EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

(la verdadera historia)

Vamos a tener que dejar esto Cris, el rey sospecha.

 —¿Qué os lleva a pensar así mi señora?

Últimamente me controla y vigila más que nunca y creo que alguna doncella de las que están a mi servicio me espía.

¿Qué podemos hacer pues, mi señora?    

Creo que os voy a mandar a descubrir el nuevo mundo.

¿Cómo? ¿Qué decís, os habéis vuelto loca, Isabel?

Si; un viajecito por las Mares Océanas con el pretexto de que vais a descubrir nuevas tierras, será la excusa perfecta para apartaros de mí durante una temporada. Esto alejaría las sospechas de mi esposo. Cuando regreséis quizás los ánimos estén más calmados y podamos retomar nuestra relación.

Pero señora, un viaje de esta índole requerirá un gran dispendio de las arcas reales. No poseo barcos ni tripulación alguna ¿Cómo conseguiréis el dinero para sufragar todo lo necesario?

 —¿De cuánto estamos hablando, Cris?

 —De dos o tres millones de maravedíes.

 —¿¡Tanto!?

 —Pensad señora que para una empresa semejante tendría que alquilar mínimo tres naves y luego reclutar tres tripulaciones.

Pero las tripulaciones las podríais reclutar de las listas del paro, aunque sea ofreciendo un sueldo por debajo del salario mínimo, es lo que hace todo el mundo. Siempre os saldría más barato.

De pronto una voz de mujer proveniente del exterior de la alcoba gritó:

—¡Señora, está lloviendo!

¿Mucho?  

—¡A mares!  

¡Oh! Es el rey. Ya os dije que sospecha algo. Debéis marcharos de inmediato Cris, si os encuentra aquí nos encierra a ambos en la mazmorra fría.

 

La flota compuesta por las naves Pinta, Niña y Santa María- mecíase blandamente en las aguas de la bahía de Palos.

Los preparativos para la expedición habían sido arduos y complicados, pero finalmente todo se halló dispuesto para emprender el incierto periplo. La Santa María, navecapitana, propiedad del navegante Juan de la Cosa, quién iría de maestre, desplazaba apenas 150 toneladas; la Pinta, de Gómez Roscón y Cristóbal Quintero, 115; la Niña, de Juan Niño, 105. Pero allí estaban prontas a adentrase en el incógnito “Mar Tenebroso”

Es el día 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón manda embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, deja el puerto de Palos. Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedíes; y alrededor de 90 hombres, reclutados de las listas del INEM, forman la flota descubridora más trascendental de la historia.

Las tres naos maniobran pesadamente para ponerse en franquicia junto a la barra de Saltes, en las bocas del Odiel. Es el 3 de agosto de 1492. Con las primeras luces del alba se enarbola la insignia del Almirante y, al fin, sobre las ocho de la mañana, cuando la ciudad de Huelva se halla todavía dormitando, son atesadas las drizas y las tres naves se hacen a la mar.

Casi dos meses después de haber zarpado, en la nave capitana se reunieron en consejo los principales responsables de la gran aventura

Gómez Roscón, copropietario de la carabela Pinta, dirigiéndose a Cristóbal Colón en tono de reproche le dijo:

 —Mirad vuestra merced que llevamos dos meses navegando en la misma dirección y todavía no hemos avistado tierra.

 —¿Acaso no se os alquiló la nave por tiempo indefinido? —inquirió Colón— ¿Qué teméis?

Yo nada señor, pero la tripulación no quiere continuar.

Pues obrad en consecuencia.

¿Y qué puedo hacer para persuadirles de que depongan su actitud?

Amenace vuesa merced con enviarles de nuevo al paro y con la pérdida de la prestación de desempleo.

—Ya lo hice señor, y ni siquiera tal amenaza les ha hecho deponer sus intenciones.

Juan Niño, propietario de la carabela Niña intervino diciendo:

Debéis de comprender señor que después de 60 días de navegar hacia lo desconocido e incierto, el temor causa mella en los hombres.

