8. sep., 2020

Texto

LA CRÓNICA

Y ahora, mis queridos lectores, lectoras, amigos y amigas, voy a relatar, con mejor o peor acierto, lo que fue la excursión del pasado domingo, día 6, a Collbató, pasando por Can Fosalba.

Can Fosalba era, hasta hace tres temporadas, una ruta desconocida por nuestro club. Fue un servidor, quien esto escribe, el responsable de que se incluyera en alguna de las excursiones que se programan a lo largo de la temporada, de lo cual no sé si sentirme orgulloso o culpable. Porque si de puertos duros se trata, este que nos ocupa no tiene desperdicio. No obstante, a pesar de su dureza, fuimos diez los valientes que nos enfrentamos a sus traidoras rampas: a saber; Rafa, Perona, Miquel, Pastillas, Blas, Orlando, Miguel (pibe 2) Quiroga, Monsó (lo encontramos esperándonos en la cima y las malas lenguas dicen que hizo trampa y subió por la vertiente de Collbató) y Cinto.

Nos encontramos el Miquel,.y un servidor, por la carretera de la chatarra, haciendo tiempo para que nos alcanzara el grupo. Por cierto nuestro querido compañero vestía un bonito conjunto rojo con los colores del Real Club Deportivo Español, en el pecho y en la pernera de los culotes (ver fotos) Llegamos al Congost y después de esperar unos ciertos minutos, dada la tardanza, nos asaltó la duda de si el grupo circulaba por delante de nosotros. Puesto en contacto con el Rafa a través del móvil, me aclaró que había sufrido un pinchazo y que estaban al llegar.

Después de reagruparnos, continuamos la ruta hacia Olesa donde, con el Blas y el Pastillas dándose algunos buenos relevos, llegamos en un “tres i no res”. Nuevo reagrupamiento en la rotonda de Olesa y, con el Cinto inspirado tirando en cabeza del grupo, cubrimos los 4 kilómetros de ascensión hasta el cruce de Hostalets, en Esparraguera. Tras el breve descenso de un kilómetro hasta el cruce de Can Fosalba, nos dispusimos a afrontar, cada uno con sus propias fuerzas (nadie empujaba a nadie), la dura ascensión de algo más de 7 kilómetros hasta la cima.

El grupo se disgregó nada más empezar la ascensión. Por mi parte solo pude ver como el Pastillas el Rafa y el Miguel (pibe 2), lenta, pero inexorablemente, se fueron alejando cada vez más, hasta perderlos de vista. El resto permanecimos agrupados durante los primeros dos o tres kilómetros, hasta que el Orlando, el Perona y el Blas, se “desagruparon” y perdieron contacto con el Quiroga, el Miquel y el Cinto. Y Así, con más pena que gloria, fuimos ascendiendo los tres juntitos. El Miquel en silencio, el Quiroga refunfuñando y el Cinto maldiciendo para sus adentros su ocurrencia de incluir tan dura ascensión en alguna de las excursiones del club. Los demás imagino que también más de uno maldijo al “inventor” de semejante ocurrencia, pero si tales maldiciones recayeron sobre mí que sepan todos que no me importa en absoluto.

Como queda dicho con anterioridad, encontramos al Monsó esperándonos en la cima. Queda la incógnita si ascendió por Can Fosalba o si lo hizo por la vertiente de Collbató mucho más suave y distendida.

Y alcanzada la cima y reagrupados de nuevo, llegó la hora del yantar en el restaurante La Cassola de Collbató. La anécdota negativa, fue que tuvimos que ingerir nuestro condumio soportando los rigores del sol, dado que las mesas provistas de sombrilla se encontraban toda ocupadas, pero en contra partida, el servicio fue rápido y eficaz, a parte de que disfrutamos de la euforia y el buen rollo que nos son característicos, ¡Ah, que no se me olvide! Esta vez no hubo chistes malos ni tampoco buenos.

Después de la foto de familia, entre las protestas de costumbre del Perona `por no querer salir en ella, emprendimos la ruta de regreso, la cual, aún incluyendo la opcionalidad de la ascensión a Los Once, hasta el cruce de Castellbisbal (turó de Can Canyadell), discurría por un terreno mucho más suave que el de ida. Así pues, después de un plácido descenso hasta la rotonda de Olesa, cubrimos a buen ritmo el tramo hasta el cruce de Los Once.

Llegados a este punto parecía que más de uno iba a borrarse de ascender el puerto, pero no fue así. Imagino que aquellos que pensaban regresar por S. Andrés y Pallejá, espoleados al ver que, quien más más, quien menos venía dispuesto a encarar la ascensión, cambiaron de idea, y todos sin excepción ascendimos el puerto. Como era de prever, el grupo se disgregó nada más empezar a subir. Se marchó el Pastillas llevándose al pibe 2 a su rueda, pero este no tardó en ceder. Y llegaron al cruce por este orden, seguidos por el dúo anémico compuesto por el Rafa y el Cinto. Poco después llegó el Orlando y el Quiroga. Algo más atrás lo hicieron el Perona y el Blas y cerrando el grupo, el Monsó.

La última anécdota de la jornada fue el fraccionamiento del grupo en el descenso de Castellbisbal, quedando formado el de delante por el Miquel, el Pibe 2, el Rafa, el Blas y el Cinto y el de detrás por el Orlando, Pastillas, Monsó, Perona y Quiroga.

Y esto es todo lo que puedo contar de la excursión mis queridos amigos y amigas. Solo añadir que echamos en falta a algunos habituales como nuestro gran capitán el Seve, y algunos más que prefiero no citar para que nadie se ofenda si me olvido de él.

Para el próximo domingo, hay programada otra bonita excursión en la que después de ascender por la bonita y serpenteante carretera, balcón del mediterráneo, del macizo de Garraf, nos adentraremos por la, no menos bella y serpenteante carretera que bordea el maravilloso paraje del Pantano de Foix. Después de Castellet un doble giro a la izquierda nos dejará en Clariana. Donde podremos reponer nuestras fuerzas. El regreso está previsto por Torrelletes, Les Masuques, la N-340 y el Ordal. (ver perfiles)

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Un abrazo y hasta la próxima.

Cinto, el, cada vez más viejo globero (ya 76).