LA NUEVA NORMALIDAD

22. jul., 2020

LA LEYENDA DEL HILO ROJO (運命の赤い糸)

No hay asunto más complicado que el amor; si las cosas salen mal, darás mil y una vueltas ha todo lo que ha podido influir en que la situación haya terminado de esa manera. Sí todo va bien, puede que llegue un momento en el que te plantees precisamente por qué todo va bien. ¿por qué las personas terminan siendo pareja? ¿Cómo nos encontramos los unos a los otros? Existen un montón de creencias, mitos y leyendas al respecto. Pero si hay un lugar donde los mitos y las leyendas se mezclan armoniosamente con la realidad, ese lugar es Japón.

La mitología japonesa es un sistema extremadamente complejo de creencias, y tiene leyendas mitos e historias par todos los gustos. Ahora bien, hay un tema por el cual los japoneses sienten verdadera pasión, es el amor. Pero si hay un mito que prevalece es el del hilo rojo. Según el mito, las relaciones humanas estarían predestinadas por un hilo rojo que los dioses atan al dedo meñique de aquellos que tiene como objeto encontrarse en la vida. La leyenda es firme; si el destino tiene preparado que te encuentres con una persona en concreto, así será.

La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuanto tiempo pase o las circunstancias que se encuentren en la vida. El hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse… pero nunca romperse.

Una de las leyendas más famosas sobre el hilo rojo cuenta la historia de cómo un emperador conoció a la que sería su esposa, gracias a la intervención de una poderosa hechicera capaz de ver el hilo rojo. El emperador le pidió a la hechicera que siguiese su hilo rojo para conocer la mujer de su destino, y así lo hicieron. La búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con un bebé en los brazos, ofrecía sus productos. Al llegar allí, la hechicera se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: “Aquí termina tú hilo”. Sin embargo, al emperador no le hizo demasiada gracia que su destino se entrelazara con esa mujer pobre, por lo que enfureció creyendo que era una burla de la hechicera. Así empujó a la campesina que aún llevaba el bebé en sus brazos, haciéndola caer. El bebé, una niña, se hizo una gran herida en la frente que le dejó una cicatriz muy particular. Por su parte, a la hechicera ordenó que le cortaran la cabeza. Pero lo que no se esperaba fue lo que pasaría muchos años después, cuando llego el momento de casarse. Se le recomendó que se casara con la hija de general muy poderoso, y para su sorpresa, el día de la boda, cuando le vio la cara se dio cuenta de una realidad: la mujer tenía una cicatriz muy particular en la frente. Fruto de una caída siendo bebé.

Pero ¿por qué en el dedo meñique? Todo tiene que ver con la sangre. La arteria cubital conecta nuestro corazón con el dedo meñique, y según la leyenda, esa vena (hilo rojo), se extendería por el mundo hasta unirse a la arteria y llegar al corazón de otra persona. Ahora bien, los japoneses no limitan estas conexiones al amor de pareja como tal, sino que determina todas las relaciones con significado que podríamos tener en nuestras vidas; mejores amigos, alguien en el que causáramos o nos causara impacto, etc.

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LA CRÓNICA (慢性)

Pues de acuerdo con esta leyenda resulta que todas las personas que formamos parte del Velo estamos unidos por ese hilo rojo invisible (a mí ya me lo parecía, pero no me atrevía a manifestarlo por miedo que os rierais de mí). El caso es que, unidos por ese “supuesto hilo rojo”, desafiando el calor y la dureza de la ruta, mis queridos amigos y mis queridas amigas, hubo otra nutrida asistencia en la excursión programada al Coll del Bruc. Fuimos 18 los que participamos en ella y si me acuerdo de todos y soy capaz de nombrarlos, a saber; Miguel (pibe 2), David (el jovencito), Miquel Vidal, Neng, Orlando, Quiroga (el futuro papá de gemelas), Pastillas, Oscar, Dani, Sergi, Sergio (pibe 2), Monsó, Perona, Manel, Balbis, Joaquín, Rafa y Cinto.

Hubo una avanzadilla compuesta por el “El Trío Los Cuatro” compuestapor; Manel, Joaquín, Balbis y Perona, a quienes vi en la rotonda de Quatre Camins cuando entraba en la estación para aparcar el coche. Ignoro si siguieron la ruta programada o eligieron alguna otra alternativa. El caso es que cuando el resto llegamos al restaurante, ellos estaban, prácticamente, acabando de almorzar.

