31. jul., 2020

Texto

 

 

 

SU PRIMER PAPEL

Después de haber interpretado su primer papel en una película, regresaba a casa eufórica y deseosa de contárselo a su marido.

En el casting, la eligieron a ella de entre más de veinticinco aspirantes y por fin, a pesar de su edad, había podido cumplir uno de sus más preciados sueños; ser actriz. Claro que la escena del tigre en la que ella aparecía había sido tan solo un papel secundario, pero su actuación había sido tan perfecta, que no se tuvo que repetir. Había demostrado que tenía talento y estaba segura de que su actuación no le habría pasado desapercibida al director. La llamarían de nuevo; no le cabía la menor duda.

El marido, al corriente de la escena interpretada, objetó:

    —Yo en tu lugar, no me haría ilusiones

    —Y ¿por qué no si lo tengo todo a favor? —replicó airada.

    —Cariño, el tigre tenía que despedazar a alguien, por eso te eligieron.

ASÍ ES LA VIDA

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LA LEYENDA

Como no podía ser de otra forma tampoco Tarragona está exenta de antiguas leyendas. Una de ellas es la que nos habla de uno de sus lugares más emblemáticos en el que está ubicada  la llamada “Casa de la Mort”. Situada en el camino que conecta con el barrio de San Salvador, allí se levanta una casa en ruinas que alberga una oscura leyenda. Dicen que todo aquel que la visite será víctima de una maldición.

Las paredes, gastadas por el paso del tiempo, están cubiertas con los nombres de aquellos que se atrevieron a poner aprueba esta leyenda. En cuanto a su pasado algunos especulan que podría ser un antiguo convento de monjas. Otros dicen que es debido a actividades satánicas como ritos y ceremonias. En la segunda planta hay colgadas del techo dos sogas que parecen ser del año 1850.

Se comenta que quien entra en la casa siente escalofríos y le invade una sensación de tristeza que le hace sentirte inmóvil en el lugar; siente presión en la cabeza y se le taponan los oídos… Aunque en realidad no se sabe nada de lo que allí sucedió, nada de su historia, absolutamente nada de nada. Pero debe haber alguna razón por la que los lugareños le llaman “La Casa de la Mort” sin saber justificar por qué. Quizás por miedo no quieran contar nada y permanecen callados para siempre.

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LA CRÓNICA

También el Velo cuenta con infinidad de leyendas relacionadas con la, siempre emblemática, excursión Tarragona Velo Clasic. Y aunque este año no estuvieron con nosotros los compañeros de Poble Sec, excepto el Fede ·”pescaito” y la participación no fue tan nutrida como otras veces, no por ello estuvo exenta de interesantes anécdotas que contar.

Después de ascender, cada uno a su bola, el Port d’Ordal, nos reagrupamos, como es habitual, en la pequeña explanada del pueblo. Y si la memoria no me falla, allí nos encontramos 17 Velos y 7 Tusinus.

Pero se presentía que iba a ser un día de calor sofocante (lo fue) y no todos estaban con el ánimo dispuesto a darse la “paliza” de los 180 km de ida y vuelta de la excursión. Había la opción de quedarse en Clariana y fueron, si no me equivoco, 9 Velos, más el Fede “pescaíto” y un compi a quien no he podido identificar por no ser habitual entre nosotros, los que tomaron esta opción, a saber; Manel, Seve, Pastillas (aquejado de un fuerte dolor de espalda), Joaquín, Perona, Monsó padre, Monsó hijo, Federico “Orlando y Sergi.

Por parte de los Tusinus; Johan, Zape, Morita, Jordi, Kike y Jopelimes, tampoco estos vinieron con intención de completar la excursión y nos avisaron que solo nos acompañarían hasta l’Arbós; justo donde los de la opción de Clariana abandonarían el grupo.

Después de saludarnos con quienes hacía tiempo no nos veíamos, arrancamos con el ánimo dispuesto a participar en la batalla que se preveía, iba a sostenerse hasta L’Arbós. Ni que decir tiene que el descenso por la cara sur del Ordal, suele hacerse a velocidades que oscilan entre los 40 y 50 km por hora. Y así, a esta velocidad llegamos al cruce de S. Sadurní donde hubo un ángel de la guarda que nos protegió y si no fue un ángel de la guarda, debió ser alguno de los compañeros “ausentados”. Porque podíamos haber tenido un gravísimo accidente.

Llegamos, como digo, a la altura del cruce de S. Sadurní; un coche parado en sentido contrario arrancó y giró a su izquierda para tomar la carretera de S. Sadurní, justo en el momento en el que los que iban en cabeza del pelotón empezaba a rebasar el cruce. Los primeros en esquivarlo fueron, el Morita, el Neng que pasó a escasos centímetros y el Rafa. Yo grité y clavé la bici, me patinó la rueda trasera y fui a para a un lado de la carretera lleno de tierra, pero pude dominar la bici y salvé la caída. El conductor del vehículo paró, se quedó atravesado en mitad de la carretera y el resto del grupo lo salvaron cada uno como pudo.

Naturalmente, paramos todos con el susto en el cuerpo. Aún no me explico cómo pudimos esquivarlo. Y la suerte que tuvimos. Si el Morita o el Neng se hubieran estampado contra el coche, los demás no hubiéramos podido esquivarlos y podía haber ocurrido una tragedia.

