27. may., 2022

Texto

—Me he comprado un coche de los que se conducen solos.

—Y ¿Dónde está?

—¡Yo qué sé!

 

LA CRÓNICA

Pues parece ser que el buen tiempo va animando al personal porque esta vez, fuimos trece los de la partida a S. Quintín de Mediona (restaurante Can Maristany). Sería estupendo que este ligero aumento de Velocipédicos, no sólo se mantuviera en el tiempo, sino que, además, se fuera incrementando. Salvo error u omisión el pelotón estuvo compuesto por los siguientes rodadores; Fede, Orlando, Perona, Sergi Alcaraz, Miquel, Sergi Badía (pibe 1), Miguel (pibe 2), Monsó, Blas, Seve, Nico, Oscar, y Cinto.

Me uní al grupo por la carretera del Plà, poco antes de Molins de Rei. En el pelotón faltaban el Monsó, que iba haciendo camino por delante, y el Fede que se unió al grupo por la carretera de La Ferralla. Nuestro ritmo, sin ser lento, era más bien tranquilo, pero se incrementó en el momento en el que un grupo bastante numeroso, nos adelantó por La Ferralla y nos acoplamos a él hasta llegar al Congost. Primer reagrupamiento, tomar algunas fotos, por no perder la costumbre, y continuar la ruta.

Cruzamos Martorell y tomamos la “pestosa” carreta B–224, en dirección Capellades, que, con sus eternos repechos, asciende desde los 150m. de altitud de Martorell, hasta los 312m. de altitud de la fuente de Capellades, en la que solemos reagruparnos. Y si añadimos los 504m de altitud del punto más alto de la ruta, en donde está ubicado el restaurante Cal Marsitany, según el perfil que suelo hacer de las excursiones (que nadie se molesta en mirar, pero no me importa), el desnivel acumulado (ahora que está de moda), desde Martorell hasta el restaurante donde almorzamos, es de 778m. O sea, como si hubiéramos subido casi tres veces y media Vaquerisses.

Circulamos en grupo compacto durante 5 o 6km. más o menos, hasta que, “les grands routiers” (Nico, Oscar, Miquel, pibe 2) etc, decidieron tensar (para mí fue el Nico el primero en tensar y el que nos desbarató). Un valiente y desconocido Seve, más el Miquel y el Orlando, siguieron la estela de los peleones, mientras por detrás el Fede, en tierra de nadie, era perseguido, hasta la rotonda del reagrupamiento de Piera, por el Sergi (pibe 1), con el Cinto a su rueda, Un poco más atrás circulaban el Perona, el Blas y el Sergi Alcaraz.

El siguiente tramo de la ruta presentaba la dificultad del repecho de la fuente de Capellades, en donde nos reagrupamos de nuevo para llenar nuestros bidones. El susodicho repecho tiene tan sólo 800m. pero cuenta con un tramo de 100m. al 17% de desnivel y los últimos 200m. al 11%, o sea, cortito, pero con una cierta entidad. Pero, la “pestosidad” de la ruta, no se acababa ahí. Después de refrescarnos y con los bidones de llenos de nuevo, nos esperaban otros 5 km. de ascensión al 4,22% de desnivel medio; una tontería para “les grands routiers”, pero un “puertecito” para “les grands globertrotters”, que ascendí con el Perona y el Miquel, quien, guerrero como es, forzó lo que pudo en algunos tramos de los más duros. con la sana intención de meternos caña. Dos oportunos empujones del Perona me salvaron de ceder, cuando estaba ya fuera de punto y pude llegar a la cima junto a ellos.

El Restaurante Cal Maristany, ubicado en un entorno privilegiado, es una antigua masía construida en el año 1880, convertida en restaurante y hostal. La belleza del edificio, así como su interior, son espectaculares. El patio de la entrada donde nos sirvieron el desayuno, es un lugar tranquilo y agradable en el que pudimos disfrutar de nuestros merecidos bocatas reponedores de fuerzas maltrechas, acompañados de la siempre, agradable tertulia.

Tuvo menos historia la ruta de regreso. Era evidente que, toda esa “pestosidad” de continuo ascenso de la ruta de ida, la íbamos a tener de descenso en la de regreso. Los repechos a salvar eran muy pocos y de escasa entidad.; o sea que, en el supuesto de alguno del grupo se rezagara, no habría de ser por mucho.

Llenamos nuestro bidones, tomamos la foto de familia para dar testimonio de nuestro paso por tan bello lugar, y arrancamos en dirección S, Quintín de Mediona, S. Pere de Riudebitlles y S. Sadurní. donde volveríamos a reagruparnos. Veinte km. de grato descenso que, como era de esperar, el pelotón no llegó a descomponerse y no hubo que esperar a nadie. Continuamos hacia Gelida con el pensamiento puesto en la fuente, pero nos llevamos la sorpresa, desagradable, de comprobar que no salía ni una gota de agua. Así que, al tran, tran y con paz y amor llegamos al Congost. Nuevo reagrupamiento y más fotos. Y cuando parecía que el personal andaba ya, más tocado que la flauta de Bartolo, aún hubo algunos con ganas de tensar. Antes de S. Andrés de la Barca, el pelotón se dividió en dos grupos, por delante los peleones y por detrás los “mataos”, grupo este en el que yo me encontraba.

Y, esto fue todos mis querido/as amigo/as. Me despedí en Quatre Camins, con una buena “torrija”, que seguro me voy a evitar la próxima excursión a Rocafort; más que nada porque compromisos familiares me impden salir.

No quiero despedirme sin recordaros que, por cese de la actividad, BICICLETAS MARCO hace liquidación de existencias y ofrece un 20% de descuento en bicicletas, recambios, componentes, ropa, etc. Recordad, calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet.

Hasta la próxima saludos y un abrazo

Cinto