27. oct., 2021

Texto

AFORISMOS

Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios.

Discurrió bien quien dijo que el mejor libro del mundo es el mundo mismo.

Nunca pelees con quien nada tiene que perder.

Conócete a ti mismo y conocerás el Universo.

 

PROXIMA EXCURSIÓN A OLESA DE BONESVALLS

PASIÓN POR LA PIEDRA SECA

¿QUÉ ES LA PIEDRA SECA?

El arte de construir muros en piedra seca comprende los conocimientos y prácticas sobre su realización, con un mero aplanamiento de piedras sin usar otros materiales, salvo tierra también seca, en algunas ocasiones.

Piedra sobre piedra, así se ha construido la historia de muchos pueblos, culturas y civilizaciones. Es el caso de Olesa de Bonesvalls, puerta de entrada al Parque Natural del Garraf, salpicado de construcciones de piedra seca.

Olesa de Bonesvalls está simbólicamente dividida por dos comarcas que le han dotado su identidad. Por un lado, la comarca del Alt Penedés con sus característicos viñedos y cultivos, a la cual pertenece normativamente. Por otro la comarca del Garraf, territorio agreste, montañoso y de inconfundible aroma mediterráneo, con la que se siente más identificada.

Olesa de Bonesvalls, forma parte de la Red de Pequeños Pueblos de Europa y está hermanada con la localidad italiana de Cerdeña, Seneghe, con quien comparte un parecido razonable.

Ambas localidades son pueblos rurales situados en un parque natural y tienen el catalán como lengua común, pero sobre todo les vincula la pasión de sus habitantes por la puesta en valor y recuperación de su patrimonio de piedra seca.

Olesa de Bonesvalls es una gran desconocida para el público en general, pero una referencia para los amantes del senderismo, la espeleología y la BTT. Pero si hay una característica propia por la que merece ser visitada, es por su extensa cantidad de construcciones de piedra seca.

De origen ancestral, esta técnica es una de las primeras aproximaciones del ser humano a la construcción. Y constituye un silencioso y humilde testimonio de los métodos y prácticas usados por las poblaciones desde la prehistoria hasta la época moderna, con vistas a organizar sus espacios de vida y trabajo sacando el máximo partido de los recursos naturales y humanos a su alcance. Además, es un ejemplo de construcción armoniosa con le medio ambiente, de relación equilibrada entre el ser humano y la naturaleza.

Vinculada al mundo rural, la piedra seca forma parte del paisaje mediterráneo, aunque se puede encontrar en muchas partes del planeta en sus diversas formas, como cabañas para proteger el ganado, guardar herramientas o las cosechas e incluso para guarecerse en ellas. también en forma de aljibes para captar agua o como escaleras o terrazas agrícolas o cercados necesarios para «conquistar» espacios agrestes en las laderas de montañas.

La agreste orografía del término municipal de Olesa de Bonesvalls, montañoso y abrupto con escasa zona para el cultivo, escasez de agua, veranos calurosos y fríos inviernos hizo difícil la supervivencia. En general, los olesanos se dedicaban a labores agrícolas y ganadería, a la elaboración de cal, carbón vegetal y a la producción de miel. Para ayudar al desarrollo de estas tareas, a mediados del siglo XIX y principios del XX, con piedra seca se levantaron barracas, pozos y hornos de cal. Además, se construyeron las márgenes necesarias para nivelar terrenos y ampliara la superficie cultivable. Actualmente estas infraestructuras ya no están en servicio. La modernización del campo, la escasa rentabilidad del secano y la ausencia de ganado han propiciado su olvido y, prácticamente, su desaparición.

 

LA CRÓNICA

Fue la del domingo pasado una excursión corta, apenas treinta kilómetros de ida, desde la rotonda 10X10, y otros treinta de regreso. Tampoco fuimos muchos los de la partida; El Marcial, el Sergi (hacía varias semanas que no le veíamos y me llevé un alegrón al verlo), el Seve, el Monsó, el Oscar, el Miguel (pibe 2), el Orlando, el Cinto, el Perona y, el desaparecido durante mucho tiempo, Iván. Ya el domingo pasado nos acompañó hasta el Congost; su cara me era muy conocida, pero soy mal fisonomista y era tanto el tiempo que no lo veíamos (yo diría que años), que no pude recordar ni su nombre.

La selección y ruptura del grupo no tardó en hacerse. Tanto fue así que apenas tomamos la carreta en dirección Rubí (C-143ª) para girar por La Chatarra, ya se formó un trío compuesto por el Oscar, el Miguel y el Orlando, los cuales desaparecieron de nuestra vista y ya no volvimos a verlos hasta el Congost. El resto todos al tran, tran, con paz y amor.

Después del reagrupamiento del Congost, estos tres caballeros sin capa ni sombrero, antes nombrados, optaron por moderarse sólo hasta el cruce del puerto del Ullastrell, (antiguamente conocido como El Suro). A partir de allí, volviéronse a enfrascar en su lucha particular y volvieron a desaparecer de nuestra vista en un tres i no res.

Comenzamos el resto a ascender el puerto y formamos un grupo, más o menos compacto, aunque más menos que más, que se fue estirando a medida que íbamos ascendiendo. Pero sobre el kilómetro tres de la ascensión, nos alcanzaron cuatro, no sé si llamarles colegas, que no se dignaron ni a darnos los buenos días.

Como el ritmo que llevaban estos cuatro (insisto en que no sé si llamarles colegas), era un ritmo más bien cansino, nos acoplamos a ellos durante aproximadamente un kilómetro hasta que el Perona decidió tomar el mando de las operaciones, se puso a tirar, supongo que para que supieran que todavía hay clases, y junto al Seve, los abandonamos sin piedad (otro día que saluden).

En el casal del Ullastrell nos encontramos al inefable Bartolo (lo conocí cuando él tenía unos trece años, yo unos veinte) y siempre me produce gran placer encontrarlo esperándonos en los restaurantes en los que solemos desayunar. Sin embargo, fueron cuatro Velos los que, por tener compromisos varios, no se quedaron al ágape reponedor de fuerzas maltrechas. A saber, el Iván y los tres caballeros (José Carioca, el Pato Donald y el Gallo Pancho; perdón, quise decir, el Oscar, el Miguel y el Orlando). O sea que de la partida sólo quedamos, El Marcial. El Seve, El Perona, el Monsó, el Sergi y el Bartolo y el Cinto.

Como la excursión era corta y el cansancio acumulado no era demasiado, después de desayunar, con la finalidad de hacer algunos pocos kilómetros más, se trató en conferencia de regresar por Terrassa, Rubí y Molins de Rei, cosa que se aprobó por unanimidad. Cabe suponer que la bonanza del terreno descendente (se bajaba de los casi cuatrocientos metros de altitud a treinta y cinco), nos deparó un regreso plácido con mucha paz y mucho amor,  exento de batallas y escaramuzas para mi alivio. Y digo para mi alivio porque lo que nadie supo, excepto el Perona, quien supongo se lo debió de imaginar, que el Cinto, o sea un servidor, o sea yo mismo, llevaba la paliza de los cien kilómetros del día anterior en la Ruta del Opio, ruta esta en la que siempre se suele ir fuera de punto y con el gancho puesto, mis piernas estaban inconmensurablemente doloridas. La edad no perdona.

Y esto es todo lo que puedo contaros de la excursión del pasado domingo a Ullastrell. Sé que no es mucho, pero me esfuerzo y hago lo que buenamente puedo ¿Cómo lo veis?

Un abrazo y hasta la próxima

Cinto