19. feb., 2020

Texto

CRÓNICA ALMUEZO SOCIAL LES CARPES 2020

     ASÍ ES LA VIDA

     La mayor de mis cinco nietas estudia arte dramático porque quiere ser actriz y  ha trabajado ya en varias obras, alguna como protagonista principal, otras como secundaria.

     Como podéis imaginaros, mi mujer y yo somos unos de sus más ardientes “fans” y no nos perdemos ninguna obra en la que ella participa.

      Sucedió que en ocasión de ser espectadores de una de esas obras, nos encontramos casualmente con antiguo amigo (también fue socio y excursionista del Velo), que junto a su esposa y otras parejas, bailaban por la sala durante entre actos.

     Sorprendidos ambos de encontrarnos allí, le dije que mi nieta era una de las muchachas que salían en la obra. Al preguntarme cuál de ellas era respondí sin vacilar; “La más guapa”

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     LA HISTORIA

     Hola a todo/as mis queridos amigos y amigas, continuando con la historia de los orígenes del Velo, nos habíamos quedado la semana pasada, en esas asistencias de “la Colla del Diego”,  al circuito de Montjuic cuando la “Volta” se disputaba en el mes de septiembre y la última etapa terminaba en dicho circuito.

     Tal como conté en mi anterior crónica, fue en 1954, la primera vez que mi hermano me llevó con el a presenciar esa última etapa. Y me siguió llevando los años posteriores hasta que en 1957, influenciado por la historias que mi padre contaba de su paso por la marina, en la que sirvió en un submarino (Submarino C –2), se alistó como voluntario y le tocó irse a hacer la mili a Cartagena, donde estuvo dos años embarcado en el destructor Lepanto, lo que supuso el final de su trayectoria como ciclista. Y el principio de la mía porque la bici (mi gran sueño dorado), quedó para mí, desde le primer día en que se marchó.

     También guardo en mi memoria, como si de ayer mismo se tratara, esas fantásticas etapas de ese ciclismo nostálgico que no volverá y que tuve la gran fortuna de  presenciar en directo.

     La última etapa del año 1955, partía de Vilanova i Geltrú y no era excesivamente larga. Tan solo 113 kilómetros y tenía como máxima dificultad, la ascensión a la Rabassada. Llegado el pelotón a sus estribaciones, se escapó el gran Bahamontes, que entró en el circuito con una cierta ventaja y ya no pudieron alcanzarle, pese a los esfuerzos de su eterno rival Jesús Loroño, quien lo intentó varias veces. Ni que decir tiene que a partir de ese día, junto a Miguel Poblet, fue uno de mis grandes ídolos.

     El vencedor final de la vuelta fue José Gómez del Moral y segundo el balear Gabriel Company, nada menos que a más de 11 minutos del primero. Impensable hoy día con el ciclismo modero.

    Una de las anécdotas de aquella “Volta” fue la disputa de la 10ª etapa, que en realidad era el segundo sector de la 9ª, que tuvo lugar en el autódromo Terra Mar, conocido como el autódromo de Sitges aunque en realidad pertenece a S. Pere de Ribes. Dicho autódromo que todavía se conserva y es visible desde la carretera C–246a, tiene una longitud de 2 kilómetros y en la etapa de referencia, los corredores dieron treinta vueltas, siendo el ganador un italiano llamado Franco Giacchero (que en su casa lo conocen a la hora de comer).

     Pero volviendo a lo que nos ocupa, otro de mis recuerdos de las actividades de “la Colla del Diego” (así es como ellos se autodenominaban), es cuando se les despertó la vena competitiva y se autoorganizaron una especie de prueba social a disputar entre ellos mismos, que consistió en dar cinco vueltas a un circuito al que le llamaban “el triángulo” y en el que en los años cuarenta y cincuenta se organizaron pruebas de F 1.

     El recorrido de dicho circuito partía desde el cruce de la Avenida del Generalísimo (actualmente Avenida de la diagonal), con la Avenida de la Victoria (actualmente Avenida de Pedralbes), en dirección a Esplugas, se ascendía hasta el cruce con la antigua carretera de Esplugas y se giraba a la derecha  hasta la Avenida de la Victoria donde se giraba de nuevo a la derecha y se bajaba hasta la Avenida del Generalísimo (la Diagonal). Unos cinco kilómetros aproximadamente.

    Para tal evento, entre m i hermano y el Cantería (suéter) confeccionaron un bonito cartel que colocaron  en el escaparate de la tienda de jerséis y géneros de punto de este último, en el que se podía leer lo siguiente:

«Gran matinal Ciclista organizada por el C.C.E.P.D (Centro, Ciclista, Excursionista, Pajaril, Diego),

en la que participarán numerosos corredores locales.

Se admiten primas (y sobrinas)

Firmado; La Pájara   y el Tablón ».

