5. mar., 2020

Texto

     LA HISTORIA

     Continuando con la historia, hoy quiero dar comienzo comentado que en ese encuentro anual de viejas glorias que tuvo lugar el pasado sábado, me dieron  la triste noticia del fallecimiento del Diego, el gran precursor y pionero de aquella pintoresca colla conocida como la “Colla del Diego”, que con el paso del tiempo acabó desembocando en la creación de nuestro club. Precisamente, fue el pasado año, la última vez que el mencionado encuentro se celebró en casa Laura, cuando tuve la ocasión de saludarle. Lamentablemente, su salud mental se había deteriorado y le costaba recordar. A mí ya no me reconoció y de mi difunto hermano Germán, con quien había llegado a ser íntimo amigo, tampoco se acordaba. Le acompañaba su hijo Diego, que también fue socio del Velo y participó en las excursiones durante varias temporadas.

     En fin mis queridos amigos y mis queridas amigas, por muy triste que sean estos acontecimientos, como dice el típico tópico, “Es ley de vida”.

     Comentaba la semana pasada cómo lentamente, la “Colla del Diego”, iba transformándose a medida que cambiaban sus protagonistas. Varios de los más jóvenes, empezábamos a competir y a compartir las excursiones de la “colla” cuando no había competición. Pero hubieron muchos de los antiguos que continuaron. Entre ellos, los “hermanos pájara”, el Maravillas, mi cuñado Isidro, el Bahillo, el Estevez, y también un tal José Fernández, al que no había nombrado hasta ahora, y que le apodaban “El garajista” que trabajaba en la gasolinera que hay en la Carretera de Collblanc, a la altura del cementerio de Sants, cuando todavía no existía el sistema de pre pago y era un empleado el que suministraba el carburante.

     Este amigo y compañero, también fallecido hace ya algunos años (qué le vamos a hacer, en este mundo traidor nadie se queda), fue toda una institución en la “colla” y son muchas las anécdotas que se pueden contar de el. Siempre se quedaba el último y, como se acostumbra a decir; pedía permiso a la pierna derecha para bajar la izquierda y viceversa. El Mingo, al que le gustaba gastarle bromas que el aceptaba fingiendo enfado, siempre le decía que era un “dropo” (vago). Recuerdo cierta ocasión ascendiendo Begas que subíamos el y yo tranquilos y charlando (quien pudiera hacerlo ahora), y de pronto vio un enorme escarabajo más negro que el carbón, cruzando la carretera. Ni corto ni perezoso, a el que nada le daba escrúpulo, lo cogió y me dijo. “Cinto, anem a esperar al garajista”. Paramos y lo dejamos pasar. Luego el Mingo se puso a su altura y tirándole el enorme escarabajo encima del maillot, le dijo “Vinga Pitu, que caminas menos que aquest”. El rebote del garajista, que al contrario del Mingo era sumamente escrupuloso,  fue espectacular. Casi saltó de la bici gritando “Cabró, fill de puta, treume aixó d'aquí sobre”.

     Anécdotas aparte, era costumbre entonces, recoger algo de dinero para gastarlo en celebrar una “champanada” en S. Sadurní (el equivalente a lo que llamamos almuerzo social, pero sin bocadillos). El encargado de tal menester era el Bahillo, que a la sazón, ejercía de capitán de excursionismo. El sistema de recaudación era muy simple. El punto de concentración de la salida se había trasladado a la Plaza Española de L’Hospitalet y el que llegaba más tarde de la hora señalada pagaba una peseta de multa por llegar tarde. Y si tenía que perseguir porque el grupo ya había partido, pagaba dos. Pero era una costumbre que se aceptaba de buen rollo y con mucho humor. Si os fijáis detalladamente en la foto que adjunto, justo debajo de la fecha de la excursión está escrito “tarde”, y los nombres que aparecen con una X en la derecha, son los que pagaron la multa, el mío entre ellos.

