plaza  el José Vicente, el Sergi y un servidor que por las tonterías que llevo dichas ya habréis adivinado que soy el presi. En S. Just se nos unieron el Rafa y el Izquierdo, más adelante se unió el Oscar ironman y subiendo el Ordal, que esta vez fue con paz y amor, alcanzamos al Luque, al Pesacaíto y su lerele y en la parada del bus nos esperaba el grupo C. formado por el Joaquín, el José María, el Manel y el Maño.

     Me había dejado de nombrar al Blas que también se nos unió al grupo por Molins de Rei. Después de reagruparnos fuimos por la 340 hasta la rotonda que se desvía hacia S. Pere de Molanta, pero el grupo principal (o principiante), decidió irse de turismo por el Penedés, finalmente nos pudimos reunir todos en el bar que había elegido nuestro capitán y almorzamos como está mandado, aunque esta vez no hubo chistes porque nuestro abuelo Cinto no pudo salir con nosotros porque tenía una mudanza de pirámide.

     En la vuelta se produjo una canaleta global y solo el Capi, el Rafa, el José Vicente, el Maño el Oscar y yo, nos adentramos en el Rat penat, que todavía se nos hizo más complicado porque además de sus rampas nos encontramos con unas obras a medias que dejaban el asfalto en muy mal estado y lleno de gravilla que complicaban algunos tramos de bajada, si no, que se lo pregunten al Oscar que en una curva tuvo que hacer un recto, pero por suerte sin daños. Y para finalizar llegamos con suficientes arrestos para hacer la foto en la famosa “bola”. Después bajada con mucha pendiente hasta el pie de costas y autovía a buen ritmo, pero en grupeta.

     En la rotonda del Prat  os volvimos a reunir con los demás Velos y cada cual a su casa después de otro gran día de ciclismo con el Veloclub. Así que, recuerda, si tienes ganas de bici y de cachondeo únete a nosotros y no te arrepentirás y si te arrepientes, pues el próximo domingo quédate en casa ¡aguantando a tu mujer!

   

 

10. abr., 2019
10. abr., 2019