30. ene., 2020

Texto

     Hola a todos mis queridos amigos y amigas del Velo. Bienvenidos de nuevo a “Las Crónicas del Cinto –ese viejo globero–

        Antes que nada,  deseo agradecer públicamente, la calidez y el entusiasmo con que acogisteis mi primera novela, Asesinato en Diferido, y también las felicitaciones y comentarios recibidos que me han llenado de satisfacción y orgullo.

     Muchas gracias a todos y a todas con mi deseo de que la próxima, sea acogida con el mismo entusiasmo y reciba los mismos elogios.

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ASÍ ES LA VIDA

      Después de licenciarme del servicio militar cumplido en África, me puse a trabajar de taxista en el taxi propiedad de mi futura suegra. Cierto día en el que llevaba a mi novia a pasear con el taxi, aproveché la parada de un semáforo en rojo para besarla. Sucedió que al hacerlo, imperceptiblemente, el coche se deslizó hacia adelante y colisionó ligeramente con el vehículo precedente. El conductor de dicho vehículo se apeó para comprobar si habían desperfectos, miró hacia el interior del taxi y exclamó:

     ¡Vaya, un taxista con dos cabezas y de qué le sirve!

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LA HISTORIA

     .  Quedó a tras el año 2019 y quedaron a tras esos dos meses, diciembre y enero, en los que supuestamente, “disfrutamos de descanso, relax y amena tertulia” en el tan conocido y emblemático Bar Lloret, de Castelldefels, y como viene siendo habitual, con la llegada de “febrerillo el corto, un día peor que otro”, según el año refranero; saludamos la  nueva temporada en la que, treinta y cuatro emocionantes excursiones, con 102 puntos en litigio de que consta el Campeonato de Cicloturismo, 2020, nos esperan,. ¿Quién será el vencedor?

      Una de las novedades que nos trae este año 2020, es la celebración del 50º aniversario de la fundación de nuestro club. Cincuenta años plagados de historia e interesantes anécdotas sin duda. Pero la historia de los orígenes del Velo viene nada menos desde mediada la década de los años 50, del pasado siglo. Una historia que un servidor, quien esto escribe, ha tenido la suerte de vivir desde el principio y que guarda en su memoria como si de un valioso tesoro se tratara.  Y que para conocimiento y solaz de todo/as, me voy a permitir ir desgranado a lo largo de mis crónicas.

     Para empezar, os diré que contaba yo con, no más de diez u once años cuando se originó esta emocionante historia que ha acabado desembocado en el mencionado 50º aniversario del Velo.

     Todo empezó en la calle Farnés de l’Hospitalet, donde a la sazón, estaban ubicados los desaparecidos encantes de este municipio.  Una de las paradas de estos encantes, pertenecía a un tal Diego Hernández, vieja gloria de ese esplendoroso y nostálgico pasado de nuestros orígenes como club,  a quien tuve el placer de saludar en febrero del pasado año, en el almuerzo de “Viejas Glorias” que como cada año se viene celebrando en el mes de febrero en Casa Laura.

      Casi podríamos afirmar que fue el mencionado Diego Hernández, el precursor de que se formara una colla de aficionados que con el paso del tiempo, derivó en la formación de nuestro club.

     Mientras nuestro amigo Diego reparaba bicis y vendía material para las mismas, era su parada lugar de reunión de varios aficionados al ciclismo, entre ellos mi hermano, seis años mayor que yo, precursor de mi afición al ciclismo, fallecido hará tres años el próximo mes de junio,

     Ni qué decir tiene que, espoleados por el propio Diego, este grupo de aficionados,  pusiéronse de acuerdo un cierto domingo por la mañana para ir de excursión, –la primera de ellas y la que marcó un hito en la historia que nos ocupa–, nada menos que a Montserrat

     Seguro que a muchos de los que lean esto, sobre todo a los más jóvenes, les parecerá que una excursión a Montserrat, no es nada extraordinario Pero para entender el gran reto que, a la sazón, esto suponía, deberíamos situarnos en el contexto  que da principio esta historia.

     Para empezar os explicaré cómo eran las bicis de entonces. Cierto que algunos materiales, como por ejemplo el cambio y el desviador Camapagnolo, o el piñón Regina de cinco coronas de 14, 16, 18, 20 y 22 dientes respectivamente, empezaban a verse en algunas bicis. Pero solo aquellos que poseían un cierto poder adquisitivo que era los menos, podían permitirse montar en sus bicis algunos de estos  componentes, además de puentes y manetas de freno de aluminio, de la marca  “Universal”.  Llantas de la marca Akront de 36 radios en las que se montaban tubulares de la marca Galindo. Tubulares que costaba horrores adaptar a la llanta cuando eran nuevos y que con el uso, se convertían en una especie de manguera que podían salirse de la llanta en cualquier curva.

     Era el barrio de l’Hospitalet, donde se desarrolla esta historia, un humilde barrio obrero  en el que, sin querer faltar el respeto a nadie, si no había más miseria que otra cosa, poco le faltaba. Consecuencia de ello era que las bicis de aquellos aficionados, incluida la de mi hermano (que más tarde yo heredé), además de pesar catorce o quince quilos –podéis creerme que no exagero—, la mayoría de ellas solo disponían de un cambio de marchas de la marca “Simplex”, de tres coronas de 14 16 y 18 dientes respectivamente, y un plato de 46 dientes. El resto de componentes, cuadro, manillar, tija del manillar (ahora le llaman potencia), tija del sillín, pedales, caja pedalier, plato y bielas, la mayoría, eran de acero y /o hierro. Y también muchos de ellos debían de conformarse con llantas de hierro con desmontables y cierres de palomilla. Como anécdota, os diré que todavía en esa época existían las llantas de madera (adjunto foto)

     Y, como la historia es larga, mis queridos amigo/as, y contarla toda en estas líneas se haría interminable, prefiero dejarlo aquí y, como en los culebrones de la tele, continuaré haciéndolo la próxima semana.

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LA CRÓNICA

    Nuestra primera excursión puntuable para el Campeonato de Cicloturismo 2020, programada a Castellbisbal, aun  no siendo demasiado larga –65 km–, no deja de tener ciertas dificultades que la pueden hacer bastante dura si se toma con demasiado ímpetu.

     Habrá que salvar, en la ruta de ida, parte de la ascensión de “Los Once”, hasta el cruce de Castellbisbal, también conocido como el alto de “Can Canyadell”. Siete kilómetros de ascensión con una pendiente media del 3,27%, no demasiado exigentes, pero que pueden pasar factura en la ruta de regreso si no se afrontan con cierta reserva teniendo en cuenta que estamos a principio de temporada.

      La ruta de regreso, aunque corta (solo 30 km), puede hacer mella en algunas piernas, si no se tiene en cuenta que, a partir de Rubí, la carretera es un continuo sube y baja rompe piernas, en la que habrá que salvar los dos fuertes repechos de Valldorex (véase perfil), para culminar con la última ascensión, de algo más de dos kilómetros con un desnivel medio del 3,2%, hasta la plaza de Vallvidrera.

     Así que, mis queridos amigos, amigas, consocios y consocias, repasad bien las bicis para que nada falle y podamos todos y todas disfrutar de esta bonita excursión, primera del calendario, con el júbilo y el entusiasmo característicos de nuestro club.

     Ah, y si algo de vuestra bici no funcionase como es debido, ya sabéis que nuestro mecánico de confianza Rafa Marco, os la deja en perfectas condiciones en un pis pas.

       Hasta la próxima recibir todo el cariño de este viejo globero, metido a escritor que tanto os aprecia.

      Cinto.