Por mi parte, debido a que, como la semana pasada, llegaba tarde, desde Quatre Camins me fui directamente al Congos, donde me uní al grupo.

No estoy muy seguro si fue una apreciación mía o si en realidad, a pesar de que el tramo hasta Olesa, se hizo a buen ritmo, quizás con la mente puesta en las dificultades que nos esperaban, no se rodó tan fuerte como otras veces y, aunque el grupo se estiró en el repecho de la rotonda, se llegó prácticamente en pelotón.

Tampoco la batalla en el siguiente tramo hasta Monistrol tuvo excesiva historia. Se rodó fuerte, pero sin sobresaltos y, tras un breve reagrupamiento en la fuente que hay una vez cruzado el puente en dirección a Castellbell, reanudamos la marcha con paz y armonía pensando en los 19 kilómetros de continua ascensión que nos esperaba a partir de El Borrás.

Una vez empezamos a ascender, la batalla no se hizo esperar y se desató pronto. Primero fueron el Oscar y el Miquel quienes se marcharon por delante. Poco después fueron el Pastillas, el Neng y el jovencito David, los que saltaron en busca de los fugados, mientras que por detrás se formó una grupeta en la tiraba el Miguel (pibe 2), seguido del Rafa, el Quiroga (el Futuro papá) y el Cinto.

Por mi parte, aunque de momento podía seguir el ritmo, consideré que era demasiado fuerte para mí y, pensando que más adelante me podía pasar factura, decidí soltarme para subir al tran, tran y guardar para el regreso poco antes de Marganell, donde empiezan los desniveles más fuertes., Me alcanzaron el Seve y el Sergio (pibe 2). Se quedó el Seve a mi vera y perdimos de vista al, siempre agónico, Sergio.

Y así, al tran, tran, fuimos ascendiendo el capitán y un servidor, contándonos nuestras miserias, mientras por delante se dilucidaba una bonita batalla entre los nombrados. Finalmente, se impuso la lógica y fue el jovencito David quien coronó Can Maçana, en primer lugar, seguido del Pastillas y el Oscar y el Neneg. Del resto, Miquel, Rafa, Miguel y Quiroga, ignoro cuál fue el orden de llegada.

Faltaban por llegar el Sergi, el Dani y el Monsó (todo un ejemplo de voluntad los tres. Un aplauso para ellos), una vez alcanzaron la cima, relajados, con la satisfacción de haber superado el duro escollo y con la vista puesta en el suculento bocata que nos esperaba, cubrimos los 4.5 km. que nos faltaban por llegar al restaurante Montserrat Park, popularmente conocido como el Mamporrero.

Llegados al restaurante nos encontramos con el trío “Los Cuatro” (Perona, Manel, Joaquín y Balbis), dando buena de su ágape reponedor, pero el nuestro no se hizo esperar y, afortunadamente, fuimos servidos con prontitud y presteza por una linda y eficiente camarerita.

Satisfecho nuestro voraz apetito, tomadas nuestras correspondientes infusiones, liquidada la cuenta de lo consumido y tomada la foto de familia, nos aprestamos a disfrutar de los largos 60 kilómetros de la ruta de regreso, esta vez exentos de dificultades, con los primeros 40 en continuo descenso, pero que podrían hacer mella en las piernas de aquellos que no hubieran sabido regular.

Emprendimos el regreso (el Perona abandonó al trío; Joaquín, Manel y Balbis,que lo hicieron un poco antes y se unió al grueso del grupo), pero un inoportuno pinchazo en las inmediaciones de Collbató, detuvo al pelotón, salvo al Monsó y al Cinto que continuaron despacio y relajados, en espera de ser alcanzados de nuevo. Pero a la altura de Esparraguera, se desviaron hacia la carretera que desciende por detrás de la iglesia (carretera que desconocía el Monsó), un pequeño atajo de 2 kilómetros que les permitió llegar al reagrupamiento de la rotonda de Olesa, sin ser alcanzados. Una vez allí, el Monsó decidió continuar, mientras el Cinto esperó la llegada del grupo.