Andemos señor, aún hasta dos mil leguas y sólo desde allí daremos la vuelta —propuso Juan de la Cosa, propietario de la Santa María

—¡Cómo! Agora partimos de la villa de Palos ¿y ya vuesa merced propone regresar? Avante, señor, que Dios nos dará la victoria y no la vergüenza de volver —dijoMartín Alonso, capitán de la Pinta, muy enojado.

—¿Y qué facemos Martín? porque la tripulación no quiere seguir, ni bajo la amenaza de quitarles todas las prestaciones —repuso Colón.

Amenace Vuesa Merced con encarcelarles bajo la acusación de asociación criminal y terrorismo y, si no se atreve, mi hermano y yo barloaremos nuestras naves contra la Santa María y nosotros lo llevaremos a cabo —sentenció Martín

¡Bienaventurados seáis Martín! —respondió Colón emocionado.

Veintitrés jornadas después de tediosa navegación, Rodrigo de Triana, el vigía de la Pinta, rasgó el silencio de la madrugada antillana con el grito de:

¡Tierra a la vistaaaaa!

FIN

 

 

LA CRÓNICA

Hola, amigo/as, hoy me siento obligado a empezar esta crónica haciendo mención especial a nuestros compañeros, Dani, Nico y Monsó, que fueron embajadores de nuestro club en eventos de renombre; Dani y Nico lucieron nuestro maillot en la QH, Monsó en tierras gerunines, en la SEA OTTER EUROPEE. Un aplauso para ellos.

Al margen de los tres compañeros citados, hubo poca participación en la excursión a Canyelles del pasado domingo; cinco Velos, más el Oscar que se unió al grupo en Sitges, fuimos los de la partida, pero no por ser pocos nos aburrimos, sino todo lo contrario disfrutamos en grande y lo pasamos «fetén»* como diría una persona de etnia gitana.

Salí justito de tiempo desde mi casa (14º, al salir a la calle, 16º, en la estación de Quatre Camins). Llamé a nuestro Gran Capitán, Seve, primero del mogollón (Yo hice la mili en África, en el Tercio Gran Capitán, 1º de la Legión) y le alerté de que iba tarde y que me esperaran en la rotonda de las Filipinas. Lo hicieron y cuando llegué al lugar, ya el pequeño, pero grande entre los grandes grupos, tomaban la iniciativa de venir en dirección contraria a mí, para socorrerme por si hiciera falta. Pero no hizo falta.

Los cinco latinos de la partida, éramos, nada más y nada menos, que El Sergi Alcaraz, el Perona, el Quiroga, el Seve y el «señor Cinto». Tomamos la autovía dirección a las Costas y nuestro buen compañero y gran rodador, Quiroga, se puso en cabeza del pequeño grupo y nos llevó en volandas hasta unirnos a un numeroso grupo de compañeros del CC PRAT. Nos acoplamos a ellos, no sin dejar de saludarlos y llegamos al primer repecho de pie de Costas que sirvió para que el grupo empezara a descomponerse, mientras el Seve, el Perona y el «señor Cinto», se colocaban cerca de las primeras posiciones.

Ya en el segundo repecho, fue un joven txaval del CC PRAT, al que tenemos visto en otras ocasiones, el primero en saltar del grupo, seguido de un veterano que se unió a él y que muy pronto pusieron tierra de por medio. Pero antes de coronar el repecho, no sé si en persecución de los fugados o simplemente por el deseo de darnos plaka, plaka a los del Velo, saltó un muchacho algo larguirucho, llevándose a rueda a una fémina. Llegamos al tercer tramo de ascensión, algo más de dos kilómetros hasta la Maladona, con dos compis del Prat tirando en cabeza, sin que el larguirucho y la fémina cobraran mucha ventaja. Hacia la mitad de la ascensión, se cortó uno de los que tiraban en cneza, mientras el otro empezaba a aflojar el ritmo. En medio de una de las curvas más cerradas se encontraban parados el txaval y el veterano, y faltando unos cuatrocientos metros para coronar, fue el «señor Cinto» quien tomó la iniciativa y tensó hasta coronar en cabeza, con el Perona y el Seve y el compi del Prat a su rueda. Pasado Vallcarca el compi del Prat se puso a tirar de nuevo y alcanzamos al larguirucho y a la fémina que no aguantó el ritmo y se descolgó. Intentó el Compi del Prat sacarnos de punto sin conseguirlo y faltando medio kilómetro para llegar a la gasolinera, demarró el Perona y respondió el larguirucho, pero cedió en los últimos cien metros. Detrás de él llegamos el Seve y el «señor Cinto». Fue evidente que los del Velo salimos vencedores de la batalla.

