CRÓNICA CA LA KATI

23. jul., 2022

LAS 24H. DE MONTMELÓ

Por circunstancias personales, que no vienen al caso, se quedó en el  tintero, la crónica de la semana pasada, pero como nunca es tarde si la dicha es buena,  quiero mencionar, en la de esta semana, la participación de los, Nico, Sergi, Dani y compañía, en las 24h de Montmeló y, aunque todo lo acontecido en el evento ha llegado tan fragmentado que resulta imposible articular un eje narrativo que explique ni tan siquiera en forma de resumen lo que fue la maratoniana jornada, es justo y necesario, felicitar a todos aquellos participantes, socios y no socios, que lucieron el maillot del Velo, dejando la estela de nuestros colores en tan magno acontecimiento.

 

LAS BRUJAS DEL BRULL

Pensando en la excursión del próximo domingo, programada por las rutas del Montseny, he encontrado interesante esta narración; espero que os guste y que la encontréis amena

El pueblo de El Brull (que habrán de cruzar los que participen en la excursión), con su iglesia románica bajo la advocación de Sant Martí, se encuentran en la zona norte del Montseny, rodeado de verdes campos y unos escombros de un castillo del que no queda sino una torre medio derruida.

Por toda la zona del Montseny era conocido el castillo del Brull como el castillo de las brujas, pues estaba allí donde celebraban sus aquelarres, a diferencia de otras zonas donde debían celebrarlo al aire libre y escondidas; y esto era porque, según se decía, las primeras brujas que habitaron la región ayudaron con sus artes al señor de la zona a obtener su título nobiliario, obteniendo a cambio inmunidad diplomática y el castillo a su disposición para celebrar las reuniones.

En estas reuniones las brujas, como era habitual, hacían sacrificios humanos y bailaban adorando al Diablo, mientras éste tocaba el tamboril y el flautín y mantenía relaciones con ellas, en medio de un desenfreno tal que permitía escucharlo incluso desde fuera del recinto.

Los señores del castillo, que eran también los condes de Centelles, junto con todos los que habitaban, marchaban del castillo a otras de sus residencias señoriales las noches en las que había reunión, pues temían la presencia de las brujas y del Diablo. Los señores recibían numerosas quejas por parte de sus vasallos y no se encontraban cómodos con la presencia de las brujas, pero debían no sólo aceptarlo, sino también defenderlas, ya que, si no respetaban el pacto establecido por sus antepasados, las brujas les tomarían el poder otorgado.

Sucedió entonces un día de 1619 que una bellísima bruja, para obtener la gracia del Diablo en la próxima reunión, sedujo al cura de la iglesia del pueblo y le dio muerte, exhibiendo posteriormente el cadáver como trofeo a la reunión

El obispo de Vic, sin embargo, enterado de esta acción se desplazó inmediatamente hacia Sant Martí del Brull y hizo apresurar a la bruja para colgarla, pero, sin embargo, la condesa de Centelles, representando a los señores en ausencia de su marido, preocupada por los acontecimientos que pudiera producir la muerte de la bruja, intercedió por ella y consiguió al menos un juicio.

Éste se celebró en la plaza del pueblo, gracias a la intervención del obispo, que quería servirse de la presión que sabía ejercerían los habitantes del pueblo, que querían aprovechar la seguridad que les proporcionaba la presencia de la Iglesia para expulsar a las brujas de su pueblo. Y tanto fue así que el pueblo no dejó hablar la defensa de la bruja y finalmente fue condenada a muerte. Los ciudadanos querían incluso colgarla allí mismo, pero el obispo lo evitó y el castigo se llevó a cabo en un lugar secreto entre Brull y Centelles, terminando así con la vida de la belleza de las aguas, que era como habían llamado los habitantes a la bruja después de haber admirado su belleza.

Las otras brujas, una vez volvió el obispo a Vic, provocaron la desgracia de la familia de Centelles, que pasaron a ser simples pedigüeños, y emigraron a lugares más propicios a sus intereses, dejando en paz a los habitantes de Sant Martí del Brull.