Continuamos pues, después del susto y nos enfrascamos en una bonita batalla que, como todos sabíamos, finalizaría en l’Arbos. Llegamos el Rafa, el Miquel, el Pibe 2, y quien esto escribe, con el grupo delantero. Se quedaron los Tusinus en la rotonda de la Puntaire, mientras el cuarteto de cuerda y violín, formado por los nombrados, nos dispusimos a rodar a un ritmo regular los algo más de 30 km que nos faltaban para llegar al restaurante Jaume I.

Pero nada más alcanzar las primeras calles del pueblo, se nos unió el Oscar y el cuarteto de cuerda y violín se convirtió en el quinteto de la muerte. Con el Oscar tirando del grupo, se avivó el ritmo, pero no hubo sobresaltos ni ataques y llegamos a nuestro destino con paz y amor.

Ignorábamos quiénes venía por detrás, pero puestos en contacto con el Dani, que en esta ocasión venía de acompañante, nos informó que por detrás nuestro venía el terceto Rumba Tres, compuesto por el Sergio (pibe1), el Quiroga y un colega suyo que aún no me ha quedado claro si se llama Miguel o Luís Miguel o solo Luís. En total ocho atrevidos y temerarios Velos que tuvimos la osadía de desafiar al calor y al largo kilometraje de la excursión. Del resto del grupo, o sea los de Clariana, nada que objetar. Cada uno sabe cuáles son sus fuerzas y ningún demérito se les puede atribuir. Para ellos fueron 130 kilómetros, también con la dificultad del por d’Ordal, tanto en la ida como en el regreso. Y el calor sofocante, lo fue también para ellos.

La ruta de regreso para los que llegamos a Tarragona, no estuvo exenta de anécdotas. Una de ellas fue el tío del mazo que se cebó con el pibe y tuvimos que aflojar el ritmo varias veces e incluso detenernos para que volviera a integrarse en el grupo. Pero lo peor fue la caída del Miquel Vidal. También en esta ocasión hubo alguien que nos salvó de una tragedia. Me explico. La caída se produjo cerca de El Vendrell; rodábamos a algo más de 30 km h. Miquel se soltó de una mano para beber;  la rueda delantera tropezó con una catadióptrico de esos que tanto molestan cuando se rueda en grupo porque los que van a rueda se los van tragando sin solución de continuidad. El caso es que la rueda le hizo un extraño, no pudo dominar la bici y salió despedido hacia la izquierda cayendo en mitad de la carretera. La suerte fue que en ese momento no venía ningún coche por detrás y se evitó la tragedia. Pero el golpe fue bastante fuerte. Después el susto optó por quedarse en su casa del Vendrell. Esperemos que esté totalmente recuperado de sus heridas.

La siguiente parada tuvo lugar entre El Vendrell y Vilafranca, y fue como consecuencia de la rotura de cadena del Sergio (Pibe 1). Afortunadamente estaba con nosotros el Rafa, nuestro mecánico de confianza, y pudo solucionar el problema. En ese instante comprobada la temperatura por él, esta rondaba los 35 grados. En esta ocasión, como la edad no perdona y, con mis próximos 76 años a cumplir en agosto, las piernas empezaban a protestar por el continuo; para/arranca, decidí continuar dejándome llevar por un ligero viento de espaldas que facilitaba el pedaleo haciéndolo menos duro. Pero la mencionada avería entretuvo al personal más de lo previsto y, a pesar de mi pedalear cansino y monótono, llegué a la cima del Ordal sin haber sido alcanzado por el grupo, por lo que, dado lo avanzado de la hora consideré que lo más oportuno sería dejarme caer relajado y disfrutar del premio que representaba el descenso hasta el cruce de Corbera, lugar en el que tenía el coche aparcado.

Y esto es todo lo que puedo contar en mi crónica de esta semana mis queridos amigos y mis queridas amigas. Una Tarragona Velo Clásic  que se recordará por haber sido atípica, tanto por las anécdotas vividas como por la menguada participación comparada con años anteriores. Pero también disfrutada con ilusión, buen rollo y compañerismo.

Recordar que las excursiones programadas para el próximo mes de agosto, no son puntuables para el Campeonato de Cicloturismo. La próxima está programada a Corbera (mi pueblo), ida por Martorell y la Creu d’Aregall, regreso por S. Andreu de la Barca y Molins. Opcionalmente se puede ascender por la Palma de Cervelló que, aunque parece menos duro, la ascensión desde Quatre camins has La Creu, tiene 13 km con un desnivel acumulado de 480 m. y algunas rampas, a partir del cruce de Corbera baja, con desniveles del 8 al 10% (sobre todo la recta Can Panyellas). La ascensión desde Gelida, aunque las rampas oscilan también en porcentajes entre el 8 y 10%, tiene solo 5,4 km. Adjunto los ambos perfiles para quien le pueda interesar estudiarlo.

Hasta pronto os mando mis mejores deseos de que disfrutéis de unas felices vacaciones. Nos vemos en setiembre

Cinto, el viejo, mítico, incombustible y legendario globero.