Se nos unió el Oscar en la siguiente rotonda después de la gasolinera y, piano, piano, llegamos a San Pere de Ribes, pero una vez atravesado el pueblo, el Oscar se puso en cabeza del grupo y marcó el ritmo. El «señor Cinto», consideró que ya había cumplido y que una cosa es librar una batalla, pero otra muy distinta es librar toda la guerra, así que tomó la opción de dejarse ir mientras que, con el Oscar se marchaban el Quiroga y el Seve, aunque poco después optó también por dejarse ir y unirse al trío Calavera que formábamos el Perona, el Sergi y el «señor Cinto». Desaparecidos de nuestra vista el Oscar y el Quiroga, fue el Sergi –otro gran rodador–, el que tomó la cabeza del cuarteto y nos condujo, de forma magistral, hasta el mismo cruce de Canyelles.

Desayunamos el sexteto de la muerte, en El Casal de Canyelles en donde nos sirvieron presto, sin hacernos esperar demasiado, lo cual siempre es de agradecer. Terminado nuestro ágape reponedor nos infusionamos con los cafeses habituales, tomaos la foto de familia y listos para emprender la ruta de regreso.

Se despidió el Oscar del grupo, por temer que regresar en sentido contrario a la ruta programada, los demás, piano, piano fuimos cubriendo los primeros kilómetros de la ruta de regreso. Sin embargo, a medida que la musculatura de nuestras piernas entraba en calor, lenta, pero inexorablemente, nuestro ritmo se fue incrementado, dándose la coyuntura, además, de que al ser pocos y bien avenidos no hubo que hacer paradas de reagrupamiento, circunstancia esta que beneficiaba al «señor Cinto» en particular, dado que, las mencionadas «paraditas» le sientan fatal a sus maltratadas piernas.

El caso fue que, ya antes de llegar a San Sadurní, con algunos relevos que se fueron dando en cabeza, entre unos y otros el ritmo del grupito de los «bien avenidos», obligó a bajar algunas coronas. Saliendo de San Sadurní, se aceleró todavía más y los dieciocho kilómetros hasta Martorell se cubrieron en menos que se reza un credo, hasta el punto de que, en algún momento, puso en apuros a alguno.  Pero, finalmente el grupo llegó compacto al Congost.

Y con algún pique en el repecho de Pallejà, con un par que nos pasaron saliendo de San Andrés de la Barca, y la mirada puesta en las birras de La Bodeguilla, pienso que puedo dar por finalizada la crónica. Fue otra bonita excursión disfrutada al máximo por los cinco latinos, más uno (el Oscar).

*Fetén. Esta palabra es un préstamo. Viene del caló, el lenguaje de los gitanos españoles, y significa «Bueno, estupendo, excelente» y también «Sincero, auténtico, verdadero, evidente»

Antes de despedirme quiero recordaros una vez más, que por cese de la actividad, BIBCLETAS MARCO, ofrece un 20% de descuento en bicicletas de BTT y de carretera, así como en ropa, complementos y recambio. Ya sabéis que la tienda está ubicada en la calle Renclusa, 50 de l’Hospitalet y abre todos los lunes, miércoles y viernes, no festivos.

Hasta pronto, un abrazo del «señor Cinto»

 

 

 

 

 

CRONICA LA BRASERÍA

EL PUEBLO DE LAS TUMBAS VACÍAS

Situado en la comarca del Baix Penedés, su historia milenaria se vio interrumpida cuando quedó abandonado y desde entonces no ha podido escapar de las leyendas negras.

Se trata de Marmellar, situado a 525 metros de altitud en la comarca del Baix Penedès. Normalmente cuando en Internet se busca información acerca de despoblados como en este caso Marmellar, lo que más rápidamente aparecen son historias negras, leyendas, que eclipsan la realidad cotidiana que antaño tuvieron estos lugares, realidad que generalmente nunca aparece publicada de forma aglutinada.

