4. feb., 2020

Texto

     ASÍ ES LA VIDA

   Se cuenta que en cierta ocasión, el filósofo Ludwig Wittgenstein, se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega. Mientras esperaban se enfrascaron en una discusión de tal manera que no se percataron de la salida del tren. Al ver que el tren se alejaba Wittgenstein echó a correr en su persecución seguido de su colega. Wittgenstein consiguió subirse al tren, pero no así su colega.

     Al ver su cara de desconsuelo un mozo que estaba en el andén dijo:

     —No se preocupe señora, dentro de diez minutos sale otro.

     —Usted no lo entiende —contestó ella—, el había venido a despedirme.

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LA HISTORIA

     Continuando con la historia de cómo fueron los orígenes del Velo, nos habíamos quedado la semana pasada, en esa primera excursión a Montserrat que a la sazón, constituyó todo un reto para esos “locos con sus viejas y desvencijadas bicis”, precursora de las cientos de ellas que le siguieron posteriormente hasta llegar a nuestros días.

     No existía, por aquel entonces, el viaducto de La Puda (construido hacia 1968, creo recordar), ni la carretera C—55; ruta esta que solemos tomar frecuentemente, sobre todo cuando vamos a Montserrat. En la década de los 50, después de Olesa, la carretera terminaba en el, hoy abandonado Balneario de la Puda.

      La carretera que desde Olesa iba hacia Manresa era la que hoy conocemos como Ca n’Estruc, que  desde Olesa se toma yendo en dirección a Esparraguera y girando hacia la derecha una vez cruzado el puente sobre el río Llobregat.

     Pero la opción prioritaria que se solía elegir para ir a Montserrat, era tomar la N—II, que transitaba por el medio de  los pueblos de Martorell, Abrera y Esparraguera,  y girar a la derecha hacia Collbató, descender hasta el aéreo y dese allí hasta Monistrol.

      Otra opción era, ascender por los Brucs, (Bruc d’Abaix, Bruc del Mig y Bruc de d’Alt), hasta el cruce Can Maçana, y desde allí girar a la derecha hacia Montserrat. Pero debo confesar, y confieso que ignoro cuál de las tres opciones eligió el atrevido y valiente grupo.

     Otra de las cosas a resaltar es la indumentaria de que se disponía. Hablar de maillots y culotes, era hablar casi de ciencia ficción. Lo normal era llevar unos simples pantalones cortos, una camisa, y unas bambas. Aunque, algunos, los más privilegiados podían llevar zapatillas de ciclista que confeccionaba un tal Ribó, cuyo taller y tienda estaban en Pueblo Nuevo.

      También desayunar en un restaurante era como hablar de ciencia ficción. El bocadillo, envuelto en papel de periódico porque el papel de aluminio ni se conocía, se llevaba en un macuto cruzado a la espalda que, indefectiblemente se escurría hacia adelante una y otra vez, entorpeciendo el pedaleo. La costumbre era llenar los bidones de vino que se compraba a granel en algún bar o taberna,  y se desayunaba en el campo. Esta costumbre empezó a cambiar a principios de la década de los 70, a medida que poco a poco, fue aumentado el poder adquisitivo.

     En fin mis queridos amigos y amigas, como podéis comprender, ignoro quienes participaron en esa excursión (mi hermano y el mencionad Diego Hernández, seguro), y como concluyó, aunque imagino que en aquellas condiciones,  lo más probable es que las pájaras debieron de estar a la orden del día, sin embargo, es seguro que esta circunstancia no fue óbice para que ese grupo de valientes decidiera volver a reunirse  los subsiguientes domingos para nuevas excursiones.

P D. El punto de encuentro estaba en la calle Farnés de l’Hospitalet, frente a la parada de Diego Hernández.

     Continuará.

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     LA CRÓNICA

     Pues sí, mis queridos consocio/as, comenzó Campeonato de Excursionismo 2020, con la participación nada menos que de 21 asistentes en bici además de nuestro nuevo presidente el Dani y su madre Isabel, que vinieron en coche.

     Habrá que admitir que la ruta programada tuvo lo justo para ir cogiendo la forma  de cara a la nueva temporada. Pocos kilómetros, un puerto no muy exigente en la ida y un terreno en la ruta de regreso que, aunque no muy duro, era lo suficiente “pestosillo” como para ir afinando las piernas. Con el ingrediente además, del buen tiempo del que estamos disfrutando estas últimas semanas. Qué dure.

