11. may., 2022

Texto

 Me gusta leer mi horóscopo porque

es el único lugar donde tengo pareja.

dinero, trabajo, salud. Todo junto y

en el mismo mes.

 

LA CRÓNICA

 Pues tendré que empezar por explicar el nuevo desacierto del Cinto. Resulta que, confiado en que iba sobrado de tiempo, después de aparcar en le estación de Quatre Camins, cumplir con los rituales de descargar la bici, comprobar la presión de los neumáticos, el pulsómetro y el velocímetro. Untarme la cara con filtro solar, ponerme las zapatillas, el casco, los guantes, las gafas protectoras, comprobar si llevo la cartera, el móvil y las gafas de leer, no se me ocurrió llamar al Seve, para saber por dónde circulaba el grupo.

Así que, arranqué al tran, tran, pensando en que el grupo circulaba por detrás y que ya me atraparía. Me encontraba ya pasada la rotonda de  Castellbisbal, cuando, el Oscar, un amigo mío del grupo Tusinu, que iba en coche, aflojó la marcha y se puso a mi altura con la ventanilla del copiloto abierta, para saludarme. Apoyé la mano sobre la puerta y charlamos unos segundos. Le dije que iba despacio porque estaba haciendo tiempo a que me alcanzara el grupo que venía por detrás. Mi sorpresa fue que me dijo no haber adelantado a ningún grupo del Velo, y ahí se me disparó la alarma.

Continuó el Oscar su camino y, desconcertado me paré y llamé al Seve. Dos llamadas sin obtener respuesta. Pero a partir de ese momento ya me lo tomé de otra manera. Aceleré el ritmo y, de vez en cuando, miraba hacia atrás por si venía algún grupo en el que me pudiera integrar a la cola para ir protegido del viento. Y, así, poco antes de llegar a Les Fonts, recibí la llamade del Capi. Me informó que el grupo estaba ya en Terrassa y, pese a mi insistencia en que no me esperaran, que cogería mi ritmo y que, conociendo la ruta, ya llegaría, me reiteró que me esperarían a la salida de Terrassa, en el comienzo de la ascensión al Obac. Total, a partir de esa llamada, me marqué una contrareloj de nueve kilómetros, los que me faltaban por cubrir hasta el lugar en el que me esperaban.

En el punto indicado se encontraban, además del Seve, el Perona y el Quiroga. Me informó el Seve que, «gracias» a la presencia en el grupo de Los Tres Caballeros, sin capa ni sombrero, pero con casco, el Nico, Oscar y Marc, se rodó muy fuerte hasta el reagrupamiento de la rotonda a la entrada de Terrassa. Pero Los tres Caballeros tenían planeado alargar la ruta para hacer más kilómetros, así que, con su objetivo a la vista, con muy buen criterio esta vez, decidieron continuar.

Comenzamos la ascensión los tres de la espera, más el despistado del Cinto, y lo que yo suponía que iba a ser una ascensión de amiguetes con paz y amor, fue mucho suponer. Pasados los tres primeros kilómetros, el amigo el Quiroga empezó a acelerar el ritmo y nos dejó plantados. Pensé que, a partir de ahí, el Seve, el Perona y yo, continuaríamos al tran, tran, tal como hicimos cuando ascendimos por Montserrat, no hace mucho. También fue demasiado pensar. El Seve empezó a tirar fuerte; yo me acoplé a su rueda con el gancho puesto (para que voy a decir una cosa por otra) y el Perona a la mía (Recordé viejos tiempos, cuando era el Rafa el que me llevaba así en todas las ascensiones). Creo que intentó descolgarme, porque apretó en uno de los tramos más duros. Pero como el Cinto es un sufridor nato, sufrí y aguanté a su rueda. Faltando un kilómetro aproximadamente, el Perona también nos dijo adiós y se fue.

En la cima nos esperaban el Sergi Alcaraz, el Antonio, el Blas, el Quiroa; y el Perona, a los que, desde estas líneas pido disculpas por no haber parado. Pero, con la contrareloj de nueve kilómetros que me había marcado, y la agónica ascensión, llegué a la cima más tocado que la guitarra de Peret; así que decidí dejarme caer y descender sin prisa, pero sin pausa para recuperar un poco mis maltrechas fuerzas. Restaban dieciséis kilómetros hasta Ca la Teresa, doce de ellos de descenso; así que esta vez era cuestión de tomárselo como un paseo.

Llegamos al lugar del ansiado ágape. Nos encontramos al Miquel, que ya había desayunado y que, por algún compromiso que tendría que cumplir, emprendía el regreso. Pero nos encontramos al Monsó, al Bartolo y, nada menos que al Joaquín. Ni que decir tiene la gran alegría que me ocasionó, verlo de nuevo participar en una excursión. Espero y deseo que a partir de ahora pueda seguir participando.

Con la alegría propia de quien ha alcanzado el objetivo deseado, nos aprestamos a saborear los suculentos almuerzos que suelen preparar en Ca la Teresa. Éramos diez Velos compartiendo mesa, mantel y agradable tertulia, pero eché en falta al Fede, que estuvo participando en La Heroica y al Orlando, del que no tuve noticias.

Acabamos nuestro sabroso y reparador de fuerzas, almuerzo, rematado con las consabidas infusiones cafeteras y nos dispusimos a emprender la ruta de regreso; facilona para aquellos que renunciaran a ascender por el Ullastrell (ascensión antiguamente conocida por El Suro). Tomamos la típica foto de familia, en los peldaños de acceso al restaurante y partimos sin noticias de Los Tres Caballeros, Nico, Marc y Oscar, que aparecieron por el restaurante bastante después de nuestra partida.

Lo mas destacable del regreso fue que, a nadie le apeteció ascender por el Ullastrell (últimamente, por unas u otras razones, nos estamos volviendo gandules). Después del reagrupamiento en la rotonda de Olesa con el Quiroga y el Perona en cabeza del grupo se llevó un ritmo que, sin ser agónico, no dejó de ser vivo y, en ocasiones no demasiado cómodo, sobre todo en él último tramo, cuando se atisbaba los dos últimos repechos antes del reagrupamiento del Congost, donde,«por suerte», se acostumbra a tirar fuerte con la «malsana» intención de llegar el primero. Y digo «por suerte», porque eso demuestra que, seamos pocos o muchos, seguimos siendo competitivos.

Después de reagruparnos y tomar algunas fotos, cubrimos el que para mí era el último tramo, hasta la rotonda de Quatre Camins, esta vez con paz y amor. Me despedí del grupo, contento como de costumbre, después de haber disfrutado de una gran mañana de ciclismo con la agradable compañía de los amigos del Velo.

Y, esto es todo por hoy, mis queridos amigos y mis queridas amigas. Sólo recordaros de nuevo que, por cese del negocio, BICICLETAS MARCO, ofrece un 20% de descuento en todos los artículos en existencia; bicis, recambios, componentes, ropa, accesorios, etc. La tienda, que como ya sabéis está en la calle Renclusa de Hospitalet, nº, 50; está abierta los lunes, miércoles y viernes.

 

Hasta la próxima, un abrazo.

Cinto.