Faltaba por dilucidar la batalla que siempre acontece en los 11 kilómetros de distancia que hay desde la rotonda de Olesa hasta el Congost. Una típica batalla que, en esta ocasión, ya fuese por el fuerte viento que soplaba en contra o porque las piernas de algunos venían pidiendo clemencia, nos deparó un interesante e inesperado desenlace. Os lo cuento. Faltando algo menos de tres kilómetros para llegar al Congost, saltó con mucha fuerza el jovencito David. “Demasiado pronto, no llegará”, pensé dado el fuerte viento que soplaba en contra. Adquirió unos cien metros de ventaja, pero el Neng, en una de sus fuertes arrancadas, no solo lo neutralizó, sino que lo rebasó sin que pudiera seguirle la rueda. “Te equivocas, Neng, le has atacado demasiado pronto”, pensé resguardado en el grupo del que tiraba el Pastillas. Clavado como una alcayata, alcanzamos primero al jovencito David y después, no menos clavado, al Neng, Ya sobre el puente del río, lo probó, el siempre guerrero, pueda o no pueda, Miquel, pero también fue neutralizado por el grupo a mitad del último repecho. Finalmente, el grupo quedó compuesto por el Miquel (pibe 2), Rafa, Cinto, Pastillas, Oscar y Perona. Que llegamos juntos a la gasolinera. Me sorprendió que, en última instancia, no lo intentara el Pastillas, pero, quizás llegó justo de fuerzas por el esfuerzo hecho para neutralizar los sucesivos ataques que se produjeron. Habrá que preguntárselo. En resumen; una bella escaramuza de las que hacen disfrutar.

Y esto es todo lo que nos deparó la bonita excursión al Coll del Bruc, mis queridos amigos y mis queridas amigas. Otra excursión de esas que hacen afición, digna de enmarcar y de recordar.

Como supongo sabéis, para el próximo domingo vamos a “celebrar” (es un decir, por eso lo pongo entre comillas), la Tarragona Velo Clasic, Otra bonita excursión, quizás más dura por su kilometraje (180 km ida y vuelta), que por su desnivel acumulado (600 m. de ida y otros tantos de vuelta). Una excursión que siempre se presta a grandes batallas y que tantos bellos recuerdos nos trae (sobre todo algunos de globos propiciados por el tío del mazo). Seguro que la disfrutaremos con la misma intensidad con que venimos haciéndolo cada año. Así que, repasad bien las bicis para no tener sorpresas desagradables, y para cualquier problema recordad que Bicicletas Marco, de la calle Renclusa, 50, de l’Hospitalet, tememos una tienda taller donde los socios del Velo, podemos disfrutar de un 10% de descuento en material y mano de obra.

Hasta la próxima, un fuerte abrazo a todos y a todas.

Cinto; el viejo globero (mítico, legendario, indestructible)

 

 

 

22. jul., 2020

PERFIL TARRAGONA VELO CLASIC, IDA Y VUELTA POR EL PORT D'ORDAL,

22. jul., 2020

PERFIL PORT D'ORDAL DESDE MOLINS DE REI

15. jul., 2020

ISIDRE LLUÇÁ I CASANOVAS EL TIMBALER DEL BRUC

14. jul., 2020

EL PRECIO DEL DESAHUCIO

Después de dejar a los niños en el colegio, Alberto tenía una entrevista de trabajo. Llevaba más de tres años desempleado. Durante todo ese tiempo, el resultado de las entrevistas fue siempre el mismo. Ya le avisaremos. Todas las prestaciones sociales estaban agotadas y el desahucio llamaba a la puerta.

Ángela cogió el pintalabios y frente al espejo, vio reflejada una cara triste y amargada que apenas reconoció. Salió a encontrarse con alguien. De regreso borró los restos del carmín; se conectó de nuevo y rebuscó en las páginas de contactos. Encontró uno que le pareció idóneo y concertó una nueva cita para el día siguiente.

Poco después escuchó el llavín en la cerradura. Se saludaron con un imperceptible «hola». Mientras comían, apenas se miraron. Por fin, alzando la vista, Alberto la interrogó con la mirada. Ángela asintió con un ligero movimiento de cabeza. Continuaron comiendo, llorando en silencio. Solo así podrían parar el desahucio.

ASÍ ES LA VIDA

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LA LEYENDA

Antes de entrar en materia, y puesto que la próxima excursión del día 19, está programada al Coll del Bruc, me gustaría hacer un poco de historia (solo 2 minutos) y desvelar qué de verdad hay en la leyenda de Isidre Lluçà i Casnovas, más conocido como el Timbaler del Bruc.

