25. mar., 2022

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Hola a todos mis querido/as amigo/as; recordaréis que hace unos días mandé un mensaje en el wasapp, diciendo que escribiría algo en nuestra web, aunque fuese mentira; Pues bien, como lo prometido es deuda, os voy a contar la historia «cierta», de Langarica, un ciclista vasco del que imagino, ni siquiera habréis oído hablar.

Fue un buen mozo bien plantado, con 1,80 de altura y unos 80kg de peso, cuando rondaba los 25 años, Nació el cinco de diciembre de 1920, en Ochandino, un pueblo al pie de unas altas montañas entre las provincias de Vizcaya y Álava. Tenía por delante una hermana, y él era el segundo hijo. Años mas tarde, el matrimonio Langarica–Lizasoain, tendría ocho hijos en total; dos varones y seis hembras.

A este segundo hijo le pusieron el nombre de Dalmacio de donde resultaría Dalmacio Langarica Lizasoain, quien había de ser un gran corredor ciclista.

Ignoraba él lo que había de ser cuando correteaba por los montes de Ochandino con otros críos, pero si lo supo cuando cumplió los 14 años y estuvo en Estella, pasando el verano en casa de los abuelos maternos.

Una tarde del mes de agosto de aquel verano, Dalmacio y un amigo salieron de casa y cuando llegó la noche aún no habían regresado. La intranquilidad reinaba en el seno de las respectivas familias, hasta que por fin, Dalmacio y su amigo aparecieron ajenos a lo que sucedía en sus casas.

—¿De dónde vienes? ¿Dónde has estado? —le preguntaron sus abuelos.

—De ver la carrera de bicicletas.

—¿La carrera de bicicletas? ¡Pero si pasaba a tres leguas de aquí!

Langarica no había mentido; estuvo viendo a los «gigantes de la ruta» cuando pasaban por la cima de un puerto en la Vuelta al país Vasco. Era el año 1935.

»—Allí me brotó el deseo de ser ciclista. Vi pasar juntos a Berrendero y a Bartali ¡Con qué envidia los miré! Ese mismo día me entró el gusanillo de la bicicleta, pero nunca pensé que años más tarde habría de competir contra ellos —relataba con naturalidad en una de las entrevistas que le hicieron.

Tendrían que pasar 14 años, desde aquella tarde del mes de agosto para que Langarica viese a Bartali como adversario, nada menos que en el Tour de Francia de 1949.

Con una bicicleta pesada, de manillar alto, que cogía del garaje de bicicletas que su padre tenía en Ochandino, empezó Langarica a «estudiar» para ciclista. Pero aun así no sospechaba que llegaría hasta donde llegó.

Le habían enseñado el oficio de troquelista y habrían de pasar bastantes años para que se presentara a su primera carrera. Tenía entonces 23 años (era 1943) y ganó la Logroño–Calahorra–Logroño. Ya se vio entonces        que poseía unas condiciones físicas formidables y un espíritu combativo y batallador, pero pocos sabían que Dalmacio Langarica debutaba como corredor con 23 años; es decir con cinco o seis años de retraso, comparándolo con los ciclistas de su época.

Al año siguiente corrió la Vuelta a España, así, como si tal cosa. En 1945 ganó el Campeonato de España de Montaña en ruta (esta competición dejó de disputarse en el año 1977), derrotando al gran favorito, Fermín Trueba. Al año siguiente volvió a ganar esta prueba y conquistó un triunfo resonante con su victoria en la Vuelta a España. ¡Y cómo ganó! En la sexta etapa, que acababa en Sevilla, se creía que Langarica no podría continuar por padecer de una hinchazón en una pierna. Durante toda la noche la tuvo metida en agua caliente. Al día siguiente, haciendo un gran esfuerzo, tomó la salida.  Aquel año corría la «Vuelta» un equipo holandés en el que Lambrichts era la figura. Este corredor se escapó con el catalán, Manuel Costa, en la etapa que acababa en Granada y llegaron a la meta con varios minutos de ventaja, que sirvió para que Costa se pusiera líder de la general.