 

UN SUSTO, PINCHAZOS, LA TORRIJA  Y … LA BODEGUILLA

Un titular que resume lo más significativo de la que fue la excursión del domingo pasado a Ca la Kati de S. Martí de Sarroca.

Me reuní con el grupo en el Congost, Un grupo poco numeroso esta vez, compuesto por el Seve, el Pibe, el Oscar, el Nico y el Miquel. Sólo cinco Velos más el viejo Cinto, seis. Después, en el restaurante, nos esperaban el Sergi y el Joaquín quienes optaron la ruta del Ordal y Vilafranca.

Con el grupo encabezado siempre por el Oscar y el Nico, llegamos a las estribaciones de S. Sadurní. El ritmo fue bastante rápido y vivaz, pero nunca llegó a ser agónico (lo cual agradecí para mis adentros). Hubo la típica arrancada en el repecho que salva la vía del tren (arrancada esta de la que me borré para mis afueras) y pude observar al Seve que, cortado en un principio, se unía al grupo en el descenso antes del último repecho, para volver a quedar cortado poco después.

Reagrupados en la nueva rotonda ubicada en el cruce de la carretera BV–241, la que va hacia Piera, arrancamos en dirección a Torrelavid, Fue el Pibe, en esta ocasión, quien tomó el mando del grupo explayándose durante un par de kilómetros de carretera ascendente. Llegamos agrupados hasta el cruce de Torrelavid y giramos a la izquierda en dirección a El Plà del Penedés donde, de nuevo, se disgregó el grupo en el primer repecho, mientras el Oscar, Nico, Pibe y Miquel, desaparecían de nuestra vista, el Seve y yo, nos dedicamos a cubrir al tran, tran, los catorce kilómetros que restaban para llegar a Guardiola de Fontrubí, donde los mencionados, Oscar y compañía, pararon y volvimos a reagruparnos para cubrir los últimos cinco kilómetros hasta Ca la Kati, donde, como queda explicado antes, nos estaban esperando el Sergi y el Joaquín.

Transcurrió el ágape reparador de fuerzas con la acostumbrada tertulia y el buen rollo y, pagada y tomada la foto de familia, emprendimos la ruta de regreso y arrancamos en dirección a La Bleda.

EL SUSTO

La Bleda es una pequeña localidad perteneciente a S. Martí de Sarroca, atravesada por una pista asfaltada, de unos siete kilómetros, que se toma desde la carreta BP–2121, un kilómetro antes de entrar en S. Martí, dirección Torrelles de Foix, y desemboca en la B–212, unos tres kilómetros antes de Vilafranca. La pista que atraviesa esta pequeña localidad acostumbra a tener muy poco tránsito por ser un camino vecinal. Tal circunstancia provocó que nuestro querido compañero, Miquel, que a veces es bastante temerario, se confiara de tal forma que, a la salida de una curva cerrada, a la izquierda, se encontrara de frente, a escasos metros, con un coche que circulaba en sentido contrario. No sé hasta que punto él y el resto de los compañeros se asustaron, pero en lo que a mi respecta, os puedo asegurar que me quedé temblando y que todavía me tiemblan las piernas cada vez que   lo recuerdo.

LOS PINCHAZOS

Después del susto, llegamos al cruce de la carretera B–212, (la de S. Jume dels Domenys, y giramos a la izquierda para cubrir los escasos tres kilómetros hasta Vilafranca, por la N–340. Apenas llevábamos recorrido un kilómetro por la mencionada carretera, cuando, creo que fue el Seve que conducía el grupo conmigo a su rueda, nos hizo un gesto con la mano para avisarnos de que esquiváramos un profundo socavón. Demasiado tarde; el Joaquín y yo nos “tragamos” literalmente, el agujero con el resultado de sendos “llantazos” de la rueda trasera que reventaron las cámaras.

