22. feb., 2022

Texto

Poco puedo contar, mis queridos amigos y amigas, sobre la pasada excursión del día veinte, programada a S. Llorenç d’Hortons. puesto que, dado mi deplorable estado de forma, después del largo periodo de inactividad (a mí se me ha hecho eterno), al que me he visto obligado a guardar, como consecuencia de los problemas de salud que todos conocéis, saltándome las recomendaciones del urólogo que me operó, el cual me dijo que no retomara la bici hasta pasado un mes de la intervención, decidí, por mi cuenta y riesgo adelantar tan magno acontecimiento y la retomé una semana antes de lo recomendado, quise ser prudente y me limité a reunirme con el grupo en el Congost y, piano, piano, como un alma en pena, me fui a S. Llorenç, por la ruta corta, o sea por Gelida, mientras el grupo lo hacía por la carretera de Masquefa.

Compartí el almuerzo con el grupo y disfruté de la, siempre agradable tertulia, pero tampoco me fue posible, por compromisos familiares, regresar con el grupo después del almuerzo. Así que, me limité a tomar algunas fotos para dejar constancia de la excursión y, de nuevo, piano, piano y como alma en pena, regresé por donde había venido.

Antes de despedirme, señalar que hubo una muy buena participación que estuvo compuesta por los siguiente Velos; Oscar, Blas, Sergi, su amigo Antonio, Quiroga, Seve, José y Jordi Monsó (duo calavera), Marc, Fede, Miquel, Orlando, Diego y Cinto. Catorce en total, salvo error u omisión.

Quiero recordaros que el próximo domingo, día veintisiete, celebramos el almuerzo social de principio de temporada y que el evento tendrá lugar en Casa Pedro.

Y, como la crónica de esta semana ha resultado corta y con poco contenido, para compensaros os dejo la historia de Roger Walkoviak, un ciclista francés que ganó el Tour de 1956, de manera sorprendente. Espero que os guste.

Hasta pronto, un abrazo.

Cinto

 

 

LA ANÉCDOTA

Cierto día, en una conferencia, Valle Inclán estaba hablando de Echegaray:

«Ese don José está obsesionado por la infidelidad matrimonial. Todas sus obras son 

autobiografías de un marido engañado».

Al oír esto, un joven se levantó y le mandó callar.

-¡Cállese. No tiene usted derecho a hablar así!

-¿Y quién es usted para mandarme callar?

Repuso Valle.

-Soy el hijo de Echegaray.

a lo que Valle, entre el regocijo general, contestó:

  ¿Está usted seguro, joven?

 

GANAR A  LO WALKOVIAC

Se trató de un ciclista poco conocido hasta el verano de 1956, obteniendo pocos éxitos, entre ellos, una victoria de etapa en la Vuelta a España de ese mismo año.

Indudablemente, su mayor éxito profesional fue la victoria en el Tour de Francia 1956, el cual ganó para sorpresa general. Llegó como miembro de reserva al equipo del Noreste y Centro de Francia pese a ser de la zona Suroeste, porque un miembro del equipo había sido promocionado al equipo nacional francés (Gilbert Bauvin) y era el único disponible. Consiguió ponerse de líder gracias a dos escapadas en etapas llanas en la que obtuvo una renta de más de 30 minutos sobre los favoritos, si bien el tiempo perdido en otras etapas no le daba una renta demasiado grande que hiciera prever su triunfo final.

Perdió el liderato y algo de tiempo en los Pirineos, pero seguía no demasiado lejos de los corredores en cabeza. Volvió a recuperar el liderato tras un notable desempeño en la montaña alpina. En la 18ª etapa2​ se produjo la sorpresa. "Sólo" perdió 7 minutos y medio con Charly Gaul, llegado a rueda de Bahamontes (que había lanzado su bicicleta por el barranco de rabia al no poder seguir a Gaul pretendiendo parar la carrera, teniendo que ayudarle su equipo a recuperarla), quedando más descolgados los favoritos, y vistiéndose de amarillo ya hasta el final. Supo administrar la ventaja de cuatro minutos pese a que aún quedaban dos etapas con montaña y una contrarreloj individual, donde peor lo pasó, pero resistió. Llegó a París con apenas minuto y medio de ventaja sobre el ciclista al que había sustituido en su equipo (Gilbert Bauvin).

El éxito fue pobremente recibido por prensa y público, quedando deslucido, pues el público prefería la victoria de algún ídolo, y a poder ser local. Jacques Goddet, organizador de la prueba, escribió en L'Équipe "El aplauso sonó como un lamento". Esta reacción le sumió en una depresión que le acompañó durante casi el resto de su vida, desligándose totalmente del ciclismo tras su retirada.

Desde entonces se conoce el término «ganar a lo Walkowiak» a ganar una vuelta por etapas gracias a una gran renta de tiempo obtenida en etapas de transición, por un candidato poco conocido, o más generalmente a una victoria inesperada o sin estilo.

Al año siguiente ganó una etapa en la Vuelta a España, pero ya nunca obtuvo después de ello actuaciones de mérito.

Fue el segundo ciclista en ganar el Tour sin ganar ninguna etapa, y sigue siendo el único en ganar un Tour sin haber ganado nunca una etapa.

Una vez retirado regentó un bar en su pueblo, pero como la gente le seguía bromeando con su "deslucida" victoria en el Tour, se marchó nuevamente a la fábrica de automoción donde había trabajado de joven, no teniendo ninguna relación con el mundo del ciclismo hasta casi su muerte. No concedió entrevistas a medios por más de dos décadas, al culparlos del deslucimiento de su victoria.

Pese a su pobre valoración inicial, el organizador del Tour entre 1934 y 1986 Jacques Goddet siempre lo consideró su vencedor favorito, al considerarlo un todoterreno que usó sus piernas para vencer y la cabeza para confirmar la victoria. Hinault fue preguntado por la victoria de Walkowiak y afirmó: "Hay gente que dice que Walkowiak no debió ganar el Tour. ¡Deberían haber estado en ese Tour!. Alcanzó el jersey amarillo, lo perdió y lo recobró. No era ningún ladrón. El Tour no llega envuelto como un regalo". Sólo a partir de entonces recobró parte de sus laureles y el respeto del mundo del ciclismo. La victoria de Óscar Pereiro en 2006 fue bastante similar a la suya, volviendo a ponerle de actualidad.