13. sep., 2021

LA LEYENDA DE LA MALVASÍA

Como supongo que todos sabeis que la  excursión del próximo domingo, día 19, está programada a Sitges, antes de entrar en materia en lo referente a la crónica de Ca la Teresa, me voy a esplayar contando algo sobre la leyenda de la Malvasía; un vino de Sitges, que considero puede ser interesante.

La malvasía de Sitges es un vino dulce típico de esta población. Se elabora con una variedad de uva de cepa blanca originaria de Grecia que recibe el mismo nombre.

La uva de malvasía es pequeña, y sus granos son gruesos, muy dulces y aromáticos. En Cataluña se utiliza en la elaboración de vinos de las Denominaciones de Origen Penedès y Tarragona.

Esta variedad sólo se cultiva en los campos de Sitges y sus alrededores. El mosto, una vez fermentado, da lugar a una bebida olorosa, dulce y de alta graduación que se suele beber después de las celebraciones y de las xatonadas. También se utiliza, sin embargo, en la preparación de distintos platos de carne, como la pechuga de pato con pasas o los pies de cerdo.

Su buqué peculiar es fruto de distintos factores: la proximidad del mar, la vendimia tardía y la considerable graduación y acidez del vino.

Según la tradición conocida por toda la península, la malvasía fue traída de la isla griega de Quíos en Asia Menor, por los cruzados y los almogávares catalanes. Dice la leyenda que el vino era patrimonio de una comunidad religiosa de la isla helénica de Monembasia, en latín Malvasia, y allí llegó un guerrero sitgetà que aprendió a hacer el vino, y se llevó el conocimiento una vez volvió en casa.

Otra versión cuenta que entre los almogávares[1] que lidiaban junto a Ramon Muntaner, había uno de la Masía del Paso de las Escaleras, en Sitges. Estos llegaron un día a la isla de la Malvasia y fueron a parar a un monasterio donde encontraron un vino delicioso que  bebieron hasta casi caer muertos; y aun así todavía tenían ganas de beber más. El soldado sitgetano quedó intrigado por el sabor de este vino y quiso aprender más cosas sobre él. Pasados ​​los años volvió herido a la isla y el azar quiso que fuera hospitalizado en el mismo convento donde tuvo que hacer reposo durante una larga temporada. Llegado el tiempo de la vendimia, el soldado pudo ver cómo los monjes hacían aquel delicioso vino y al volver a casa al cabo de los años, se llevó algunas cepas y los conocimientos para hacer el vino de la malvasía

 


[1] Los almogávares fueron unas tropas de choque, espionaje y guerrilla presentes en todos los reinos cristianos de la península ibérica a lo largo de la Reconquista, con origen en la Corona de Aragón, formadas principalmente por infantería ligera y especialmente conocidos por el activo papel que desempeñaron en la conquista del Mediterráneo por la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XIV.

 

LA CRÓNICA DE CA LA TERESA

Muy buenas mis queridos/as Velos/as, tal como expliqué en mi anterior entrada aquí me tenéis dispuesto a «dar la vara», a todos aquellos y aquellas que sean capaces de leer mis… –que pongan ellos el calificativo–, crónicas.

Domingo 12 de septiembre; son las 7,30 de la mañana, la temperatura en Corbera de Dalt es agradable; salgo de casa y bajo con el coche a Quatre Camins. Ya en la estación, sin prisa, pero sin pausa, me preparo siguiendo los rituales de cada domingo; el filtro solar en la cara (lo primero), descargar la bici, comprobar, la presión de los neumáticos, el velocímetro y el pulsómetro, calzarme las zapatillas, ponerme el casco, los guantes, las gafas protectoras. Antes de arrancar también compruebo si llevo el DNI, la tarjeta sanitaria, dinero, el móvil y, lo más importante; si me he tomado la pócima. Miro la hora y calculo donde puedo encontrarme con el grupo.