Atendidos y ayudados por nuestros compañeros, bajo un sol de justicia cambiamos las cámaras y reemprendimos la marcha. Llegamos a Vilafranca y nos detuvimos en una fuente ubicada casi a la salida de la villa, llenamos los bidones y volvimos a arrancar con la “torrija” empezando a manifestarse en algunos de nosotros. Cinco kilómetros más adelante, pinchazo del Seve y nuevo parón. Esta vez cobijados bajo la sombra de una estación de servicio. Las doce y media; temperatura; 37º. Doce kilómetros hasta la cima del Ordal, veintiocho, hasta La Bodeguilla.

Reparado el pinchazo, tomó el Nico la cabeza del grupo, adoptó un ritmo bastante asequible y siete kilómetros más adelante, nueva parada, esta vez en la fuente de El Pago, en la que el Osacar y yo no nos detuvimos. En lo que a mí respecta porque a mi edad, las paradiñas me sientan fatal y preferí continuar al tran, tran, siguiendo la estela del Oscar que, sin prisa, pero sin pausa,  me iba esperando..

LA TORRIJA Y LA BODEGUILLA

Llegamos el Oscar y yo a la cima del Ordal (ver foto), por supuesto, él bastante antes que yo y, después de un cierto tiempo de esperar al resto del grupo, llegaron, el Sergi y el Joaquín, que además de la “torrija”, traían la noticia de que el Seve había vuelto a pinchar. Así que decidimos dejarnos caer hasta Molins de Rei para esperar en La Bodeguilla a los cuatro que faltaban (Seve, Sergi, Nico, y Miquel), donde no tardaron en acudir. Finalmente, os puedo asegurar que  era un “poema” ver las caras que hacíamos  todos, por lo que se podía deducir que, además de nuestras ansiadas jarras de cerveza, también la “torrija” estuvo presente.

Quiero finalizar esta crónica, escrita con retraso, pero, escrita, al fin y al cabo, comentando que, gracias a nuestra web y a través de su hija Susana, he tenido noticias de un antiguo amigo y compañero que fue socio fundador del VELO, Mariano Alento.

Mariano, que en la actualidad tiene 87 años, fue uno de los pioneros en engrandecer el Club. Sé que, excepto, este viejo Cinto que escribe las crónicas, ninguno de vosotros lo habéis conocido, y quizás tampoco habréis oído hablar de él, pero yo que compartí muchas excursiones, muchos kilómetros y épicas batallas.  con él, os puedo asegurar que, además de excelente persona, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitase, era un gran rodador. Bastante corpulento y recio, era temible cuando se ponía a tirar en cabeza del grupo. Precisamente, ganó el campeonato de excursionismo del año 1971, años de la fundación oficial del club.

Desde estas líneas le mando un fuerte abrazo y espero que podamos verlo y que lo conozcáis en los próximos eventos (almuerzo social, cena de conmemoración del 50º aniversario, ertc) que organice el club.

Y para terminar esta crónica tardía, os recuerdo que, por cese de la actividad, BICICLETAS MARCO, de la calle Renclusa, 50, de l’Hospitalet, hace liquidación de existencia y ofrece un 20%, en Bicicletas de carretera y BTT, ropa, accesorios, componentes, recambios, etc. Recordadlo si tenéis necesidad de comprar algo, merece la pena.

Hasta la próxima, un abrazo.

Cinto

 

 

 

 

 

7. jul., 2022

El comentario que hay a la derecha de la página es de Alberto Contador

KUBALA

Ladislav Kubala o Ladislao Kubala, fue un futbolista y entrenador húngaro, que contaba también con nacionalidad española y checoslovaca. Era apodado «Laszy». Es ampliamente considerado como uno de los mejores jugadores de la historia y un símbolo del F. C. Barcelona.

Nació el 10 de junio de 1927 en Budapest y la Segunda Guerra Mundial marcó su juventud, condicionando su evolución como jugador. Hombre de profundas convicciones religiosas, este "barcelonés de Budapest", como lo bautizó un periodista catalán, tenía fama de generoso y familiar.