Sin embargo, los directores de los equipos del joven Costa y de Langarica había pactado no atacarse entre ellos, pero en mitad de la vuelta, en la etapa que terminaba en Zaragoza, un periodista bilbaíno que se incorporó a la carrera para seguir a Langarica, le dijo que no hiciera caso de las «conveniencias» de los equipos porque a él le sobraban facultades para ganar la «Vuelta»

Dos días después, en las rampas del durísimo Urquiola, desde cuya cumbre se domina el pueblo de Ochandino, cuna de Langarica, Costa perdía 10 minutos respecto a Langarica que aparecía ya como futuro vencedor, asestando a Costa dos golpes definitivos; uno, en el puerto del Escudo, con la llegada a Reinosa, y otro en la etapa contra reloj, Gijón–Avilés–Oviedo, ya como líder de la “Vuelta”.

Muchas fueron las proezas de Langarica en aquella «Vuelta» y entre ellas la de la ascensión al puerto de Pajares, en el que, por haber pinchado casi al principio del puerto, que tiene 17km. tuvo que ir rebasando a todos los corredores, consiguiendo alcanzar la cabeza del pelotón poco nates de la cima.

Poco después de haber ganado la «Vuelta», tuvo una caída gravísima en una carrera en Placencia. Bajaba el Puerto de Elgueta escapado con el mallorquín, Miguel Gual, cuando el freno delantero se le agarrotó y la rueda, frenada en seco, le hizo dar dos vueltas de campana pegándose con la cabeza contra el suelo. Inmediatamente fue recogido por un coche (el único que seguía la carrera), llevándole a una clínica de Eibar y, posteriormente trasladado a Bilbao.

Sufrió otra caída en la Vuelta a España de 1948, en Ordenes, un pueblo de Coruña, cuando en un tramo de descenso adoquinado, bajando a 60km por hora, se le partió el manillar en dos. Sufrió dolorosas lesiones en el hombro y brazo izquierdo, pero no abandonó. Por la tarde, en el segundo sector de la etapa, Vigo–Orense, estuvo a punto de ganar. Finalmente acabó la «Vuelta», 4º de la clasificación general.

En el Tour de Francia de 1949, donde acudió por primera vez formando parte del equipo nacional de España (no fue hasta la década de los 60, cuando el Tour empezó a disputarse por marcas comerciales). Corrió la suerte de este equipo que abandonaron todos en la quinta etapa. Sin embargo, diez años después, o sea en 1959, como director del equipo nacional, lograría la primera victoria española con el mítico Federico Martin Bahamontes.

Como corredor, fue seleccionado de nuevo en el 1951, y allí, en aquel Tour fue perseguido por la desgracia en la carretera y por unos dolorosísimos forúnculos que le obligaron, en una de las primeras etapas, a pedalear casi sin poder sentase en el sillín durante más de 160km. Poco apoco, pudo ir recuperándose en las etapas siguientes terminando en el puesto 58º de la general.

Ese mismo año participó en la carrera francesa, París–Costa azul. El gran campeón italiano, Gino Bartali preguntó:

—¿Quién es ese corredor?

—Dalmacio Langarica, un español —le respondieron

—Pus no estaría mal en mi equipo —aseguró Bartali.

Pero era el principio de la década de los 50, una época en la que el ciclismo español, comparado con el europeo, estaba, como dice el típico tópico, «en mantillas» y Dalmacio Langarica, corredor de facultades espléndidas y gran temperamento, no supo aprovechar las buenas ocasiones.

Y, esto es todo, mis querido/as; No me preguntéis de donde he sacado esta bonita historia «cierta», porque ha pesar de su brevedad, ha sido a base de buscar, rebuscar y consultar docenas de páginas de las hemerotecas e ir enlazando unos datos con otros. Espero que os haya gustado.

En lo que respecta a la próxima excursión, os recuerdo que está programada a Ca la Teresa. Salida a las 8h. del mercado de Collblanc, 8,15, Rotonda 10X10.

La ruta es por Olesa, El Palomar, Vacarisses y Ca la Teresa y regreso por, El Palomar, Ribes Blaves, Sta. Mª Villalaba, Ullastrell, Castellbisbal y Molins de Rei; unos 100km. en total, ida y vuelta.

Una alternativa para hacer una ruta menos exigente es la opción de Olesa, Monistrol, la Bauma y Ca la Teresa. Con esta ruta se prescinde de la ascensión a Vacarisses por El Palomar.

La ruta de regreso se puede hacer a la inversa, también menos exigente.

Noa vemos pronto; un abrazo.

Cinto.