21. oct., 2021

RAMÓN DE CAMPOAMOR

AFORISMOS

Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro es fácil. Lo difícil es criar un niño, regar el árbol y que alguien lea el libro.

Todo el mundo trata de realizar algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas. Frank Clark

 Nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es la única opción que te quedaBob Marley

 Son tres «muchos» y tres «pocos» los que destruyen a las personas:
– Mucho gastar y poco tener
– Mucho hablar y poco saber
– Mucho presumir y poco valer

 No cuentes los días, haz que los días cuenten. Muhamed Alí

 Se necesitan dos años para aprender a hablar, y sesenta para aprender a callar. Ernest Hemingway

 LA LEYENDA DE LA COVA DEL PI D'EN BARBA

 En los alrededores de San Cugat de Sasgarrigues, un pintoresco municipio de apenas mil habitantes, en el que estuvimos desayunando el pasado domingo, existe una cueva llamada Cova del Pi d’en Barba, en la que según cuenta la leyenda, estaba habitada por una bruja y que aún hoy, existe en su interior una doncella encantada.

Esta doncella vivía en una masía llamada la masía de Can Oriac y su belleza era tal, que muchos eran los solteros del pueblo y de la comarca que la pretendían, pero la chica rechazaba a todos diciendo que aún no le había llegado la hora de casarse.

Sin embargo, tres jóvenes de allí las cercanías intentaban cortejarla día y noche sin descanso, con la esperanza de ser uno de ellos fuese el afortunado. La doncella, cansada de su belleza, fue a visitar la bruja de la cueva y le pidió que le hiciera un hechizo, para que nadie la pudiera molestar y para librarse de los pretendientes que la seguían a todas partes. La bruja de la cova d’en Barba, le hizo caso, y allí mismo la hechizó y quedó encantada.

La chica está de pie sobre un altar rodeada de serpientes venenosas que no permiten que nadie se acerque. Solo la persona que logre atravesar la barrera de las serpientes, y tocar el borde de su vestido blanco, la desencantaría y se podría casar con la dama.

Muchos fueron los que lo intentaron, pero nadie lo ha conseguido hasta ahora, y los que lo han intentado han encontrado la muerte. Y aún ahora, en el lugar más profundo de la cueva, continúa la doncella hasta que alguien la desencante Únicamente la noche de San Juan, a las doce en punto de la noche, sale a tender la ropa encima de las aliagas (ginesta), que rodean la boca de la caverna.

 LA CRÓNICA O EL COLOR DE MI CRISTAL

Decía el gran poeta Ramón de Campoamor, que:

«En este mundo traidor,

nada es verdad ni es mentira,

todo es según el color

del cristal con qué se mira»

Eran las 8,30 de la mañana (algunos escribirían; las 8,30, a. m. pero a mí me suena un poco cursi). En esta ocasión el grupo al que me uní en Molins de Rei, venia más numeroso que otras veces; cosa que siempre me produce satisfacción, porque no deja de ser un regalo ver un Velo nutrido. Los de la partida, salvo error u omisión, eran nada más y nada menos que el Nico, el Blas (a quien vi recuperado de la caída, pero falto de forma), el Seve, acompañado de un amigo del Miquel, de quien no recuerdo el nombre, que se dio la vuelta en el Congost, el Oscar con su nuevo «pepinazo» de bici, el Miquel Vidal, el Miguel (pibe 2), el Orlando y el Fede, que, con el viejo Cinto, sumaban, de momento, diez en total.

Se fue a ritmo moderado hasta el desvío de la carretera de La Chatarra, en la cual, con el Marc, tirando en cabeza como un poseso, impuso un ritmo que enfiló al grupo hasta el reagrupamiento del Congost. Allí nos encontramos con el Bombi, un viejo y guerrero de los Tusinus, acompañado de dos colegas, a quienes tuvimos la satisfacción de saludar.

Sacamos algunas fotos del grupo y antes de arrancar en dirección a Gelida, escuché decir a alguien (no recuerdo si fue el Miquel o el Fede) que iba a ir en plan «tranki», a lo que me apunte sin dudar. Pero una cosa lo que uno propone y otra lo que cumple, porque después de dejar marchar al grupo, se formó un cuarteto (como el de Torcuato y los cuatro, pero sin Torcuato), compuesto por el Fede, el Seve, el Cinto y el Oscar, que no se fue con los de delante porque, según dijo, le faltaba comprobar cómo se cómo se iba a comportar la nueva bici. Pero por lo visto fue ganando confianza en ella, porque tomó la cabeza del cuarteto y nos llevó a un ritmo que de «tranki», no tuvo nada.