Debutó en la Primera División húngara con el Ferencváros. Emigró a Checoslovaquia y se alistó en las filas del SK Slovan Bratislava, donde jugó 6 veces y marcó 4 goles. Volvió a su país para fichar por el Vasas de Budapest.

Persecución política

Después de disputar un partido en la capital húngara, se despidió de su madre sin confesarle que había decidido cruzar el Telón de Acero. Acompañado de otros cuatro compañeros de equipo y de varias personas más, cruzó la frontera con Austria en un camión con matrícula soviética. Tardó años en volver a ver su madre.

Una vez en Occidente los problemas continuaron. La federación húngara le acusó de delincuente y estafador, y la FIFA le suspendió durante un año. Durante ese período, el jugador se alistó en el Aurora Pro Patria 1919, el único equipo de Italia que le dio garantías económicas. Kubala acabó en un campo de refugiados en Cinecittà, donde ya lo acompañaba parte de su familia. Entre otros, se encontraba su cuñado, el entrenador Ferdinand Daučík, el cual fundaría el Hungaria, un equipo integrado por exiliados húngaros que viajó por Europa y a finales de 1950 también a América del Sur, muy afamado por su gran juego dirigido y organizado en su totalidad por Daučík.

En una de sus giras con el Hungaria, Kubala recaló en Barcelona para disputar un amistoso frente al RCD Español. José Samitier, entonces director técnico del F. C. Barcelona, quedó prendado con las evoluciones de aquel maravilloso jugador de 23 años. El 15 de junio de 1950 firmó por el Barça pero debido a varias trabas burocráticas su debut oficial se retrasó hasta abril de 1951 aunque muy pronto se convirtió en el ídolo indiscutible de la afición barcelonista. Con él comenzó una auténtica edad de oro para el F. C. Barcelona. Kubala desplegaba su juego en el centro del campo, y todas sus cualidades futbolísticas destacaban por su tono superlativo: fuerza física fuera de lo común, técnica de un malabarista, extraordinaria visión de juego, habilidad rematadora, maestría insuperable en el lanzamiento de faltas y penaltis y dotes de líder en el terreno de juego. Con él el legendario "equipo de las 5 Copas" (1951-1952) donde el F. C. Barcelona ganó la Liga, la Copa de España, la Copa Eva Duarte, La Copa europea Latina y la Copa Martini&Rossi, en 1958 formó parte de otro "equipo legendario" que incluía también a sus compatriotas y compañeros de selección Zoltan Czibor y Sandor Kocsis (que eran junto a él refugiados húngaros en España), Ramallets, Luis Suárez y Evaristo, ganando la primera Copa europea de Ferias de 1958 con un equipo magnífico, una Copa de España y La Liga haciendo el "doblete nacional" en 1959 y una Liga y Copa europea de Ferias haciendo un "doblete internacional" en 1960.

Con los azulgranas a Kubala solo se le resistió la Copa de Europa, aunque disputó la final de 1961 frente al Benfica

Tras retirarse en 1962 siguió ligado a la disciplina barcelonista. Poco después se convertía en el máximo responsable técnico del club catalán. Desde el banquillo ganó una Copa europea de Ferias, pero un mal inicio en la Liga 1962/63 le valió la destitución. Kubala quiso entonces volver a jugar pero la directiva culé se negó en redondo. Ofendido, fichó por el RCD Español y descolgó las botas a sus 35 años.

Internacional con España, su país de adopción; Hungría, su patria natal; y Checoslovaquia, la tierra de sus antepasados (sus padres procedían de Eslovaquia), el fútbol llevó a Kubala por medio planeta. Primero como jugador y, posteriormente, como entrenador.

Después de su retirada definitiva como jugador, dirigió a la Selección Española durante 11 años, clasificándola para el Mundial de 1978 y la Eurocopa de 1980. Posteriormente volvió a entrenar al Barça, antes de iniciar un nuevo peregrinaje por medio mundo.

En 1993, el estadio de Montjuïc fue el escenario de un emotivo homenaje a su figura.

