1. jul., 2022

Texto

SAN SEBASTIÀ DE MONTMAJOR

Hola querido/as, todos y todas. Después del paréntesis que, por circunstancias personales, no graves (no vayáis a pensar que Calíope, diosa de la retórica y de la poesía, me haya abandonado), he estado apartado de mis soporíferas leyendas, historias, anécdotas y crónicas, por lo que pido mil disculpas sintiéndome responsable de haber desatendido nuestra preciada web, la cual, de una u otra forma da vida y sostiene a nuestro querido Velo, vuelvo a estar de nuevo con todo/as vosotros/as, con la sana intención de que alguien tenga a bien leerme.

En el día de hoy quiero hablaros o quizás debería decir «escribir», sobre el pueblecito que vamos a visitar en nuestra próxima excursión, que abre el calendario de las programadas para el mes de julio, San Sebastiá de Montmajor

San Sebastián de Montmajor es un pueblecito de seis habitantes (habéis leído bien y no es un error, sólo tiene 6 habitantes) en el municipio de Caldes de Montbui, en el Vallès Oriental. Está situado entre las montañas de Gallifa y del Farell, cuya ascensión de ocho kilómetros con un desnivel medio del 6, 25%, por la carretera BV–1243, deberemos de afrontar para llegar a nuestro objetivo. Desde la cima, un breve descenso de tres kilómetros nos dejará en la pintoresca villa.

El núcleo de población principal y más antiguo se encuentra en una hondonada bajando desde el Farell, denominado primeramente Montmajor; desde aquí se nos abre un valle que, con la única excepción del Castell de Gallifa, que sobresale dentro de un mar de verde, llega hasta los riscos. Está compuesto de escasamente diez casas distribuidas en un par de minúsculas calles, que coinciden formando un ángulo recto; la plaza que da acceso a la iglesia, lo hace también en su parte inferior al restaurante denominado La Vicaría, el único existente en el núcleo y por tanto en el que transcurrirá nuestro ágape dominguero, que abre sus puertas los viernes, sábados y domingos. La parte más elevada del pueblo es justamente el pequeño cementerio donde, mimados por el sol, descansan eternamente los habitantes de San Sebastián llamados ya a la casa del Padre Celestial. Por el camino común, todavía sin asfaltar, desde Castellar del Vallès, Sentmenat y Sant Llorenç de Savall, se llega al pueblo por la llamada bajada del reloj, actualmente una torre sin señalización, nos confirman que había un reloj que se sentía perfectamente tanto desde el núcleo principal, como desde el Serrat de Bajo, habitado principalmente en los periodos de vacaciones. El pueblo ha cambiado poco en sus más de mil años de historia; hoy con una mínima población permanente, sin ningún tipo de servicio, y situado al final de una carretera, la cual calificar de sinuosa no le hace justicia, tiene que confiar en el turismo, que accede por su vertiente tradicional (la citada carretera BV–1243), ya sea a pie, en bicicleta o a caballo, y en quienes acceden en vehículos a motor.

 

EL PELOTAZO

A un chiquillo un chicazo
Le encajó tan tremendo pelotazo,
Que le hizo un gran chichón en el cogote;
Mas la pelota al bote
Volviendo atrás con ímpetu no flojo,
Tornó por donde vino;
Y encontrándose un ojo en el camino,
Al autor del chichón dejó sin ojo.


No haga al prójimo mal quien esto note,
Porque el mal es pelota.
Que vuelve contra el mismo que la bota,
O miente el pelotazo en el cogote.

Miguel Agustín Príncipe

 

 

LACRÓNICA

 

Debo confesar y, como dice la canción de la desaparecida cantautora, Mari Trini, confieso a mi manera al oído del que escucha la verdad de mis miserias que estas son muchas, sobre todo, dada vez que tengo que empezar a escribir, ya sea un relato corto, una novela o una sencilla crónica de una de las excursiones del Velo. Insisto en que la diosa Calíope no me ha abandonado –aunque la puñetera lo intenta más de una vez– pero empezar a escribir, en ocasiones, me supone un drama que, la mayoría de las veces, me veo obligado a solventar a base de estrujarme las meninges.