Poco antes del reagrupamiento de Gelida, alcanzamos al Blas, que falto de forma se había descolgado del grupo delantero. Pero para ser sincero, debo de confesar que en lo que a mí respecta, aun sin ir mal, tampoco iba bien y, cómo el cuarteto nombrado era el último de la fila, decidí no parar (las paradiñas me sientan fatal y después me cuesta coger el ritmo, la edad no perdona colegas), y continué al tran, tran, hasta que fui alcanzado primero por el Marc y el Nico y poco después por el resto del grupo. Llegados a San Sadurni hubieron varios que optaron por la ruta de Els Casots (el Marc, el Nico y no recuerdo si también el Orlando y el Miguel, mientras el resto del grupo seguimos por la de San Sebastià dels Gorgs. (creo que en una de mis crónicas expliqué lo que son «els gorgs») y hoy no me repito.

Me sentí recuperado en los diez kilómetros del tramo que faltaba por cubrir de San Sadurní a San Cugat, tramo este que cubrimos a dúo el Oscar y yo. Pero por lo que puede observar, el grupo venía algo «tocado», supongo que por los cincuenta kilómetros de esfuerzos que se venían haciendo desde que se tomó la carretera de La Chatarra.

Y con más Gloria que pena, llegamos al restaurante con ánimo de reponer nuestras fuerzas, para algunos algo maltrechas. Allí estaban nada menos que el Bartolito niño querido, el Perona y el Camacho; todo un placer encontrarnos con ellos. Poco después llegaron el Monsó que según él, también optó por la ruta de Els Casots, y el resto del grupo, catorce Velos en total.

No tardamos, pues, en mitigar nuestro voraz apetito en tan buena compañía como acabo de relatar y, como cabe suponer, el buen rollo de la irrenunciable tertulia que suele acompañarnos en cada una de nuestras excursiones estuvo presente en el ánimo de todos (iba a escribir «los comensales», pero no lo escribo). Y terminado el ágape, foto de familia y regreso por la ruta del Ordal.

Puestos en ruta, tomamos una tranquila carreterita (C-535) que nos dejó en nuestra conocida y mil veces transitada por todos nosotros, la N-340, justo en Avinyó Nou. A partir de ese punto, con los gallitos (no es despectivo, sino todo lo contrario), Nico, Marc, Miquel (pibe2), y Orlando, puestos en cabeza del grupo, este se fue estirando a medida que se avanzaba de cara al Ordal. El Cinto aguantó hasta El Pago, donde comienza el primer repecho del puerto (1,5 Km), con el Oscar pisándole los talones, mientras que el Miquel aguantaba a los de cabeza hasta la mitad del mencionado repecho. Por detrás unían sus fuerzas nada menos que el Quinteto de la Muerte compuesto por el Camacho, el Seve, el Blas, el Monsó y el Perona (el Bartolo se fue en dirección Begas y el Fede, hacia San Sadurni por Els Casots.

Poco después del comienzo del repecho, mientras el Miquel Vidal aguantaba a los de cabeza hasta la mitad aproximadamente, el Oscar me adelantó ofreciéndome su rueda, pero mis exiguas fuerzas no daban para mucho y sabiendo en que todavía faltaba lo más duro, decidí no intentar seguirlo por temor a pagar el esfuerzo. Alcancé al Miquel y continue a mi ritmo pensando que cogería mi rueda, pero se quedó unos metros por detrás y llegamos a la cima ligeramente distanciados. En el reagrupamiento saqué unas fotos y poco después llegaron los del Quinteto de la Muerte (Camacho, Seve, Monsó, Blas y Perona) a quienes también les saqué unas fotos para la posteridad posterior.

En definitiva, mis querido/as Velo/as, excursión y como se suele decir «Otra más para recordar». Fue una estupenda excursión tanto por la ruta como por los que fuimos de la partida, que seamos pocos o muchos, siempre es un placer pedalear con la gente del Velo.

Y aquí lo dejo por hoy, lo que aquí expreso es, como digo al principio «el color de mi cristal»

Un abrazo y hasta la próxima.

Cinto.