Fallecimiento

El que fuera uno de los mejores jugadores del Barcelona de toda la historia, Ladislao Kubala, falleció a los 74 años el 17 de mayo de 2002 a las 13:00 horas en la Clínica del Pilar de Barcelona, como consecuencia de una larga enfermedad. Fue enterrado en el Cementerio de Les Corts de Barcelona, junto a otros grandes jugadores del barcelonismo como José Samitier o Paulino Alcántara, siendo colocadas en su tumba varias insignias del Barça y una bandera del mismo. Joan Manuel Serrat llegó a dedicarle una canción 'Temps era temps', una referencia como himno del club barcelonés.

Entre 1950 y 1962 Kubala disputó un total de 256 partidos oficiales con la camiseta azulgrana y consiguió 194 goles. Posee, además, uno de los récords (compartido con Bata del Athletic Club) de la Liga española al marcar siete goles en un partido que enfrentó a los catalanes con el Sporting de Gijón.

EL VERSILLO

Dijo un tuerto a un jorobado
a quien vio al romper el alba:
«Muy pronto, amiguito mío,
camina usted con su carga».

«Temprano debe de ser»,
respondió el otro con calma,
«cuando tiene usted abierta
solamente una ventana».

Jerónimo Morán (1817—1872)

7. jul., 2022

PERFIL PRÓXIMA EXCURSIÓN A OLESA DE BONESVALLS, DÍA 10 DE JULIO 2022. 120 KM.
SALIDA; 6,45h, Mercado de Collblan; 7h, Rotonda 10X10, S. Feliu
RUTA DE IDA; Molins de Rei, Ordal, Avinyó Nou, OLesa de Bonesvalls
RUTA DE REGRESO; Beguesm, Gavá, Viladecans, S. Climent, S, Boi, Molins de rei.

7. jul., 2022

 CRÓNICA DE UNA PÁJARA ANUNCIADA

Empiezo pues, remedando el título de la novela, de ese gran escritor, Gabriel García Márquez, CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, en la que, desde las primeras líneas del primer capítulo, sabemos que el principal personaje, Santiago Nasar va a morir. Me explico.

Tenía decidido asistir a la excursión del pasado domingo a El Farell, aun sabiendo que, después de haber participado el sábado anterior, en la Marcha del Vila, mi osadía podía salirme cara. Así fue.

Aparqué el coche en Quatre Camins, como de costumbre, y, al tran, tran, me dirigí hacia Rubí para ascender por Can Viver hasta S. Quirze del Vallés, Sabadell, Senmenat, Caldas de Montbuí y El Farell, total unos 45 kilómetros en la ruta del Google maps, que es muy fiable.

 Empecé a rodar y apenas noté el cansancio del día anterior y me sentí animado. Ascendí Can Viver tranquilo y relajado y todo fue bien hasta Sabadell. Sin embargo, a partir de ese punto, todo empezó a ir mal. Quise fiar la ruta a mi memoria, pero está falló y, perdido en el laberinto de las calles sabadellenses, pregunté en una gasolinera. Me indicaron. ¡Uf qué alivio! –pensé–. Pero pensé mal. El viento empezó a soplar de cara con bastante fuerza; la ruta que me indicaron fue de un continuo subir y no bajar. Con la preocupación de llegar lo antes posible, aumenté el ritmo que, hasta ese momento había sido tranquilo, pero las piernas empezaron a doler. Los 45 kilómetros previstos, hasta la cima de El Farell, se convirtieron en 47 en el pie del puerto y en 55 en la cima de El Farell. Al llegar a las primeras estribaciones del puerto, decidí llamar al Seve para avisarle de que empezaba a ascender; saqué el móvil y… ¡Oh! Sorpresa, no era el mío, había cogido el de mi mujer, Gloria, Emprendí la ascensión, los dos primeros quilómetros me parecieron distendidos y aceleré el ritmo a tope. Sólo dos kilómetros más, porque, a partir de la mitad de la ascensión, mis piernas empezaron a doler, me quedé clavado como una alcayata y llegué a la cima con más miseria que otra cosa.

