1. jun., 2022

Texto

El próximo dia 5 de junio, fecha de la próxima excursión programada a Pontons, se cumplirán 18 años del fallecimiento de Fernando Manzaneque, un cilista profesional entre las décadas de los años 50 y 60.

Conocido como, Manzaneque de la Mancha, por ser natural de Campo de Criptana, llegó a ser maillot amarillo del Tour. Un amarillo fugaz en el último Tour de su vida. Fue en 1967, cuando los ciclistas españoles que nunca fueron como Bahamontes, se especializaban en fugas imposibles, en cabalgadas incandescentes, en puras demostraciones de genio o mal genio individual, sobre el derretido asfalto de las carreteras francesas.

Manzaneque ya tenía 33 años, corría con la selección española B, llamada incongruentemente Esperanzas, y estaba de vuelta de casi todo. La víspera de la travesía de los Pirineos entre Toulouse y Luchon por los puertos menos conocidos pactaron los dos equipos españoles que Manzaneque atacaría de salida y luego esperaría el ataque programado de Julio Jiménez, el relojero de Ávila, que podía ganar el Tour si lograba que el francés Roger Pingeon doblara la rodilla. Era la última oportunidad y parecía que, por una vez, los españoles, eternos cainitas, iban a ofrecer una lección de unidad, de táctica moderna, de trabajo en equipo. En efecto, Manzaneque se escapó de salida y, pedaleando desaforadamente, haciendo honor al apodo con que se le conocía -La Yegua le llamaban- acumuló minutos y minutos de ventaja hasta convertirse en maillot amarillo virtual. Fue entonces cuando su director, José Serra, se acercó con el coche a su lado y le gritó: "Levanta el pie, Fernando, espera a Julio". Porque Julio Jiménez ya había atacado, había partido dispuesto para la gloria. Pero Fernando Manzaneque no estaba por la faena. "Leches", le respondió a Serra. Dijo leches y aceleró más, aunque las fuerzas se le iban acabando. Resistió lo justo para ganar la etapa, pero ganó por la mínima, cuando ya se había desvanecido su ilusión amarilla, cuando ya Julio Jiménez perdió también su sueño.

Fue la tercera victoria en una etapa del Tour de Fernando Manzaneque, un ciclista poderoso y fuerte. Fuerte de piernas y fuerte de carácter. Peculiar y peleón. Manzaneque, cuyo hermano pequeño, Jesús, también se hizo ciclista, había debutado en el Tour muy joven para las costumbres de la época, cuando tanto costaba llegar a la selección española, en 1958, cuando tenía 24 años. El año siguiente formó parte del equipo que rodeó a Federico Bahamontes hasta su paseo de amarillo por los Campos Elíseos y en 1960 ya ganó su primera etapa, escapado al pie de los Alpes, entre Aix les Bains y Thonon les Bains. En 1961 logró terminar sexto en la general final. En 1962 el Tour se corrió por equipos comerciales, no por selecciones nacionales, y el ciclismo español aún no estaba preparado para mandar ningún conjunto. Sí lo hizo en 1963, cuando el Ferrys de Damián Pla, un maillot rosa de vanguardia, se lanzó a la aventura. Al frente del Ferrys estaban dos poderosos ciclistas conocidos por sus malas pulgas, Manzaneque y el cántabro José Pérez Francés. Aquel año Manzaneque, quien preconizaba para el invierno su tranquila vida en Campo de Criptana, sus partidas de julepe y parchís en el casino, sus castos paseos y visitas a la casa de su novia, quien le daba charla mientras bordaba, también ganó una etapa, entre Grenoble y Val d'Isère. Pero si por algo se le recuerda especialmente, es por la pelea a puñetazo limpio que protagonizó con el italiano Vito Taccone en el Tour de 1964.

Al parecer se disputaba una etapa de media montaña en los Vosgos, y en el pelotón había los típicos nervios por no ceder posiciones (hablamos del Tour de 1964 en el que venció Jacques Anquetil, tras una espectacular batalla con Raymond Poulidor, segundo a la postre). Manzaneque iba haciendo su trabajo de gregario tirando del pelotón y relevándose con Taccone en la función. En un momento dado Manzaneque apartó con la mano al italiano quién se lo tomó como una ofensa, empujando a Manzaneque y echándole a la cuneta, no sin antes dar un par de vueltas de campana. El español se levantó, se reintegró a la carrera y pedaleando bastante furioso se fue a por Taccone. Cuando llegó a su altura, y sin mediar palabra, le propinó dos puñetazos que por supuesto tumbaron al italiano.

La pelea (por llamarla de alguna manera) sorprendió al pelotón, hasta el punto de que detuvo la marcha y contemplaron la escena tranquilamente.

Después de dejar el ciclismo como corredor profesional, Manzaneque intentó variadas aventuras empresariales de variado éxito. Tan pronto se hacía millonario como se arruinaba. Era, decididamente, un hombre de excesos.

TEMA DE REFLEXIÓN

—¿Te has enterado, Sócrates…?

—Un momento, amigo —interrumpió el filósofo— ¿Seguro que todo lo que vas a contarme es cierto?

—No, pero me lo contaron otros.

—Entonces no valdría la pena repetirlo a menos que se tratara de algo bueno. ¿Satisface los criterios de bondad?

—No, todo lo contrario.

—¡Ah! Y dime: ¿es necesario que lo sepa para evitar el mal de otros?

—Realmente, no.

—Bien, en tal caso —concluyó Sócrates—, olvidémoslo. ¡Hay en la vida tantas cosas que valen la pena! ¿Para qué molestarnos con algo tan despreciable, que ni es verdad, ni bueno ni útil?

Anécdota anónima de Sócrates


Y por hoy, nada más mis querido/as lectore/as. como es bien sabido, compromisos familiares me impidieron participar en la excursión a Rocafort del domingo pasado, pero no por ello que querido dejar de estar con vosotro/as como cada semana.

Os recuedo unan vez más que, por cese de la actividad, BICICLTAS MARCO, de la calle Renclusa, 50, de l'Hospitalet, hace liquidación total de exiztencias y ofrece un 20% de descuento en bicis, componentes, material, recamnbios, ropa, etc. Aprovechad.