Esta leyenda, como ya sabéis, nace a partir de la Primera Batalla del Bruc. El 6 de junio de 1808, el cuerpo del ejército francés acantonado en Catalunya, había salido de Barcelona con la misión de sofocar las revueltas de Manresa y de Igualada. En el Bruc toparon con la parte del ejército español que no aceptaba la renuncia de Fernando VII (ese que usaba paletó, cuya circunstancia expliqué en una de mis crónicas), a favor de Josep Bonaparte y con varias compañías del somatent catalán (en otra ocasión explicaré qué era eso del somatent), articuladas por los sectores sociológicos e ideológicos más tradicionalistas de la Catalunya rural y agraria.

La historiografía contemporánea ha probado la existencia del Timbaler como un personaje integrante de la Confraría dels Dolors de Sanpedor. En cambio existe una división de criterios con respecto al papel que jugó en el desarrollo de aquella batalla. Mientras que una parte se inclina por situarlo como un simple tamborilero situado a la vanguardia de las compañías de somatents, otra ha llevado a cabo varios estudios para demostrar su papel decisivo considerando que la orografía de la montaña de Montserrat, actuó como caja de resonancia. En cualquiera de los dos casos, lo que sí está probado es que no era un muchacho, en el momento de la batalla tenía 17 años y en aquella época se consideraba que una persona de esta edad ya era un adulto, preparado para emanciparse y formar una familia.

Isidro Lluçà i Casanovas, conocido como El Timbaler del Bruc, murió el 6 de abril de 1809

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LA CRÓNICA

DESNIVEL ACUMULADO

Un término que desde ya bastante tiempo se viene empleando con asiduidad. En mi juventud (¿cuánto tiempo debe de hacer de eso?), el argot ciclista era menos sofisticado. Un ejemplo; si uno salía a entrenar y alguien le preguntaba por el recorrido que iba a hacer o que había hecho, contestaba; “los noventa”. Con ello refería que la ruta sería o había sido “Casots/ Ordal”. Ahora el recorrido se mira en el Strava, se comprueba el tiempo empleado y el desnivel acumulado, 1184 m. Vivir para ver.

Causaba respeto la excursión del pasado domingo a Monistrol de Calders. No solo por el “desnivel acumulado” (1798 m.), sino también por los largos 130 kilómetros del recorrido y el calor previsto.

Estas circunstancias hacían prever una escasa participación, sin embargo, sucedió todo lo contrario. Hacía muchísimo tiempo que el Velo, a excepción de el Memorial Balbis, La marcha solidaria, Alba Pérez o los almuerzos sociales, no registraba una participación tan nutrida. Según mis cuentas, salvo error u omisión, fuimos nada menos que 22 valientes, los que, desafiando “el desnivel acumulado”, los 130 kms. y el calor, que afortunadamente fue menos de lo esperado, formamos un bonito pelotón de maillots azules del Velo (salvo alguna excepción).

Hubo también varias novedades en el grupo y pudimos contar con la gentil Cindy (a la tercera va la vencida), el Oscar (perteneciente al trío cantamañanas, compuesto por el Rafa, el Propio Oscar y quien esto escribe), además del Albert, hijo de nuestro entrañable “Fede pajarero”. Solo faltaron los componentes del trío “los tres caballeros” (el pato Donald, José Carioca y el Gallo Pancho), o sea, el Manel, el Joaquín y el Perona. A estos solo los exculpo de “cobardía”, si su ausencia queda totalmente justificada.

¿Qué sucedió en el recorrido de la ida? Me pilló el toro en esta ocasión, y estaba acabando de prepararme, en el parking frente al Mercadona de Molins, cuando vi pasar al grupo raudo como una centella. Tanto fue así que, además de no poder apreciar cuántos Velos lo componían, ni tan siquiera me dio tiempo de darles un grito para avisarles de que aflojaran y me esperaran. Me tocó, por tanto, ponerme en marcha yo solito pensando en avisarles a través del móvil, para que me esperaran en el reagrupamiento de Terrassa, al comienzo del Coll d’Estenalles. No hizo falta. Por fortuna, el Seve, entretenido por una llamada del Marc (que también le pilló el toro y nos alcanzó por la Avenida del Vallés), venía por detrás y me alcanzó a la altura de El Papiol, cubriendo ambos con paz y armonía, los 20 kilómetros que nos separaban hasta el mencionado reagrupamiento del Terrassa.