     Como la edad no perdona y uno va para los 76 (nada comparado con la inmensidad del Universo), y desde que tuve la caída en la Ruta del Opio, el pasado octubre que no levanto cabeza (en ningún sentido), me aparqué en Molins, frente al Mercadona y, piano, piano, me fui en dirección a la carretera de la Ferralla. Me encontré a los pocos kilómetros con el Fede pajarero y ambos formamos un “interesante dúo”  (el dúo anémico diría yo), que a nuestro ritmo, o sea al tran, tran, ascendimos “Los Once”, hasta el cruce de Castellbisbal, paraje conocido como Turó de can Canyadell (que lo sepáis), donde, teniendo en cuenta la bondad de los 5 km. de descenso que nos separaban del restaurante, decidimos esperar al grupo.

     ¡Ah, qué no se me olvide! Es posible que el dúo formado por el Fede y un servidor, no fuera tan “anémico” como podría pensarse, porque justo en la ascensión, llegando al cruce de Castellbisbal, alcanzamos a una grupeta de cuatro o cinco, que a mi juicio, estaban más anémicos que nosotros.

      Después de transcurridos varios minutos y cuando ya empezábamos a preguntarnos si no estaríamos confundidos con el grupo y este circulaba por delante de nosotros, vimos aparecer en solitario al, deportivamente “intratable”, Pastillas. Poco después llegaron el Oscar y el Miguel (Pibe 2). A partir de aquí ya no recuerdo en qué orden, pero fueron llegando, el Monsó, el Rafa,  nuestro nuevo compi José Manuel, el Sergi, el Pibe, el Raúl, el Seve, el Marcial, el Perona y el Camacho… no recuerdo si también estaba el Blas. El resto hasta los 21 (Bartolo, Párraga, Balbis, Joaquín, además del Dani (nuevo presidente y la Isabel), los encontramos en el restaurante.   

     No se detuvieron a desayunar, por tener otros compromisos, el Pibe 2 y el Oscar, el resto tertuliamos con gran regocijo, durante nuestro petit déjeuner, que dirían los franceses de Francia. Aunque a decir verdad poco tienen de petit los desayunos que nos suelen servir allá donde vamos.

       Fotos de familia, que por demorarme estuve a punto de no aparecer, y regreso directamente por Molins algunos o por Les Planes, los más.

       Decidí unirme al grupo de los más, o sea el de Les Planes, que rodó con mucha paz y amor hasta S. Caugat. Pero a partir de allí se acabó la paz, pero no el amor, el cual se manifestó en el reagrupamiento de la Plaza de Vallvidrera. Como era de esperar, tensó la cuerda el Pastillas, se estiró el grupo y pronto desaparecieron de mi vista el susodicho Pastilla, el Pibe, el Rafa, el Blas, el nuevo compi José Manuel, el Raúl, y el Sergi.

     En esta ocasión , el dúo anémico quedó constituido por el Monsó y un servidor, que piano, piano, fuimos haciendo camino. Alcanzamos al Sergi poco antes de el último repecho y, mira por dónde, el dúo anémico se convirtió en el trío “Los trimataos”. Pero como la temporada es larga y todavía nos quedan por participar en treinta y tres excursiones, no nos importó mucho. Ya vendrán tiempos mejores (eso esperamos).

    Es de suponer que fue el Pastillas el primero en llegar al reagrupamiento en la Plaza de Vallvidrera. Ignoro, por motivos obvios, en qué posición llegaron los que le perseguían; el Rafa, el Blas, el Pibe, el Raúl y el José Manuel. Por detrás, además de los ya nombrados componente del trío Los trimataos, fueron llegando el Perona, el Seve, y el Balbis.

    Después del reagrupamiento, hubieron tres valientes (Pastillas, Pibe y José Manuel) que decidieron “hacerse un Tibi”. A mí me quedaba por cubrir el tramo de Santa Creu d’Olorda y descender hasta Molins y mientras el Rafa se ofreció a acompañarme hasta Mas Pins, donde comienza el descenso hacia Molins, el resto descendieron por el Paseig de la Montanya, directamente a S, Just.

     Y esto fue todo lo que más o menos, dio de sí esta primera y bonita excursión a Castellbisbal. Otra más para explicar y otra más de la que disfrutamos tanto de la amistad y el buen rollo característicos de nuestro club, como de una ruta llena de encanto como lo es sin duda la carretera de Les Planes, acompañada además de un tiempo magnífico.

      Recodad que la próxima excursión está programada a S. Quirze del Vallés. La ida por Castellbisbal, Terrassa, Sabadell y S Quirze y el regreso por el Forat del Vent o por Rubí y Molis de Rei, según se prefiera.

      Y nada más, repasad las bicis y para cualquier problema ya sabéis donde está nuestro compañero, amigo y mecánico de confianza, Rafa Marco; C/. Renclusa, 50, l’Hospitalet de Llobregat.

     Hasta la próxima, un fuerte abrazo.

     Cinto (el viejo globero).