28. sep., 2021

CRÓNICA COLLBATÓ

 

LA LEYENDA

LA LEYENDA DE LA NOVIA CADÁVER

Es probable que muchos de los que leéis mis crónicas, hayáis visto u oído hablar de la película “La novia cadáver”, de Tim Burton. Lo que seguramente muchos no sabrán es que su historia está basada en gran medida en una leyenda o cuento ruso. Y este a su vez está basado en los asesinatos de mujeres judías cuando iban camino a su boda ya vestidas con el traje nupcial, así como el hecho de que existía la tradición de enterrar a los muertos con las ropas con las que habían muerto (con lo que estas mujeres asesinadas eran enterradas en sus vestidos de novia).

Pero lo que probablemente ignoran también, algunos de vosotros, es que Can Fosalba, paraje este por el que discurrió parte de la ruta de la excursión del pasado domingo, y Hostalets de Pierola, donde casualmente está programada la del próximo, poseen también una leyenda sobre una novia cadáver.

Corría, a la sazón, la primera mitad del siglo IXX, cuando Can Fosalba no era más que un núcleo de masías diseminadas por la Sierra Alta (sierra paralela a lo que hoy es la carretera B-231) y cuenta la leyenda que un día un joven que iba a casarse con una joven de una de las masías cercanas, se dirigía junto a un amigo a la iglesia de San Pedro de Hostalets de Pierola,para encontrarse con su futura esposa.

Encontráronse en el camino una rama que se asemejaba a un dedo. El joven y su amigo, jugando, colocaron el anillo de compromiso en la rama y posteriormente hicieron los votos y ensayaron los bailes nupciales. De pronto, la tierra se movió dejando ver que la rama, en el fondo, era un dedo que formaba parte de un cadáver vestido de novia.

Este cadáver los miró expectantes y, observando que habían celebrado la boda, dijo que quería reclamar sus derechos como esposa. Ambos huyeron hacia Hostalets y acudieron al sacerdote de la Parroquia, para preguntarle si el matrimonio era válido. Mientras el sacerdote meditaba, la muerta llegó junto a ellos y volvió a reclamar a su marido.

En ello llegó también la novia viva del joven, la cual se enteró entonces de la situación y lloró ante la posible pérdida de su pareja y sus futuros hijos. Poco después el sacerdote determinó que la boda era válida, pero también que los muertos no podían reclamar a los vivos. Fue ahora la novia cadáver la que lloró y sollozó su imposibilidad de formar una familia.

Pero la novia viva, compadeciéndose, se acercó y la abrazó y le prometió que viviría su sueño y tendría muchos hijos que serían de ellas dos, además del marido. Ello tranquilizó al espíritu, el cual terminó por descansar en paz y feliz a la par que la pareja pudo casarse y con el tiempo tener descendencia, a quien contarían la historia del espíritu.

 

LA CRONICA

(El Velo solidario y de todo hay en la viña del señor)

 Pues señor, he aquí, en mayor o menor medida, lo que aconteció en lo que fue la última excursión a Collbató cuya ruta incluía los parajes de Can Fosalba y los, siempre durísimos siete kilómetros de ascensión con algún desnivel de hasta un veinte por ciento que, dicho sea de paso, ascendimos con más pena que gloria.

 Aunque pude dirigirme hacia El Plá, par reunirme con el grupo, decidí esta vez ir calentando, piano, piano, por la carretera de La Chatarra en espera de ser alcanzado por ellos. Me crucé con el Fede que continuó circulando de cara a encontrarse con la tropa.

 Poco antes de llegar al Congost, fuí alcanzado por un grupo muy numeroso, incluyendo alguna fémina. Ninguno de ellos me saluda. Va como va.

 Y en el Congost preparo el móbil para sacar algunas fotos. Veo llegar al grupo que viene muy flaco. El Miquel Vidal, el Migues, pibe 2, el Fede (nombrado anteriormente), el Seve, el Perona y el Marcial a quien no veía desde hace tiempo. Sólo siete de la partida contando con el autor de esta crónica. Encontré a faltar al Orlando, al Diego, al Sergi, al Oscar y al carismático Camacho entre otros.

 Ocupados estábamos sacando fotos cuando llegaron dos colegas. Uno de ellos se le salió la cala de la zapatilla al intentar sacarla del pedal. Perdió el equilibrio y se cayó estando ya parado. Por fortuna no se hizo daño, pero con una zapatilla sin la cala, no podría continuar la excursión. Naturalmente, los Velos que allí estábamos nos acercamos al unísono para ver en qué forma podíamos ayudar. Nuestro buen capitán, el Seve, que es hombre prevenido y, como dice el proverbio vale por dos, acostumbra a llevar llaves allen, tornillos, arandelas y … lo que haga falta. Por suerte pudimos ayudar al colega y se solucionó el problema. Era lo que procedía y en ningún momento hubo dudas sobre la forma correcta de proceder ante un colega en apuros. Así es la gente del Velo, siempre solidaria y amable.