     El vencedor final sería el que pasara más veces primero por meta y el premio consistía en un simple ramo de flores que pagaron entre todos. Casualmente mi hermano que, aunque era mi ídolo, por las referencias que tengo andaba menos que el carrito de los polos, pasó tres veces seguidas el primero y ganó la prueba.

     Años más tardes en la década de los 60, estando yo haciendo la mili en el África misteriosa, se organizó una especie de, campeonato competitivo, en el que se proponía un tramo de la excursión y se puntuaba la llegada de los primeros. Acabó como el rosario de la aurora, pero eso es otra historia que narraré en su momento.

     Continuará.

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     LA CRÓNICA

     Celebramos el pasado domingo nuestro tradicional almuerzo social de principio de temporada. Este típico evento, que en esta ocasión tuvo lugar en el restaurante Casa Pedro de la urbanización Les Carpes, contó este año con la asistencia de una treintena de socio/as. Y, aunque hubieron algunas ausencias notables, como lo fueron sin duda, las de nuestro carismático, compañero, amigo y mecánico de confianza Rafa y su esposa Clara, aquejada de unas inoportunas molestias, además de otras ausencias (tampoco estuvieron el Sergi, el Camacho, ni el Oscar), no fue esto obstáculo para que la fiesta resultara ciertamente amena y agradable.

     Sin embargo, en contra partida a la ausencia de los nombrados, tuvimos la satisfacción de contar con la presencia de nuestro socio decano del Velo,  el entrañable Maravillas, quien vino acompañado de sus, siempre tan cariñosas y simpática hijas, Maite y Rosamary, además de nuestras queridas socias Isabel y Asun. Por cierto, y antes de que se me olvide, también nos acompañó el Josemaría Martín, a quien hacia muchas semanas que no veíamos entre nosotros. Espero que se anime y vuelva a añadirse al grupo

     Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, sirvió también el evento para votar, de entre los presentados en el grupo WhatsApp, el maillot conmemorativo del 50 aniversario del club, siendo elegido por una gran mayoría, si bien con algunos retoques, el que figura en la cabecera de esta crónica.

     En cuanto al aspecto ciclodeportivo de la excursión, os contaré que se repitieron las tónicas que últimamente se viene produciendo. Es decir, el Cinto y el Fede pajarero, se volvieron a encontrar poco antes de la rotonda  de Castellbisbal y ascendieron al tran, tran, sin prisa, pero sin pausa. En la cima esperaban el Perona y… alguien más que ahora mismo no consigo recordar. Los demás fueron llegando dispersos, primero el pastillas como de costumbre, luego el Marc, el Pibe 2, y el resto a pequeños intervalos.

     Una vez reagrupados, se desechó la idea de ir hasta la rotonda  de Olesa como otras veces se ha hecho, y en un “tres i no res”, nos plantamos en el restaurante. Después de saludar a los que ya nos estaban esperando, nos acomodamos en nuestros asientos y entre bromas irónicas, tertulia agradable, votaciones, etc. etc. transcurrió nuestra “prima colazione”, que dirían los italianos.

     Según la hoja de ruta, estaba programado el regreso por Molins de Rei y Santa Creu d’Olorda, pero se desestimó esta opción y se optó por ascender por Los Once hasta  el turó de Can Canyadell y descender hacia Castellbisbal. Un servidor, convertido ya un famoso escritor (baja Modesto que sube el Cinto), tuvo que atender a varias personas que querían felicitarme personalmente (es el precio de la fama. Tendré que acostumbrarme a vivir con ello), esto supuso que me retrasara en el momento de la partida, pero afortunadamente pude unirme al Balbis y al Seve, y formamos un estupendo trío que, magistralmente condujo el Seve hasta la cima.

     Se vivió en el último tramos hasta Molins de Rei, una bonita batalla, en la que por fin pude participar,  con ataques constantes de uno y de otro sin solución de continuidad.

     En lo que a mi respecta, siendo viejo zorro en estas lides y conociendo a los que formábamos el grupo, sabía quién provocaría el ataque bueno, dónde se iba a producir más o menos, y dónde debía de colocarme para no quedarme cortado. No me equivoqué mis queridos amigos y amigas. Fueron dos ataques casi seguidos del Marc, los que pusieron al pelotón en fila. En el primero estuve a rueda del pastillas que lo neutralizó. Y en el segundo, que fue el definitivo, también. Pero el Marc, más rápido que el pastillas en el sprint, ya no pudo ser neutralizado.

      Y aquí terminó mi participación en el evento del día. Llegados a Molins de Rei, tuve que despedirme del grupos después de haber disfrutado de una magnífica e inolvidable excursión (otra más para contar), como acostumbran a ser las del Velo.

     PD. Como suele ser habitual, el Pastillas, el Marc, el Miguel y no sé si algún otro, se hicieron un “Tibi”.

     Y nada más mis queridos consocio/as y amigo/as. Solo recordaros que la tienda taller de  nuestro querido compañero y mecánico de confianza, Rafa Marco, a partir de ahora permanecerá cerrada todos los sábados.