Marmellar es un pueblo con historia milenaria, los primeros documentos que a él hacen referencia se remontan al año 1023. Según el archivo parroquial, la población del Marmellar en 1717 era de 65 habitantes y de 59 en el año 1787. A partir del censo de 1860, los censos se llevaron a cabo en Santa María de La Bisbal del Penedès, donde en 1970 figuraban 26 habitantes. Según las crónicas, el año 1976 un incendio asoló la zona y poco tiempo después, el pueblo quedó abandonado.

Marmellar, no se libra de su historia negra. De hecho, el 26 de Junio del año 1993 se halló en la iglesia del pueblo el cadáver carbonizado y semienterrado de una mujer que no fue posible identificar.

Tres años después, en febrero de 1996, cuando todavía estaba caliente el incidente de la mujer carbonizada en la iglesia, se encontró en las proximidades de Marmellar, concretamente en la urbanización Talaia del Mediterrani, el cadáver de otra mujer que esta vez sí se pudo identificar. Se trataba de una joven de 19 años, que trabajaba en la gasolinera de l’Arboç del Penedès.

Estos dos hechos, junto con la aparición de pintadas satánicas (cruces invertidas) en las ruinas de Marmellar y con rituales y búsquedas de psicofonías que algunos realizan por allí, han alimentado mucho más las leyendas negras que a este pueblo se asocian.

Diez casas componían el núcleo urbano, además de un buen número de masías en los alrededores. Nunca conocieron la luz eléctrica, teas, candiles y velas eran sus fuentes de iluminación, aunque más tarde llegaron las lámparas de carburo. Recogían leña de pino del monte para calentar la lumbre en las cocinas. También se hacía carbón para cocinar.

Las casas tenían cisternas para recoger el agua de lluvia. Servía para beber los animales y para la lavar los cacharros. El agua para consumo iba con botijos y cántaros a un pozo situado a diez minutos del pueblo. Las mujeres iban a lavar a la balsa de la masía La Moja situada a media hora de Marmellar. Cargaban la ropa en cestos y la traían mojada al pueblo para allí ponerla a secar. Sus tierras de cultivo estaban sembradas principalmente, de trigo, avena, cebada y garbanzos. Iban a moler el grano a los molinos de Els Monjos, Vilafranca o El Vendrell indistintamente.

Aunque había hornos en las casas del pueblo, ya no se hacía el pan en ellos. La harina se llevaba a los panaderos de El Plá de Manlleu y de Aiguaviva y ellos entregaban el equivalente en pan (ochenta panes por cada cien kilos de harina). Algunas familias tenían rebaños de ovejas, cabras y cabritos que se llevaban a vender al Pla de Manlleu. En el monte se cazaban conejos y perdices.

Dos días duraba la fiesta mayor de Marmellar, la cual se celebraba el último domingo de octubre. Pasodoble, fox, vals o polka eran alguno de los ritmos musicales que amenizaban los músicos para hacer bailar a los presentes. Después de la misa se hacían cuatro bailes (llamado “ball de vermut”), por la tarde se hacían ocho bailes y dieciséis por la noche. La orquesta “La Sensació” de El Vendrell o la orquesta “L’Aspiració” de Sant Sadurni eran las encargadas de amenizar el baile. Violín, saxofón, clarinete, trompeta, contrabajo eran algunos de los instrumentos que portaban estos músicos. Se contrataba un día una orquesta y al otro día otra distinta, salía más económico debido a que no había que darles alojamiento. Dichos músicos se repartían por las masías para comer y cenaban en el pueblo.

Era costumbre matar un cordero en las casas en estos días festivos para compartir con familiares y allegados. No había procesión en esta fiesta (se realizaba durante la Semana Santa). Acudía buen número la juventud de Aiguaviva, El Plà de Manlleu y Sant Marc. Sant Isidre era el patrón de Marmellar y por ello el 15 de mayo se celebraba la fiesta pequeña.