      Como a la sazón, se almorzaba en el campo y se compraba vino en algún bar o taberna, se pagaba entre todos y siempre sobraba algo que se ingresaba en la caja.  Creo que la foto de la página del libro de caja, con fecha 28 de marzo de 1965, que he colgado en el margen, servirá para ilustrar todo esto que explico.

     La foto de la página que adjunto, se corresponde a una excursión a La Garriga y recuerdo que fue la primera vez que pasamos por la autovía de la Atmella, que se había inaugurado hacía poco tiempo, y no existía ninguna prohibición para los ciclistas.

     Por cierto, ese tal José Mª Esteban, que aparece en último lugar, debajo de mi nombre, es un primo mío por parte de madre, cuatro años menos viejo que yo. Naturalmente pronto empezaron a llamarle “el Primo”, mote que en la actualidad ostenta mi otro primo Eduardo Esteban, hermano del primero. Este último también salió muchas temporadas con la colla y  todavía está en activo, incluso es posible que alguno de los que lean esto le conozcan puesto que ha participado en alguna marcha solidaria con el grupo Tusinu.  Como anécdota sobre el os diré que su hijo Itmar Esteban ha participado en campeonatos del  mundo de velocidad en pista. Y me hace “culpable” de haberles metido el “venenillo” de la afición.

     Continuará

     LA CRÓNICA

     Fue una bonita jornada la que se vivió el pasado domingo,  que como todos sabéis, por deseo expreso de la familia Balbis, ha dejado de llamarse “Memorial Albert Balibis”, y por acuerdo tomado en la última asamblea,   a partir de ahora se llamará “Memorial Veloclub”. De esta forma se rinde homenaje a todos aquellos socios desafortunadamente “ausentados” pedaleando en otra dimensión (Gamero, Albert, Juan Salvador, Manolo Cánovas…). Cierto que no fue este memorial tan numeroso como otras veces, sin embargo no por ello dejó de ser menos lucido e incluso diría yo, más íntimo y entrañable.

     La jornada era excepcional y consideré oportuno, en esta ocasión,  bajar a Collblanc para encontrarme en la plaza con los compañeros. Además me hacía ilusión aparecer con el grupo en la foto de familia antes de la salida. Todo hay que decirlo.

      En principio fuimos tan solo veinte los reunidos en la plaza, entre ellos algunos compis a quienes hacía tiempo que no veíamos, como el Pere, el Isidro, y alguno más de cuyo nombre no puedo acordarme (como le pasó al Quijote), además de los tusinus, el “guerrero” Bombi y el Ignasi. Posteriormente se fueron agregando más tusinus (Johan y Pitillo). Los colombianos (aún no sé como se llaman), el Jaume Vilamajó, y el resto de los Velos que faltaban (Fede, Rafa, Oscar, Nico, Manel, Joaquín, Jordi Monsó, el Bartolo y…que me perdone si me olvido de alguno. Por cierto hace meses que no sabemos nada del José Vicente. Si por casualidad leyese estas líneas, esperamos que se manifieste o que aparezca algún domingo por la plaza.

     En lo que respecta a la ruta de ida, hubo , como no, las típicas batallas de costumbre (el sprint del Congost, el de la rotonda de Olesa), batallas de las que ignoro quien o quienes fueron los que metieron plaka, plaka, al grupo. Aunque supongo, y sé que no es mucho suponer, que estando el Jaume Vilamajó, hubría sido este quien “sembró el pánico” en el pelotón.

     Nos reagrupamos tal como esta previsto, en la explanada del aéreo de Montserrat donde ya nos esperaban, Asunción la esposa del Balbis, y su hijo Xavier que trajo a uno se sus peques (el mayor), por cierto una pasada de criatura. También nos esperaba  nuestro actual presidente Dani Cánovas, que vino en coche acompañado de su madre Isabel y sus dos niños. Luego con todos reunidos leyó un manifiesto y guardamos un minuto de silencio en memoria de los compañeros “ausentados” (Gamero, Juan Salvador, Albert Blabis, Manolo Cánovas…) Fue un acto sencillo, pero muy emotivo que se vivió con mucho respeto, incluso algunos de los presentes, con un nudo en la garganta.

