26. feb., 2020

Texto

     ASÍ ES LA VIDA        

     Estábamos mi mujer y yo en un supermercado detrás de una señora cuya escasa compra ascendía a 30, 26 euros. Ya había entregado 30 a la cajera y, mientras rebuscaba afanosamente en el bolso las monedas restantes, murmuró de buen humor. “Parece que últimamente se me va todo el dinero en alimentos, pero ¿qué puedo hacer? Mi marido no come otra cosa.

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     LA HISTORIA

     Hola a todas y a todos, mis queridas amigas y mis queridos amigos del Velo. De nuevo con vosotros y vosotras para seguir narrando esa historia de los orígenes de nuestro club, que como ya sabéis,  partió en la década de los años 50 del siglo pasado.

      Como ya expliqué en mi anterior crónica, fue en 1956, la última vez que mi hermano me llevó con el al circuito de Monjuic, a presenciar la última etapa de la Volta a Catalunya. Aquel año la última etapa la ganó de nuevo Miguel Poblet. Y fue un espectáculo maravilloso. El pelotón bajaba desde Esplugues hacia la Plaza España. Nuestro campeón, Miguel Poblet, sufrió un pinchazo a la altura de Sants y entró descolgado en el circuito, donde el sabía que le esperaba su público.

     Sucedió que en la segunda vuelta ya había alcanzado al pelotón, pero no contento con eso, en la cuarta vuelta pasó escapado. Lo anecdótico del caso, es que era tan buen esprinter (había ganado tres etapas en aquella vuelta), que le bastaba con llegar en el pelotón para ganar. Pero era el ídolo de la afición catalana y el lo sabía. Ni que decir tiene que el circuito se hundía entre los gritos de ánimo y aplausos de la afición.  Fue alcanzado en la última vuelta, pero aún tuvo arrestos suficientes para ganar. El vencedor final de aquella vuelta fue el catalán Aniceto Utset, de Terrassa (ver foto al margen) Un profesional muy apreciado por toda la afición. Falleció en 1998, a los 66 años.

      Y mientras tanto os preguntaréis; ¿Cómo evolucionaba “la colla”.  Pues tal como viene sucediendo a lo largo de los años, unos se van y otros llegan. Algunos de los nuevos eran hijos o hermanos de los que se marchaban. A este respecto, recuerdo al Jorge Martínez, fallecido el pasado año, al que le apodaban el “Tanico”, porque era hijo de uno de los que había salido con la colla que se llamaba Sebastián y le llamaban el “Tan”. Otro de los que llegaron fue el “Guapín”, con quien llegué a competir en la categoría de juveniles, en los años 1960 y 1962. Le apodaron así porque cuando se presentó en la colla por primera vez dijo “Soy hermano de “aquel” tan guapo”. También llegó el Vicentico, al que le apodaron  “el Lampa” porque se pegaba al personal como una lapa y que era hermano del Juan Cacharro. Y también recuerdo al Ventosas que hablaba por los codos. A otro que le llamaba el  Gregario, que competía, aunque andaba menos que el carrito de los polos, pero le gustaba mucho el postureo e iba de ciclista importante.

     Naturalmente, también yo empecé a participar con la “colla” en alguna de las excursiones cortas. Tenía la bici de mi hermano, mi sueño dorado. Y trece años cargados de ilusión. Aunque mi primera excursión fue con el Maravillas y su hermano Isidro, mi futuro cuñado (aquí mi hermana y el ya se habían hecho novios). Como digo, tenía tan solo trece años y, prácticamente cero experiencia como ciclista. Pues bien; a este par de “lumbreras”, el Maravillas y el “Doña pelos”, en vez de llevarme al pie de Costas, por ejemplo, para que me quedara con ganas de más, no se les ocurrió otra cosa que llevarme a subir el Tibidabo (¿será por eso que lo tengo aburrido?), o sea para quedarme con ganas “de menos”.

      Pero, a lo que vamos. Desaparecieron los encantes de la calle Farnés y desapareció la parada del Diego a finales de los años 50 , y como decía, también  muchos de la colla fueron desapareciendo, pero entre los que quedaron y los que íbamos llegando, fuimos dando continuidad a la “colla”, que con el tiempo dejó de ser “la colla del Diego”.

     Entre los que quedaron cabe citar a los hermanos “pájara”, o sea el Juan y el Antonio Críspulo, este último fallecido también hace ya algunos años, no muchos. También continuó, después de un paréntesis de varios años, el Juan de los pollos. El Farina y algún otro que no puedo recordar. Y otro de los que quedaron fue el Estevez, al que no había nombrado hasta ahora y que abrió un taller de bicicletas en el número 27 de la calle Levante de l’Hospitalet, lo que contribuyó a dar impulso a la colla. Allí nos reuníamos, todos los sábados por la tarde para charlar y comentar. Además tenía la trastienda alquilada a un tal Ramón (también este señor había salido con la colla), que era un excelente masajista. Y fue allí en el taller del Estevez donde a alguien, o quizás fue entre todos, que se nos ocurrió la idea de llamar a la “Colla”, Agrupación Pajareros las Gavias. Pero eso, que forma parte de la historia, os lo explicaré en la próxima crónica.

     CONTINUARÁ

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      LA CRÓNICA

      Otra más para contar, mis queridos consocios y mis queridas consocias, de las que no tiene desperdicio, lo fue sin duda, la excursión del pasado domingo.