Hubo cura residente en Marmellar hasta el comienzo de la guerra civil. Posteriormente venía a oficiar los actos religiosos desde Aiguaviva mosén Josep Cucurull y ya en los últimos años era mosén Alejandro el que realizaba tal cometido. El médico (doctor Mateu) venía desde El Pla de Manlleu primeramente andando y luego a caballo. Jaume Palau era el cartero que llevaba la correspondencia a Marmellar. Hacía el trayecto andando desde Aiguaviva. y pocos años hubo escuela en Marmellar. Se habilitó Cal Roc como aula. Después de la guerra ya no se impartía enseñanza en ella por lo que los niños tenían que bajar a la escuela de Aiguaviva.

A Marmellar es imposible acceder con coche. Para llegar allí, hay que adentrarse en la urbanización Talaia del Mediterrani (la entrada a esta urbanización, se toma después de coronar el “coll de Les Ventoses”, antes de llegar al PLà de Manlleu) y dejar el coche en la carretera. Allí mismo hay un sendero por el que hay que penetrar a pie y andar de 15 a 20 minutos de monte a través, sendero descendente que tiene tramos por los que sólo se puede circular con moto de trial o con BTT o a pie. Lo impracticable de todos esos caminos y senderos con los que Marmellar se comunicaba con sus alrededores, junto con la carencia de agua canalizada, luz eléctrica y la falta de oportunidades de la vida de campo, provocó que, poco a poco, este pueblo fuera quedándose sin habitantes hasta quedar completamente abandonado.

La leyenda reciente, hace referencia a las pintadas de símbolos satánicos que se pueden ver en el pueblo, así como las filas de nichos vacíos adosados al muro trasero de la iglesia. En algún caso se observa el símbolo alquímico de mercurio. Según la Alquimia, todo está compuesto por Azufre, Mercurio y Sal, por lo cual se les conoce como Tria Principia, que en latín significa “Los Tres Principios”. Espíritu, Alma y Cuerpo: El Azufre siempre ha estado asociado con el Fuego (lo confirma el triángulo del elemento fuego presente en su símbolo); en este caso se refiere al Fuego Sagrado, a nuestro Espíritu, nuestra Esencia Divina. El Mercurio representa el Alma, pero también la mente y las emociones. La Sal es todo lo externo, lo visible, lo físico, lo sólido; el cuerpo; es energía cristalizada, materializada.

FIN

LA CRÓNICA

Buen pelotón el del pasado domingo en la excursión programada, en un principio a Collbató por Can Foslaba, pero, para regocijo de algunos y como consecuencia de no encontrar un restaurante adecuado a nuestras necesidades (que non muchas ni exigentes), se tuvo que variar la ruta, dejando can Fosalba como ruta opcional, aunque nadie del grupo optó (mieditis, para qué voy a decir una cosa por otra). Pero, en definitiva, la ruta alternativa no estuvo nada mal (a mí me encantó). Se fue a Collbató por Esparraguera, descendimos hasta el aéreo de Montserrat y desde allí nos dirigimos hacia Ca n’Estruc y almorzamos en el restaurante La Brasería.

Hacía ya bastantes semanas que no veíamos un pelotón tan numeroso, puesto que, salvo error u omisión, estuvo compuesto, nada menos que por trece Velos, a saber; Fede (lo nombro en primer lugar porque tuvo la gentileza de pagar los bocatas con motivo de celebrar su cumpleaños; Felicidades Fede y que cumplas muchos más hasta los cien), Sergi Alcaraz, Nico, Perona, Sergi Pibe, Blas, Orlando, Diego, Miquel, Marc (hacia semanas que no veíamos a estos tres últimos), Seve y el «Señor Cinto), además del Monsó, que lo alcanzamos en Collbató..

Fue bastante vivo el ritmo en la ruta de ida. Aun sin rodar a «muerte» hubo algún tramo en el que el grupo se estiró bastante. El pelotoncito rodó tranquilo por el tramo de la chatarra, hasta el Congost. Primera parada y el señor Cinto que tomó un par fotos del grupo.