      Acabado el acto nos trasladamos al restaurante Bartomeu, situado a unos escaso tres kilómetros de distancia.  Un lugar idóneo en el que además de ser servidos con mucha amabilidad y prontitud, por un precio aceptable en consonancia con las viandas servidas, pudimos guardar nuestras “cabalgaduras” de carbono en los bajos del mismo.

      Y con la agradable tertulia y  la buena armonía que caracterizan nuestro grupo, transcurrió el suculento ágape matinal,  el cual fue “engullido” con la misma prontitud y celeridad con que fue “servido”.

       Una vez satisfecho nuestro apetito y tomadas las correspondientes infusiones, llegó la hora de emprender la ruta de regreso. Sin embargo, para el matrimonio José Antonio Balbis y Asunción, era un día especial y la nostalgia de faltar al lugar en el que está ubicada la placa en memoria del Albert, pareció invadirles. Preguntó nuestro buen José Antonio si alguno de nosotros subiría con ellos hasta el lugar.  La respuesta fue prácticamente unánime porque fuimos más de  veinte los que quisimos acompañarles. Y… Sí, realmente mereció la pena acompañarles y compartir con ellos esos momentos de recogimiento entre el dolor y tristeza que lleva consigo la pérdida de un hijo.

      El caso es que la ruta de regreso estaba prevista directamente por Olesa y Martorell, pero después de este pequeño acto y puestos ya en la ascensión a Collbató, decidimos por mayoría, continuar hacia Collbató y bajar hacia Esparraguera y Olesa.

     Nuevos reagrupamientos, uno en el alto de Collbató y el siguiente el ya  típico en la rotonda de Olesa que nos da la oportunidad de librar una corta, pero espectacular y bonita batalla que termina en el Congost. Sin embargo, en esta ocasión, terminó en el cruce de Los Once, porque inesperadamente, algunos de los que encabezaban el grupo giraron hacia la izquierda para ascender hasta el cruce de Casellbisbal. Hubo un momento de titubeo y algún frenazo y el pelotón quedó dividido en dos grupos. Uno que giró hacia el Congost, con el Rafa, el Quiroga, los colombianos, el Seve, el Monsó, el Camacho, el Perona, el Cinto y algún otro que no recuerdo,  y el otro grupo que giró a la izquierda hacia Los Once, con el Miquel, el Pibe2, el Pastillas, el Oscar, el Nico (o sea los más buenos) y alguien más que tampoco recuerdo.

      Y es todo lo que puedo contar por hoy mis queridos consocios y mis queridas consocias del Velo. Los que nos reagrupamos en el Congost, volvimos a hacerlo en la fuente de Molins de Rei. En donde nos esperaban algunos de los que regresaron directamente por Olesa y Martorell, y a partir de allí, piano, piano, cada oveja en busca de su pareja, después de haber disfrutado de una de esas memorables jornadas compartida con tantos amigos y socios de nuestro Club.

     La próxima excursión está programada al restaurante La Granja, que está ubicado, ascendiendo desde Olesa hacia el Palomar, a unos dos kilómetros antes de la rotonda de Vaquerisees. O sea que los más “gandulones” se podrán ahorrar ascender esos dos “durillos” últimos kilómetros de la ascensión.

      Para el regreso, descenderemos hacia Olesa y giraremos a la izquierda en el cruce de la urbanización Les Ribes Blaves, para desembocar en la nueva rotonda de Santa Mª Villalba y ascender hacia el Ullastrell y, finalmente descender hacia Castellbisbal y Molins de Rei. Bonita ruta.

     Y solo me resta daros mi acostumbrado consejo. Repasad bien las bicis y para cualquier problema, contar con Biicletas Marco, la tienda taller de nuestro mecánico de confianza, en donde todos los socios del velo gozamos de un 10% de descuento en material y mano de obra.

     Hasta la próxima, un fuerte abrazo

     Cinto, el viejo globero.