La historia de la ascensión al Coll d’Estenalles, la escribieron un grupito formado por el Marc, el Pastillas, el Miguel, el Albert (el hijo del Fede) y no recuerdo si había alguien más incrustado entre ellos, pero fueron los componentes de este mencionado grupito los que nos pasaron mediada la ascensión como alma que lleva el diablo (unos cuantos arrancamos antes para subir al tra, tran). No pregunté quién fue primero en la cima porque, decidido a guardar para que mis piernas no tuvieran que pedir clemencia en la ruta de regreso, opté por no detenerme en el reagrupamiento y hacerlo después del duro repecho de la Uve (el Coll del Lligabosses).

Así lo hice; llegué al punto mencionado y, lo anecdótico del momento fue que, poco después, llegó un joven muchacho que no llevaba la ropa del Velo, y me preguntó cuánto faltaba para llegar al sitio. No lo reconocí y le pregunté si venía con nosotros. Era el Albert, el hijo del Fede. Más tarde, hablando con el me explicó que conocía a Arantxa y que habían coincidido en algunas carreras y que incluso había entrenado con ella en alguna ocasión. Feliz coincidencia.

Reagrupados de nuevo, descendimos los cuatro kilómetros que nos separaban de Monistrol de Calders, que nos sirvieron para relajar nuestras piernas después de los casi 60 kilómetros recorridos (algunos menos en lo que a mí respecta) y con “un desnivel acumulado” de 1180 m. (está de moda y es lo que se lleva).

Puestos y aposentados en el restaurante, nos ofrecieron por nueve euros, un descomunal “almuerzo ciclista”, compuesto por; butifarra y judías, panceta, patatas fritas, dos huevos fritos y pan con tomate; acompañado por la consiguiente bebida (vino, cerveza, cocacola, etc.) y el respectivo café. El festivalazo fue tremendo, aunque, todo hay que decirlo, algunos optamos por algo menos pantagruélico y pedimos una simple tortillita o unas lonchitas de jamón con un poco de pan con tomate.

Aun sin tener grades dificultades, después de los 65 km cubiertos en la ruta de ida y de los 1.180 m. de “desnivel acumulado”, los 65 km de que constaba la ruta de regreso causaban un cierto respeto (no para todos). Se temía el calor. Pero por fortuna un cielo cubierto de una finísima capa de nubes, evitó que nos achicharráramos y tuvimos un regreso mucho más plácido de lo que esperábamos. Ya de salida, se fueron por delante los “gallitos de pelea”, o sea, Marc, Pastillas, Albert, Miguel (pibe 2), etc. mientras que, por detrás un generoso Rafa, llevó en carroza de plata, a un numeroso pelotón. Fueron 23 km, hasta Castellar, tirando del grupo sin recibir ni un solo relevo. Todo un regalazo.

Después de reagruparnos en Castellar, cubrimos con paz y armonía los 13 o 14 km hasta S. Quirze, donde hubo la última escaramuza de la jornada, en la ascensión a Can Viver, protagonizada por los susodichos gallitos, Pastillas, Marc, Pibe 2,y no sé si algún otro entre ellos.

Decía con anterioridad, que “no a todos” les causaba respeto la ruta de regreso. Tanto es así que, llegados a Rubí, el Marc, el Pastillas, el Miquel y el Pibe 2, decidieron desviarse hacia S. Cugat, para regresar por Les Planes y Vallvidrera (dichosos ellos).

El resto, a buen ritmo y sin entretenernos, llegamos a Molins donde, como de costumbre y con las endorfinas a tope, me despedí de los compis.

Para el domingo próximo la excursión está programada al Coll del Bruc. Pero ¡ojo! En esta ocasión para la ida se ha elegido una ruta inédita y la emboscada que nos han preparado (no sé si el Dani, el Seve o los dos juntos, no tiene desperdicio. Después de los primeros 50 km. hasta El Borrás (Castellbell y Vilar), nos espera una ascensión distendida en sus primeros 7 km. hasta Marganell donde la ascensión se endurece hasta alcanzar un desnivel del 10% en el último de los 18 kilómetros de ascensión, en total 1.066 m. de desnivel acumulado (ver perfiles).

Pero como todo lo que se asciende luego se desciende, la ruta de regreso será plácida, con sus 50 km de descenso continuado.

Y me despido hasta la próxima con mi recomendación de siempre para que luego nadie diga que no lo sabía o que no se lo han dicho. Nuestro mecánico de confianza, Rafa Marco, además de tener manitas de plata para dejar las bicis a punto, ofrece un 10% de descuento en material y Mano de obra a los socios del Velo.

Un abrazo y hasta la próxima

Cinto, el viejo globerillo