11. may., 2022

Texto

LA ÚLTIMA CARTA

Mi alegato contra la guerra de Ucrania

(y contra todas las guerras)

Sr. Presidente;

Ruego disculpas por el atrevimiento de estas letras

y por estas líneas torcidas que le escribo sentado en una piedra,

bajo un sol abrasador, que si un borrón ve en ellas

no piense ni un momento que son lágrimas,

es el calor y se suda…y hasta los ojos se anegan…

No piense ni por un momento que quiero ofender su honor

de persona sabia e íntegra, pero ¿sabe?

quieren fusilarme mañana por haberme negado a hacer la guerra.

Me trajeron aquí y me entregaron un fusil y una negra cartuchera,

llena de balas que matan, sin conocerlo, a cualquiera.

—«Enfrente está el enemigo» —me dijeron—

«Debes matarle y hacerle morder la tierra».

Les devolví su fusil y también la cartuchera.

—«Yo no tengo ningún enemigo» —les dije—

«Me han traído forzado a la guerra.

Ni siquiera conozco a los de enfrente…

Enemigos ¿de quién?»

—«¡De tu patria!» —me dijeron—, «¡De tu bandera!».

—Pues no quiero ni patria ni bandera

que me obligue a matar.

¿A qué mente retorcida le interesa

convertirme sin piedad, en asesino?

¿Quién ha montado esta guerra?

¿Qué intereses han llevado a esas personas

a cubrir de cadáveres la tierra?

¿Dónde están? ¿Por qué no vienen

a sudar y a tragar polvo a la trinchera,

en vez de mandarnos a nosotros

a matar y a morir por sus quimeras?

¿Qué vale para ellos una vida?

Tan sólo una fosa y dos maderas

que, en forma de cruz, señalen

el lugar donde una bala traicionera

obligó a borrar un nombre de una lista.

Su negocio es la muerte y la guerra.

Es mejor fabricar balas que hacer pan.

Matando se termina el hambre y la miseria.

No; yo no quiero matar, no tengo enemigos.

Y en mi alma no hay rencor

y en mi mente las ideas

de la muerte, del odio y la venganza

no caben y no permitiré que nunca quepan.

 

—«Aquí tenéis mi fusil y también mi cartuchera.

¡Mate usted señor Presidente! Y ponga en su manga

por cada muerto una estrella.

Y en su pecho una medalla cuando acabe la contienda

y luego cuéntele al mundo

que fue un héroe en la guerra

y que mató a no sé cuántos en batalla

y al final ganó la guerra

y le hicieron mariscal ¡Vaya una gesta!

Y después, desde su podio

que desfilen ante usted, formando hileras,

los que se quedaron cojos

y los mancos que le aplaudan

y los ciegos que le vean

y contemplen las medallas que ganó con su gran gesta

y los que se quedaron mudos vitoreen sus hazañas,

su valor, su gallardía, por matar al enemigo de su patria…

y dejar mutiladas a las gentes y a sus vidas…

 

…Y me han condenado a muerte.

Mañana señor Presidente, cuando amanezca

seré fusilado y mi nombre,

con apodos de oprobio y de vergüenza,

será, al fin, un borrón más de una lista.

Otro muerto, da igual cómo, de la guerra.

Pero usted señor Presidente, no se sienta mal por ello,

no sufra ni padezca,

ni mi muerte le distraiga de esa, su «noble tarea»

Ocúpese, sobre todo, de ganar su guerra.

Cinto