 Solucionado el problema del colega, arrancamos en dirección a Olesa. El ritmo fue rápido con el Miquel tirando en cabeza primero y el Pibe 2, después. Justo en el repecho antes de la rotonda de Olesa, donde siempre nos reagrupamos, alcanzamos la cola del grupo que me había rebasado poco antes del Congost. Fuimos adelantando a bastantes de ellos hasta la rotonda donde también se pararon para reagruparse, algunos Velos saludaron, un servidor me permití decir en voz alta, para que todos me escucharan, la descortesía que habían tenido conmigo de no dignarse siquiera a dar los buenos días.

 Una vez estuvimos reagrupados, con la mente puesta en la dura ascensión que nos esperaba en Can Fosalba, arrancamos en dirección a Esparraguera y, con algo más de cincuenta kilómetros en nuestra piernas, llegamos al pie del puerto. Como era de esperar cada uno de nosotros puso el ritmo que más le convino, por mi parte puse la corona de veintiocho dientes (porque no llevaba la de treinta y dos) y opté por regular al máximo. Por delante de mí, a no mucha distancia, circulaban el Pibe 2, el Miquel y el Fede. Pero llegamos al cruce de la urbanización Mas d’en Gall,, donde la carretera, hasta ese punto muy bien asfaltada, se estrecha y el asfalto cambia y aparece con numerosos baches. Los tres de delante titubearon, lo que me sorprendió porque el Fede y el Miquel, ya habían hecho esta ruta en otras ocasiones. No así el Pibe 2, que pensó que en ese punto terminaba la ascensión. Le dije que estábamos a mitad de ella y que faltaba la parte más dura. Se sorprendió, pero pudo comprobarlo. El resto de la ascensión fue un tira y afloja. En el repecho más duro -un 20% de desnivel en los metros finales- me retorcí sobre la bici para no tener que poner pie a tierra, luego me recuperé y acabamos formando grupo hasta la cima. Por detrás venian el Marcial, el Perona y el Seve que no tardan en aparecer. Saqué nuevas fotos y apareció un coche conducido por una mujer bastante joven que, muy gentil nos preguntó si estábamos bien. Le decimos que sí, le damos las gracias y arrancamos para dejarnos caer suave y dulcemente, disfrutando del descenso después del duro esfuerzo de la brutal ascensión, hasta el restaurante Can Llates, un restaurante al que no habíamos ido nunca hasta entonces. El lugar no esta mal y tenevuimos la sorpresa de ver aparecer al Bartolo y al Pastillas con su gravel (otra forma de disfrutar del ciclismo). Y cuando estábamos en plena ocupación de saborear nuestras viandas, aparecieron los compañeros del Club ciclista San Cugat y entre ellos Tomás Vélez (aparece en la foto de familia), un antiguo conocido del Velo y gran persona a quien tuvimos el placer de saludar.

 El condumio no estuvo mal, el amigo Marcial se metió un plato de callos con garbanzos entre pecho y espalda, el resto, lo típico; tortillas de jamón, alguna de atún, medio bocadillo de lomo para el Cinto (la Gloria hacía paella para comer y se enfada si el susodicho Cinto, llega sin apetito). Luego las infusiones; foto de familia y regreso suave y, prácticamente, en descenso.

 La última anécdota del día, la protagonizó un intruso que se nos unió cuando rodábamos por la carretera de Olesa en dirección Martorell. Con el Miguel tirando en cabeza del grupo, el referido intruso, sin saber a cuento de qué y poniendo en peligro a todo el grupo, se metió por la derecha rozando la tierra de la cuneta. Cuando estuvo a la altura del Cinto empezó a meterle el manillar para sacarlo de rueda, le grité para que desistiera, pero haciendo caso omiso, insistió una y otra vez hasta que lo cogí del brazo para apartarlo. Me gritó que no le tocara y le respondí que el que me estaba tocando mis partes nobles, eras él. Finalmente desistió y ya no volvía a verlo hasta el reagrupamiento del Congost que lo vi pasar. En fin, tal como reza el subtítulo de esta crónica, de todo hay en la viña del señor.

 Nos reagrupamos en el Congost (el Fede se fue a Gelida, su pueblo y el pastillas con su gravel eligió otra ruta de regreso), saqué alguna fotos más para la posteridad posterior, y juntitos, y con paz y amor, regreso hasta Quatre Camins donde me despedí de los compañeros cantando viva el rey (soy anti monárquico, para nos vamos a engañar).

 Y por hoy nada más mis queridos amigos y amigas del Velo. Como suele decirse; esta ha sido una más para explicar. Aunque no fuimos muchos los de la partida, la gozamos como todas y cada una de nuestras excursiones.

 Antes de despedirme quiero felicitar a nuestro amigo y compañero Nico, por el “everesting” alcanzado. ¡Enhorabuena Nico! ¡Eres grande! (casi tanto com el Cinto).

 Nos vemos el próximo domingo en la excursión programada a Hostalets de Pierola, con la novedad de que, en esta ocasión, la ruta discurre por Martorell, Gelida, San Llorenç d’ Hortons y Piera, una parajes magníficos y una ruta amena y variada.

 Un abrazo a todo/as y hasta pronto

 Cinto (el viejo globero)