    Me reuní con el grupo, esta vez, en el reagrupamiento de Congost, donde me sorprendió  la ausencia nuestro compañero Rafa. Dada la circunstancia de que, por indisposición de su mujer, también estuvo ausente en el almuerzo social, me afané en preguntar si alguien sabía los motivos de su ausencia y se me informó que Clara seguía indispuesta. Desde estas líneas le mandamos un cálido y fuerte abrazo y le deseamos una pronta y total recuperación.

      Aunque la ruta de ida constaba de 45 kilómetros, podemos decir que, al margen del sprint del Congost, donde se suele llegar más o menos agrupados y que en esta ocasión fue el jovencito David quien arrasó de manera implacable, la “gran batalla” se desarrolló en los “pestosos” 13 kilómetros de continuos repechos que van desde Martorell hasta el cruce de la BV—2241, carretera que solemos llamar “de la Paradeta”.

     Fue poco antes del cruce de S Esteve Sesrovires, cuando el pelotón, compuesto por 16 unidades (el Patillas, Blas, Marc, David, Oscar, Miquel, Pibe 2, Seve, Marcial, Perona, Nico, Sergi, Cinto, José Manuel “Seat”—(no confundir con José Manuel “pastillas”— más dos compis colombianos, que se unieron a nosotros, cuyo nombre ignoro), se descompuso y se disgregó ante el empuje de, no sé quién, porque un servidor circulaba a cola del pelotón con premeditada intención de desentenderme de todo esfuerzo baladí, ya que mi estado de forma deja mucho que desear (al igual que mis años)

     Sin embargo, según llegó a mis oídos porque yo no lo presencié, si el jovencito David, había sido implacable en el Congost no lo fue menos en el citado tramo en el que volvió a arrasar marchándose donde y cuando se le antojó, con pedalada fácil y suelta. Del resto, obviamente ignoro cuál fue el orden de llegada, porque como ya he explicado me borré de todo esfuerzo que no fuese el justo para aguantar a rueda del Seve, el cual me condujo de forma magistral hasta el cruce del reagrupamiento.

      Afortunadamente, la distancia recorrida en batalla no fue mucha, lo que permitió que las diferencias entre los primeros y los últimos fueran escasas. Después del reagrupamiento (en el que encontramos al José Monsó), los seis kilómetros, todos en descenso, que nos separaban de nuestro objetivo, que no era otro más que el restaurante “El café de San Llorenç, fueron un placido y relajante paseo para nuestras piernas.

     Llegamos pues, al restaurante en busca de la reparadora pitanza y nos encontramos con el grupo de los Manel, Joaquín, Balbis, Párraga, Jordi Monsó y Bartolo.

     Fueron abundantes las bromas en la mesa, todos hablábamos recio y las risas fueron continuas. Una vez transcurrido el ágape, el Seve, nuestro CAPITÁN (con mayúsculas), nos invitó a una copa de buen cava, con motivo de celebrar su  aniversario (se me olvidó preguntarle cuántos cumplía). Naturalmente le cantamos el cumpleaños feliz después de lo cual nos hicimos la foto de familia y arrancamos para cubrir la ruta de regreso, cuya gran dificultad para algunos (no tanto para otros), consistía en la ascensión a la Creu d’Aregall.

      Desaparecidos el pequeño David, el Marc y el Oscar, los cuales no pudieron quedarse a compartir el almuerzo y por tal motivo no salieron en la foto de familia, la batalla a la ascensión a la Creu d’Aregall, no tuvo color, según creo, pues el único opositor con entidad para disputarle la escalada al Pastillas, era el Nico. Sin embargo este es menos escalador que el primero, por lo tanto, el resultado estuvo bastante claro.

     El resto del grupo, del que se borraron algunos que prefirieron regresar por Martorell, ascendimos, como decía el desaparecido comentarista de ciclismo Pedro González, cada uno con sus propias fuerzas (ojalá yo hubiera podido ascender con las fuerzas de otros), unos más deprisa, otros más despacio, pero todos con una voluntad férrea.

     Naturalmente, nos reagrupamos en la cima donde el Nico, sacó la foto de familia en la que el faltó el Monsó que prefirió continuar sin detenerse, y, dispuestos a disfrutar de los largos 14 kilómetros de descenso hasta Quatre Camins, nos dejamos caer tranquilos y relajados como si de un premio se tratara después del esfuerzo realizado.

     Y es todo lo que puedo contar de la excursión a San Llorenç d’Hortons, mis queridos consocios y mis queridas consocias del Velo. Sabido es por todos los que seguís mis crónicas, a quienes dicho sea de paso, os doy las gracias, que para mí las rutas de regreso terminan, salvo algunas excepciones, en Quatre Camins. Así que me despedí del grupo, y después de haber pasado una mañana de fábula, eufórico y cantando “viva el rey”, yo que soy anti monárquico, me encaminé a la estación donde tenía aparcado el coche, para ascender de nuevo a Corbera, esta vez bien descansado, donde siempre me esperan días de Gloria.

      Para el próximo domingo os recuerdo que se conmemorará  el 8º Memorial Balbis, aunque este año, por deseo expreso de la familia, la conmemoración tendrá lugar en la explanada del aéreo, donde se guardará un minuto de silencio en memoria de todos los compañeros desaparecidos. El almuerzo se realizará en el Restaurante Bartomeu.

     No olvidéis repasar las bicis, y si tenéis algún problema, ya sabéis que para cualquier reparación o compra de material, nuestro compañero y mecánico de confianza Rafa Marco, tiene su tienda taller en la calle Renclusa, 50, de l’Hospitalet, donde ofrece un 10% de descuento en material y mano de obra, a todos los socios y socias del Velo.

     Hasta la próxima un fuerte abrazo.

     Cinto (el viejo globero).