10. jul., 2020

CRÓNICA CA LA KATI

LA PARTIDA DE POKER

Sobre tapete verde sonido de tambores. Desde un cubilete agitado por una mano anónima, cinco dados saltan repiqueteando. Cuatro pares de ojos les observan. Si hay suerte alguien los recoge entre carcajadas, si no; el ambiente se llena de imprecaciones. La segunda; de nuevo los cinco dados saltan desde el cubilete. Aparece el As. Objeto del deseo, sobre él se concentran miradas codiciosas. Nadie como él es capaz de provocar sonrisas y hacer saltar a la gente de las sillas.

Luego viene la nobleza; Reyes, Damas y Donceles unidos siempre contra el As. Les siguen la clase plebeya; rojo y negro. Desde la corte se les utiliza de forma vil y miserable, después se les ignora sin más.

Tras haber provocado alegrías y decepciones, sucios, impregnados de sudor, cansados y maltrechos, vuelta al cubilete a descansar. Pedante el As, orgulloso el Rey, chismosa la Reina, servicial el Doncel, indiferente el rojo, resignado el negro.

ASÍ ES LA VIDA

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LA CRÓNICA

Estoy seguro de que todos nosotros hemos escuchado alguna vez la frase “salir a la palestra” o “volver a la palestra”. En la antigua Grecia, la palestra era el lugar donde se ejercitaban deportes como la lucha, el pugilato y el salto. Uno de los más bellos ejemplos de palestra clásica era la de Olimpia, donde debían permanecer los atletas antes de iniciarse la competición. Su planta cuadrada, de 66 metros de lado, estaba rodeada por un patio por el que se accedía a vestuarios, baños y aulas donde los entrenadores impartían su instrucción. Varias estatuas de Hermes, patrono de los atletas, adornaban el lugar.

Con el tiempo, las palestras incrementaron sus prestaciones y comenzaron a albergar otras actividades y los debates de filosofía, arte y la música y las disertaciones, se hicieron frecuentes.

Por extensión, la noción de palestra comenzó a utilizarse como sinónimo de discusión pública. De este modo se popularizaron las expresiones salir a la palestra, estar en la palestra y saltar a la palestra. De ahí que con el tiempo hayan surgido locuciones verbales tales como saltar a la palestra, para indicar que una persona se encuentra participando activamente ya sea en una competición o en algún evento deportivo o en alguna discusión de carácter público.

En el caso que nos ocupa, mis queridos amigos y mis queridas amigas, fuimos diecisiete (¿globeros…?) los que, “saltamos a la palestra” y participamos en ese evento deportivo que fue la primera excursión puntuable de nuestro calendario, después del paréntesis que nos vimos obligados a aguardar por los estragos del terrible covid 19, que tantos estragos ha causado.

Naturalmente ese “salto a la palestra” por parte de los diecisiete participantes al evento, no tuvo desperdicio y fue un auténtico regalo para los sentidos.

La ruta de ida, en principio programada a La Bleda, tuvo que ser recortada por problemas logísticos y se reprogramó con final en “Ca la Kati” en S. Martí Sarroca, un lugar muy agradable.

Un servidor, quien esto escribe, aparcado el coche en La Palma de Cervelló esta vez, salió con tiempo suficiente para ascender el Ordal al tran, tran y con tranquilidad y, aunque esperaba ser alcanzado antes de llegar a la cima, llegué al punto de reagrupamiento sin haberlo sido.

Solo tuve que esperar unos breves minutos cuando vi aparecer al Pastillas. Poco después llegó el Marc; señal inequívoca que fue el primero quien le dio “plaka, plaka”, al segundo. Poco después llegó el Miguel (pibe dos) seguido del Rafa, el Raúl, el Quiroga, el Pibe, el Blas, el Sergi y nuestro Gran Capitán (no sé qué haríamos sin el), el Seve.

Después del reagrupamiento nos lanzamos en un descenso vertiginoso, hacia Vilafranca donde volvimos a reagruparnos de nuevo, para cubrir el último tramo hasta Guardiola de Fontrubí. Un tramo en el que el Marc y el Pastillas, dándose relevos, y como aquel que no quiere, fueron incrementando el ritmo hasta poner al grupo en fila de a uno.