Tomamos la carretera de Olesa (BV–2101) y el amigo Sergi/ Pibe, a quien le gusta exprimirse hasta la agonía, se puso en cabeza del grupo, pero sólo hasta la primera rotonda (la de la salida de la autovía A2). Quinientos metros a ritmo agónico, que remató con un tirón (más que un tirón fue una «estarracada») en el repecho que da acceso a la rotonda, como si le hubiera ido la vida en ello. Después de esta demostración del Pibe, tomó el Blas la cabeza del grupo y, como buen rodador que es, nos puso bastante estiraditos. Y así llegamos a la rotonda del reagrupamiento. No sé si hubo esprint porque llegué, más o menos, por la cola. A continuación, reagrupamiento rápido, despedida del Pibe que nos abandonó por compromisos familiares, y reanudamos la marcha en dirección a Esparraguera y Colbató.

Ascendimos a ritmo, más o menos tranquilo, los once kilómetros que nos separaban de Collbató, como diría el desaparecido comentarista de ciclismo, Pedro González, cada uno con sus propias fuerzas, (sería estupendo pedalear con las fuerzas de otro) y nos reagrupamos en la curva que da acceso a Les Coves de Collbató (antiguamente se llamaban Coves de Salnitre, pero todo cambia en esta vida en la que nada es verdad ni es mentira). Cinco kilómetros de suave descenso y otros cinco hasta el restaurante La Brasería, después de salvar el suave repecho de Ca n’Estruc, de unos dos kilómetros.

Nos aposentamos para el almuerzo dispuestos a reponer nuestras fuerzas que repusimos con entera satisfacción y mucho cuando a la hora de rascarnos el bolsillo, descubrimos que nuestro compi Fede, había pagado los bocatas con motivo de celebrar su aniversario. Naturalmente, como queda dicho anteriormente, todos le deseamos que cumpla muchos más, pero sin pasarse (mínimo hasta los cien). Después de las consabidas infusiones, tomó el Seve la foto de familia –con la ausencia del Marc, que nos abandonó poco antes de que nos sirvieran– y nos pusimos en marcha dispuestos a cubrir la ruta de regreso programada por la ascensión a Ullastrell, antiguamente conocido como «El Suro», en alusión al bar restaurante que hay en Santa María de Villalba, al final del primer repecho en la parte izquierda dirección Ullastrell.

Como el tramo de diez kilómetros desde La Brasería, hasta el desvío de El suro, era benigno y no ofrecía dificultades, el grupo llego compacto, pero todo fue comenzar la ascensión y se descompuso en un abrir y cerrar de ojos. Por delante el Diego. El Nico y el «señor Cinto), por detrás varias deserciones, alguna justificada como la del Fede, otras sorprendentes como fueron las del Orlando, Miquel y Quiroga, que se dieron la vuelta para regresar por el Congost y San Andrés de la Barca. Pero en contrapartida hubo otros que fueron valientes y cubrieron la ruta prevista enfrentándose a la mencionada ascensión; además de los nombrados; Diego, el Nico y el «señor Cinto», fueron el Blas, Seve, Monsó, Sergi y Perona.

Reagrupados en el cruce de Castellbisbal, el Nico tomó la opción de regresar por Rubí, San Cugat y Valldoreix, el resto nos dispusimos disfrutar de los nueve kilómetros de descenso (los descensos los vivo y disfruto como si fueran un premio al esfuerzo de la ascensión). Llegamos a los últimos cinco kilómetros de llano, desde la rotonda de Castellbisbal a Molins de Rei, con el Perona desatado que nos sacó de punto con una última arrancada de fuerza y potencia. Después, derechos a La Bodeguiila a deleitarnos con unas birras y ¡Oh! Sorpresa sorpresiva allí estaban el Miquel y el Orlando que nos saludaron como niños que hubieran cometido una travesura.

Y esto es todo lo que puedo explicar de esta bonita excursión. Fue una gozada ver incrementado el número de participantes. Y esperemos que, cumplidas las vacaciones y acabado el tiempo de playa, siga aumentando.

Mi recordatorio antes de despedirme; BICICLETAS MARCO, de la calle Reclusa, 50 de l’Hospitalet, por cese de la actividad, ofrece un 20% de descuento en todas las existencias; bicicletas de carretera y BTT, recambios, componentes, ropa, etc. tenerlo en cuenta mis querido/as amigo/as si tenéis menester de alguno de estos artículos.

Hasta la próxima un fuerte abrazo del «Señor Cinto»