En fin; a lo que vamos. Referente a la excursión empezaré diciendo que, para mi gusto, transcurrió por una ruta guapa.  Aunque, ese tramo de 25 kms. De Martorell a Capellades por la B–224, con su continuo sube y baja (más sube que baja), tiene un desnivel acumulado de 403 m. que es como si se hubiera subido la Creu d’Aregall, si se toma con el ritmo adecuado (dependiendo de las fuerzas de cada uno), puede resultar hasta agradable. Pero a un servidor lo que más le encantó fue la ascensión al coll del Bruc, por la antigua carretera N–II, conocida por los más veteranos, como «els revols de can Llucià». Más que nada por los muchos recuerdos que me trajo de las grandes «batallas» de los años 70, cuando mi edad no llegaba a la cuarentena. A la sazón, éramos un grupo muy aguerrido en el que estábamos, por citar a algunos; Luis Martínez, un gran batallador. Mi cuñado, Isidro Aroca, el de más clase de todos nosotros; Ventura Melero, que entrenaba de lunes a sábado, fallecido hace ya muchos años. José Moreno, voluntarioso como el solo, que fue vicepresidente del Velo durante muchos años, fallecido también hace cinco o seis años, José Gandul, gran escalador. El Cinto, el más sufridor de todos ellos. El Monsó también muy buen escalador. El Juan Herrero y alguno más que ahora no recuerdo.

Aunque en la foto de familia tomada en la típica fuente de Capellades, aparecemos tan sólo nueve Velos, de izquierda a derecha, Diego, Miquel, Quiroga, Orlando, Cinto, Marcial, Seve, Perona y Nico, no estuvieron presentes, el Pibe, que nos abandonó en el reagrupamiento de la rotonda de Piera, y el Dani, el cual hizo la ruta a su ritmo avisándonos de que no lo esperáramos, consciente de que no está en muy buena forma. Llegó al bar en el que estábamos almorzando y tras un breve descanso de re3cuperación continuó y volvimos a encontrarlo en la Bodeguilla de Molins de Rei, donde nos esperaba tomando su merecida y refrescante cerveza.

Como era de esperar, tomada la carretera B–224, dirección Capellades, no pasaron muchos kilómetros cuando el grupo se dividió en dos. Uno, el de los guerreros, formado por el Miquel, el Nico, el Orlando, el Diego (parece que se va animando a salir) y el Pibe. Tras ellos, encabezado por el Seve, que nos llevó a un ritmo magistral haciéndonos sentir más o menos cómodos, un quinteto compuesto por el propio Seve, el Quiroga, el Marcial, el Perona i el Cinto. A partir del reagrupamiento en la rotonda de Piera, se rodó en grupo compacto hasta el duro repecho de la fuente de Capejjades, en el que se sostuvo una breve escaramuza por parte de los más guerreros, aunque un servidor, circulando en la cola del grupo, como0 no podía ser de otra manera, no pude ser testigo de quien coronó en primer lugar.

Después de tomar la típica foto de familia con la bonita fuente de fondo, se rodó prácticamente, en grupo hasta Castellolí. Lugar, en esta ocasión donde tuvimos que desayunar por estar cerrado el Restaurante Montserrat Park, popularmente conocido como «el Mamporrero». Tras el ágape reparador, nos tocaba afrontar la, ya citada, ascensión al Coll del Bruc.

Desparecieron el Nico y el Miquel, los cuales había decidido regresar por Can Masana, descender por Marganell hasta Castellbell i Vilar, Monistros y Olesa (volvieron a aparecer en la Bodeguilla.

 Aunque el grupo de los siete restantes se disgregó, ligeramente en la ascensión, de volvió a reagrupar en los suaves toboganes antes del descenso definitivo hacia el Bruc de Dalt, y así se llegó hasta la rotonda de Olesa en donde no hubo necesidad de reagruparse porque el grupo llegó compacto.

 Desde Olesa hasta el Comgost, encabezado el grupo de los siete magníficos, unas veces por el Perona, otras por el Seve, y otras por el Quiroga, hubo paz y amor, aunque se rodó a buen ritmo. Los kilómetros, el calor y la batalla sostenida por algunos, durante la ida, había hecho mella en las piernas de todos, y de forma tácita, se agradecía el ritmo cómodo.

 Y llegados al Congost, con la mirada puesta en las jarras de cerveza de La Bodeguilla, bajamos hacia Molins de Rei, pero no fue en Quatre Camins donde me despedí como es mi costumbre hacerlo, sino que, cargué la bici en el coche, me quité el casco, me cambié las zapatillas por unas sandalias y me fui a acompañar a los cerveceros para que no se sintieran solos sin mi presencia. Después de un ratito de charla distendida y de una deliciosa y refrescante jarra de cerveza que me supo a gloria, me despedí cantado viva el rey (soy antimonárquico).

Y eso es todo lo que puedo explicar de esta excursión del Velo, de la que disfruté en todos los sentidos; por la ruta, por haber practicado mi deporte favorito y por haberla compartido con los amigos, del Velo,

Y antes de despedirme quiero recordaros de nuevo que Bicicletas Marco, por cese de la actividad, ofrece un 20% en todos los artículos en existencia; bicis de BTT y de carretera, accesorios, recambios, ropa, componentes, etc. La tienda está abierta todos lo lunes miércoles y viernes. No lo olvidéis.

Hasta la próxima un abrazo.

Cinto.