En Ca la Kati, nos esperaban el Perona, el Manel y el Joaquín y poco después llegó el Camachito que, sin enterarse bien del recorrido, ascendió hasta el alto de Fonrubí y descendió por la carretera de La Llacuna en dirección S. Martí de Sarroca.

Seguro que a cualquier buen observador que lea esto, no le saldrán las cuentas y habrá contado solo quince los participantes. El motivo no es otro que acabados de desayunar y estándo preparándonos para el regreso, llegaron el Nico y Cristina (un beso para ella).

La anécdota más simpática del día la protagonizó nuestro nuevo compañero Quiroga, quien, con motivo de celebrar tres importantes eventos, nos invitó a cava. El primero y el más importante, es que en octubre va a se padre de mellizas; el segundo, que era su aniversario (se nos olvidó preguntar cuántos años cumplía) y el tercer evento que quiso celebrar, fue la satisfacción de haberse unido a nuestro grupo. Naturalmente le dimos nuestra enhorabuena, pero desde estas líneas volvemos a felicitarle deseándole toda suerte de venturas en su nueva faceta como padre, a estrenar el próximo otoño.

Sobre la ruta de regreso, poco hay que contar. Se fueron cubriendo los kilómetros a muy buen ritmo hasta el reagrupamiento de S. Sadurní, con los típicos “estira y afloja” en algunos repechos. Pero una vez llagamos a Gelida, desaparecieron el Marc y el Pastillas, quienes, por lo visto, les pareció insuficientes los esfuerzos hechos hasta ese punto del recorrido, y tomaron la opción de regresar por la Creu d’Aregall (casi “ná”). Los demás volvimos a reagruparnos en el Congost y, con paz y armonía llegamos a la rotonda de Quatre Camins donde me despedí.

Para el próximo domingo, día 12, la excursión está programada a la bonita localidad de Monistrol de Calders. Para la ida tendremos que atravesar los maravillosos parajes de S. Llorenç del Munt y l’Obac, ascendiendo por el Coll d’Estenalles. Un puerto, que aún sin ser excesivamente duro (ver las zonas en verde del perfil), los 13 kilómetros de su longitud y algunos tramos con desniveles superiores al 6%, y con un último kilómetro al 7% (ver tramos rojos del perfil adjunto), lo convierten en uno de esos puertos “pestosos” que parece no tener fin.

Una vez hayamos coronado el Coll d’Estenalles, donde nos reagruparemos, podremos relajarnos descendiendo unos diez kilómetros por la serpenteante vertiente contraria, hasta el cruce de la carretera popularmente conocida como “La uve”, para girar a la derecha y afrontar un duro repecho de algo más de 1,5 kilómetros, con algunas rampas que van desde el 8,5% al 12% de desnivel (ver perfil). Superado este último escollo, donde volveremos a reagruparnos, giraremos hacia la izquierda y descenderemos por el Coll de Lligabosses, hasta Monistrol de Calders.

La ruta de regreso, está prevista por S. Llorenç de Savall, Senmenat, Sabadell, S. Quirze, Rubí  y Molins de Rei. Una ruta que, aun siendo menos dura que la de ida, el cansancio acumulado, además del calor y el kilometraje, nos obligará a regular nuestras fuerzas si no queremos que nos atice el “tío del mazo”

Un último detalle que quería señalar para aquellos a los que les interese conocer algo de lugares que visitamos (es un decir), es la existencia, dentro del término municipal de Monistrol de Calders,  del dolmen del Plá de Trullars, un tipo de sepulcro perteneciente a la edad de bronce de entre 2.000 y 1.500 años aC.

Y eso es todo por hoy mis queridos amigos y mis queridas amigas. Es mi deseo no haberos aburrido mucho con esta crónica y espero volver a encontrarnos el próximo domingo en nuestra excursión a Monistrol de Calders.

Hasta entonces repasad las bicis, y recordad que nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco, tiene su tienda taller en la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet, donde los socios del Velo podemos disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

Hasta la próxima un fuerte abrazo.

Cinto, el viejo globero.