Llegué al restaurante cuando el grupo, compuesto por el Seve, Marc, Oscar, Sergi, Miquel, Diego y Orlando, estaban tomando los chupitos. Pedí el bocadillo a uno que pasaba por allí con una bandeja que no era el camarero. Pero el buen hombre, sonriente y compadecido, lo encargó en la barra y me lo sirvieron. Mientras esperaba el bocata, los susodichos, Seve, Marc, Oscar, Sergi, Miquel, Diego y Orlando, se miraron entre ellos y escuché que decían «Está desencajado». Yo me pregunté «¿De quién estarán hablando?», pero miré a mí alrededor y no vi a nadie. Y como según la ley de Murphy «si algo va mal puede ir peor», me trajeron un bocadillo de atún incomible, compuesto de pan de una de esas barras que se elaboran en panificadoras industriales y se congelan,  acabado de descongelar, un poco tostado por fuera y tan crudo por dentro que, al masticarlo, se convertía en una densa pasta en la boca que era incapaz de ingerir. Intenté comer sólo el atún, pero era tan escaso que brillaba más por su ausencia que por otra cosa. Me trajeron un café (no americano, sino solo), que sin querer derramó el Miquel apresurándose a pedir otro. Y ahí terminó mi ágape.

LA RUTA DE REGRESO

Después de tomar la foto de familia y algunas otras, descendimos hacia Caldas de Montbuí, donde no reagrupamos en la entrada a la villa, pero creo que fue un error de cálculo, porque dicha entrada se correspondía con la antigua carretera de Caldas a S. Feliu de Codinas, renombrada como Passeig del Remei, una carretera que aún conserva un largo tramos adoquinado parecido a algo así como la París Roubaix , pero menos, cuando a escasos 500 metros hubiéramos enlazado con la actual variante C–59. Pero bien; aunque tomamos las aceras para evitar los adoquines, como visita turística por el centro urbano fue una bonita experiencia.

Cruzada la población, tomamos en dirección a Senmenat y Castellar del Vallés. El grupo permaneció compacto hasta Senmenat, pero cuando la carretera en dirección a Castellar comenzó a ascender, lenta, pero inexorablemente, nos quedamos cortados, primero el Sergi y poco después el Seve y yo. Circunstancia esta que me sirvió de excusa para decirle al Seve que esperáramos al Sergi (el globo ya era manifiesto).

Una vez estuvimos en Castellar (en este punto llevaba una pájara de las que hacen época, para que voy a decir una cosa por otra), nos vimos obligados a variar la ruta prevista. La  la carretera C–1415, en dirección a Terrassa, estaba cortada por carrera ciclista y decidimos regresar por Sabadell, S. Quirze, Rubí y Molins de Rei.

Me acomodé a la cola del grupo intentando protegerme del viento y, con más pena que gloria, haciendo la goma en los repechos y ayudado por el Perona que me iba esperando, cruzamos Sabadell, llegamos a S. Quirze y ascendimos los 2,5 kilómetros de Can Viver.  El resto, ya os lo podéis imaginar; nos reagrupamos en Rubi y de nuevo, a esconderme en la cola del pelotón hasta Molins de Rei.

Pero la historia acabó tomando cerveza en La Bodeguilla. Quise llamar a Gloria desde su propio móvil al mío; a alguien se le ocurrió que cuando contestara, el Perona preguntara por «el señor Cinto», pero no dio el pego porque su respuesta fue «Sí, está ahí con vosotros». En fin, mis queridos amigos y amigas, por todo lo relatado en esta crónica, fue una excursión inolvidable, incluida la «pájara anunciada».

Antes de despedirme os recuerdo una vez más que, por cese de la actividad BICICLETAS MARCO, de la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet, ofrece un 20% de descuento en todas las existencias; bicis de carretera y BTT, accesorios, recambio, ropa, componentes, etc. La tienda permanece abierta los lunes, miércoles y viernes.

Saludos y hasta pronto

Cinto

 

1. jul., 2022