Hoy los he encontrado parados en el semáforo del “carrer”, Primer de Maig, con la Avda. de Barcelona, de Molins de Rei. Como es lógico y natural, me uno a ellos y avanzamos hacia Terrassa. Hago recuento de los asistentes; el Oscar, el Seve, El Orlando, el Diego, el Dani, el Pastillas con su gravel, el Miquel Vidal, el Sergi, el Perona y un tal Emil, a quien no conozco y he tenido que preguntar su nombre y que según me han informado es colombiano. Once en total, contando con el autor de esta crónica. Nada más tomar la carretera de Terrassa (C–1413ª), nos alcanzan y nos pasan, tres compis, a los que tengo vistos, pero no recuerdo el nombre de ninguno de ellos (el Dani me aclara por wasap que dos de ellos eran el Pociello, (a quien llamábamos el Abrótano Macho) y el Roberto Acosta, ambos antiguos socios del Velo. Poco antes del desvío de La Chatarra, se nos une el Fede y a medida que vamos cubriendo kilómetros, poco a poco, avivamos la marcha, aunque no demasiado. En la rotonda de Valldoreix, se da la vuelta el Emil y poco después nos unimos a los tres compis que nos habían adelantado y, a buen ritmo, pero sin estragarnos, llegamos a Terrassa. Los compis se despiden y los demás esperamos a los rezagados para reagruparnos.

Arrancamos hacia el coll de l’Obac (el Miquel tiene un compromiso y se ha adelantado).  Tomo la delantera y voy haciendo camino; no miro hacia atrás, pero sé que el grupo viene siguiéndome y llego a las primeras estribaciones del puerto. Me alcanza el Oscar y me pongo a su rueda hasta que nos alcanza un «máquina» que viene como una bala. Nos ponemos a rueda y los sigo durante un trecho de poco desnivel. Cuando el desnivel vuelve a incrementarse, me suelto, el Oscar está muy fuerte y aguanta al «máquina» hasta la cima. Hacia la mitad del puerto me alcanza el Orlando, me rebasa y me dice; —¡Vamos! —pero veo que va demasiado deprisa y no voy. Los últimos tres kilómetros son bastante duros y prefiero seguir a mi ritmo. A falta de un kilómetro y medio miro hacia atrás y veo al Diego que  viene persiguiéndome. No quiero que me alcance y, aún sin ir al máximo, procuro no relajarme. Me pasa el Marc, que ha venido solo, y me anima, pero sigo a mi ritmo. A falta de trecientos metros el Diego está muy cerca y, empeñado en que no me alcance, me pongo a tirar al máximo. No me alcanza, pero casi.

Tomo aliento y, ya recuperado, saco algunas fotos, tanto de los que ya estamos en la cima como a los que van llegando (me acuerdo del Rafa y me entristece que no pueda estar aquí. Una vez reagrupados emprendemos el descenso por Els Caus que nos depara una sorpresa poco agradable. El Seve tiene un percance; un impacto contra una piedra y dos pinchazos a la vez. Este percance nos retrasa bastante y decidimos variar la ruta para ganar tiempo. Descendemos por Torreblanca y enlazamos con la C–58, directos al restaurante.

 En ca la Teresa, nos sirven presto y lo sorprendente es que las tortillas con jamón o con atún, brillan por su ausencia y la mayoría optamos por la butifarra al plato acompañada de sendas rebanadas de pan con tomate y alioli. Durante el desayuno; tertulia agradable, chistes malos y cafés americanos (esa moda la trajo el Cinto). Terminado nuestro ágape, foto de familia y, por la premura de la hora, se descarta el regreso por Vacarisses y se decide regresar por Castellbell, Monistrol y Olesa.

Paramos en la fuente de Monistrol y cunado reemprendemos la marcha, el Marc toma la cabeza del grupo, nos pone a todos en fila y nos lleva con el gancho hasta el siguiente reagrupamiento de Olesa. Son sólo diez kilómetros, pero hacen mella en el grupo

Siguiente tramo; Olesa/Congost. Otros diez kilómetros tirando a morir, aunque en esta ocasión son el Oscar y el Marc, los que relevándose en cabeza nos llevan al límite. El grupo acaba disgregándose en el repecho antes del puente de Martorell. Resistimos a rueda el Perona y yo, pero el repecho del Congost nos da la puntilla y cedemos antes de llegar arriba.

Después del reagrupamiento, el Oscar y el Marc, parece que se han quedado con ganas de más y después de S. Andrés de la Barca, los perdemos de vista.  Por mi parte; tranquilo, relajado, contento, feliz y satisfecho, llego a Quatre Camins y me despido del Orlando y del Diego; el resto: Perona, Sergi, Pastillas, Seve y Dani, circulan un poco más atrás. (el Fede se ha desviado en Martorell en dirección a Gelida).

Y esto es todo lo que puedo contar de la excursión, mis queridos/as amigos/as. Sé que no es mucho, pero mi pobre inspiración, hoy no da para más. Espero ser algo más ameno en mi próxima crónica.

 Un saludo y hasta la próxima.

 Cinto